El pentagrama eléctrico, cien años después

A cien años de su publicación, Anuar Jalife Jacobo escribe sobre “El pentagrama eléctrico” de Salvador Gallardo Dávalos. Un recorrido por la estética del estridentismo, la fascinación por las máquinas y la tensión de la modernidad en México.

Texto de 06/01/26

A cien años de su publicación, Anuar Jalife Jacobo escribe sobre “El pentagrama eléctrico” de Salvador Gallardo Dávalos. Un recorrido por la estética del estridentismo, la fascinación por las máquinas y la tensión de la modernidad en México.

Breve historia editorial de El pentagrama eléctrico

Hay autores para los que un solo libro basta para inscribirse dentro de la historia de una literatura, de una época o de un movimiento. Tal es el caso de Salvador Gallardo Dávalos (1893-1981), a quien le bastó El pentagrama eléctrico para afirmarse como poeta del estridentismo y de la vanguardia hispánica. A finales del año pasado se cumplieron los cien años de la publicación de este poemario publicado originalmente en la ciudad de Puebla a finales de 1925 bajo el sello de la Casa Editora Germán List Arzubide y en el que se condensa el impulso experimental del estridentismo en un momento decisivo de su historia.

El volumen contó con ilustración de forros a dos tintas y un retrato del autor realizados por Ramón Alva de la Canal, así como con una presentación titulada “Peldaño”, firmada por el propio List, quien instó a Gallardo a publicar el poemario en su nueva editorial, en un momento en que el estridentismo parecía atravesar un impasse tras la partida de Manuel Maples Arce a la ciudad de Xalapa.

El libro fue impreso en un formato de 17 × 23.5 cm, con tapas de cartulina gruesa y una extensión de 34 páginas que albergaban generosamente los once poemas del potosino. La diagramación de las páginas se distingue por la amplitud de sus márgenes y por unos largos colgados —de más de catorce centímetros— que anteceden a los títulos de los poemas, compuestos en una tipografía de palo seco, de buen tamaño y con todas sus letras en bajas, rasgo distintivo de la Casa Editora Germán List Arzubide. El cuerpo de los poemas, en cambio, está compuesto en tipografía con serifas y de menor tamaño, generando una tensión visual que acompaña el dinamismo del discurso poético.

Antes de su publicación en forma de libro, existen al menos dos testimonios previos de poemas de El pentagrama eléctrico difundidos en revistas. El más antiguo es “Cinema de viaje. Poema estridentista”, una primera versión del poema “Film”, aparecida en el último número —febrero-marzo de 1923— de Ser, revista editada en Puebla también por Germán List Arzubide. A fines de 1922, Ser se había adherido decididamente al estridentismo, modificando su subtítulo original, “Revista cultural”, por “Revista internacional de vanguardia”.

Este poema constituye el primer testimonio estridentista de Gallardo y prefigura en buena medida el estilo que dominará El pentagrama eléctrico, aunque todavía persisten en él elementos del imaginario modernista o decadentista que atraviesan también El huerto de las tentaciones (1917–1929), primer poemario del autor, escrito con anterioridad pero publicado tardíamente. Imágenes propias de esa herencia lírica inmediata conviven con elementos vanguardistas que terminarán por imponerse mediante la fragmentación del lenguaje, la creación de metáforas tecnológicas y la inclusión de la ciudad y las máquinas como protagonistas de la acción poética.

En la versión de 1925, Gallardo elimina dos estrofas de “Cinema de viaje”. La primera posee un tono más bien convencional, y su supresión puede explicarse como resultado del afán de buscar una expresión más novedosa que la ensayada en sus primeros lances vanguardistas. La segunda, en cambio, ya incorpora elementos plenamente representativos de la poesía estridentista del autor nacido en Rioverde, anticipando el ambiente eléctrico y erótico que caracteriza poemas como “Cabaret”. Estas decisiones revelan un proceso consciente de depuración estética y de radicalización del proyecto poético.

Un segundo testimonio previo a la edición en libro aparece en el tercer número de Irradiador, revista dirigida por Manuel Maples Arce y Fermín Revueltas, publicada en septiembre de 1923. En esa entrega, Gallardo presenta el poema “Jardín” dentro de la sección “Los poetas de México”, donde comparte páginas con Germán List Arzubide y Luis F. Mena. 

Poco después de su publicación en forma de libro, el 20 de diciembre de 1925, cuatro poemas de El pentagrama eléctrico —“Cámara obscura”, “Naufragio”, “Jardín” y “Pentagrama”— fueron reproducidos en la revista dominical de El Universal, bajo el título “Derivaciones poéticas”. Los textos se presentaron acompañados por el retrato del autor realizado por Alva de la Canal y por un comentario firmado con las iniciales E. F. L., probablemente correspondientes a Enrique Fernández Ledesma. La reseña defiende el libro frente a un lector hipotético y anacrónico, y destaca en él una sensibilidad moderna capaz de captar la belleza de lo actual.

