Un acercamiento a la poesía de Andrea Muriel: amor, desengaño y cultura pop en una escritura íntima, irónica y contemporánea.
Un acercamiento a la poesía de Andrea Muriel: amor, desengaño y cultura pop en una escritura íntima, irónica y contemporánea.
Texto de Iván Palacios Ocaña 23/04/26
Un acercamiento a la poesía de Andrea Muriel: amor, desengaño y cultura pop en una escritura íntima, irónica y contemporánea.
El amor es uno de aquellos temas que, junto con la muerte y el tiempo, no dejan de atormentar a los poetas: se pasan la vida buscando con el lenguaje algún significado para esos misterios. Cada cierto tiempo, alguien logra darle forma a esas experiencias que parecen desbordarse del signo y de los lugares comunes. Con una poética descarnada —tanto en lo emotivo como en lo formal—, que recurre a objetos cotidianos y referentes de la cultura pop (nuestra mitología del siglo XXI) para crear una atmósfera de intensa intimidad, los poemas de Andrea Muriel (Ciudad de México, 1990) muestran lo bello del amor y también lo doloroso.
Así como en el barroco los sonetos de Quevedo y Góngora llaman constantemente a desengañarnos de los hechizos del mundo, los poemas de Andrea Muriel también están escritos desde cierto desengaño. No hablan de amores idealizados, sino reales: dolorosos y fugitivos, como todo lo real. Muriel trabaja con los tópicos de la poesía amorosa, pero los revisa con la sabiduría irónica de la experiencia. Un día más de vida es un día menos; a veces con las relaciones sucede lo mismo: la convivencia las roe imperceptiblemente cada día. Aquello que otorga la vida también puede quitarla, como un cactus muerto por exceso de agua. “A veces el amor es un cactus”.
Ese conocimiento íntimo de la literatura no es casual. Además de poeta, Muriel es traductora del inglés y del italiano, y ha trabajado con autores como Kim Addonizio o Andrea De Carlo. Su labor editorial en Osa Menor —junto a Olivia Teroba y Pierre Herrera— y su formación en Letras Hispánicas y Letras Modernas configuran una imaginación luminosa que se refleja en sus textos.
Lo mejor es que, además de compartir su sabiduría, los poemas de Muriel son divertidos. Aunque hablen del fracaso del amor o propongan una fenomenología de cómo muta y desaparece, nunca lo hacen con un tono fúnebre o lacrimoso. En ese sentido, se sienten como escuchar un buen disco de boleros o a Chavela Vargas: como si la tristeza y el dolor tuvieran, por fin, un sentido. EP
Ex
P piensa que lo corté para poder escribir poemas sobre nuestra ruptura
F piensa que me falta saber más de la vida para estar con él
D me dijo que en diez años volveríamos a encontrarnos
D cortó con su novia y quiso volver a buscarme
D decía que al saber lo que estoy leyendo podía prepararse para saber mi humor
que no le gustaba que fuera tan influenciable
aunque mi mayor influencia era él
todas las D son diferentes nombres
P era tan dramático que me decía lo mismo que a sus ex que eran mis amigas
los P también son distintos
A a veces me busca y yo no estoy segura de su intención
L me dijo que me va a esperar toda la vida
L no existe
no estoy segura de si D existe
tal vez P y F se harían buenos amigos si no hubieran tenido que ver conmigo
o si F no se hubiera muerto
me refiero a otro F
ojalá estuviera aquí ese F
o el otro
quizá si P dice esas cosas de mí es porque me conoce o quiere pensar que me conoce
porque así configura lo que él es
me gustaría que A supiera hablar español
porque es muy raro tener sexo sin hablar
absolutamente nada
aunque a veces es mejor eso
que tener sexo sin querer
y fingir que sí quieres
y decir cosas que no quieres
no voy a decirles con quien hice eso alguna vez
o si lo hice con todos
en realidad quisiera usar más letras J R L
pero no quiero escribir sobre ellos
¿cómo puedes saber si realmente me refiero a ti? o si cambié tus iniciales por las de él
mi ex del que menos quieres saber
tal vez hago lo mismo con todos
las mismas bromas en las mismas películas
los mismos gestos en la cama
¿por qué crees que eres tan importante?
¿y si no?
a veces confundo a P con G
todos saben que me gusta la pizza
aunque tal vez le gusta más a D
al segundo D
¿y si...?
a veces no recuerdo nuestra última noche juntos ¿y qué?
¿a poco tú sí?
Cómo saber si un cactus ha muerto
Primero habría que fijarse en la rigidez de sus espinas,
luego en la consistencia de su cuerpo
que debe ser firme y robusto,
más tarde habría que pensar en el clima
o en cada cuánto se le puso agua.
Un cactus muere tres meses antes de que nos demos cuenta
y es imposible saber si las pequeñas señales:
los bordes amarillos, el encogimiento,
son indicios de la muerte o tan sólo parásitos.
