
Susana Chacón analiza cómo la visita de Marco Rubio a México, en medio de tensiones crecientes con Estados Unidos, marcó un punto de inflexión en la relación bilateral y abrió un nuevo capítulo de presiones políticas y geopolíticas.
Susana Chacón analiza cómo la visita de Marco Rubio a México, en medio de tensiones crecientes con Estados Unidos, marcó un punto de inflexión en la relación bilateral y abrió un nuevo capítulo de presiones políticas y geopolíticas.
Texto de Susana Chacón 11/09/25

Susana Chacón analiza cómo la visita de Marco Rubio a México, en medio de tensiones crecientes con Estados Unidos, marcó un punto de inflexión en la relación bilateral y abrió un nuevo capítulo de presiones políticas y geopolíticas.
La relación entre México y Estados Unidos vive una etapa marcada por tensiones crecientes. La visita del secretario del Departamento de Estado, el republicano Marco Rubio, a México, el pasado 3 de septiembre de 2025 no fue un simple gesto diplomático: representó un momento de presión directa hacia el gobierno de Claudia Sheinbaum, con Donald Trump como telón de fondo político y geopolítico.
Para entender lo ocurrido, es necesario observar los tres tiempos de esa coyuntura: antes, con los mensajes que prepararon el terreno; durante, con las exigencias planteadas en la Ciudad de México; después, con las consecuencias que seguirán repercutiendo tanto en la política mexicana como en la estadounidense.
Antes de la visita: un clima de amenazas y advertencias en el que Trump mantuvo un discurso de amenaza en contra de México. Desde su toma de protesta el 20 de enero pasado, habló contra México. En múltiples eventos ha repetido que “México no controla nada” y que “los cárteles mandan más que el gobierno”. A pesar de hablar bien de la presidenta mexicana, no ha dejado de subrayar que ella le tiene miedo al crimen organizado y por lo mismo no actúa en consecuencia. Tres ejes han dominado su discurso, que no se limitan al tema de seguridad: existe una migración masiva en la que Trump aseguraba que México dejaba pasar a miles de migrantes, “inundando” Texas, California, Nuevo México y Arizona. El tema del fentanilo con el que culpa recurrentemente a México por producir y permitir el cruce de la droga que mata a miles de estadounidenses al año. Algo que no perdona es la existencia de un narcogobierno. Trump ha insistido en que las élites mexicanas están coludidas con los cárteles, señalando incluso a exfuncionarios de alto rango involucrados en el crimen organizado. En este sentido, Trump celebró que Marco Rubio viajara a México para “llevar el mensaje de que Estados Unidos ya no va a tolerar excusas”.
Rubio, antes de venir a México, visitó al menos nueve países latinoamericanos, cuando en el pasado los primeros viajes que hacían tanto el secretario de Estado como el presidente estadounidenses, eran a México y a Canadá. Hoy, México ha sido uno de los últimos en visitar. Cabe mencionar que desde el Senado estadounidense y ahora como secretario de Estado y encargado de la Seguridad Nacional, Rubio ha sido uno de los principales críticos de los vínculos de AMLO y su gobierno con el crimen organizado.
El episodio del ataque a la embarcación venezolana justo antes de la llegada de Rubio a México mandó varios mensajes no solo a México, sino a toda la región. Previo a su salida de Florida hacia México, Rubio y Trump coincidieron en que el tema de coyuntura internacional de la destrucción de una embarcación venezolana que fue interceptada por fuerzas estadounidenses, señalada de transportar armas y precursores químicos, Trump afirmó que la embarcación era una “prueba más” de cómo “Venezuela, Cuba y México se han convertido en cómplices de redes criminales que amenazan directamente a Estados Unidos”.
Por su parte, Rubio declaró desde Miami, antes de salir hacia México, que “esa embarcación refleja la conexión entre dictaduras latinoamericanas y cárteles mexicanos. No podemos permitir que esa amenaza llegue a nuestras costas”. Estas declaraciones, ligando a México con el eje Caracas-La Habana, marcaron el tono previo a su viaje: un discurso que no solo responsabilizaba a Sheinbaum, sino que regionalizaba el problema del crimen organizado. Para ambos, tanto Trump como Rubio, el mensaje es claro, van a atacar al crimen organizado donde quiera que se encuentre con el fin de acabarlo.
El 3 de septiembre, Rubio se reunió en la Ciudad de México con la presidenta Sheinbaum y su equipo de seguridad. De manera muy diplomática, no dejó de plantear sus exigencias concretas. Rubio llevó un mensaje claro en tres frentes. En primer lugar, en materia de seguridad, exigió resultados verificables en el desmantelamiento de laboratorios de fentanilo y pidió que la DEA tuviera “acceso irrestricto” a información clave. Subrayó la importancia de la cooperación para acabar con quienes están vinculados al crimen organizado. En cuanto a Migración, dijo que México debía “cerrar el paso desde Chiapas”, responsabilizándolo de ser la primera línea de contención para EUA. Por supuesto que vinculó el tema de la economía con el de seguridad al señalar que la continuidad de beneficios del T-MEC dependía de que México “mostrara voluntad real” contra el narcotráfico y la migración irregular.
