Revertir el imaginario: una película contra la dictadura paraguaya

En esta entrevista, el director de Bajo las banderas, el sol habla sobre la reconstrucción de los archivos que la dictadura paraguaya intentó borrar y el potencial del cine para contar esas historias silenciadas.

Texto de 08/08/25

En esta entrevista, el director de Bajo las banderas, el sol habla sobre la reconstrucción de los archivos que la dictadura paraguaya intentó borrar y el potencial del cine para contar esas historias silenciadas.

Los tobillos del dictador lucen finalmente cercenados. Al menos los de su estatua. Tras gobernar el Paraguay desde 1954 con un autoritarismo que se reservaba el control de todos los ámbitos del país, el alemán Alfredo Stroessner fue depuesto por una conspiración de la cúpula militar en 1989 y su efigie fue retirada de la escena pública. La pesada estructura metálica —luego de sumar aplausos públicos al multicelebrado presidente, que puso su nombre personal al aeropuerto de Asunción y a la ciudad del gozne entre la nación guaraní, Brasil y Argentina, hoy Ciudad del Este— descansa con algunos neumáticos en la cabeza para evitarle el colapso de la espina dorsal.

Esta imagen elocuente es una de las que cierra la película Bajo las banderas, el sol (2025), del asunceno Juanjo Pereira. Una cinta premiada en Berlín y exhibida en México en el marco de la edición 44 del Foro Internacional de Cine de la Cineteca Nacional. Un título muy poético para imágenes tan dolorosas, expresa una espectadora al terminar la función de las 20:00 horas del 31 de julio en la sede de Xoco del recinto cinematográfico.

Con un trabajo monumental de archivo que lo llevó a visitar reservorios de imágenes de distintos países del mundo, Pereira reconstruye paso por paso la historia de la dictadura stronista desde su toma del poder con otro golpe de Estado hasta el hallazgo, ocurrido en 1992, de los “Archivos del Terror”: un conjunto de documentos que la estructura oficial no alcanzó a destruir y que certificaban los mecanismos de espionaje, delación, tortura, detenciones extrajudiciales y ejecuciones con que el régimen asfixió toda disidencia durante sus años de control. Por ese proceso, por ejemplo, fueron obligados al exilio los militantes y escritores Carmen Soler y Luis Casabianca, Elvio Romero y Augusto Roa Bastos, entre decenas de otros artistas e intelectuales.

En apenas 90 minutos de compresión, sin un narrador que explique lo que se mira a cuadro, la película recorre los eventos centrales de la historia reciente del Paraguay: la creación de la hidroeléctrica de Itapú, obra mancomunada con el Brasil para aprovechar la fuerza del río Paraná; las violaciones a derechos humanos; la genealogía bávara del mandatario; el aplauso irrestricto de los miembros del Partido Colorado; la criminalización de las organizaciones campesinas y obreras; la colaboración de Stroessner con el Plan Cóndor y los dictadores de la época: Videla, Pinochet, Franco; el otorgamiento de refugio al médico nazi Josef Mengele, elevado a asunto de Estado; la muerte tranquila del dictador en Brasil casi 20 años después de su deposición y sin ser llamado a cuentas por sus crímenes; la prevalencia del Partido Colorado en el poder en 2025; la algarabía callejera ante la caída del régimen y el vaticinio de que el cambio de presidencia no modificaría la estructura política de un país que vota aún hoy sistemáticamente en las Naciones Unidas conforme a los intereses de Estados Unidos e Israel; la visita de Stroessner a la Casa Blanca durante el mandato de Lyndon B. Johnson; la reproducción obligada de  su rostro en todos los rincones del Paraguay, entre tantos otros dolores.

Ponerle rostro al abuso

En entrevista con Este País, Pereira considera que si bien los paraguayos tienen cuenta de los episodios reflejados en Bajo las banderas, el sol, faltaba identificar las imágenes, los rostros de los responsables. “Tenemos mucha idea en cuanto a conocimiento, pero no tenemos un imaginario visual, todo de alguna manera fue nuevo”, comenta. 

Como ejemplo, menciona que durante el régimen uno de los énfasis del discurso oficial fue que se estaba pavimentando la ruta del progreso para el Paraguay, sin embargo, la visita al archivo le permitió atestiguar que tal modernización no existía en los hechos en las calles de Asunción u otras partes del país. “En los archivos se ve que Paraguay no estaba en el progreso, se ve otro país, se ve un país rural todavía, muy poco avanzado”.

Still Bajo las banderas, el sol

Por motivos de derechos, comenta, no se pudo incluir el material de un fotógrafo estadounidense que viajó a Paraguay a finales de la década de 1950, invitado por el propio Stroessner luego de prometerle la portada de una publicación importante norteamericana. Pero en sus imágenes se puede apreciar que, para entonces, Asunción no estaba electrificada, en un momento en que las instalaciones luminosas eran ya moneda corriente en las paralelas São Paulo o Buenos Aires.

