La cultura del ahorro en México

Muchas personas siempre estamos deseando ahorrar, pero poco sabemos acerca de cómo hacerlo de manera correcta, conocer la terminología y porcentajes que corresponderían para un ahorro a largo plazo. Adolfo Miguel Negrete García nos ofrece una serie de sugerencias para hacerlo de la manera óptima.

Texto de 01/03/21

Muchas personas siempre estamos deseando ahorrar, pero poco sabemos acerca de cómo hacerlo de manera correcta, conocer la terminología y porcentajes que corresponderían para un ahorro a largo plazo. Adolfo Miguel Negrete García nos ofrece una serie de sugerencias para hacerlo de la manera óptima.

La pandemia del coronavirus cambió totalmente nuestros hábitos de vida, llevándonos prácticamente, después de un año de encierro, a la imposición de una serie de restricciones en lo laboral, social, cultural, deportivo, etc. Con esto, las consecuencias globales y locales de una fuerte recesión económica han impactado gravemente a nuestro país, tanto en lo personal como en lo colectivo. Esta situación ha puesto a prueba nuestra resiliencia económica y profesional, situándonos en una realidad que, nunca pensamos experimentar en la vida. Ha quedado al descubierto la fragilidad que, como individuos y sociedad, tenemos al carecer de los hábitos, la disciplina y voluntad de prever en tiempo y forma las situaciones económicas contingentes, además de adversas, a las que estamos expuestos.

Una de las principales causas por las que las poblaciones de cualquier país no logran tener el hábito del ahorro, se debe a la falta de su cultura financiera, y México no es la excepción. Poco se nos enseña para calcular cuánto es lo que gastamos y en qué gastamos, ¿qué tanto se habla de presupuestar nuestra vida? Somos ciudadanos con una tendencia, más que al ahorro, a la deuda. Los porcentajes de gente con conocimientos financieros y de participación como usuarios de servicios que diversas instituciones financieras ofrecen, son muy bajos. El problema económico que hoy enfrentamos no es causado por una falta reciente o, específicamente, por esta pandemia. La contingencia sanitara ha sido tan sólo la prueba de la falta de enseñanza que México arrastra desde hace ya varios años. Si no nos lo cuestionamos hoy, y decidimos cambiar esto, enfrentaremos la próxima crisis económica sin herramientas para una recuperación verdadera y, lo más importante, una prevención posterior a la recuperación.

De acuerdo con datos de la última Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF 2018),encontramos cifras reveladoras dentro de los hábitos de ahorro, consumo y protección de la población mexicana:

  • Adultos con cuenta: Únicamente el 15% de la población adulta (18 a 70 años) dijo tener una cuenta a través de un mecanismo formal del Sistema Financiero.
  • Productos de captación:  El porcentaje de adultos que dice tener ahorros usa como principales productos, 52% Nómina; 36% Ahorro; 17% Gobierno; 9% Pensión; 3% Cheques; 2% Plazo y 1% Inversión
  • Porcentaje de la población que ahorró en cuentas:  Por grupo de edad, fue de 23% para el de 30 a 39 años; 21% para el de 40 a 49 años; 20% para el de 18 a 29 años; 19% para el de 50 a 59 años; y 13% para el de 60 a 70 años.
  • Porcentaje de la población que considera el apoyo del Gobierno en los Gastos de su vejez: Por grupo de edad, 50% para el de 60 a 70 años; 47% para el de 40 a 49 años y el de 50 a 59 años; 45% para el de 30 a 39 años; y 42% para el de 18 a 29 años.
  • Uso de tarjeta de crédito: Porcentaje de la población, por grupo de edad, fue de 85% para el de 30 a 39 años; 84% para los de 40 a 49 años y de 50 a 59 años; 81% para el de 18 a 29 años; y 80% para el de 60 a 70 años.
  • Contratación de un seguro de vida: Porcentaje de la población por grupo de edad, fue de un 20% para el de 30 a 39 años y el de 40 a 49 años; 18% para el de 50 a 59 años; 15% para el de 18 a 29 años; y 9% para el de 60 a 70 años.

Esta misma encuesta elaborada en conjunto por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), arroja que, en México, casi la mitad de la población no ahorra. Sólo el 4.6 % de los adultos ahorra exclusivamente de manera formal, mientras que el 63.2 % guarda su dinero usando métodos de ahorro informales como tandas, guardarlo debajo del colchón o préstamos familiares. Solo el 5% ahorra en su cuenta de AFORE. ¿Por qué hemos llegado hasta esta situación?, ¿podremos revertir estas estadísticas?, ¿qué cambios se deben implementar?

Para tratar de analizar y proponer cambios a dicha situación, nos puede ayudar hacer una breve reflexión sobre el origen y significado de este par de palabras: cultura y ahorro. Ambas palabras son importantes en lo individual, pero juntas pueden ser la mancuerna indispensable para nuestra propuesta de cambio.

