Pioneras, científicas y mexicanas

Andrea Chapela, en alusión al Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, se aproxima a científicas mexicanas como Helia Bravo Hollis, Paris Pişmiş, Julieta Fierro entre otras destacadas pioneras.

Texto de 11/02/20

Andrea Chapela, en alusión al Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, se aproxima a científicas mexicanas como Helia Bravo Hollis, Paris Pişmiş, Julieta Fierro entre otras destacadas pioneras.

En diciembre de 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia con el fin de lograr su acceso y su participación plena y equitativa en la ciencia. Sólo el 30% de los investigadores en el mundo son mujeres, por lo que el interés de la ONU de declarar un Día Internacional es el de concientizar al público general y hablar de los prejuicios y estereotipos de género que se hemos arrastrado como sociedad y que mantienen a las niñas y mujeres alejadas de los sectores científicos. 

Un tema usual para tratar hoy es el de la participación histórica de las mujeres en la ciencia, muchas de las cuales han sido relegadas a un papel secundario o, incluso, desconocido al narrar algunos de los descubrimientos científicos más importantes. Un ejemplo claro es el caso de Rosalind Franklin cuya contribución al descubrimiento de la estructura del ADN quedó en segundo plano por mucho tiempo. Hablar de estas científicas y darles el lugar que merecen, sirve para visibilizar su contribución y, además, proveer de modelos a las niñas del presente que pueden llegar a ser las científicas del futuro. 

Pero los ejemplos y nombres no tienen que ser sólo extranjeros. En México ha habido muchas científicas de alto nivel. Así es el caso de Helia Bravo Hollis, que nació el 30 de septiembre del 1901 y murió el 26 de septiembre de 2001. Dedicó su vida a estudiar las cactáceas mexicanas y fue la primera bióloga titulada en nuestro país. Fundó el Jardín Botánico de la UNAM y la Sociedad Mexicana de Cactología y también fue la primera en realizar estudios taxonómicos de las cactáceas mexicanas. En una entrevista para ¿Cómo ves?  dijo: “El motivo de mi vida fue la biología y las cactáceas. Dediqué casi mis 100 años a mi ciencia preciosa. Gracias a ella vivimos, gracias a ella conocemos la naturaleza de la que somos parte”. 

Otra bióloga mexicana, pionera en su campo, fue María Elena Caso, nacida en 1915. Estudió en la UNAM y se especializó en el estudio de equinodermos, en particular de estrellas de mar. A partir de las especies recolectadas durante sus viajes se originó, en 1991, la Colección Nacional de Equinodermos, que se encuentra bajo el resguardo del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología y lleva su nombre. 

Otra científica longeva, que murió en 2019 a los 105 años de edad, fue Manuela Garín, pionera en matemáticas, una de las dos primeras egresadas de esta carrera en México. Fue la primera directora de la Escuela de Altos Estudios de la Universidad de Sonora y la fundadora de la escuela de matemáticas de Yucatán. Durante una entrevista dijo: “Yo tengo la convicción de que a la gente que sepa razonar como se razona en matemáticas, no la pueden hacer tonta”. 

Paris Pişmiş fue una astrónoma mexicana que nació en Turquía en 1911. Fue la primera mujer en obtener un doctorado de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Estambul en 1937. Gracias a su supervisor, se trasladó a Estados Unidos donde conoció a su esposo, Félix Recillas, un matemático mexicano. Así llegó a México donde se convirtió en la primera astrónoma profesional del país. Estudió la cinemática de galaxias y la estructura de cúmulos abiertos y nebulosas planetarias. A partir de sus investigaciones, compiló el catálogo Pişmiş que enlista 22 cúmulos estelares abiertos y 2 cúmulos globulares en el hemisferio sur. El auditorio del Instituto de Astronomía de la UNAM lleva su nombre. 

Siguiendo los pasos de Pişmiş, Silvia Torres Castilleja es la primera doctora en astronomía nacida en México. Fue directora del Instituto de Astronomía y, de 2015 a 2018, presidenta de la Unión Astronómica Internacional. Actualmente es investigadora emérita del Instituto de Astronomía de la UNAM siendo su campo de estudio las nebulosas planetarias y regiones galácticas y extragalácticas. 

Otra astrónoma distinguida que sigue activa a la fecha es Julieta Fierro. Además de su labor científica, es una importante divulgadora que ha escrito 41 libros y es miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. Su labor de divulgación ha sido reconocida internacionalmente con el premio Kalinga de la UNESCO. 

Por último, me gustaría subrayar a las ganadoras del Premio Nacional de Ciencias y Artes en la categoría de ciencias físico-matemáticas y naturales que se entrega desde 1948, pero sólo ha sido otorgado a seis mujeres: la primera Herminia Pasantes Ordóñez (bióloga) en 2001. A ella le siguieron Silvia Torres Castilleja (astrónoma ya mencionada, 2007), Estela Lizano Soberón (astrónoma, 2012), Ana Cecilia Noguez Garrido (física, 2016), María Elena Álvarez-Buylla (bióloga, 2017) y Mónica Clapp Jiménez (matemática, 2018). 

Me interesa enlistar a estas científicas mexicanas como un ejercicio para conocerlas. A pesar de que vengo de una familia de científicos y de que estudié química, son pocas las científicas mexicanas del pasado que conocía hasta que me puse a buscarlas. Se sabe que tener modelos es muy importante para que las niñas decidan estudiar ciencias. En mi caso, ese modelo estuvo primero en casa. Mi madre es matemática y trabaja como investigadora y docente en la UAM Iztapalapa. Gracias a ella y a sus amigas nunca tuve duda alguna de que las mujeres podían dedicarse a la ciencia. Cuando estudié química en la UNAM encontré muchas profesoras e investigadoras que me guiaron y enseñaron, entre ellas la más importante fue la doctora Bárbara Pichardo con quien trabajé en el Instituto de Astronomía durante mis últimos años de la carrera. Ella exaltó mi curiosidad y amor por la ciencia y la divulgación en un momento en el que yo tenía muchas dudas sobre la profesión. Al final, a pesar de estas modelos, decidí dar vuelta y comenzar a escribir, pero mi literatura está repleta de lenguaje y pensamiento científico. A la fecha digo que volvería a estudiar química porque lo que aprendí ahí ha enriquecido mi vida. 

Por eso espero que sigamos hablando de estos nombres y de más científicas destacadas que han hecho su carrera en México, un país donde sólo el 33% de los científicos son mujeres según datos de la UNESCO. Es un hecho que, en la infancia, las niñas son igual de capaces y están igual de interesadas en la ciencia que los niños, pero al llegar a la pubertad tienen que enfrentarse a los estereotipos que encasillan a las mujeres en carreras de “cuidados” y consideran la labor científica como “poco femenina”. Hay que cambiar esta percepción. Espero que este listado de mujeres pioneras en sus campos y excepcionales a nivel nacional sirva para contrarrestar el sexismo y conocerlas un poco más. EP

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