La ideología en el discurso presidencial

Jaina Pereyra, directora de Discursos, analiza el contenido de los discursos políticos presidenciales para exponer que del dicho al hecho hay mucho trecho.

Texto de 01/10/20

Jaina Pereyra, directora de Discursos, analiza el contenido de los discursos políticos presidenciales para exponer que del dicho al hecho hay mucho trecho.

Es apenas 15 de mayo de 2017 y ya sabemos que Andrés Manuel López Obrador será candidato presidencial. Jorge Ramos lo entrevista para Univisión: “A muchos les preocupa que usted, siendo el líder de la izquierda mexicana, sea un derechista de clóset. Le pregunto: ¿cree en el aborto?”, inquiere. A esta pregunta le sigue un ir y venir de evasivas:

—Yo… eh, pienso que todas esas decisiones se tienen que tomar…

—No me diga, ésa no puede debatirla, señor López Obrador.

—No, no, no. Es que tú eres periodista y yo soy dirigente político.

—Y le he preguntado a muchos…

—No, no, no, pero…

—…presidentes y políticos si creen o no en el aborto.

—Pero no hay blanco y negro. No hay blanco y negro. No, no, no.

—Pero, ¿López Obrador cree en el aborto?

—No, yo pienso que eso lo tienen que resolver los ciudadanos.

—Pero no puedo creer que no me quiera decir si cree en el aborto o no. Es una cosa básica de política.

—No, es que lo que he propuesto, Jorge, es que esos asuntos se consulten.

—¿Matrimonio entre homosexuales?

—También.

—¿La adopción de homosexuales?

—También. Mira, la democracia…

—Por eso temen que usted sea un derechista de clóset.

—Sí, pero la democracia… Mira, yo soy partidario, más que nada de la libertad. Entonces por eso no puedo yo sentenciar.

—Son opiniones políticas…

—No, no, no. Una opinión mía sobre estos temas…

—Perdería millones de votos…

—No.

—Por eso a lo mejor no me lo quiere decir.

—No, no, no. Porque soy respetuoso.

—Es una población muy católica…

—Es la opinión de la gente. Ésa es la opinión de la gente.

—¿Y la legalización de las drogas? ¿Usted está a favor?

—Eso se va a exponer. Todo lo voy a consultar. Yo voy a gobernar, consultando al pueblo.

Se equivoca Jorge Ramos y no se equivoca Jorge Ramos. Sí, son cosas básicas de política, pero no son cosas básicas de nuestra política, de nuestra política mexicana, y mucho menos de nuestras campañas.

“Perdería millones de votos”, asume Ramos, “es una población muy católica”, justifica. Pareciera dar por sentado que la respuesta que AMLO no quiere dar es que sí, que “cree en el aborto” —¿defendería?, ¿promovería?, ¿fondearía como programa de política pública?, lo que sea que signifique “creer en el aborto”—. Es el líder de la izquierda y Ramos le ofrece la oportunidad de “salir del clóset” o de desmentir la acusación de ser de derecha.

El político se niega a ser exhibido. Él cree en la libertad, dice. Cualquiera diría que cómo, ¿el líder de la izquierda mexicana es un liberal? En unos meses aprenderemos que “liberal”, para el Presidente López Obrador, no es alguien que defiende la libertad individual o económica; es parecerse a Juárez, aunque nadie, ni él, tenga claro en qué.

En esa misma entrevista, Jorge Ramos no le pregunta ni una sola vez sobre la libertad económica o las instituciones o la laicidad del Estado. La izquierda y la derecha se debaten sólo en el aborto y en el matrimonio igualitario, y ningún político con futuro ha dicho en este país que esté a favor del aborto. Porque sí, es una población muy católica. O porque ellos no están a favor. O porque realmente no importa.

*

Poco más de un año después de este intercambio, el 4 de junio de 2018, Jorge Ramos entrevista a Ricardo Anaya, candidato de una coalición “derecha-izquierda” —lo que sea que eso haya significado— a la Presidencia de la República. “¿Está a favor del aborto?”, le pregunta. “Estoy a favor de la vida y en contra de que se criminalice a las mujeres”. El periodista no está satisfecho. Insiste varias veces. Él quiere que conteste si está a favor del aborto. Anaya termina diciendo que no, pero agrega nuevamente que está “en contra de que se criminalice a las mujeres”.

