Exclusivo en línea El activismo del futuro

En este artículo, Sofía de Mucha explica lo qué es trabajar en una plataforma de ciberactivismo como Change.org

Texto de 18/10/19

En este artículo, Sofía de Mucha explica lo qué es trabajar en una plataforma de ciberactivismo como Change.org

Gracias a la Revolución Francesa y a la expansión de las ideas que postuló, podemos hablar de democracia hoy en día, y claro, del poder de la gente para influir en quienes gobiernan. La democracia abrió nuevos horizontes para todo el mundo y dio la oportunidad de hablar a quienes siempre fueron ignorados, pero, con ciertas limitaciones.

Los modelos democráticos se desarrollaron en un espacio restringido; hablamos de un territorio que tiene una ciudadanía delimitada, que puede participar activamente o no en la toma de decisiones de su gobierno. Este modelo se limita únicamente a aquellos individuos que residen en dicho territorio, dejando fuera a todos los demás, que pueden verse afectados o están interesados en ciertas causas y no pueden incidir en ellas. Como ejemplo, podemos mencionar el caso de los incendios de la Amazonía en Brasil, donde gran parte de la población mundial se preocupó de dichos acontecimientos, pero no tiene una base legal para exigir acciones e incidir en las decisiones del gobierno brasileño.

En los años noventa, el internet llega a romper este paradigma y democratiza en su desarrollo cada vez más la humanidad; esto desde la gente que tiene acceso a documentos en una computadora hasta la gente que comparte información por servicios de mensajería como WhatsApp[1]. Ahora cualquier persona que tenga cobertura a internet puede buscar información, opinar sobre un tema, unirse a una comunidad virtual, contactar autoridades, compartir propuestas y mucho más, y lo novedoso es que ahora todo cuenta con un alcance global. El internet rompe fronteras.

Y es gracias a eso que nace el ciberactivismo, esa nueva “moda” que tienen las generaciones que crecieron a la par del internet, en donde cualquier persona puede ser un “activista” dando un clic en la computadora, pero ¿realmente son activistas? ¿cómo alguien puede ser un activista sentado en su casa frente a una pantalla si los verdaderos activistas (“activistas tradicionales) están en las calles organizando gente para lograr un cambio? Para contestar estas preguntas, es necesario conocer cómo funciona el ciberactivismo.

Este fenómeno es un proceso de socialización y técnicas de comunicación usando internet. Se utiliza para crear, operar y manejar activismo de todo tipo. Da la oportunidad para que cualquier individuo u organización utilice redes sociales y otras tecnologías online para alcanzar y reunir seguidores, transmitir mensajes y progresar en una causa o movimiento[2]; siempre con el objetivo de llevar las causas virtuales a la vida real en las calles, esto es generando una comunidad que responda a los llamados para tomar acción, que acuda a manifestaciones, exija a los gobernantes a través de sus cuentas en redes sociales, organice entregas de firmas, convoque a participar en eventos y que organice cualquier tipo de actividad para generar conciencia.

Esta “moda” nace de la principal característica del ser humano, el tiempo traducido en el cambio; todos estamos en constante cambio, todos queremos mejorar, todos queremos ser parte de algo más grande, todos creemos que algo mejor es posible. Es por esto mismo que la gente se involucra y busca participar e impulsar una causa para transformar su entorno. En el siglo XXI nacen tecnologías paralelas a las redes sociales tradicionales, que se dedican a crear herramientas utilizadas únicamente para facilitar este nuevo fenómeno y empoderar al ciudadano promedio a través de la web.

Change.org es la plataforma más grande de ciberactivismo que existe en el mundo. Tiene cerca de 300 millones de usuarios en todo el mundo, los cuales día con día utilizan la plataforma para iniciar, firmar o respaldar peticiones sobre temas que son importantes para ellos y para su comunidad, creando así campañas con impacto, tanto como locales como globales, que promueven cambios reales. El ejemplo más reciente de estas campañas en México de acciones para generar un cambio, es la campaña que logró que Felipe Calderón declinara la invitación del Tec de Monterrey para dar una conferencia en el mismo campus donde en 2010, elementos del ejército mexicano asesinaron extrajudicialmente a dos estudiantes; esto se logró gracias a las más de 25 mil firmas que se juntaron en la plataforma y a la gran cobertura que tuvo el caso en redes sociales y que generó presión para que Felipe Calderón diera una respuesta.

Un caso importante a nivel global fue la gran campaña generada en Francia de los “chalecos amarillos”; este movimiento comenzó gracias a una petición en Change.org. Esta petición fue iniciada por la ciudadana francesa Priscillia Ludosky, de 32 años y propietaria de una pequeña empresa en un suburbio parisino, quien inició una petición para protestar por la subida del precio del combustible porque no incluía medidas para apoyar a la ciudadanía francesa con menos recursos económicos que vivía en zonas sin transporte público; la petición sirvió como enlace para que las personas que estaban en contra de la alza del precio del combustible se unieran para exigir al gobierno francés una respuesta a sus demandas. Dicha petición cuenta con más de 1.2 millones de firmas y con una respuesta oficial de Emmanuel Macron, presidente de Francia, en la plataforma.

