Elecciones en la India: ¿continuará la Modi-ficación autoritaria?

En este texto, César Morales Oyarvide ofrece un puntilloso análisis sobre la muy posible reelección de Narendra Modi en la India y sus repercusiones para algunos sectores poblacionales.

Texto de 10/04/24

Modi

En este texto, César Morales Oyarvide ofrece un puntilloso análisis sobre la muy posible reelección de Narendra Modi en la India y sus repercusiones para algunos sectores poblacionales.

Tiempo de lectura: 6 minutos

Durante los meses de abril y mayo, la India celebrará el ejercicio democrático más grande de la historia mundial. 950 millones de personas serán llamadas a las urnas en unas elecciones que definirán si Narendra Modi, el ultrapopular primer ministro que gobierna desde 2014 con un proyecto etnorreligioso cada vez más autoritario, tiene un tercer mandato. En juego están no solo el status de la “democracia más grande del mundo”, sino la vida de más de 200 millones de indios musulmanes, quienes pueden convertirse en ciudadanos de segunda clase, víctimas simultáneas de la discriminación legal y una violencia social cada vez más acusada.

“[…] la India celebrará el ejercicio democrático más grande de la historia mundial.”

Las elecciones más grandes del mundo

Decir que la India es la democracia más grande del mundo se ha convertido en un lugar común. Sin embargo, como subraya Rahul Mukherji, lo que no se suele decir es que también es una de las más improbables, habida cuenta de la diversidad y el número de fracturas —étnicas, religiosas, lingüísticas y territoriales— que atraviesan al país, caracterizado también por una extendida pobreza.

Con todo, al pensar en estas elecciones, es el tamaño el primer desafío que viene a la cabeza: con una sexta parte de la población mundial, organizar una elección parlamentaria como la de la India es una epopeya en la que casi todo se cuenta por millones. En 2019, más de 8 mil candidatos pertenecientes a 673 partidos políticos compitieron por un asiento en la Lock Sabha, la poderosa Cámara Baja del parlamento encargada de elegir al primer ministro. En total, se calcula que su costo fue de 8.7 mil millones de dólares, lo que las convirtió en las elecciones más costosas del mundo, por encima de las de Estados Unidos. Para este año, el padrón electoral es de alrededor de 950 millones: casi 10 veces más grande que el de nuestro país. Por si fuera poco, la ley indica que debe haber una casilla a menos de 2 kilómetros de cada persona con derecho a voto, lo que significa que los 11 millones de funcionarios electorales deberán atravesar desiertos, junglas, glaciares e incluso océanos para asegurarse de que los empadronados puedan votar en una de las 1.1 millones de casillas electrónicas (en la India los comicios son paper free). No es de extrañar que, como Roma, semejante gesta no pueda hacerse en un día: no existe una fecha específica en la que todos los ciudadanos de la India votan, sino que la elección se realizará de forma secuencial a lo largo de varias semanas entre abril y mayo.

Un fenómeno llamado Narendra Modi

El Bharatiya Janata Party o BJP (Partido Popular Indio), del primer ministro Narendra Modi, es el claro favorito para estas elecciones, que llegaría así a su tercer mandado. El único rival nacional del BJP es el Indian National Congress, el otrora invencible partido de los Gandhi, que viene de sufrir un desastre electoral en 2019 en el que obtuvo solo 52 escaños frente a 352 del BJP y sus aliados.

Ahora bien, la situación política en la India es muy distinta hoy a la de hace cinco o diez años. Modi llegó al poder en 2014 montado en una ola de sentimiento anti-establishment y fue reelecto en 2019 gracias, en buena medida, al “agrupamiento en torno a la bandera”, producto de una escalada en el conflicto con Pakistán. Hoy la cuestión no es tanto si su partido ganará las elecciones, sino el tipo de mayoría que obtendrá, de lo que dependerá la profundización del proyecto etnonacionalista que ha caracterizado su mandato.

La popularidad de Modi es, como diría un sorprendido Andrés Manuel López Obrador, un “fenómeno”. El político de 73 años se ha presentado con éxito como un outsider que fustiga a la elite política tradicional. Como otros “hombres fuertes” que hoy pueblan la política mundial, Modi ha atacado a la prensa y a las ONG que cuestionan sus políticas, ha utilizado al Estado para amedrentar opositores y ha buscado inclinar el campo de juego a favor de su partido. Sin embargo, la base de su popularidad es la forma tan hábil en que ha mezclado la religión (y la etnicidad) con la política. Pese a que esto va contra el secularismo y la convivencia interétnica que había caracterizado a la India desde su independencia, ha conectado con la mayoría hinduista (80 % del país). Es el avance de esta amalgama lo que hace tan preocupante lo que ocurre en India.

¿Un nuevo “Jim Crow”?

Un claro ejemplo del tipo de nacionalismo que caracteriza al gobierno de Modi fue la inauguración de un templo hinduista en Adoyha, lugar de nacimiento del dios Ram, en enero de este año. El templo fue edificado en donde, hasta hace unos años, estaba una mezquita musulmana que databa de la Edad Media, pero que fue destruida por una multitud auspiciada por el BJP en 1992. Modi asistió personalmente a la inauguración del nuevo templo.