Después de responder que “por supuesto” que iría a la boda de su hijo, si fuera homosexual, el periodista inquiere: “¿matrimonio homosexual?”. Anaya responde con amplia sonrisa: “creo en la libertad, me parece que México es un país de libertades y creo, además de creer en la libertad, creo que debemos rechazar cualquier forma de discriminación”. Ah, otra vez la libertad. Esa libertad tan libre de definición política en un país tan errático en sus concepciones ideológicas.

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Los candidatos pueden evadir estas respuestas, ampararse en la voluntad popular, o en las decisiones de la Corte; pueden mejor hablar de corrupción porque realmente ninguna elección se define por estos temas. Se construyen personajes que son conjuntos de rasgos de carácter, pero que no tienen que personificar causas. Prácticamente ningún arranque de campaña sirve para definir un ideario. Realmente no tenemos una traducción precisa de lo que en una campaña en Estados Unidos es el pan de todos los días: what do you stand for? Tampoco en el gobierno se pide congruencia a los idearios. El presidente del empleo se convirtió en el presidente de la lucha contra el narco. El que vería primero por los pobres, heredará por lo menos 13 millones de pobres más que los que recibió a su sucesor.

Tal vez el ideario en campaña no es importante porque por 70 años las campañas en México no fueron actos de persuasión. Tal vez el espectro ideológico no es determinante por nuestra larga historia priista. Porque el PRI, un partido de “centro izquierda”, lo mismo albergaba a Lázaro Cárdenas que a Carlos Salinas de Gortari.

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Cada cierto número de meses las redes sociales se llenan de fotografías del lugar que cada uno de nosotros ocupa en el espectro político. Se presumen como si fueran medallas de virtud. Los ejes cambian: liberal-conservador; izquierda-derecha; autoritario-democrático, etc. Nociones borrosas que permiten autoadscripciones de todo tipo. Pero, seamos honestos, la discusión no es nunca sobre política pública particular: es una competencia de virtud moral.

“Los pobres de México, que no tienen voz. Los pobres de México, que no tienen manera de ir y presionar. Los pobres de México, que no tienen grupos de poder. Esos pobres son la prioridad de mi gobierno.” Esta frase podría ser de López Obrador, pero es de Felipe Calderón. “Estamos claros que no vamos a poder financiar el desarrollo sólo con inversión pública, necesitamos de la inversión privada; y no sólo de la inversión privada nacional, requerimos también de una mayor inversión privada del extranjero”, podría ser una frase de Peña, pero es de López Obrador. El discurso sobre los objetivos de la política pública también se traslapa. Y si le creemos a los presidentes, resulta que Felipe Calderón es un político de centro, Peña de centro-izquierda y López Obrador piensa que “lo mejor es hablar de liberales y de conservadores, más que de derecha o de izquierda”.

¿En dónde, entonces, reflejan su ideología si no a pregunta expresa, si no en posiciones sobre aborto o matrimonio igualitario, si no, siquiera, en los objetivos de su gobierno? Me atrevo a decir que el clivaje principal entre los gobiernos “neoliberales” y el de López Obrador (y los que le parecen loables) tiene que ver con una forma de hacer y concebir la política pública que impacta la concepción sobre la responsabilidad del Estado, la interacción de éste con las y los ciudadanos, y el peso que se le da a la técnica, a los discursos y a los símbolos.

Para los “neoliberales”, la política pública debe tener un método de evaluación cuantitativo. Debe focalizar a sus beneficiarios, medir sus resultados y, sobre todo, recaer en un aparato institucional que garantice su continuidad. El ejercicio de gobierno se rige por parámetros de naturaleza abstracta y los beneficiarios de los programas de gobierno son sujetos activos y corresponsables.

Para ilustrar este punto me permitiré elaborar en un ejemplo en específico sobre el mayor programa de combate a la pobreza en la historia de nuestro país. Progresa (Oportunidades o Prospera). En resumen, este programa funcionaba por medio de transferencias condicionadas de dinero. Es decir, el gobierno transfería dinero a las familias a cambio de que las y los niños en edad escolar fueran a la escuela y que las familias fueran periódicamente a revisiones de salud, y a pláticas sobre salud y alimentación. El monto de la transferencia dependía del número de niños en edad escolar y del grado educativo en que estuvieran, tomando en cuenta que, a mayor edad, el costo de oportunidad de mantenerse en la escuela se incrementaba, porque sería cada vez más rentable trabajar. El supuesto básico del programa es que, en la medida en que las nuevas generaciones de las familias más pobres tuvieran más capital humano, podrían romper el ciclo intergeneracional de la pobreza.