Gracias a estas victorias, Change.org se ha puesto a la vanguardia en herramientas online de cambio social y ha sido posicionado como una de las plataformas de activismo online más importantes del mundo.

Change.org fue creada en 2007 en Delaware, Estados Unidos, por su actual Director Ejecutivo, Ben Rattray. La plataforma nace de la necesidad de acortar la distancia entre el ciudadano común y las personas en el poder, generando así una comunidad de impacto y transformación; esto fue lo que se desarrolló en la plataforma y fue apoyada por grandes inversionistas que creen en el poder de Change.org.

Actualmente la sede central de Change.org se encuentra en San Francisco, California. La plataforma está disponible en 12 idiomas y tiene equipos locales en 18 países en todos los continentes exceptuando África; esto se ha podido lograr gracias a que en todos los países los ciudadanos tienen peticiones para su gobierno y encuentran en Change.org una vía para visibilizarlas, pero también a que hay una gran comunidad que apoya financieramente la plataforma y nos da la oportunidad de tener equipos trabajando en diversos países. Por el momento, Change.org no cuenta con equipo en continentes como África y en algunos países del resto del mundo, pero esto no quiere decir que las personas que residen ahí donde Change.org no tiene staff, no firmen y utilicen la plataforma.

En 2018, Change.org alcanzo los 265,786,771 usuarios y logró 603,903,062 firmas[3] en todo el mundo. Para hacerse un usuario de la plataforma es súper sencillo, solo se necesita tener un correo electrónico con el que puedas registrarte para abrir tu cuenta, crear una petición, y empezar a firmar y recibir información sobre las campañas. Nuestros usuarios son diversos tanto en orientación política como estrato social y económico, en género y edad. Tenemos usuarios desde adolescentes hasta personas mayores, desde experimentados activistas hasta personas sin ninguna experiencia en acciones cívicas. Lo que los une es la creencia en el poder de su voz y en la necesidad de hacerlo valer.

A su vez, Change.org ha creado otro nivel de interacción con tomadores de decisión; ahora ellos pueden crear una cuenta como “usuarios verificados”, esto es, tomadores de decisiones que crean su perfil en la plataforma y responden oficialmente a peticiones, políticos como Emmanuel Macron y Justin Trudeau tienen sus perfiles en Change.org.

El modelo de impacto de la plataforma, es decir la metodología que se utiliza para generar impacto social, es creando un círculo virtuoso de participación ciudadana, mientras mayor sea el número de personas que crean campañas, mayor será la red de personas que se unan a las mismas, aumentando así la presión y los incentivos para que los tomadores de decisiones den una respuesta concreta a las peticiones, y a su vez, el impacto logrado inspirará para que más gente se una y cree sus propias iniciativas. Esto ayudará a que la plataforma aumenté su base de usuarios y pueda compartir información y posicionar temas para hacer un llamado a que los usuarios actúen por un tema en especifico, y así, al obtener más cobertura, será más fácil exigir que un político o empresario de respuesta a una petición en concreto.

Change.org busca que cualquier persona tenga influencia, y para lograrlo se necesitan sistemas sociales y políticos que garanticen que todo el mundo tenga voz e incidencia; la estrategia es construir una plataforma de fácil acceso donde se pueda: empoderar a las personas, movilizar a los usuarios e involucrar tanto al ciudadano común como a quien ostenta el poder de decisión. Este círculo virtuoso puede ser un elemento transformador, se consigue que las personas tengan confianza en el poder de su propia voz, y así será probable que participen en acciones cívicas cada vez más. Cada mes se inician en Change.org más de 25 mil peticiones sobre temas distintos, cada hora se gana una campaña, se cambia una ley, una práctica corporativa o la decisión de alguien con poder institucional, y con ello, se impacta en la vida de miles, incluso millones, de personas. Como fue el caso reciente de Gabriel Santos, un creador de petición en Brasil, que exige al gobierno brasileño que tome acciones en contra de los incendios que se reportaron en los últimos meses en la Amazonía y quien tuvo el apoyo de personas en todo el mundo; esta petición alcanzó más de 4.9 millones de firmas en Latinoamérica que buscaban salvar el llamado “pulmón del planeta”. Gracias a la rápida reacción de la sociedad, se logró que, en México, así como en Colombia, se entregaran firmas a las embajadas de Brasil y se exigieran acciones y una investigación de las causas de los incendios. Además, en Brasil, Gabriel Santos pudo ir al Congreso en Brasilia y hablar con el presidente del Congreso, quien le comentó de las acciones que está tomando Brasil en el asunto, a su vez, Gabriel Santos también asistió a la semana en contra del Cambio Climático de las Naciones Unidas en Nueva York.