“Como otros “hombres fuertes” que hoy pueblan la política mundial, Modi ha atacado a la prensa y a las ONG que cuestionan sus políticas…”

Este incidente es uno más de un régimen cuyas políticas han convertido a las minorías étnicorreligiosas, especialmente a la comunidad musulmana (más de 200 millones) en ciudadanos de segunda clase, víctimas no solo de leyes discriminatorias sino de una violencia social cada vez más tolerada y, por ende, más frecuente. Ashutosh Varshney y Connor Staggs han llamado la atención sobre las similitudes entre la situación que vive la India contemporánea con lo que ocurrió en la llamada “era Jim Crow”, cuando un régimen de opresión racial institucionalizada dominó la política de los estados del sur de Estados Unidos. La diferencia es que mientras en el régimen de Jim Crow se marginaba a los afrodescendientes por su raza, en el régimen del BJP se margina a los musulmanes por su religión. Si en el sur de Estados Unidos el objetivo era el supremacismo blanco, lo que hoy dirige la política de Modi es el supremacismo hindú.

Como ha explicado en Este País el historiador Daniel Kent, las raíces ideológicas del nacionalismo hindú, la idea de la Hindutva, tienen un carácter marcadamente violento y excluyente, cuando no claramente fascista. Valga recordar que fue un miembro del Rashtriya Swayamsevak Sangh —una organización supremacista hindú en la que Modi inició su carrera y que hoy es el brazo social del BJP— quien asesinó a Mohandas Gandhi en 1948.

Al igual que para los supremacistas blancos de Estados Unidos, para el nacionalismo hindú es moralmente inconcebible coexistir en pie de igualdad con poblaciones de otras etnias o religiones. Pese a llevar en el subcontinente más de mil años, la minoría musulmana es, para la Hindutva, producto de una invasión que “humilló” a los hindúes del pasado y cuyos gobiernos (¡hablamos del Califato Omeya!) intentaron destruir su cultura. Desde esa perspectiva, los ciudadanos indios de religión musulmana —que hoy son, por cierto, una comunidad mayormente pobre, conformada mayormente por conversos provenientes de las castas más bajas— no solo no podrán considerarse nunca indios de verdad, sino que deben pagar por las afrentas de sus “antepasados”.

Violencia antimusulmana: la ley y la calle

La Constitución india de 1950 estuvo basada en la idea de la igualdad entre religiones y estableció diversas cláusulas para proteger a las minorías de los posibles abusos de la mayoría hindú, que conforma alrededor del 80 % de la población india. Es este arreglo el que Modi y el BJP han buscado subvertir, especialmente a partir de 2019. Varshney y Staggs mencionan dos reformas legislativas especialmente preocupantes: la primera, un cambio en la Ley de Ciudadanía que priva a los musulmanes de la obtención del status de “minoría perseguida”; el segundo, la creación de un Registro Nacional de Ciudadanos, cuyos requisitos documentales podrían acabar por despojar a los musulmanes indios de su derecho al voto (tal y como ocurría con las pruebas de alfabetismo en el sur de Estados Unidos). A lo anterior habría que añadir las medidas para prevenir las uniones entre hombres musulmanes y mujeres hindúes, en el marco de una teoría de la conspiración conocida como la “Yihad a través del amor”.

Frente a esta violencia institucional, los musulmanes de la India de Modi se enfrentan hoy a un aumento de la violencia en la calle, especialmente en la forma de linchamientos, algo poco común hasta hace algunos años. Pese a ser una minoría, desde 2014 los linchamientos contra musulmanes han excedido los que tienen víctimas hindúes. De igual modo, se han concentrado en los estados en donde el BJP gobierna.

La oposición ante la Modi-ficación autoritaria

Ante este panorama, ¿qué ocurre con la oposición? Si bien la coalición del BJP controla la política nacional, no puede decirse lo mismo del ámbito estatal, donde un número importante de las 28 regiones de la India son gobernadas por opositores. Estos gobiernos son hoy uno de los principales frentes de resistencia a la deriva autocratizante de Modi.

Lo anterior no significa que sus pronósticos sean optimistas. La oposición de la India replica muchos de los dilemas de quienes se enfrentan a populistas de ultraderecha en otras partes del mundo: luego de años de gobiernos marcados por políticas favorables a la elite, la marca de los partidos que hoy se enfrentan a Modi se encuentra devaluada. Lo que es peor: los opositores están divididos. En junio del año pasado, un grupo de 28 partidos, liderados por el Partido del Congreso, unieron fuerzas con el objetivo de derrotar al BJP. El nombre de su coalición fue Alianza Nacional por un Desarrollo Indio Incluyente (INDIA, por sus siglas en inglés). El problema es que, a medida que se acercan las elecciones, las grietas en su edificio se hacen cada vez más notorias. Recientemente, uno de los arquitectos de esta coalición saltó al bando del gobierno y dos de sus partidos han decidido presentarse solos a los comicios.

“[…] los musulmanes de la India de Modi se enfrentan hoy a un aumento de la violencia en la calle…”

Más allá de la propaganda de Bollywood o noticias como el éxito de su programa espacial, debemos tener claro que lo que define a la política de Modi y el BJP es la creencia de que un gobierno respaldado por una mayoría electoral puede usar su poder para despojar a una minoría de sus derechos y legitimar la violencia en su contra. Para eso existe un nombre y no es precisamente el de democracia. De ahí que resulte tan perturbador que este experimento, potencialmente genocida, parezca tener apologistas en México. Pero esa, claro, es otra historia. EP

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