Este planeta | Tan lejos y tan cerca del cambio climático

El cambio climático está alterando las probabilidades que sostienen nuestras ciudades y formas de vida. Entender las nuevas dinámicas de lluvia ya no es opcional: es una condición para sobrevivir.

Texto de 05/05/26

El cambio climático está alterando las probabilidades que sostienen nuestras ciudades y formas de vida. Entender las nuevas dinámicas de lluvia ya no es opcional: es una condición para sobrevivir.

Guarda este artículo en tu cuenta.

La relación del humano con la naturaleza está basada en probabilidades. Sin darnos cuenta, usamos las probabilidades para todo. Por ejemplo, no hay edificio que aguante sismos mayores a 9.5 grados en la escala sismológica de magnitud (lo que conocemos como Richter), porque la probabilidad de un sismo mayor es casi cero. También los agricultores usan la probabilidad para saber el inicio de las lluvias, lo que les indica cuándo sembrar. Incluso, las personas que se van a casar usan la probabilidad para planear una boda; pocos se casan en un jardín en agosto: la probabilidad de que esté lloviendo mientras se parte el pastel es muy alta.

Más allá de las bodas, el entendimiento de las probabilidades de la precipitación ha desempeñado un papel fundamental en todas las civilizaciones. No es solo para saber cuándo comienza a llover, sino cuánto lloverá en la región. Las ciudades se establecieron con las probabilidades del máximo en la crecida de los ríos cercanos. El establecimiento de la gran Tenochtitlán se realizó con las probabilidades del crecimiento de los cinco lagos en época de lluvias, que ayudaron a saber dónde vivir y dónde establecer chinampas para sembrar. 

Hasta hace poco, esa probabilidad de lluvias era clara, pero el cambio climático la está oscureciendo. La probabilidad se construye con información del pasado. La observación de siglos estructura la probabilidad de que las lluvias en la CDMX comiencen en mayo y terminen en noviembre, pero eso está cambiando a nivel mundial. Se comprueba con las veces que un político o un noticiero ha dicho “lluvia atípica” en estos meses. Pemex adjudicó la más reciente catástrofe del incendio en la refinería Dos Bocas a las “fuertes lluvias”. El cambio de probabilidades evita que haya predictibilidad y eso pone en riesgo la calidad de vida y la propia existencia. 

Ya está comprobado que el cambio climático está borrando las probabilidades; uno de esos estudios lo comprueba analizando las lluvias extremas del 29 de octubre de 2024 en Valencia, España, donde en 16 horas llovió lo de todo el año: 771 mm y causó inundaciones que mataron a 230 personas. Un modelo simuló escenarios usando variables como temperatura, humedad y viento. En condiciones previas al cambio climático, las lluvias hubieran estado dentro de las probabilidades, pero con el cambio climático los resultados del modelo arrojaron precipitaciones similares a las experimentadas ese año. Este es el tipo de modelo que se puede usar para explicar las lluvias en las ciudades de Juiz de Fora y Ubá, al sureste de Brasil, donde las inundaciones mataron a 60 personas. Es en Brasil también donde se predice que hay regiones en el Amazonas donde el aumento promedio de la temperatura estará por encima de la capacidad de supervivencia humana.

A nivel global, los modelos climáticos indican que se romperán los patrones de temperatura con aumentos significativos en muchas regiones. El aumento de temperatura y humedad de los últimos años sugiere que las lluvias extremas ya no serán “atípicas”. El cambio de estos patrones, antes predecibles, está afectando el territorio donde establecimos las ciudades.

Urge evaluar la infraestructura actual a la luz del cambio de probabilidades promovidas por el cambio climático. El sismo de 1985 movió los patrones de predicción y obligó a la CDMX a modificar el reglamento de construcción. Podríamos hacer lo mismo considerando el cambio en el patrón de lluvias por el cambio climático. Tímidamente, algunas ciudades icónicas cercanas al mar, como Nueva York y Londres, están haciendo infraestructura para contener las nuevas probabilidades de lluvia causadas por el cambio climático. 

Lo que están haciendo Londres y Nueva York no es suficiente, pero es algo, comparado con las zonas urbanas de México que no tienen un plan concreto al respecto; esto a pesar de la evidencia. Por ejemplo, en Tabasco, en 2018, cuando el río Usumacinta estuvo a punto de inundar Villahermosa; o en Acapulco, afectada por los huracanes Otis y John, dos años seguidos. Otras ciudades sufrieron de sequía como Nuevo León, en 2023, o la CDMX entre 2020 y 2024, cuando se estuvo a punto de llegar al “día cero” en el sistema de presas Lerma-Santiago que proveen de agua a un 30% de la población. 

Estas señales son claras, pero estamos en una dinámica social y económica vertiginosa, distraídos por eventos de corto plazo: tenemos el ojo en las guerras, cambios en la ley electoral, corrupción de diputados, el mundial de futbol. Hoy, hemos dejado de hacer incluso lo poco que estábamos haciendo hace una década para mitigar el cambio climático. Esto nos hace más vulnerables: el fenómeno no se detiene y cambian los patrones de lluvias, que necesitamos entender para sobrevivir.

El cambio climático lo vemos muy lejano y difuso. La reconstrucción de Acapulco, por ejemplo, priorizó regresar a la precaria normalidad lo antes posible, buscando atraer el turismo lo antes posible, por encima de la oportunidad de reconstruir la ciudad para resistir los ahora comunes eventos extremos. El pico de sequía en la CDMX fue en 2024, año de elección presidencial: se resolvió sobreexplotando el acuífero y promoviendo más gasto de agua a partir de la inversión inmobiliaria. Otras soluciones aplicadas son inútiles y, en el mejor de los casos, de corto plazo. Por ejemplo, buscar resolver la sequía en la CDMX y Monterrey con el bombardeo de nubes que no funcionó porque nunca se ha probado su eficacia
Hace más de 50 años se postuló que el cambio climático es un problema para la civilización. A principios de este siglo, comenzaron respuestas tímidas a nivel global, pero en los últimos dos años estas respuestas perdieron impulso. A pesar de que ya estamos sufriéndolo, el manejo actual de las ciudades sugiere que vemos estos problemas tan lejos, aunque estén tan cerca. EP

El análisis independiente necesita apoyo independiente.

Desde hace más de 30 años, en Este País ofrecemos contenido libre y riguroso.

Ayúdanos a sostenerlo.

Relacionadas

DOPSA, S.A. DE C.V