La Especialista en Artes, Literatura Comparada e Historia, Andrea Imaginario, define la cultura, sus elementos y características como: “El conjunto de bienes materiales y espirituales de un grupo social transmitido de generación en generación a fin de orientar las prácticas individuales y colectivas”. Continúa diciendo: el término “cultura” también se emplea en sentidos restringidos para referir los valores y hábitos que rigen a grupos específicos, o bien, para referir ámbitos especializados de conocimiento o actividad.

Respecto al ahorro, en el siglo XVIII se transformó de “libre”, significado derivado de la palabra árabe hurr, a una idea más cercana a la que hoy conocemos: “librar a alguien de algo”. Es decir, obtenemos la capacidad de liberarnos de un compromiso, un esfuerzo, un gasto o de una situación complicada. Desde esta acepción de la palabra “ahorro”, podríamos imaginar que, en vez de privarnos de algo, ahorrar nos libera de la necesidad de hacer algún gasto innecesario. Nos invita a pensar que los gastos no son siempre necesarios y que, algunas veces, somos presos de la necesidad de consumo.

“Si no nos lo cuestionamos hoy, y decidimos cambiar esto, enfrentaremos la próxima crisis económica sin herramientas para una recuperación verdadera y, lo más importante, una prevención posterior a la recuperación.”

Si pensamos que la cultura es un conjunto de bienes colectivos, entonces, la cultura del ahorro en México podría ser una meta compartida. Podemos recuperar valores de nuestra cultura, pero en un enfoque al que no hemos prestado la atención necesaria. Teniendo presente los beneficios que puede generar el ahorro desde la comprensión que menciono previamente y la noción de cultura como un entendido desde la colectividad, mencionaré los elementos que conforman a una cultura y que nos pueden ayudar a desarrollar la cultura del ahorro:

  1. Cognitivos: se refieren al saber acumulado dentro de una determinada cultura, a nuestros conocimientos.

Cuando hablamos específicamente de la cultura del ahorro en nuestro país, no más del 15% de la población adulta (ENIF, 2018) ha tenido durante su vida una “alfabetización financiera” que les permita contar con los elementos mínimos necesarios para el manejo de sus finanzas personales. Los conocimientos están, pero necesitamos garantizar que la “alfabetización financiera” ocurre en los espacios adecuados y con fuentes informada. Cerca del 45% de la población adulta (ENIF 2018) no está familiarizado con el cálculo del interés simple.

  • Creencias: conjunto de ideas que el grupo cultural establece acerca de lo que es verdadero o falso.

Existe la idea de que nacer “pobre o rico” marca nuestras posibilidades de crecimiento. La idea errónea de que, sólo las personas que tienen “dinero de sobra”, tienen la capacidad y posibilidad de ahorrar, justifica la falta de voluntad y decisión de asumir el hábito del ahorro. Estas son tan sólo unas ideas erradas, ya aprendidas por la sociedad, pero necesitamos cambiarlas.

  • Valores: son los criterios que sirven como modelos evaluadores de la conducta.

Desde pequeños hemos escuchado a nuestros padres y maestros decir que los valores se inculcan en casa y que se refuerzan en la escuela, indispensable darle el mismo enfoque con los principios y actitudes necesarios en materia de educación financiera.

  • Normas: códigos de acción específicos que regulan la relación entre los individuos.

Existen dos tipos de normas:

  • Normas prescriptivas: señalan los deberes y obligaciones.
  • Normas proscriptivas: señalan lo que no se debe hacer.

En materia de finanzas personales, tener definido y claro el “deber ser” de nuestras acciones y decisiones financieras nos llevan a obtener un porcentaje alto de efectividad y resultados positivos en nuestros proyectos económicos y de vida. ¿Qué tipo de normas tenemos con nuestros gastos?, ¿se nos permite establecer normas dentro de cierto funcionamiento financiero, ya sea familiar, laboral y personal?

  • Formas no normativas de conducta: son aquellos rasgos de comportamiento que diferencian a un grupo social de otro, habitualmente llamadas como idiosincrasia.

Cuando hablamos de impulsar la cultura del ahorro, en estos momentos, puede significar una particularidad en la forma que manejamos nuestros ingresos y egresos. Es lo contrario a lo habitual, es una no normativa. Tenemos una gran posibilidad de investigación y aprendizaje los grupos que lo han hecho de manera exitosa, los diferentes objetivos de ahorro, los horizontes de inversión. La tolerancia al riesgo de cada persona o grupo permitirá construir una cultura de ahorro respetuosa con todas las situaciones financieras. Ahorro dentro del margen de posibilidad para cada contexto.

  • La cultura inmaterial o espiritual: corresponde a la cultura que se transmite por tradición oral.

En épocas tempranas de la vida, los seres humanos aprendemos por la observación de las acciones de las personas que nos rodean. Cimentar la formación de una cultura del ahorro desde la infancia es parte fundamental del crecimiento y aprendizaje colectivo. Tal como la mayoría de los aprendizajes por tradición oral y empírica, podemos reconocer en el vivir mismo, el valor del ahorro, su cuidado y el esfuerzo por hacerlo, lograremos formar individuos responsables de su economía.

