
«No pensar en formas, sino en un espacio libre y limpio donde la palabra se presente sin sufrir una alteración por la memoria literaria. Ser un testigo cuando la palabra aparece, salta y se va. Y de nuevo nace la espera, con la sospecha de que allá donde regresa y habita la palabra, la oscuridad, de ahí vienen sonidos nuevos, que son los que siempre se esperan; no lo bello ni lo poético, sino un nuevo decir de la palabra.»