Mapeando la basura para mantener limpias nuestras playas: ciencia ciudadana en BCS

Un grupo de investigadores analiza diversas medidas para mitigar la contaminación en las playas y los mares, así como su efecto positivo en las comunidades.

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Un grupo de investigadores analiza diversas medidas para mitigar la contaminación en las playas y los mares, así como su efecto positivo en las comunidades.

El mar como espejo de nuestras playas

Cada año, en el mundo, entre 8 y 12 millones de toneladas de plástico llegan al océano: el equivalente a vaciar un camión de basura en el mar cada minuto. Más del 80 % proviene de actividades en tierra, desde botellas olvidadas hasta fibras sintéticas que se desprenden de la ropa.

En México, esta realidad se hace visible en las playas, donde el turismo costero es motor económico. Para Baja California Sur representa cerca del 35 % del PIB. Cientos de miles de visitantes llegan cada año a disfrutar de paisajes emblemáticos como Los Cabos, Balandra o El Tecolote, y con ellos arriban toneladas de plásticos de un solo uso, colillas y envases que terminan dispersos en la arena o atrapados en los manglares.

Las limpiezas de playa se han vuelto postales recurrentes: voluntarios con guantes y bolsas negras retirando montañas de desechos. Son gestos valiosos, pero sólo ofrecen alivios temporales frente a un problema estructural.

Lo que falta es información del sistema: saber qué residuos llegan, en qué cantidades, en qué épocas del año y a qué zonas específicas. Sin esos datos, las políticas públicas se reducen a acciones reactivas —limpiezas eventuales, campañas de concientización, certificaciones— que apenas alcanzan para contener un problema que sigue creciendo. El mar es, al final, el espejo que refleja nuestra forma de habitar y consumir en esa geografía privilegiada que son nuestras costas.

El contraste paceño: Balandra y El Tecolote

En La Paz, dos playas vecinas muestran panoramas opuestos: Balandra y El Tecolote. Balandra, con su famoso “hongo” de piedra, fue declarada Área Natural Protegida en 2012 y se ha convertido en símbolo de conservación. Aunque no cuenta con protocolos de limpieza claros, sí existen reglas que limitan el acceso de visitantes, regulan la presencia de concesionarios y utilizan señalética para recordar a las personas que deben llevarse su basura. Es un orgullo para los paceños que demuestra cómo los ciudadanos organizados pueden proteger un ecosistema.

A menos de dos kilómetros, El Tecolote ofrece una experiencia distinta: restaurantes de mariscos, deportes acuáticos, fogatas y espacio para acampar. Su carácter abierto y popular lo convierte en la playa de las tradiciones paceñas, pero también en la más presionada. Según ZOFEMAT, ahí se recolectan hasta 9,300 kilos de basura al mes, evidencia del costo de su popularidad. En 2025, la alcaldesa Milena Quiroga planteó certificarla como sustentable, un reto que difícilmente será posible sin cambios de fondo y la participación de la ciudadanía.

Estudiar la basura como nunca antes: una metodología ciudadana

La Red de Observadores Ciudadanos A. C. (ROC) plantea algo verdaderamente innovador: estudiar la basura como si fuera una especie biológica. Al igual que se analiza la distribución, abundancia o estacionalidad de organismos marinos, los residuos pueden clasificarse, contarse, mapearse y seguirse en el tiempo. Para ello, se emplea una aplicación digital que permite registrar cada hallazgo de manera sencilla, haciendo que la metodología sea muy accesible. Basta con destinar a un par de personas o voluntarios que asumen el rol de monitores durante las limpiezas colectivas. Así, lo que podría ser solo recolección de residuos, se transforma en generación de datos valiosos para entender los patrones de acumulación y circulación de la basura en playas como El Tecolote.

La ciencia de este proyecto se construye gracias a la participación activa de estudiantes, ciudadanía y múltiples organizaciones de la sociedad civil. Desde octubre de 2024, estudiantes de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) han participado activamente en estas jornadas, registrando residuos y georreferenciando cada hallazgo, mientras complementan su trabajo con el de iniciativas y organizaciones comprometidas, entre las que destacan Californios Verdes, Centro Comunitario La Playa, Colegio Picacho McGregor, EPI México, Eco Alianza de Loreto, EcoXipe, ONES, Mar Vivo y Clean Up BCS. Sin su colaboración, sería imposible levantar la información que permite pasar de la limpieza tradicional a una con enfoque basado en datos, donde el conocimiento guía la acción y las decisiones. “Al principio pensé que sería solo recoger basura”, cuenta Ana, estudiante de Lenguas Modernas. “Pero cuando nos explicaron que estábamos generando datos que servirán para generar propuestas y evidencia que ayude a construir estrategias de manejo de residuos, sentí que mi esfuerzo tenía más sentido”.

