Cancillería sin rumbo: el nuevo Secretario de Relaciones Exteriores 

El relevo en la Secretaría de Relaciones Exteriores ocurre en un contexto de debilitamiento institucional y ausencia de estrategia internacional, donde el nombramiento revela más continuidad política que vocación diplomática.

Texto de 07/04/26

El relevo en la Secretaría de Relaciones Exteriores ocurre en un contexto de debilitamiento institucional y ausencia de estrategia internacional, donde el nombramiento revela más continuidad política que vocación diplomática.

Por primera vez en la época contemporánea se va un titular de la SRE que, en el primer año de gobierno, nunca fue capaz de tejer una reunión entre su jefa, quien encabeza el Estado mexicano, con su par en Washington, D.C., ni en países estratégicos de ultramar o del propio hemisferio. Vaya: nunca cruzó el Atlántico.

Llega un nuevo Secretario de Relaciones Exteriores de apenas 38 años, que inició su carrera en las filas naranjas de Movimiento Ciudadano. Cercano a Dante Delgado, conoció a Marcelo Ebrard, quien lo llevó a la cancillería, donde escaló diversas posiciones. Bernardo Sepúlveda Amor llegó a la SRE con 41 años; no obstante, las diferencias son enormes frente al nuevo secretario. La capacidad y voluntad de hacer política exterior por parte del entonces Ejecutivo federal, Miguel de la Madrid Hurtado, marcan una gran distancia con un gobierno aislacionista, sin una política exterior auténtica y más bien dispuesto a ceder ante Donald Trump sin un sentido estratégico en su quehacer. Esa es la herencia del obradorato.

Fue Sepúlveda Amor quien leyó el momento del principio del fin de la hegemonía del PRI y llevó a cabo la reforma al artículo 89, fracción X, para inscribir los principios rectores de la política exterior. La histórica participación mexicana en los esfuerzos de paz en América Central, la tensa relación con Estados Unidos ante la narcotización de la agenda o la participación de México en el G6, con aliados como India bajo la jefatura de Rajiv Gandhi o Suecia con el liderazgo de Olof Palme, ilustran la diferencia. Otra verdad asimétrica descansa en que, a pesar de la crisis política del régimen priista, aún se conservaban cuadros profesionales en la cosa pública; hoy es evidente la destrucción de la Administración Pública Federal y el golpeteo persistente al Servicio Exterior Mexicano.

La llegada de Roberto Velasco, llamado “Lord Cacahuates” por una lamentable foto en el Capitolio en Washington, es evidencia de que Morena no cultivó cuadros para gobernar. Resulta un marcado desaprovechamiento que funcionarios de Estado, que no improvisan y cuentan con mejor preparación y capacidad que el recién nombrado jefe de la diplomacia mexicana, permanezcan en la banca o en posiciones secundarias. El desconsuelo entre muchos brillantes mexicanos y mexicanas debe ser enorme al ver, una vez más, un nombramiento al que es difícil otorgar el beneficio de la duda. El cambio en el gabinete se combina con el ataque a los resortes y columnas republicanas y democráticas que ya dibujan a México como una autocracia. La reacción oficialista contra el informe del Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada (CED) es una prueba contundente de la debilidad e incongruencia de Morena: antes de llegar al poder y ahora desde él. Lejos de asumir un asunto de Estado con responsabilidad de Estado, la diatriba y la descalificación desde Palacio Nacional se imponen sobre el diálogo, el ejercicio de mea culpa y la atención debida al drama de las desapariciones forzadas en México, evidencia clara del nivel de una “democracia” que ha militarizado la seguridad pública y diversas ramas del mando civil.

El nombramiento en la SRE, en lugar de convocar a un esfuerzo de Estado, demuestra que prevalece el privilegio de la suerte y la facción. Un Senado de la República sin densidad en el debate parlamentario ni vocación para honrar su facultad constitucional de revisar la política exterior —reforma incorporada al artículo 76 en 1977, en pleno proceso de apertura del sistema político— se mostrará complaciente, salvo honrosas excepciones que, al menos, deberán dejar constancia de una crítica democrática y propositiva.

El excanciller Bernardo Sepúlveda Amor anotó en su ensayo “El Senado y la política exterior”, publicado por Este País en enero de 1998, que “…en el informe de análisis del Senado se formulen recomendaciones al Poder Ejecutivo sobre la marcha de los asuntos exteriores, desde la perspectiva del Senado, lo cual daría sentido y eficacia a la tarea de examinar la política exterior”. Pocos senadores sabrán estar a la altura de la tarea republicana de su escaño.

Frente a las convulsiones con el vecino del norte y el desorden global, la nueva figura en la cancillería mexicana tendrá que comprobar los tamaños reales de lo que enfrentará.De nueva cuenta, las palabras de Emilio O. Rabasa cobran vida cuando dijo: “al titular de la SRE lo nombra el Presidente de la República; al canciller, la Historia”. EP

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