El aspecto más novedoso de este programa, replicado en otros programas sociales a partir de entonces, y en muchas partes del mundo, era que, desde sus inicios se planteó realizar evaluaciones de impacto para saber si el programa efectivamente funcionaba. Este mecanismo implica seleccionar dos poblaciones lo más parecidas posible —para aislar el efecto de alguna otra variable que pudiera incidir en el resultado— y medir los niveles de los indicadores de interés al inicio de la intervención. A una de las poblaciones se le da el “tratamiento”, en este caso, el programa social, y, al paso del tiempo se comparan los indicadores de interés para ver si el programa logró algún cambio en los indicadores propios de la población.

Para los “neoliberales”, esta es una de las pocas formas de saber si el gasto público es útil y, por lo tanto, si debe emplearse en un programa social o en otro, o en una carretera o en árboles frutales. En el caso de este programa, los resultados a lo largo de los años refirieron impacto positivo y significativo en el capital humano de los miembros de los hogares; mejorías en los indicadores de salud de niños —como altura, peso al nacer, anemia, mortalidad infantil y desarrollo cognitivo— y en adultos, menos días de enfermedad. En alimentación, las familias beneficiarias mostraron una mejoría en cantidad, diversidad y calidad de la dieta. Se observaron impactos positivos en tasas de inscripción, asistencia, menor repetición de grados, progresión escolar y grados terminados, así como una reducción en la participación laboral de los menores, entre otras. Es decir, el programa cumplió sus objetivos, pero no logró disminuir significativamente la pobreza.

Y, claro, ¿con qué cara se le explica a una familia en pobreza que ese programa es bueno, que ellos no verán los resultados, pero sus hijos y los hijos de sus hijos, poco a poco, sí? ¿Cómo competir con una transferencia directa de una beca Benito Juárez?

*

La técnica es difícil de explicar. La pasión por la técnica es difícil de compartir. Y, sobre todo, para los “técnicos” se hizo absolutamente irrelevante hacerlo. Les parecía tan obvio que ésta era la mejor forma de gobernar, que la modernidad debía ser de instituciones autónomas y no de individuos empoderados, que dejaron de justificarlo.

Esto lo entiende muy bien López Obrador. Para él, el gobierno no debe recaer en la técnica, sino en el sentido común; las soluciones son simbólicas, las narrativas, lógicas y accesibles; el discurso, repetitivo y emocional. El presidente López Obrador es un político en toda dimensión; sus antecesores de los años recientes eran, sobre todo, funcionarios.

En este sentido sí hay diferencias ideológicas sustantivas en los discursos de los presidentes como lo muestra las siguientes tablas. Por ejemplo, Calderón y Peña Nieto resaltaban que su política de combate a la pobreza no era asistencialista, que no buscaba solamente entregar recursos al pueblo, sino generar las condiciones y oportunidades para que las personas en situación de pobreza pudieran salir de esa condición de manera corresponsable. Para AMLO, la función del gobierno “es atender a la gente humilde”. Para Calderón y Peña, importaba que el gasto social fuera eficiente. Para AMLO, que sea honrado y justo.

En materia de seguridad, todos han privilegiado el papel de la prevención como antídoto pero, mientras Calderón y Peña apostaron por un “federalismo coordinado”, AMLO procura una coordinación centralizada que se da gracias a “un solo mando” y “desde arriba”. Para Calderón y para Peña, el apoyo de las fuerzas armadas debía ser de naturaleza subsidiaria mientras las instituciones civiles se fortalecían; para AMLO, el gasto en las instituciones civiles ha sido ineficiente y teniendo 220 mil soldados preparados, es un desperdicio no usarlos.

Para Calderón y Peña, el fortalecimiento de las instituciones, especialmente de los organismos autónomos, era un interés primordial del Estado, pues son necesarios para la existencia de un sistema de pesos y contrapesos. Para AMLO, la creación de aparatos burocráticos significa un derroche innecesario que sólo sirve para mantener a burócratas de las altas esferas; son pretextos para dilatar las obligaciones reales del Estado.

Para Calderón y Peña, la alianza con la sociedad civil era necesaria en el proceso democrático, para AMLO, incluso la sociedad civil había sido cooptada por los mismos poderes que habían capturado al Estado.