Determinado a no caer en una dinámica expositiva, Pereira considera que su concentrada película tiene un potencial detonador de nuevas investigaciones. Él, sin embargo, se concentró en consolidar un asomo sensible a la dictadura. “Quise caer en una cuestión más sensorial, si se quiere, pero no escapando al profundo amor que le tengo a la historiografía”. Pondera, además, que si bien la cinta no es el primer material fílmico que revisa la dictadura estronista, otros trabajos se han centrado en sus consecuencias familiares, sociales, en torno a episodios específicos; mientras que Bajo las banderas, el sol enmarca de manera directa e inequívoca a Stroessner como figura omnipresente en la segunda mitad del siglo XX paraguayo. 

El olvido internacional y la proyección creativa

Bajo las banderas, el sol comienza recuperando material audiovisual monográfico que dibuja a Paraguay como el gran olvidado de Sudamérica. Aprehendido entre dos gigantes protagónicos, como Brasil y Argentina, tampoco cuenta con destinos turísticos internacionales —como el Salar de Uyuni de la vecina Bolivia—, lo que lo vuelve un espacio silencioso cuya desatención en el panorama internacional probablemente haya jugado un rol en el autoritarismo padecido no sólo durante el stronismo.

Still Bajo las banderas, el sol

Pese a esa dificultad de raíz, Pereira destaca la reciente creación del Instituto Nacional del Audiovisual Paraguayo (INAP), que abre fondos concursables para realizadores del país. “No puedes competir contra São Paulo y Buenos Aires”, apunta, para luego matizar que la intención no debe ser la competencia, sino el hallazgo de discursos propios que puedan ser, a su vez, discutidos.

El INAP, considera Pereira, estaría posibilitando una polifonía artística y de criterios que resquebraje el pensamiento monolítico sobre el pasado paraguayo. “Se abren otras narrativas y otras experiencias audiovisuales. Podemos revertir un poco la fuerza del imaginario que nos meten todo el tiempo en la publicidad. Este país es un país que tiene mucha energía, muchas ganas de hacer cosas, y creo que está saliendo”. 

Stroessner y sus ecos contemporáneos

En una América Latina en la que Nayib Bukele ha abierto la puerta a la reelección indefinida, negacionistas de sus dictaduras —como Victoria Villarruel en Argentina o José Antonio Kast en Chile— avanzan sus influencias, y Javier Milei ocupa la Casa Rosada, recorrer la retórica del stronismo tiene una resonancia contemporánea, considera Pereira. Durante la edición de la cinta, entre 2021 y 2022, ya asomaba el ascenso mediático de quien hoy es presidente de la Argentina. “Todos sabíamos el ascenso de este personaje, pero no pensamos que iba a ser tan automática su llegada al poder. Fue una sorpresa terrible. Mientras hacíamos la película escuchábamos cosas que Milei estaba diciendo y que Stroessner también decía, se nos fue haciendo un eco”, comenta. “Esta película está teniendo otra interpretación hoy en día”.

En cuanto al actual presidente de Paraguay, Santiago Peña, el cineasta identifica también una continuidad discursiva con las maneras de mentir del discurso oficial stronista, pues el mandatario niega la pobreza crítica que vive su país mientras fomenta un crecimiento económico basado en el narcotráfico. “Estamos en una misma narrativa de alguna manera, como esta idea del progreso que se dice en los medios de comunicación y que maneja el gobierno ahora mismo, pero esconde un montón de cosas”.

En tanto, si bien ya no se vive formalmente en dictadura, el oficialismo maneja una democracia muy compleja que desfinancia a las oposiciones mientras extiende sus fuerzas de influencia a los bienes comerciales paraguayos y los bancos, que en los hechos operan como extensión de los funcionarios del Estado, evalúa Pereira. 

Además, considera que si bien todas las dictaduras ejercieron un dominio de la prensa y los medios de comunicación, hoy su rol es todavía más agresivo, más penetrante. “Son mucho más terribles, son mucho más invasivos, llegan más al ciudadano cansado después de trabajar que lo único que hace es ver Instagram y querer comprarse una birra. Yo creo que hoy en día es más peligroso inclusive que antes, porque la masividad de los medios de comunicación es más fuerte”. 

Still Bajo las banderas, el sol

Una pequeña esperanza

Sobre el desafío histórico del Paraguay de construir una verdadera pluralidad e inclusión, Pereira se muestra más bien escéptico. “La película no es muy esperanzadora, lo más esperanzador de la película es la película en sí, haber hecho la película, no el mensaje. El acto de hacer la película es la esperanza de que se puede repensar el archivo, se pueden repensar estructuras”, evalúa.