  • La cultura material: es la que se representa de manera material, como la tecnología, los bienes de consumo cultural y el patrimonio tangible.

Para la sociedad actual, la cultura del ahorro se contrapone a otra cultura que es importante reconocer dentro del esfuerzo por desarrollar una cultura del ahorro: el consumismo: la cultura del consumo irresponsable. Constantemente, se nos convoca a una serie de consumos, muchas veces, innecesarios, de temporada, fuera de nuestro alcance, pero considerados indispensables si pretendemos ser aceptados en cierto círculo social. Si promovemos cuál es la cultura material que podemos ganar a partir de mejores hábitos de ahorro, preferiremos los beneficios de la cultura del ahorro, en lugar de las satisfacciones inmediatas que tenemos cuando gastamos dinero de manera irresponsable.

A partir de tal desglose, será importante recordar que necesitamos contar con una cultura del ahorro desde una visión moderna, de fácil comunicación, dinámica, que consolide tradiciones, pero al mismo tiempo establezca y forme hábitos, abierta de ser susceptible a la influencia de otras culturas.

La cultura del ahorro no es sólo un elemento, es un conjunto de características y hábitos en nuestras formas de llevar nuestras finanzas que desarrollaran otro hábito. Pensar los conceptos de manera individual y, posteriormente unirlos, nos hará darnos cuenta de la riqueza de esta cultura. No de una forma igual para todos los sectores y grupos sociales. La educación financiera necesita reconocer con detalle cuáles son las herramientas que cada sector necesita y saberlo comunicar de manera adecuada para cada uno de ellos. Tan presente tienen que estar las diferencias económicas en cada grupo, como las diferencias de enseñarlo en cada etapa educativa. Pensar que una materia como Finanzas personales está presente en los programas de estudio básicas significa, no sólo un cambio a nivel personal, sino a nivel nacional. Percibir los beneficios individuales pueden rendir frutos de manera colectiva, estos nos orillan a pensar en una planeación financiera a nivel país.

Distinguir con conocimiento cuáles son las finanzas que se están manejando a nivel estatal y por qué se están manejando de tal manera es el punto crítico y de cambio en la cultura del ahorro. Educarnos en materia de ahorro no sólo tiene un beneficio individual, tiene el objetivo de que, como trabajadores, distingamos si gozamos de un esquema de ahorro laboral fiscalmente atractivo y justo como los fondos y cajas de ahorro. No significa solamente tener más dinero, es la posibilidad de aumentar nuestro patrimonio y demandar la posibilidad de construir el que merecemos con la cantidad de trabajo que hacemos. Las empresas necesitan hacerse responsables apoyando a sus trabajadores, informarles acerca de cuáles son estos esquemas, es un trabajo colaborativo, responsabilidad de ambas partes. ¿Conocemos, a detalle, instituciones financieras públicas y privadas que nos ofrezcan la inclusión financiera?, ¿en manos de quién está conocerlo y comunicarlo?, ¿de quién es responsabilidad?

Al ver los diferentes aspectos que conforman hoy la cultura del ahorro de nuestro país, hemos encontrado varias conclusiones, entre muchas, que nos dan una clara imagen de la forma crítica en que hoy hemos tenido que enfrentar la recesión económica que nos ha generado la pandemia por covid-19

Qué nos espera si no buscamos un cambio inmediato en nuestro nivel de cultura del ahorro.? Seguramente un futuro económico devastador, hay que actuar ya con la implementación inmediata y urgente de acciones que formen e incentiven nuestra Cultura del Ahorro y como consecuencia nuestras finanzas personales.

“La educación financiera necesita reconocer con detalle cuáles son las herramientas que cada sector necesita y saberlo comunicar de manera adecuada para cada uno de ellos.”

¿Cómo logramos un mejor nivel en nuestra cultura del ahorro? Debemos ver la planeación de nuestras finanzas personales como evolución de “alfabetización” en nuestro nivel de Cultura del Ahorro.

Para esto, proponemos una serie de 5 fases de manera enunciativa de un proceso personal que nos permita dar ese cambio urgente y favorable en nuestras estrategias financieras ante la actual la crisis económica.

Paso 1: Analice, y estudie su situación financiera actual: personal y familiar, conozca e integre a detalle sus ingresos y gastos.

Paso 2: Defina y establezca sus objetivos y metas financieras medibles y alcanzables de; corto, mediano y largo plazo.

Paso 3: Desarrolle un plan de acción, minimizar gastos, cubrir en lo posible deudas, proteger activos, y sin duda lo fundamental sin pretextos elabora un presupuesto

Paso 4: Poner en marcha el plan sin excusa ni pretexto, ajustarlo en tiempo y forma, pero sin abandonarlo en ningún momento.

Paso 5: Mantenga una evaluación constante de su plan, su progreso, desviaciones y ajustes necesarios, ten siempre presente: Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide no se puede mejorar. Lo que no se mejora, se degrada siempre., dijo William Thomson Kelvin. EP

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