Habrá quien diga, con razón, que esta división no es necesariamente propia de la izquierda o la derecha. Hay gobiernos de izquierda socialdemócrata que confían en la técnica y hay gobiernos de derecha populista que la desprecian profundamente. En cualquier caso, en mi opinión, si entendemos la ideología, como “un conjunto de presupuestos unificadores que racionalizan, legitiman y universalizan la acción”[1, si la entendemos como una forma de conceptualizar el mundo y el ejercicio de lo público, me atrevo a afirmar que esta diferencia que vemos en el discurso es de orden ideológico y que vale la pena explorarla, más allá de las divisiones entre izquierda y derecha que, a mi parecer, hoy resultan estériles para decantar las opciones políticas. Y sí, el discurso siempre va a ser un instrumento para compartirlas y evidenciarlas, y por eso vale la pena atenderlo. Porque la palabra, aun cuando está tan desprestigiada, aun cuando puede fingirse y manipularse, sigue siendo el instrumento más poderoso de la política. EP

1 Terry Eagleton La ideología. Una introducción, Barcelona, 1997, Editorial Paidós.  

Discursos

“Presentación de la estrategia de Política Social del Gobierno Federal”, 28 de abril de 2008, en Calderón, Felipe, La Voz de los Hechos, p. 145 https://felipecalderon.org.mx/wp-content/uploads/2017/12/La-voz-de-los-hechos-PARTE-1.pdf

Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018, p. 53 https://www.snieg.mx/contenidos/espanol/normatividad/MarcoJuridico/PND_2013-2018.pdf

Versión estenográfica de la conferencia de prensa matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador 29 de marzo de 2019 https://lopezobrador.org.mx/2019/03/29/version-estenografica-de-la-conferencia-de-prensa-matutina-del-presidente-andres-manuel-lopez-obrador-56/

“Discurso de Enrique Peña Nieto durante la Segunda Sesión Extraordinaria del Consejo Nacional de Seguridad Pública”, 17 de diciembre de 2012 https://archivo.eluniversal.com.mx/notas/890599.html

Versión estenográfica de la conferencia de prensa del presidente Andrés Manuel López Obrador, febrero 21, 2019 https://lopezobrador.org.mx/2019/02/21/version-estenografica-de-la-conferencia-de-prensa-del-presidente-andres-manuel-lopez-obrador/

Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012, p. 282 http://www.paot.org.mx/centro/programas/federal/07/pnd07-12.pdf

“Palabras del Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Enrique Peña Nieto, durante la 22ª Reunión Anual de Industriales 2015” 27 de noviembre de 2015 https://www.gob.mx/epn/prensa/palabras-del-presidente-de-los-estados-unidos-mexicanos-licenciado-enrique-pena-nieto-durante-la-22-reunion-anual-de-industriales-2015?idiom=es

Versión estenográfica de la conferencia de prensa matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador desde Jalisco abril 5, 2019 https://lopezobrador.org.mx/2019/04/05/version-estenografica-de-la-conferencia-de-prensa-matutina-del-presidente-andres-manuel-lopez-obrador-desde-jalisco/

Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012, p. 60-61 http://www.paot.org.mx/centro/programas/federal/07/pnd07-12.pdf

“Palabras del Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Enrique Peña Nieto, durante la 22ª Reunión Anual de Industriales 2015” 27 de noviembre de 2015 https://www.gob.mx/epn/prensa/palabras-del-presidente-de-los-estados-unidos-mexicanos-licenciado-enrique-pena-nieto-durante-la-22-reunion-anual-de-industriales-2015?idiom=es

Versión estenográfica de la conferencia de prensa matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador desde Jalisco abril 5, 2019 https://lopezobrador.org.mx/2019/04/05/version-estenografica-de-la-conferencia-de-prensa-matutina-del-presidente-andres-manuel-lopez-obrador-desde-jalisco/

Discurso dado el 9 de diciembre de 2008. La cita originalmente se consultó en la página de http://calderon.presidencia.gob.mx sin embargo, desde que se consultó, la página ha sido dada de baja.

“Palabras del Presidente Enrique Peña Nieto, durante la Promulgación de las Leyes del Sistema Nacional Anticorrupción” 18 de julio de 2016 https://www.gob.mx/epn/prensa/palabras-del-presidente-enrique-pena-nieto-durante-la-promulgacion-de-las-leyes-del-sistema-nacional-anticorrupcion?idiom=es

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