En conferencia de prensa, Rubio fue diplomático pero directo: “La cooperación no es opcional. Si México no actúa contra los cárteles y los flujos migratorios, habrá consecuencias en comercio y seguridad”; es claro que además actuarán unilateralmente sin informar al gobierno mexicano. Con esta frase, vinculó abiertamente la agenda económica a la de seguridad, lo que en la práctica significó un ultimátum. A pesar del cambio de ruta del gobierno de Sheinbaum, la desconfianza en el gobierno mexicano se mantiene, de ahí que exijan resultados contables.
Algo que poco se difundió en México es que durante las reuniones de Rubio en México, Trump publicó en su red social: “Rubio lleva mi mensaje: México tiene que actuar o enfrentará consecuencias. Ya no más excusas”. El eco de estas palabras mostró que el senador actuaba en coordinación con Trump.
Después de dejar México, Rubio viajó a Ecuador, donde sostuvo encuentros con autoridades locales. Desde Quito lanzó un mensaje que retomaba lo dicho en Ciudad de México, pero ampliado al contexto regional: “El crimen organizado no es un fenómeno local, es una red continental. Desde Ecuador hasta México, los cárteles han penetrado instituciones y han puesto en riesgo la estabilidad de nuestras democracias”. Se refirió en particular al cártel de Sinaloa y al de Jalisco Nueva Generación que actúan en ambos países y en la región. Advirtió que Washington debía “tratar a estos grupos como amenazas globales”, como terroristas y no como simples organizaciones criminales. Con ello reforzó la narrativa de que la lucha contra los cárteles debía equipararse a la lucha contra el terrorismo. Esto les permite actuar de forma legal y extraterritorialmente en contra de los criminales.
De regreso a EUA, Rubio informó que México “reconoció la gravedad del problema, pero aún no ofrece resultados”. Varios legisladores republicanos respaldaron su postura y comenzaron a discutir medidas para condicionar fondos de cooperación y revisar capítulos del T-MEC. El gobierno demócrata, aunque menos estridente, reconoció que “la visita subrayó preocupaciones legítimas”. Así, México quedó frente a un gobierno bipartidista que lo observa con lupa.
Por otra parte, hubo críticas a Sheinbaum: la oposición acusó a su gobierno de permitir que Rubio dictara condiciones en territorio mexicano. Su gobierno y Morena respondieron que la administración había defendido la soberanía mientras mantenía el diálogo abierto. De lo que no cabe duda es de que se dieron ajustes prácticos, México no solo incrementó operativos en la frontera sur y reforzó la presencia militar en puertos, enviando señales de respuesta rápida a Washington, sino que a pocos días de la partida de Rubio, llevaron a cabo el encarcelamiento de al menos 14 funcionarios vinculados con el huachicol fiscal. Lo que salta fuertemente es que dos de estos personajes son sobrinos políticos del exsecretario de la marina, Rafael Ojeda, a quienes se les permitió operar libremente desde el sexenio de AMLO. Tanto el fiscal Gertz Manero como García Harfuch salieron a exonerar a Ojeda el pasado 7 de septiembre. Esto desafortunadamente significa que el gobierno de Sheinbaum no está dispuesto a ir en contra de los verdaderos peces grandes.
Trump capitalizó la visita de Rubio, afirmando que “México solo entiende cuando hablamos fuerte”. En sus diferentes reuniones, repitió que el republicano había ido “a poner orden donde Biden y los demócratas no pudieron hacerlo”. Así, convirtió la visita en un acto a favor de sus intereses y de su base social.
La visita de Marco Rubio a México, precedida por las advertencias sobre la embarcación venezolana y seguida por su discurso en Ecuador contra el crimen organizado, representó un punto de inflexión. Antes, Trump y Rubio crearon un clima de amenazas; durante, Rubio llevó exigencias sin concesiones; después, las consecuencias se tradujeron en mayor presión, ajustes internos en México y capital político para Trump.
La lección es clara: México no solo enfrenta la presión de una administración estadounidense en turno, sino de todo un bloque republicano que busca usar al país como pieza de presión y como instrumento de seguridad nacional. En este escenario, la capacidad de Sheinbaum para negociar con firmeza y pragmatismo definirá el futuro de la relación bilateral y también la estabilidad de su gobierno.
En última instancia, la visita de Rubio, con Trump como telón de fondo, mostró que la relación bilateral está entrando en una fase más áspera, donde las presiones externas se combinan con los desafíos internos de México. El desenlace dependerá de la capacidad del gobierno mexicano de resistir, negociar y demostrar que puede ser un socio confiable sin renunciar a su soberanía. EP