Los cinco residuos críticos y patrones de acumulación

El análisis de residuos en la zona costera revela un perfil de contaminación crítico y cuantificable. Los principales contaminantes en El Tecolote son los restos de carbón de fogatas (23 %) y las colillas de cigarro (19 %), seguidos por plásticos de un solo uso (15 %), latas metálicas (3 %) y papel sanitario (3 %) (Figura 1). Una sola colilla puede contaminar hasta 1000 litros de agua, liberando metales pesados, nicotina y miles de químicos nocivos para los ecosistemas costeros. La mayoría de estos residuos —más de la mitad (55,78 %)— proviene directamente de la actividad turística, incluyendo colillas, plásticos, latas, papel sanitario y otros materiales recreativos.

El análisis geoespacial permite dimensionar dónde se acumula la basura con mayor volumen (Figura 2). En El Tecolote, las zonas cercanas a restaurantes y estacionamientos concentran la mayoría de los residuos, y durante temporadas vacacionales —Semana Santa, verano y fin de año— la cantidad puede aumentar hasta un 40 %, evidenciando la presión turística sobre la playa. Estos mapas de calor (Figura 3) no solo representan visualmente la contaminación, sino que proporcionan evidencia empírica para identificar puntos críticos y transformar la limpieza tradicional en una estrategia de gestión inteligente y preventiva. Así, el protocolo ROC documenta la magnitud del problema y provee una hoja de ruta para abordarlo de manera sistémica.

Dimensión ciudadana, política y conciencia ambiental

El Tecolote no es sólo un espacio físico: es parte de la identidad paceña. Para muchos habitantes, es la playa de la infancia, de las fogatas familiares y de los paseos improvisados; también es la primera que recomiendan a los visitantes por su amplitud y belleza escénica. Cuidarla no es solo conservar un paisaje, sino proteger un lugar de memoria colectiva. Los estudiantes de la UABCS lo saben bien. “Cuando llevé a mi familia a El Tecolote y les conté lo que habíamos registrado en la limpieza, todos se sorprendieron”, dice Luis, estudiante de Biología. “Ahora, cuando vamos, ellos mismos recogen lo que ven”.

La experiencia en El Tecolote abre un debate urgente sobre la gestión de las playas: ¿quién debe asumir la responsabilidad por la basura turística: concesionarios, visitantes o autoridades? ¿Qué significa realmente certificar una playa como “limpia”: basta con retirar los residuos visibles o se requieren sistemas permanentes de monitoreo y prevención? En este contexto, ZOFEMAT, las autoridades municipales y los concesionarios desempeñan un papel central, con limpiezas diarias y macro jornadas de recolección que buscan involucrar a la sociedad. Sin embargo, estos esfuerzos son insuficientes sin conciencia social, participación ciudadana y datos sólidos para fundamentar decisiones.

Por ello, el proyecto de la ROC aporta un enfoque estratégico: al integrar voluntarios que monitorean y registran residuos, genera datos para identificar patrones, priorizar estrategias y evaluar el impacto de las acciones implementadas. Esta evidencia científica fortalece la gestión y permite pasar de una política reactiva a una preventiva, diseñada con base en información concreta.

El caso de El Tecolote nos recuerda que las playas son espejos de nuestra relación con el mar. Cada colilla, cada lata y botella, cada red abandonada es una huella de nuestro consumo irresponsable y testimonio de nuestro descuido. También es un dato para tomar mejores decisiones. Para mantener playas limpias requerimos conciencia ciudadana, infraestructura funcional y monitoreo sistemático. La combinación de estudiantes, organizaciones civiles y autoridades ofrece un modelo replicable para todo México, donde la basura deja de ser un enemigo invisible y se estudia como fenómeno tangible, con especies, patrones y ciclos.

Cuidar una playa, al final, es preservar la memoria, la biodiversidad y el futuro de nuestras costas y nuestros mares. EP


Esta iniciativa cuenta con la colaboración de la Red de Observadores Ciudadanos, el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (CIBNOR), la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), EcoXipe, Ecology Project International y Terra Habitus.

Referencias

Apodaca, S., 2024, “Playas El Tecolote y El Coromuel, las más inundadas en basura”, El Sudcaliforniano, recuperado en: https://oem.com.mx/elsudcaliforniano/local/playas-el-tecolote-y-el-coromuel-las-mas-inundadas-en-basura-13373076.

López Avilés, S. (2025), “Vamos por la certificación de playa El Tecolote: Milena Quiroga,” El Independiente, recuperado en: https://www.diarioelindependiente.mx/2025/04/vamos-por-la-certificacion-de-playa-el-tecolote-milena-quiroga.

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