“A mí me cuesta pensar que el Partido Colorado se pueda ir del poder, tengo esperanzas y creo que puede pasar, creo que hay personas que pueden hacer que eso pase, pero las últimas elecciones fueron muy fuertes”, pues el oficialismo dominó casi en todos los municipios paraguayos. “Y la fuerza política económica ahora del partido es muy grande, se está extendiendo en casi todos los rubros”, un fenómeno derivado de que la ley de asociaciones público privadas faculta que gobernantes y mandatarios extiendan su influencia con empresas que van abarcando todos los ámbitos de explotación de los trabajadores.

“Hay pequeños atisbos, hay pequeños puntos del país que no están tan callados, pero el nivel de pobreza crece. Si la mayoría de los votantes no tienen para llegar a fin de mes o para comer día a día, es muy difícil a veces hacer equilibrio con la otra masa votante, porque a veces el Partido Colorado se nutre de la clase más desprivilegiada”, analiza.

En ese escenario desafiante, el realizador hace un llamado a filmar películas con arraigo en la realidad nacional, que discutan los problemas, sentires y agobios paraguayos no sólo desde el documental, sino también en la ficción. “Que se anclen en una realidad paraguaya, que no quieran vivir en una realidad que no existe, en una familia tipo estadounidense que no existe, no hay que copiar formatos de películas de realidades que no existen, hacernos cargo de cómo suena este país, cómo se vive en este país”, desafía. “Yo creo que haciendo eso se genera una interpretación un poquito más conectada con la realidad”. 

La frescura de las objeciones

Pese a la dolorosa historia de un país maltratado por distintos autoritarismos, del que el stronismo es sólo un capítulo, Pereira identifica un descontento articulado en la sociedad paraguaya. “El stronismo es algo que está arraigado a nosotros, [durante la dictadura, la gente] no se podía juntar de a tres, en una parada de colectivo no podía haber tres personas, como que eso ya era un intento de asamblea, de grupo. La idea de colectividad en Paraguay ha estado súper compleja de andar”, observa. “El stronismo armó un halo enorme en la sociedad de cómo habitar un espacio, cómo vivir un lugar, cómo sentir este lugar, tus relaciones socioafectivas en este espacio, tus relaciones amorosas cómo están marcadas. Son 35 años que tienen muchísimas aristas, no solamente políticas, que afectan a un montón de cosas”.

Still Bajo las banderas, el sol

En ese escenario, supone, se vuelve apremiante la construcción de alternativas para no caer en los cauces trazados por el oficialismo, en las costumbres históricas de la opresión. “El pueblo del Paraguay está cansado, es un chiste este gobierno, realmente un chiste. Si nosotros no seguimos resistiendo, este lugar se va a volver Panamá, es literal lo que está pasando, hay torres nuevas”, dice sobre la acotación de la vida ciudadana al consumo y la concurrencia en centros comerciales. “Yo creo que la resistencia acá en Asunción es más necesaria que nunca, sin estos espacios [de alternativa cultural] lo único que nos va a quedar es irnos al shopping”, sentencia.

Estreno en Paraguay

Bajo las banderas, el sol pudo verse antes en Alemania y México que en su natal Paraguay. Sin embargo, Pereira dice que no hay dolo en ello, sino que deriva de los accidentes propios del proceso de distribución. Además, ya tiene fechado para este septiembre el estreno nacional, sin especificar el día.

Despreocupado de que el Estado arremeta contra la película, de todos modos el director sí espera la reacción de las fuerzas de derecha del país. Además, consciente de que Stroessner cuenta con varios simpatizantes todavía activos en Paraguay, estima posible el asedio de simpatizantes del coloradismo contra las funciones de la cinta. “Sigue habiendo muchos fanáticos de la dictadura acá, en el poder, pero no sé qué tanta influencia tienen”, matiza. 

Mientras tanto, se muestra deseoso de la recepción nacional y espera un debate provechoso tras la exhibición de las imágenes que sintetizan casi medio siglo de historia viva de su país. “Espero que a partir de esta peli se hagan más pelis. Dentro de la peli hay cien pelis posibles”, comenta, al tiempo que subraya que con su visión no busca asentar una versión definitiva, cerrada, privativa de la reflexión histórica, sino lo contrario. 

La apuesta es por el asentamiento de un panorama hacia nuevas posibilidades que, mediante la reflexión del pasado, reviertan lo que el periodista español Rafael Barrett llamó ‘el dolor paraguayo’ mientras cronicaba las consecuencias íntimas y sociales de la Guerra de la Triple Alianza, cuando en el siglo XIX Brasil, Uruguay y Argentina, aliados militarmente, casi llevan al exterminio a su vecino guaraní.

“Formar parte a veces de este país es doloroso”, reconoce Juanjo Pereira. EP

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