
Rodrigo Salas nos invita a conocer Semiotext(e), un proyecto editorial que reúne textos de diversos pensadores modernos en busca de una lectura crítica y propositiva de los problemas del mundo actual.
Rodrigo Salas nos invita a conocer Semiotext(e), un proyecto editorial que reúne textos de diversos pensadores modernos en busca de una lectura crítica y propositiva de los problemas del mundo actual.
Texto de Rodrigo Salas Uribe 29/04/26

Rodrigo Salas nos invita a conocer Semiotext(e), un proyecto editorial que reúne textos de diversos pensadores modernos en busca de una lectura crítica y propositiva de los problemas del mundo actual.
Como estudiante de ciencias políticas en Latinoamérica, difícilmente pude haber sospechado que en 2020 una pandemia trastocaría la economía global y sacudiría los cimientos de un programa que —al menos desde los sesenta— buscaba imponer una visión homogénea de los problemas sociales.
Ansiosas por renovar sus planes para librarse del pensamiento mágico que nos había apartado de los países desarrollados, nuestras universidades abandonaron la búsqueda de cualquier verdad imposible de cuantificar. Ante el vacío, los inconformes con el discurso de la modernidad se refugiaron en las revistas independientes, radios comunitarias y colectivos.
Es cierto que tanto la crisis de 2008 como el avance internacional de las derechas autoritarias asestaron un golpe crucial a la ilusión de un orden liberal basado en reglas y fácilmente predecible. Lo mismo podríamos decir de las innumerables crisis que, hacia la segunda mitad del siglo veinte, cimbraron las regiones más pobres y acabaron con la agenda reformista que prometía distribuir los beneficios del crecimiento.
Sin embargo, en los años posteriores al confinamiento sanitario, mi generación se topó por primera vez con la ineficacia tanto de la izquierda ortodoxa como de los discursos académicos para explicar convincentemente el recrudecimiento de la xenofobia y las tendencias genocidas en todas las latitudes. Poco a poco, la necesidad de delinear un lenguaje común que hiciera comprensible el presente ocupó un lugar central en las discusiones de mi entorno inmediato.
En diciembre de 2024, descubrí a Franco Berardi —más conocido como “Bifo”— gracias a un viejo colega de la universidad atrapado en un trabajo monótono y agotador. Había encontrado en las nociones del filósofo y activista italiano sobre el ritmo y la poesía una alternativa real a la asfixia. Así llegó a mis manos Breathing, un pequeño volumen de la colección Intervention e impreso por Semiotext(e).
El ensayo comienza con un diagnóstico agudo del “apocalipsis ético” de la época que rechaza las interpretaciones habituales sobre la desintegración del tejido social o la ausencia de instituciones “sólidas” como origen del malestar individual. Se trata de un manual de instrucciones que se aleja de las categorías ideológicas disfrazadas de análisis histórico para centrarse en el agotamiento del cuerpo sensible: no había leído nada parecido.
Estas 150 páginas no fueron suficientes. Berardi concluye reivindicando la “amistad”como práctica para revertir la aceleración y restablecer un ritmo compartido —y no podría haber dado con un mejor medio para transmitir sus ideas—. En busca de respuestas, conversé con Bifo en abril de 2025. Tras enmarcar su obra dentro de un esfuerzo que no intenta alcanzar a los grandes públicos —siguiendo la discusión de Vladimir Maiakovski—,1 aseguró que existen pocos espacios como Semiotext(e) que hayan logrado articular teoría, arte y experimentación. Esa apertura le permitió, a principios de los ochenta, llegar a una audiencia en Estados Unidos interesada en la dimensión antropológica y estética del capitalismo tardío.
Meses después de esta primera aproximación había recorrido la mayoría de la serie. De inmediato, resalta la forma en que agrupa a autores tan diferentes entre sí, con sus preocupaciones particulares, y vi en su complejidad una posible salida a nuestra encrucijada. Aunque la trayectoria de la editorial se caracteriza por esa lucha constante contra las definiciones, los 39 números que al día de hoy conforman Intervention son la culminación de un proyecto de vida.
Sylvère Lotringer puso en marcha la incendiaria revista Semiotext(e) en 1974, con el objetivo de reunir las fuerzas dispares de pensadores como Gilles Deleuze, Félix Guattari o Jean Baudrillard y darles un significado; se trataba de tomar las herramientas a nuestro alcance para afrontar la situación de urgencia en la que nos encontramos.2

