
El PPEF 2026 recorta drásticamente los recursos a cultura, precarizando más el sector y poniendo en riesgo instituciones clave, mientras persiste el discurso oficial que exalta el arte y la identidad nacional.
El PPEF 2026 recorta drásticamente los recursos a cultura, precarizando más el sector y poniendo en riesgo instituciones clave, mientras persiste el discurso oficial que exalta el arte y la identidad nacional.
Texto de Adriana Malvido 18/09/25

El PPEF 2026 recorta drásticamente los recursos a cultura, precarizando más el sector y poniendo en riesgo instituciones clave, mientras persiste el discurso oficial que exalta el arte y la identidad nacional.
En Este País pedimos a especialistas de distintos ámbitos su reacción y análisis sobre el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) 2026. Con datos, contexto y mirada ciudadana, estas colaboraciones explican qué cambia respecto al año anterior y cómo impactan las decisiones presupuestales en la vida cotidiana y en el rumbo del país. Desde la política exterior hasta la cultura, la educación y los programas sociales, las voces convocadas ofrecen una visión plural que ayuda a entender qué país dibuja este presupuesto y cuáles podrían ser sus implicaciones para el futuro inmediato.
Desde que tengo uso de razón, cada año ocurre lo mismo: se presenta el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) y, con excepción de 2015, se proponen drásticos recortes al Ramo 48, correspondiente a Cultura.
Por un lado, el discurso oficial enaltece el arte y la cultura. Habla de nuestra grandeza y de nuestra identidad histórica como algo indestructible. Pero, a la hora de asignar presupuestos, pasa por alto que esa “grandeza” y esa identidad descansan en la cultura viva, en colectivos artísticos, en la diversidad y en las lenguas, pero también en la memoria tangible expresada en bibliotecas, museos, monumentos y sitios. Todo ello requiere restauración, mantenimiento e inversión, además de políticas públicas que alienten el conocimiento y la investigación.
Se olvida que la cultura es una necesidad y un derecho, no un lujo. Que los trabajadores de la cultura “no vivimos del aplauso” —como se autonombró un movimiento de artistas durante la pandemia—. Que el sector aporta 2.7 % del PIB y genera 1.4 millones de empleos, según la Cuenta Satélite del INEGI. En México, la inversión en cultura representa apenas 0.13 % del gasto total porque quienes diseñan los presupuestos quizá pasan por alto también que la inversión en cultura siempre es redituable, pero necesita apoyo.
La contradicción más grave de la 4T se acentuó cuando emprendió el desmantelamiento de instituciones dedicadas al conocimiento. Y mientras se desarrollaban megaproyectos presidenciales como “Chapultepec: Naturaleza y Cultura” o el Tren Maya —que suponen altísimos presupuestos para su construcción y su mantenimiento a largo plazo—, el presidente López Obrador lanzó un decreto de austeridad en plena pandemia, que implicó recortes de hasta 75 % al gasto operativo del INAH, la institución que vela, precisamente, por la conservación del patrimonio arqueológico e histórico del país.
“No hay presupuesto”, “el recurso no ha caído”, “les pedimos paciencia”… son frases recurrentes en el ámbito cultural que afectan por igual a artistas, gestores, académicos e investigadores. Las plazas fijas, el seguro social, el derecho a la jubilación, al aguinaldo, a vacaciones, a un salario seguro y todas esas condiciones que garantizaban una vida al menos digna parecen ya parte del pasado, sustituido por la idea de que el amor al arte y a la cultura basta para sacrificarse por una tarea noble y heroica. Así, miles de personas apenas sobreviven en un sector cada vez más precarizado.
Con estos antecedentes, el PPEF 2026 propone para el sector Cultura un presupuesto de 13,097 millones de pesos, lo que implica una reducción del 13.16 % respecto al de 2025. Las instituciones más afectadas son el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) que, considerando la inflación, sufrirán un recorte real del 20 por ciento. Otras instituciones perjudicadas incluyen Canal 22, Estudios Churubusco, el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) y la Cineteca Nacional.
Para agudizar la contradicción, entre las áreas afectadas por los recortes en la Secretaría de Cultura se encuentran algunas de reciente creación y que exigirán grandes inversiones, como la nueva Cineteca y la Bodega Nacional, aún inconclusa, en la Cuarta Sección de Chapultepec; también todos los espacios y museos proyectados en la ruta del Tren Maya y las nuevas unidades al interior de la propia Secretaría de Cultura.
Los recortes presupuestales a las ciencias, las letras y las artes son doblemente perversos porque “son insignificantes desde el punto de vista financiero y nocivos desde todos los demás puntos de vista”, sostenía Víctor Hugo en 1848, según lo cita Nuccio Ordine en su libro La utilidad de lo inútil. La vigencia de sus palabras es tan inquietante como aquella frase de Michael Ende en su obra Momo: “Y cuanto más ahorraban (…) menos tenían”. EP
Explora estos cinco análisis para entender cómo el presupuesto 2026 redefine las prioridades del país, redistribuye recursos y revela las tensiones entre derechos, clientelismo y desarrollo futuro.