Blog de la casa Paseos por un mundo alternativo: el Visegrado de Karen Villeda

Durante varios años, “Poliedro” fue la sección principal de las centrales de la revista Este País. Con el propósito de honrar a esa tradición impresa y renacer como EP en línea, hemos nombrado “Poliedro Digital” al blog semanal de la Redacción que, al tener diversos colaboradores, es como ese cuerpo geométrico de “muchas caras”.

Texto de 07/12/18

Durante varios años, “Poliedro” fue la sección principal de las centrales de la revista Este País. Con el propósito de honrar a esa tradición impresa y renacer como EP en línea, hemos nombrado “Poliedro Digital” al blog semanal de la Redacción que, al tener diversos colaboradores, es como ese cuerpo geométrico de “muchas caras”.

El título ya nos acerca a una primera idea: Karen Villeda no sólo le pone a su libro el nombre de algo que es varias cosas (un castillo, una ciudad, casi una idea) sino que añade a eso un subtítulo: microensayos literarios de Hungría, Polonia y República Checa. Y el libro arranca con la aclaración muy puntual y didáctica de lo que son los microensayos, como si no fuera suficiente hojear las páginas y ver que algunos son apenas notas.

Lo interesante de este ejercicio aclaratorio es que plantea de entrada algo que es posible capturar al finalizar la lectura. Este libro es un jugueteo con lo literario; es decir, con lo poético, lo lingüístico, lo lírico y lo documental. También es una invitación al juego para los lectores: en el libro hay algunas fotos que pretenden no ser tanto ilustrativas —ni están tomadas en alta resolución, ni aparecen a color, ni tienen un sentido fotográfico real— como parte del discurso. El breve ensayo (el microensayo) concluye con una imagen para que el lector no crea las palabras o crea más en la idea de que una imagen vale más que mil palabras o para que el lector sepa que lo que lee y lo que ve no es más que parte del intercambio que propone Karen. Por si fuera poco, aparece la historia. Así es como deben ser los ensayos, se supone. Deben partir de un hecho concreto y específico y analizarlo tomando ejemplos históricos que resalten lo que se informa y discute. Claro, pero es Karen y es este libro. Así que la historia es tanto una personal como una que puede consultarse en los anales de la Segunda Guerra Mundial o del siglo XVIII. Sucede igual en Tlaxcala, en la casa de los abuelos hacia finales de los años ochenta, que en un puente de piedra sobre un río gélido en un tiempo sin fecha, enterrado en el pasado; sucede también en el presente: desde ahí (desde aquí y ahora) está narrado este rompecabezas para jugar, armar, leer y conocer.

La mirada de Karen es la de una turista que no pasa desapercibida. Y no porque se trate de una turista loca, vestida de forma exótica, pidiendo salsa Valentina en los restaurantes polacos, no. Sino porque:

  • Es una mujer y lo declara abiertamente: es una mujer y narra desde lo femenino, se fija en lo femenino, observa con los ojos femeninos, sin buscar esconderse en una mirada neutra
  • Es escritora, así que no puede pasar por una esquina, un puente, un cementerio, sin pensar en los escritores que pasaron antes que ella por ahí —que le dieron sentido a ese sitio mucho antes que ella, con palabras que podemos leer hoy y que se han filtrado, en retazos o partes de la composición, al libro que tenemos entre manos
  • Es mexicana: no compara abiertamente las naciones que visita, pero viene de una tierra como la nuestra, un paisaje como el nuestro, y le llaman la atención los copos de nieve, el aire helado, los ríos, la librería, la diferencia en las golosinas
  • Es turista y, claro, se fija en las cosas que miran los turistas. Pero, como es mujer y escritora y mexicana, se fija en cosas peculiares: los ventiladores bajo los asientos, una banca en un parque, la rareza de que Auschwitz tenga una tienda de souvenirs, el trazo de las calles, una ciudad que se ha convertido en una nueva Disneylandia…

En este libro conviven, de forma improbable, un panecillo que parece un gusano con Vaclav Havel, Rilke, Masaryk y Woodrow Wilson, Kundera, Barthes, salchichas, ríos, Wisława Szymborska y las novelas de Leon Uris. Como si se tratara apenas de una propuesta, un trabajo tentativo, una sugerencia para sus amigos, Karen Villeda logró un libro extraño y fascinante por diverso, por necio, por entrañable y, por supuesto, por literario. EP

*Villeda, Karen, Visegrado. Microensayos literarios de Hungría, Polonia, República Checa, Almadía-INBA, 2018, 146 pp. El libro fue ganador del Premio José Revueltas 2017 de ensayo literario.

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