A diferencia de mis hijos —que firmarían encantados un manifiesto por los derechos de los robots porque crecieron viendo Artificial Intelligence (2001), I, Robot (2004) y Wall-E (2008)—, yo pertenezco a una generación que conoció a los robots desde que eran electrodomésticos de compañía. En realidad, mis hijos y los robots han crecido al mismo […]