Plana verde | Ya se les olvidó Veracruz

Andrea J. Arratibel escribe sobre Veracruz, un estado dañado y abandonado ecológicamente.

Texto de 19/12/23

Andrea J. Arratibel escribe sobre Veracruz, un estado dañado y abandonado ecológicamente.

Tiempo de lectura: 3 minutos

En los últimos meses, tuve la fortuna de visitar en distintas ocasiones Veracruz y recorrer sus diversos paisajes. Rutas en las que transité por los caminos serranos que serpentean la región de sus montañas más altas donde la vegetación pareciera que roza los cielos y en las que navegué mar adentro las aguas caribeñas de su Golfo, también los sistemas lagunares que alimenta la Cuenca del Papaloapan, la segunda más importante del país. En Veracruz, caminé entre las calles de una ciudad virreinal mágica a la que se asoma el pico de Orizaba y a lo largo de sembradíos infinitos, junto a las praderas del verde más verde. Conocí el fandango, el son jarocho, saboreé el aguacate chinin, el mango tocotín, probé los chilitos rellenos, respiré el olor más fresco del limón persa, de la caña, del café y de la lluvia tropical.

En esos viajes escuché preciosas leyendas de pobladores que me hicieron conocer mejor su patria hospitalaria, amalgama de culturas, con el puerto marítimo comercial más importante del país, un puerto como puerta de México al mundo, así como sus territorios colmados en biodiversidad, selvas húmedas, pantanos, dunas costeras, manglares y arrecifes de corales milenarios.

De aquellos viajes, traje conmigo numerosos testimonios sobre esta comarca, una con algunos de los ecosistemas más devastados por la actividad humana y productiva, por la voracidad del mercado y la avaricia, por los ingenios azucareros que exportan el producto a otros países, las enormes infraestructuras y megaproyectos petroleros; por los cambios de suelo drásticos, con una agricultura que coloniza hasta el 75 % de la superficie. En Veracruz, la perturbación de la vegetación prístina ha avanzado en más del 85 % de su expansión total, con más de 400 especies, de las cuales el 25% son plantas endémicas amenazadas. 

En 2005, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) lanzó su Sistema de Monitoreo de Manglares basado en cálculos de los índices de capital natural distribuidos territorio: mapas donde se puede observar que de los tres que conforman el Golfo de México, sólo Veracruz perdió cobertura vegetal en sus humedales. Una muestra de tantas sobre la degradación ecológica que sufrió la región en los últimos 40 años. 

“Parece que Veracruz ya está ecológicamente acabado. Y esa es la excusa a la que algunos se aferran para dejarlo perecer”: me dijo un experto en biodiversidad oriundo de Xalapa que se volvió amigo. Mientras otros estados como Yucatán —con ambiciosos y legítimos intereses turísticos detrás— reciben grandes fondos dedicados a proteger su biodiversidad, “Veracruz está abandonado, porque se les olvidó”.

Se les olvidó que la región llegó a esos límites de degradación porque mantuvo a todo el país con su actividad petrolera, con los megaproyectos costeros que están desapareciendo playas, casas, poblados enteros. Ya se les olvidó que Veracruz produce más del 20 % de la energía del país, ocupando el primer lugar de abastecimiento a nivel nacional, que en el municipio de Alto Lucero de Gutiérrez Barrios, en el norte del litoral, se alza la Central Nuclear Laguna Verde, los únicos reactores del tipo en México. 

Ya se les olvidó que este estado cuenta con más de una decena de instalaciones hidroeléctricas, un gasoducto submarino que esquiva por poquito un sistema de arrecifes protegido de 10 mil años, que las aguas negras del puerto llevan años generando serios problemas de contaminación e inundaciones y que los potreros de la ganadería le devoraron extensas propiedades terrenales a la naturaleza. Es el precio tan alto a pagar por sus paisajes y recursos naturales.

Y a pesar de que eso se les olvidó, a pesar de los intereses políticos y la devastación, Veracruz resiste del verde más verde. EP

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