Imaginando otras formas de literatura

Andrea Chapela brinda un panorama de la actualidad en la ficción especulativa de mujeres en México.

Texto de 11/01/21

Andrea Chapela brinda un panorama de la actualidad en la ficción especulativa de mujeres en México.

Comienzo con una lista que no pretende ser exhaustiva y sólo es  una colección de nombres para destacar a algunas de las autoras que, actualmente, se encuentran escribiendo ficción especulativa en México. Es un ejercicio complicado, no sólo por el peligro y la vergüenza de que se me escape alguna, sino porque los géneros especulativos se han escondido y mimetizado dentro de la historia de la literatura mexicana desde el principio. 

En un artículo publicado en Tierra Adentro a principios de 2020, Lola Ancira hace un recorrido histórico por las autoras más importantes de la literatura de la imaginación en México. Podemos encontrar autoras como Sor Juana Inés de la Cruz o Elena Garro, que a primera vista pueden sentirse fuera de lugar al lado de Amparo Dávila, Guadalupe Dueñas y Gabriela Rábago Palafox. Sin embargo, lo que las une es que todas ellas apostaron por la creación de un universo particular, que a través del lenguaje pone en jaque lo conocido o “lo real”.

No pretendo definir en este artículo la diferencia entre los géneros que viven dentro del término paraguas que es la literatura especulativa. Entendámoslo a través de la definición que Libia Brenda usa en el prólogo al número mexicano de la revista Strange Horizons llamando a todos estos géneros indiscriminadamente como ficción especulativa o género fantástico o, término acuñado por Alberto Chimal, literatura de la imaginación. 

En “Las fronteras de la ficción”, Alejandra Amatto define el género fantástico como el género de excelencia para la transgresión, capaz de interrogar el mundo y sus leyes a partir de la irrupción de lo insólito. Si este es uno de los muchos poderes de los géneros especulativos, se puede entender por qué la lista que mencionaba al principio puede presentar autoras muy diversas como Lola Ancira,  Liliana Blum, Libia Brenda, Bibiana Camacho, Raquel Castro, Karen Chacek, Atenea Cruz, Gabriela Damián, Cecilia Eudave, Aura García-Junco, Nelly Geraldine García-Rosas, Verónica Gerber, Martha Riva Palacio, Daniela Tarazona y Iliana Vargas. La obra de todas estas autoras es muy diferente entre sí, tan diferente como lo son las autoras históricas de las que habla Ancira, así que no intentaré hablar de los parecidos temáticos en sus obras. Con las herramientas de la ficción especulativa, cada una de ellas crea una nueva propuesta de la realidad y, si algo comparten, es que en la obra de todas hay alguna transgresión, el mundo que conocemos se pone de cabeza.

No puedo decir que cuando comencé a leer y a escribir gravité hacia la literatura de la imaginación porque entendiera este poder transgresor, sencillamente me cautivaron las historias que sucedían en otros mundos, donde la magia hacía posibles las cosas que eran imposibles en mi día a día. Con el tiempo he entendido que estos géneros me permiten no sólo inventar la historia y a los personajes, sino también los escenarios y que una de las cosas que más me atrae de la escritura es el acto de crear universos que funcionan, en mayor o menor medida, con reglas diferentes al mundo real. 

Sin embargo, a pesar de que sabía que eso es lo que quería escribir, no me acerqué a la comunidad de escritores de géneros especulativos hasta hace poco tiempo. Lo cierto es que, a diferencia de en Estados Unidos, en México estos géneros nunca han sido parte del mainstream ni son grandes best sellers que conllevan un gigantesco mercado y comunidad. Aquí siempre han estado delegados a los márgenes tanto de la crítica como del mercado. 

Son géneros que históricamente se han publicado en pequeñas antologías o en fanzines, que se pasan de mano en mano, y los editores son a la vez los que escriben, los que buscan y los que leen el material. Actualmente, las revistan han dejado de ser fanzines y se han convertido en portales en línea como Penumbria o Primero Sueño, pero la importancia de una comunidad horizontal que lee y escribe apartada del mercado sigue vigente. 

Mi primer contacto real con esta comunidad fue en la WorldCon (World Science Fiction Convention) 76 en San José California, en 2018, a la que pude asistir junto con otros cincuenta creadores mexicanos y mexicoamericanos gracias a la Mexicanx Initiative organizada por John Picacio. Durante los días que estuvimos en la convención, hablamos mucho de cómo en ese espacio habíamos encontrado a “nuestra gente” y comenzamos a preguntarnos si se podría crear algo parecido en México. Aunque al principio éramos más personas involucradas, con el tiempo ya somos cuatro escritoras (Gabriela Damián, Libia Brenda, Iliana Vargas y yo) que tratamos de contestar esta pregunta. Aunque existen otras iniciativas de festivales o congresos alrededor de estos géneros, nuestra idea original era iniciar una conversación más grande entre creadores para tender puentes hacia otros países de habla hispana.  

Conocer y trabajar con Gabriela, Libia e Iliana cambió mi entendimiento del género especulativo en México. Gracias a ellas conocí la historia del género en nuestro país, leí nuevos autores y, poco a poco, he comenzado a formar parte de otros proyectos y propuestas con la idea de crear espacios y comunidades. Cuando nos preguntábamos cómo podíamos adaptar la experiencia de la WorldCon a México, también nos cuestionamos cómo se verían las charlas, los premios, las actividades desde nuestro país. No queríamos calcar el modelo estadounidense,  sino crear algo propio. 

