Canasta básica

La moronga es el blog de La Murci y forma parte de los Blogs EP

Texto de 23/04/20

La moronga es el blog de La Murci y forma parte de los Blogs EP

El público lector (los editores de esta bella publicación) ha estado pidiendo desesperadamente (bueno, me mandan mensajes de Whatsapp para ver si ya voy a entregar otro texto) que vuelva a escribir en esta, su Murcicolumna. Pero, ¿qué les digo amigos? Ya lo saben: son tiempos muy extraños, y estar de productivos es lo menos que le interesa a una. Hasta diría que es la respuesta menos racional al estado de emergencia que se vive. O eso digo yo. Quién sabe. Ustedes dirán.

Pero también, por lo visto, ¡estoy loca! Porque aunque no me he podido sentar a ordenar estos mis pensamientos, tampoco he parado de trabajar. Obviamente, como soy una quiróptera responsable, y a pesar de las exigencias de los lectores, tuve que cerrar las puertas de la cueva y ya no puedo recibir a nadie. E insisten, debo decir. ¿Y entonces? Pues, fíjense que ahora hago como si repartiera pizzas, pizzas ricas y calientitas, pero en lugar de pizzas, reparto libros a domicilio. Es un producto fantástico, el libro. No por nada Amazon empezó vendiendo libros. No se echan a perder los libros, al menos no en el sentido como lo hace una bolsa de jitomates. Aunque, claro, los libros también caducan en otro sentido (cosa que a Amazon le da igual). Pero hasta en eso he tenido el cuidado de no andar ofertando libros que tienen vida de uno o dos meses aproximados (en las peligrosas mesas de novedades) y distribuyo los de otro tipo. ¡O eso intento pues!

Otra cosa linda de los libros es que en su mayoría pueden transportarse sin menor problema. A diferencia de, digamos, un barril de petróleo. Hoy en día sale más caro almacenar petróleo que venderlo, como ya todos sabemos. Pero almacenar libros, aunque no es barato (¡me subieron la renta!) tampoco es imposible. Así que les tengo la buena noticia de que, a pesar de todo, por ahora puedo respirar tranquila.

Pero subrayo el “por ahora” e insisto en que son tiempos interesantes. Ya vimos que apenas se prolonga una situación como la que vivimos y al pensamiento administrativo gubernamental (que no sólo vive en el gobierno, si no pregúntenle a mi casero) de inmediato se le ocurre atacar la cultura. O al menos eso parece: por un lado decide arrojarle veinte mil pesos en una sola exhibición a los muchachos que hacen sus TikToks, y por otro desaparecer el FONCA. En los peores momentos me imagino que sólo son los primeros pasos para de plano desaparecer la raquítica Secretaría de Cultura y abrazar abiertamente una “cultura” postalfabética. Para quienes se dedican a las artes, las humanidades, las posthumanidades, la cultura, y demás, esto los coloca en el singular aprieto de transformarlos en intelectuales públicos. Es una posición espantosa en la que vemos cómo escritores, lectores y artistas tienen que volverse, además, ciudadanos críticos, y ahí los tienen dando entrevistas o enfrentándose al gobierno, cuando podrían estar tan tranquilos en casa trabajando. Pero no: hay cuerpos y los cuerpos necesitan sustento.

Durante mucho tiempo se ha criticado a los escritores (por decir algo) de vivir en una torre de marfil. Es una manera de decir que no se involucran en la vida pública. Luego olvidamos que las cosas van bien cuando los escritores sólo se dedican, en efecto, a escribir, dándole la espalda al mundo. Ya cuando se les pasa el micrófono o el espacio en un periódico -y es a menudo, hay que admitirlo- debemos darnos cuenta de que las cosas van mal. Por más frugal que sea una despensa, cuando se vacía hace eco.

En fin, por ahora seguiré enviando los pizza-libros. Síganme en mis redes si se agotaron sus reservas de lecturas, andaré al pendiente. Ahí luego les paso mi cuenta de TikTok. EP

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