Un humanismo de la tercera edad

El presupuesto 2026 privilegia pensiones y programas para adultos mayores, dejando rezagada la inversión en educación y cultura, lo que profundiza la desigualdad generacional en México.

Texto de 18/09/25

El presupuesto 2026 privilegia pensiones y programas para adultos mayores, dejando rezagada la inversión en educación y cultura, lo que profundiza la desigualdad generacional en México.

En Este País pedimos a especialistas de distintos ámbitos su reacción y análisis sobre el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) 2026. Con datos, contexto y mirada ciudadana, estas colaboraciones explican qué cambia respecto al año anterior y cómo impactan las decisiones presupuestales en la vida cotidiana y en el rumbo del país. Desde la política exterior hasta la cultura, la educación y los programas sociales, las voces convocadas ofrecen una visión plural que ayuda a entender qué país dibuja este presupuesto y cuáles podrían ser sus implicaciones para el futuro inmediato.


El discurso del gobierno repite que su proyecto se nutre del humanismo y presume desplegar una “economía moral”. Al escucharlo, parecería dictado por el mismísimo Pomponazzi. Todos los gobiernos buscan legitimar sus propósitos, pero no hay nada más revelador que sus presupuestos. Como dice la voz popular: “dime en qué gastas y te diré qué te preocupa”.

Este es el primer presupuesto de Claudia Sheinbaum y, por tanto, la dibuja de cuerpo entero. Presenta una inercia deficitaria del 3.6 % del PIB. Mantiene cuantiosos recursos para PEMEX (247 mil millones) y para el Tren Maya (30 mil millones). Los dos rubros más importantes son la deuda y el catastrófico modelo energético, que ha acumulado pérdidas sobre pérdidas. Sin embargo, lo más llamativo del nuevo presupuesto es la ruptura del implícito pacto generacional de toda sociedad: ayudar a los más jóvenes.

El gobierno ha impulsado un modelo económico que redistribuye el gasto público. La particularidad es que tiende más a concentrarse en atender y desarrollar clientelas que en modificar la trayectoria vital de los ciudadanos más jóvenes. Un dato ilustra con claridad esta tendencia: el programa de adultos mayores tiene una dotación presupuestal de 526 mil millones, cifra superior a la asignada a la Secretaría de Educación Pública (513 mil millones).

Mucha gente se pregunta si un país con tantas carencias para moldear un proyecto inicial de vida exitoso para sus jóvenes puede darse el lujo de seguir repartiendo una pensión universal que muchos no necesitan. Sin embargo, la apuesta política parece estar centrada en ese punto. México está dejando de ser —demográfica y culturalmente— un país joven para convertirse en un país de la tercera edad. No sorprende a un sector amplio del electorado que se relegue el crecimiento económico y que el debate se enfoque en la distribución del dinero público.

Esto nos conduce a una discusión crucial: de acuerdo, ayudar a los más necesitados es un imperativo, pero ¿puede un gobierno desentenderse indefinidamente de usar los recursos públicos para promover el crecimiento y dar más oportunidades a los jóvenes? ¿Y tiene derecho a hacer crecer la deuda de manera paulatina —pero hasta ahora imparable— a costa de las generaciones futuras?

El presupuesto 2026 evidencia que los abuelos ganan a los nietos en términos de relevancia política: hay poca inversión en universidades e infraestructura escolar, y hasta un recorte a la cultura. Las generaciones que están ingresando al sistema educativo no tendrán mejores oportunidades que sus padres ni sus abuelos. Ser joven en México es poco prometedor en estos tiempos. Hasta hace algunos años, la migración era una ventana de escape: muchos mejoraron su situación al salir del país y, con las remesas, sus familias recibieron una segunda subvención. No es que esto sea negativo —es una opción perfectamente racional—, pero es evidente que la política mexicana no ha logrado equilibrar la creación de oportunidades para los más jóvenes con los mecanismos solidarios para sostener a los mayores. EP


Explora estos cinco análisis para entender cómo el presupuesto 2026 redefine las prioridades del país, redistribuye recursos y revela las tensiones entre derechos, clientelismo y desarrollo futuro.

El análisis independiente necesita apoyo independiente.

Desde hace más de 30 años, en Este País ofrecemos contenido libre y riguroso.

Ayúdanos a sostenerlo.

DOPSA, S.A. DE C.V