“En el centro de la literatura especulativa no sólo está la imaginación, sino también la transgresión, hay que apropiarnos de estas herramientas para juntas cambiar nuestra manera de leer, escribir y hacer comunidad.”

Durante la pandemia, las cuatro comenzamos a reunirnos todos los domingos para hablar de los géneros y los diversos planes que estábamos tratando de poner en marcha. El más ambicioso fue sin duda la creación de la Mexicona: Imaginacón y futuro, una convención en línea que se llevó a cabo en septiembre. Invitamos a diversos creadores de España y Latinoamérica a dialogar sobre los temas que hasta ese momento habíamos discutido entre nosotras, en privado. A pesar de que en algún momento soñamos con hacer un evento presencial, al final hacer un evento en línea nos permitió invitar a autoras y autores de muchísimos países y grabar las charlas para la posteridad. El esfuerzo valió la pena, sobre todo porque gracias a él se han puesto en marcha algunos otros proyectos. 

Sin embargo, una iniciativa como la Mexicona no sucede en el vacío y no es fortuito que el nombre de esta iniciativa sea femenino; nos interesaba dejar claro que detrás de la organización había cuatro mujeres porque no somos las únicas que nos estamos organizando. Un año y medio después de los sucesos del MeToo de escritoras mexicanas creo que es posible apreciar que de ese movimiento han surgido múltiples redes y que las escritoras y lectoras se están juntando para crear nuevos espacios y un sentido de comunidad. Esta organización va más allá del género de la escritura, probablemente porque la escritura de mujeres, así como los géneros especulativos, también ha estado históricamente relegada a los márgenes. Así la Mexicona sucede a la par de la colección Vindictas, que intenta rescatar a las escritoras que quedaron fuera de la historia de la literatura, el movimiento GuadalupeReinas de Librosb4tipos, que promueve la lectura de autoras, o eventos como Escritoras y Cuidados, que ponen sobre la mesa y en duda muchas de las prácticas de cuidado y laborales alrededor del mundo de la escritura. A mi parecer, lo que hermana a todas estas iniciativas es su trasfondo político: una declaración de que las escritoras queremos relacionarnos entre nosotras, con las lectoras y con la literatura de forma distinta. 

Las lectoras sobre todo están jugando un papel sumamente importante. En el último año me ha sorprendido mucho encontrarme con las distintas colectivas de lectoras que se han organizado. Algunos clubes de lectura son temáticos como Especulativas, que leen ciencia ficción, en otros únicamente se leen autoras y otros sencillamente son una manera en que las lectoras construyen una comunidad alrededor de la lectura.

Aunque parece que en los últimos párrafos me alejé de la ficción especulativa y me centré en el género no de los libros, sino de sus autoras, lo cierto es que lo que sucede ahora mismo en los géneros de la imaginación y el boom de escritoras están conectados. Al hablar de este tipo de literatura en nuestro país es importante no perder de vista que no es un movimiento aislado, sino que está sucediendo en toda Latinoamérica. Escritoras como Mariana Enríquez, Teresa Mira de Echeverría, Laura Ponce y Samantha Schweblin en Argentina, Liliana Colanzi en Bolivia, Elaine Vilar Madruga en Cuba, Mónica Ojeda y Solange Rodríguez Pappe en Ecuador o Marilinda Guerrero Valenzuela en Guatemala están escribiendo géneros especulativos. A diferencia de otras tradiciones, los géneros en nuestro idioma son mucho más permeables, se permite una mezcla entre elementos de ciencia ficción, de misticismo, de magia, de surrealismo y de terror en los que no necesariamente tiene que una obra ceñirse a los tropos de un único subgénero, sino que la autora puede proponer un universo propio usando características de todos.  

Es muy probable que, en todos estos países como en México, hubiera una tradición de mujeres que escribían géneros de la imaginación, pero ahora muchas de estas autoras no se encuentran relegadas a los márgenes y están siendo reconocidas más allá de sus países. No es coincidencia que en este momento en el que los esfuerzos feministas se están solidificando, en que se desmantela el canon y las fronteras entre los géneros se hacen cada vez más porosas, las autoras recurran a los subgéneros especulativos. Representan un grado más de libertad y una herramienta para explorar otras versiones de la realidad. No son escapes, sino posibilidades. Al fin y al cabo, si en el centro de la literatura especulativa no sólo está la imaginación, sino también la transgresión, hay que apropiarnos de estas herramientas para juntas cambiar nuestra manera de leer, escribir y hacer comunidad.

Mientras escribo este artículo, como buena escritora de ciencia ficción, comienzo a preguntarme sobre lo que sucederá más allá de este momento. No tengo una respuesta definitiva para el futuro de la literatura especulativa o de las escritoras en México, pero sé que si nuestra energía está dirigiéndose a crear y publicar de formas nuevas, que no necesariamente responden a las lógicas del sistema y de los mercados actuales, si nos queremos inventar otro tipo de prácticas, entonces podemos comenzar aquí, donde la literatura, lo especulativo, lo político y lo social se mezclan para crear un ambiente en el que estos cambios parecen posibles. La conversación está apenas comenzando y en este punto no me cabe duda que nos toca imaginar el futuro para hacerlo posible. EP

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