Décadas más tarde, El pentagrama eléctrico reapareció en Laberinto de quimeras, recopilación publicada en 1966 por el Instituto Aguascalentense de Bellas Artes, dirigido entonces por Víctor Sandoval. Esta edición resulta llamativa por el conservadurismo con que trata los poemas: elimina rasgos vanguardistas distintivos como los juegos espaciales, tipográficos y el uso de mayúsculas; reorganiza los versos en estrofas; homologa la puntuación e incluso reordena los poemas. Aunque es difícil imaginar al antiguo poeta estridentista impulsando estos cambios, también resulta improbable que Gallardo no conociera ni revisara las pruebas, dado su estrecho vínculo con la institución.

La última versión que pudo revisar el autor se encuentra en Antología inconclusa, publicada en agosto de 1981, pocos meses antes de su muerte. En esta versión, El pentagrama eléctrico recupera su fisonomía vanguardista, con ligeros ajustes: correcciones de erratas, cambios de signos ortográficos y pequeñas variantes en las sangrías. Tras el fallecimiento del poeta, han circulado distintas versiones del poemario. Las incluidas por Luis Mario Schneider en varias de sus antologías sobre el movimiento —editadas por el Conaculta y la UNAM— revisten especial importancia, pues permitieron a nuevas generaciones conocer la obra de los estridentistas. Más adelante, Salvador Gallardo Topete recopiló los poemas estridentistas de su padre en Poemas y memorias, publicado por el Instituto Cultural de Aguascalientes en 2002. En años recientes destacan las reediciones de Malpaís, de 2018 —que incorpora un detallado estudio introductorio de Daniel Téllez— y la de la UNAM-CCH, de 2022, que incluye también El huerto de las tentaciones; así como la traducción al francés llevada a cabo por Florence Malfatto para la revista Attaques en noviembre de 2023. 

La última de ellas es la edición facsimilar que la Universidad de Guanajuato ha preparado a cien años de publicación del libro, buscando recuperar parte de la materialidad del original de 1925, cuyas resonancias vanguardistas se hacen evidentes en su diseño editorial, composición tipográfica y elementos gráficos.

Ciudad, máquinas y tensión moderna en El pentagrama eléctrico

El pentagrama eléctrico está integrado por once poemas breves en los que Gallardo despliega los recursos retóricos predilectos del estridentismo: la predilección por la metáfora —especialmente prosopopeyas y sinestesias—, la fragmentación sintáctica, la variación de la métrica tradicional, el empleo expresivo de mayúsculas y signos de admiración, así como el desacomodo tipográfico. Los ambientes y objetos, primordialmente urbanos, dialogan con los que aparecen en otros libros estridentistas, exaltando la belleza actualista de las máquinas.

“Pentagrama”, el poema que abre el libro, introduce al lector en el ambiente citadino mediante una serie de imágenes equivalentes que construyen una estampa de simultaneidad y tránsito. La esquina de una calle, motivo recurrente en la gráfica y la poesía estridentista, funciona como representación de planos espacio-temporales superpuestos. Cables, vitrinas, automóviles, aceras y semáforos integran un paisaje prosopopéyico en el que la ciudad aparece como un organismo viviente que termina por afectar a la voz poética.

A lo largo del poemario, la ciudad de Gallardo se presenta como un espacio poliédrico y ambivalente. En poemas como “Escalamiento”, las cosas adquieren protagonismo absoluto, mientras que en otros, como “Carroussell” o “Cámara obscura”, se adivina una presencia humana que completa y otorga sentido al cuadro presentado. En estos textos se funden elementos naturales y tecnológicos mediante verbos de fuerte carga violenta o destructiva, generando imágenes en las que lo humano y lo maquinal se confunden.

Como apunta Luis Mario Schneider, uno de los rasgos que distinguen la poesía de Gallardo es la incorporación de un léxico erótico y fisiológico poco habitual en el grupo. Sustantivos como seno, vientre, erección o epilepsia contribuyen a crear un clima corporal que intensifica la experiencia de la modernidad como afectación sensible. La exaltación de la “belleza actualista de las máquinas” no es unívoca, sino que entra en diálogo con motivos tradicionales, estableciendo relaciones conflictivas entre lo nuevo y lo viejo, lo viviente y lo artificial.

En poemas como “Cabaret”, la ciudad aparece como un espacio de celebración nocturna electrificada por el jazz, el alcohol y las luces, mientras que en otros, como “Corto-circuito” o “Alarma!!”, emerge un rostro amenazador de la modernidad. La fragilidad de la ciudad moderna, su dependencia de la electricidad y su exposición a la agitación social revelan una tensión profunda entre la promesa del progreso y la experiencia del desasosiego.

“Alarma!!”, en particular, muestra una ciudad convulsionada por los movimientos sociales, donde el paisaje natural y el urbano se funden en imágenes de violencia. Las masas obreras, las fábricas y los edificios epilépticos configuran una escena en la que la modernidad parece tocar sus límites. Como en otros poemas del libro, la descripción impersonal cede paso, hacia el final, a la aparición de una voz poética atravesada por la injuria y el dolor, desplazando la violencia de lo visual a lo lingüístico.

La ciudad estridentista de Salvador Gallardo surge así como un territorio ambiguo y contradictorio, donde conviven entusiasmo y temor, celebración y pérdida. Lejos de ofrecer una imagen unívoca de la modernidad, El pentagrama eléctrico construye una poética de la tensión que sigue interpelando al lector contemporáneo. EP

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