La selección del contenido —mediada también por encuentros fortuitos— y las cualidades de las figuras que participaron en los primeros tomos propiciaron que la revista circulara casi clandestinamente. Los apuntes de Ulrike Meinhof, John Cage o Joseph Beuys pasaban de mano en mano en fiestas y reuniones, estimulando la imaginación de artistas y bohemios.
Aun cuando Semiotext(e) fue pionera en la aparición de la “teoría francesa” en América, sería absurdo suponer que esta última tendencia llegada desde la cuna de la razón quedaría confinada a los círculos vanguardistas. Foucault fue aceptado rápidamente por neomarxistas a lo largo de todo el país y el parecido de Virilio con la ciencia ficción hizo de su lectura de la tecnología y la velocidad una especie de culto.
El problema era de otro tipo. La cosmovisión estadounidense era incompatible con la búsqueda de la verdad. Aferrados a una imagen más reconfortante de la realidad, los nuevos adeptos de la “deconstrucción” tomaron los elementos que mejor encajaban con un cierto tipo de crítica —delimitada y cosmética— que hacía la vida más tolerable.
A fin de cuentas, y parafraseando a Lotringer, el golpe fue tan sutil que sus víctimas apenas lo sintieron. Haciendo a un lado la ofensiva de los partidarios de Frankfurt, los lectores que encontraron en estos flamantes protagonistas un repertorio de conceptos y categorías fáciles de evocar terminaron por hacer de este canon incipiente una pieza más en la maquinaria de la industria cultural.
En estas circunstancias, Semiotext(e) insistió en la necesidad de ver esa realidad terrible mediante la fascinación con lo particular y lo excepcional; fascinación que se presenta como fin en sí misma, que no pretende “aplicarse” metódicamente ni formular postulados para ordenar la experiencia del observador. Dar lugar al “juego” como actitud frente a la investigación sirve de gran ayuda para entrever el futuro y sus posibilidades —ejercicio que frecuentemente puede tornarse histérico—.
La serie Intervention surgió en respuesta a la censura tras el 9/11 y ganó notoriedad al difundir tesis explosivas como las del Comité Invisible —acusado de promover el sabotaje de vías férreas en Francia—, o de los conspiracionistas, que entienden el orden actual como resultado de una estrategia deliberada y coordinada desde las élites. Al llamar a la acción y apostar por la diferencia en el mundo de la repetición, los textos de la colección mantienen viva la consigna de Lotringer y revelan nuestra coyuntura bajo una nueva mirada.
Más aún, la producción reciente de Semiotext(e) ha abierto las puertas a interlocutores jóvenes, quienes entablan un diálogo directo con las identidades periféricas. La denuncia de Sayak Valencia sobre la violencia del narcotráfico en México y su interrelación con la lógica del consumo desenfrenado es un ejemplo claro de que las regiones fronterizas tienen mucho que decir en las discusiones históricamente circunscritas a los centros neurálgicos del poder.
El caso particular de Capitalismo gore pone de relieve las tensiones que las barreras lingüísticas pueden suscitar al momento de la edición. Al hablar de su experiencia previa a la publicación, Sayak reconoció las peculiaridades que supone colaborar en el circuito anglosajón y reafirmó la importancia de construir comunidades fuera del consenso: es en esta práctica agonística en donde sobrevive el potencial de la lecto-escritura como tecnología transformadora. Para preparar la versión en inglés, recurrió a JD Pluecker, a quien había conocido 20 años antes en Tijuana, en el Laboratorio Fronterizo de Escritores de Cristina Rivera Garza. Ambas coinciden en que no hay diferencia entre escritura y traducción, así como no la hay entre los distintos tipos de creación literaria. A la vez, subraya que la traducción no se trata de un procedimiento meramente gramatical, sino político, que ocurre siempre en condiciones desiguales.

Esa inquietud en torno a la comprensión se evidencia también en la protesta de Jackie Wang contra el carácter racial del Estado carcelario y sus mecanismos extractivos que trasladan los costos de los recortes fiscales a las poblaciones más vulnerables. Jackie desenmascara estas tácticas de gobernanza parasitaria y las exhibe como máxima expresión de un sistema de administración territorial cuya supervivencia depende de su capacidad para etiquetar y despojar a los ciudadanos.
Quizá lo que me sedujo de Intervention desde el primer instante fue esa manera en que pone al descubierto una opresión cada vez más opaca y técnica. Cuando Jackie me aclaró en videollamada su motivación como integrante de Semiotext(e), entendí que la producción teórica sólo tiene sentido cuando devuelve a las personas su capacidad de indignación.
Por eso, Intervention se vuelve una referencia imprescindible para nuestra generación que, más temprano que tarde, deberá trazar su camino y seguir adelante en el incesante camino de la insurrección. Al mismo tiempo, la originalidad temeraria con la que Lotringer alcanzó el equilibrio entre ruptura y rigor intelectual ofrece un precedente para pensar otras formas de vida a través de la tradición continental.
François Cusset lo pone en palabras propias al dar cuenta minuciosamente de las fracturas que siguieron al 68:3 la teoría no está restringida al pasado ni a una vaga promesa de un futuro mejor; o como sentenció en nuestra breve entrevista: “no more archives for the future”. Enfrentarnos a los textos radicales de Lyotard, de Certeau o Lazzarato es más necesario que nunca para encontrar un terreno compartido para la subversión. Incluso al observar las novedosas posibilidades de propagación del conocimiento en la era digital, no podemos negar la actualidad del libro, y del trabajo de editoriales como Semiotext(e), para trazar líneas de defensa contra la dominación. EP