Podemos decir que Change.org sirve para generar confianza en tus acciones y buscar el cambio que tanto deseas, e incluso incidir en millones de personas.

Como se financia Change.org es a través de donaciones individuales (socios) y Peticiones Promocionadas. Con el programa de socios, los usuarios pueden aportar una contribución mensual, y con la herramienta de Peticiones Promocionadas se permite que los simpatizantes de las campañas no sólo contribuyan con su firma, sino también con su dinero para promover la campaña dentro de la plataforma. En 2018, más de 98 mil socios contribuyeron de forma mensual y alrededor de 1.6 millones de personas patrocinaron peticiones en la plataforma[4].

Change.org México tiene cerca de 12 millones de usuarios, lo que la convierte en la plataforma de cambio social más grande en el país, se generan alrededor de 500 peticiones semanales y se obtienen por lo menos 10 victorias al mes. Este mes nuestros usuarios han logrado que se retiren las calandrias con caballos en la Costera de Acapulco, y también lograron salvar a un perrito amenazado por las autoridades en San Luis Potosí, pero también pueden lograr victorias en donde se modifique una ley, como es el caso de Cáncer Warriors, que describiré más adelante. La organización en México funciona de manera independiente a la sede central en Estados Unidos, ya que es parte de Change.org Foundation, ellos son quienes trabajan directamente con los equipos de Asia, América Latina y Alemania. Esto da una posibilidad de independencia de acción para adecuar los modelos participativos a la sociedad mexicana.

Gracias a la tecnología, la unión de los mexicanos y la presión que se ha ejercido, hemos podido presenciar grandes victorias en el país. Recientemente, una de nuestras más grandes campañas duró alrededor de 2 años, y fue impulsada por Kenji López Cuevas. Él inició una petición para pedir un cambio de ley a la situación de los padres con hijos enfermos de cáncer y en quimioterapias; se dio cuenta que, en México, muchos padres eran despedidos al ausentarse del trabajo por los tratamientos de sus hijos, la Ley Federal consideraba estas faltas como ausencias injustificadas, por lo que después de 3 faltas en un mes eran despedidos de manera justificada.

Por ello, la iniciativa de Kenji buscaba reformar la ley para dar protección a todos aquellos padres que se veían amenazados por perder su empleo y por el cáncer de sus hijos. Después de dos años, Kenji consiguió más de 350 mil firmas y además, fundó una organización llamada Cáncer Warriors A.C que busca seguir luchando por la calidad de vida de adultos y menores de edad que luchan contra el cáncer en México. Gracias a la continua lucha de los seguidores de la campaña y del creador de petición, en junio de este año se publicó en el Diario Oficial de Federación el Decreto por el que se reforman la Ley Federal del Trabajo, la Ley del Seguro Social y la Ley del ISSSTE, con lo que a partir del 5 de junio entraron en vigor estos nuevos derechos laborales en México: permisos por acompañamiento médico con un ingreso económico, se otorgarán licencias por cuidados médicos de 1 hasta 28 días prorrogables por hasta 364 días y el gobierno entregará un subsidio del 60% del salario con el que cotiza el trabajador. Ahora nunca más en México, un padre o una madre perderá su trabajo por acompañar a sus hijos en quimioterapias o radiaciones. Change.org ayudó a reunir a los más de 350 mil firmantes y mantenerlos al tanto de la campaña y las actividades que se realizaban en torno a ella. Change.org es fundamental para dar visibilidad a este tipo de iniciativas, para organizar entrega de firmas, para dar herramientas de campañas y, lo más importante, para empoderar a cualquier persona que tenga una causa.

Siguiendo este ejemplo, podemos decir que cualquier persona que siga una causa[5], desde rehacer la octava temporada de Game of Thrones hasta lograr la prohibición del plástico en su ciudad,  y que dé clics en su computadora firmando o compartiendo, se convierte en un activista en tanto que da el poder a quien está pidiendo algo; dar clic firmando, ayuda a llevar la causa a más personas, a darle visibilidad, a informar, a proponer, a actuar. Muchos de las personas que dan clics se convierten en activistas que también participan, que organizan, que proponen, que actúan y salen a las calles a exigir un cambio.

El internet nos ha dado la posibilidad de confrontar al poder, empoderarnos, y debemos usarlo para el bien. EP


[1] Gran parte de las campañas de Change.org en México, se comparten a través de WhatsApp.

[2] Definición brindada por la organización Frontline Defenders en su página web frontilinedefenders.org.

[3] Información tomada del Informe de Impacto 2018 de Change.org.

[4] Ibídem.

[5] Change.org contiene normas de la comunidad que prohíbe causas que inciten al odio, la violencia, roben identidad, dañen a los niños o difamen a cualquier individuo de la sociedad, entre otras. EP

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