Los expertos dicen que sólo existe un signo
inequívoco de la putrefacción:
hay que pinchar su carne
para ver si brota algo y confirmar
que el hedor ha comenzado a formarse
desde dentro.
Dicen que el amor es de todos los días
pero yo no sabía que los cactus pueden llegar a ahogarse.
Pensé que cuidarlo era ponerle más agua.
Siempre me ha costado entender cuánto es suficiente.
Stalker
Veo las fotos de cuando estábamos juntos.
Me acuerdo de las de esa fiesta a la que fuiste sin mí
y en la que te veías tan guapo.
Cuando llegaste conmigo,
me ayudaste a redactar mi tesis
pero yo sólo podía concentrarme
en lo hermoso que habías sido unas horas antes,
en el modo en que existías cuando no estabas conmigo.
¿Cómo serás ahora?
Nunca subiste demasiadas fotos a FB,
a pesar de lo vanidoso que eres y las tantas selfies
que guardas en tu celular.
Intento buscar las fotos que me enviabas por WhatsApp
pero claro, hace algunos meses las borré
para no tener la tentación de verte tanto
que pudiera arrepentirme de alejarte de mí.
Nunca me sentí más bonita que contigo,
creo que era el brillo cobrizo de tu piel
o tus ojos nerviosos al dejarme.
Qué peligro nuestros cuerpos juntos.
Por eso no te llamo, por eso sólo te busco
en tus redes sociales para saber de ti
a través de un filtro virtual.
No sé si me gustas más en blanco y negro
o a color, pero me gusta tu nariz,
aunque sea un lugar común
porque a todas tus exnovias les gusta tu nariz.
Te ves muy guapo en tu foto de perfil
pero a esa no le di like
porque cuando la subiste ya no estábamos juntos.
Creo que sigues adelgazando
y veo que has vuelto a hablar con aquella chica.
No es que me importe, pero veo
que también hablas con una nueva chica en Twitter
y quisiera decir que me da gusto, pero es raro.
Ahora ella es quizá la más guapa del mundo
por tu piel y tus manos y esas cosas.
¿A cuántas bromas locales no contestaré
aunque las entienda? ¿Por qué me cuido tanto
de no retwittearte cuando hablas de dinosaurios
y el amor?
Ese tuit sería un gran primer verso, te habría dicho entonces,
y hubiéramos escrito más poemas en la regadera.
También habríamos hecho alguna nueva locura,
mandado una foto al grupo de nuestros amigos
y ellos serían cómplices una vez más
de lo cursis que nos volvíamos juntos.
Hoy me conformo con verte de vez en cuando
a través de un filtro de Snapchat
husmeo en tu historia de IG
y me como las uñas esperando no verte,
haciendo lo posible para no encontrarte
en la vida real.
Rosas
Debiste dejarlas en el hotel
sólo te estorban —me dijiste
mientras subíamos al autobús.
Nos habíamos peleado en la mañana
y las maletas hechas con torpeza
evidenciaban nuestra urgencia por salir
de aquella habitación a tiempo.
Llegando a la estación
cargaba en mis manos el sweater,
mi maleta, el paraguas,
y sostuve bajo el brazo las rosas
que me regalaste la noche anterior.
Cuando llegamos a casa, no las tiré:
tuve que cortar un poco más sus tallos
y supe cuánto necesitaban
sentirse fuertes y unidas
así que las acomodé para que la más resistente
sostuviera a las más frágiles
y conseguí una estructura firme en apariencia.
Las puse en agua con hielos, poca sal
y les quité los pétalos maltratados.
Mientras nos metemos a la cama,
pienso en la posibilidad
de que todo esto haya sido en vano
que mañana al despertar estarán muertas.
Tal vez tenías razón
debí dejarlas en el hotel
dentro del florero,
bajo los rayos de luz iluminando la habitación;
tal vez así la mucama
habría disfrutado su frescura
y nosotros no las habríamos visto
descomponerse
en el asiento del autobús
de regreso a casa.
Star Wars VII
[spoiler alert]
Qué hubiera pasado,
mi amor,
si antes de haber visto la película contigo
la hubiera visto con otro.
Qué pasaría si a tu lado las primeras escenas
no me hubieran causado asombro,
si hubiera tenido que fingir no saber
y no me hubiera sorprendido
cuando Han Solo entró al Halcón Milenario.
Qué sucedería si hubiera repetido las mismas bromas.
Y si esa primera vez no la hubiera visto completa
—tal vez sólo la mitad—
y me hubiera salido del cine con prisa
queriendo llegar a otra parte
para estar a solas con él.
Cómo sería todo ahora
si cuando te besé en el cine
la oscuridad me confundió
y durante la segunda mitad de la película
estuve pensando que aunque antes
nunca llegué a la escena
[spoiler alert]
en la que el hijo de Han Solo lo mata,
recuerdo con mayor fuerza
aquel final con él
en mi departamento
que el desenlace de Disney
contigo.