La tarde del primero de diciembre vimos al presidente de México arrodillado ante una sacerdotisa indígena que lo purificaba. Después le entregaba un Cristo y el bastón de mando. Más allá de la separación entre la Iglesia y el Estado, Andrés Manuel López Obrador es un hombre de símbolos y rituales. Así hizo campaña y así tomó posesión. En esta entrevista, Jesús Silva Herzog Márquez opina que este «mensaje mágico de los símbolos» bien puede prolongarse a lo largo de su gobierno.