
Eduardo Garza Cuéllar nos ofrece una reseña y comentario sobre Cuidar lo común, de Jorge Paoli Díaz, un libro donde se abordan estrategias para el cuidado de las empresas familiares desde una perspectiva fraternal y humana.
Eduardo Garza Cuéllar nos ofrece una reseña y comentario sobre Cuidar lo común, de Jorge Paoli Díaz, un libro donde se abordan estrategias para el cuidado de las empresas familiares desde una perspectiva fraternal y humana.
Texto de Eduardo Garza Cuéllar 07/05/26

Eduardo Garza Cuéllar nos ofrece una reseña y comentario sobre Cuidar lo común, de Jorge Paoli Díaz, un libro donde se abordan estrategias para el cuidado de las empresas familiares desde una perspectiva fraternal y humana.
Cuidar lo común es un texto vivo, pensado para y desde la empresa familiar. Bastaría con lo primero, con que diera a los responsables de las empresas familiares claves de futuro. Pero, más allá de la intención inicial de su autor —Jorge Paoli Díaz—, su contenido, rio caudaloso, desborda dicho cauce. En realidad, hace de las empresas familiares un laboratorio social, un fractal que refleja la anatomía de la sociedad, diagnostica la fisiología de nuestra relación con ella y advierte las patologías más comunes de la relación individuo-comunidad. Al tiempo, prescribe antibióticos, analgésicos, antiinflamatorios, nutrientes, vitaminas, tratamientos y rutinas de salud y desarrollo: higiene social.
Ya entendida así, vale preguntarse si hay un mejor espejo de lo fundamental que la empresa familiar, entrañable y pública, cotidiana y no; tan pariente de nuestras filias y fobias, tan reveladora de nuestro temperamento y nuestra economía, tan constitutiva de nuestro autoconcepto e identidad.
En la empresa familiar se da la confluencia de dos de los tres ríos que, en opinión de muchos, hacen la vida significativa y entrañable, los que la hacen navegable y felicitante. Allí se encuentran nuestras rutinas, afectos y preocupaciones fundamentales: se revela allí nuestra relación emocional con el dinero y se atiende nuestra vocación; también viven allí nuestros seres más queridos, lo y los que más nos reflejan y preocupan, aquellos que, si faltaran, no diríamos simplemente que murieron, sino que se nos murieron. El libro, cuyo título es insuperable, podría también subtitularse De lo entrañable a lo social.
De ahí que, para emprender este viaje sin atajos, se requiera tocar las profundidades de la sombra, ese territorio inaccesible e inhóspito en el que se alojan nuestras heridas, creencias y juicios más arraigados; para abordar lo entrañable se necesita transitar el infierno. El autor no lo esquiva y allí radica el valor real del libro. Allí se mide también nuestra admiración y gratitud por el mismo.
Se dice que un jesuita es el maestro que responde a una pregunta con otra y en eso Jorge Paoli es muy ignaciano. Alérgico a la receta y al texto escrito en bronce, el autor intercambia nuestras preguntas por otras más finas y oportunas, de las que nos invitan mar adentro y alcanzan el noble adjetivo de filosóficas.
¿Cómo conciliar el ritmo —geométrico— de crecimiento de una familia y el —aritmético— de una empresa? ¿Cuál es la edad de nuestra empresa y cuáles son sus retos? ¿Cómo resolver los problemas de la tercera generación y las ecuaciones del odioso número Dumbar? ¿En qué momento necesitamos nutrirnos de la comunidad y cuándo nos corresponde más bien alimentarla? ¿Cómo provocar la chispa de la sinergia y la creatividad más allá de lo financiero? ¿Cómo gestionar lo improbable y lo indeseable? ¿Cómo, la definición de roles, el movimiento y la sucesión? ¿Cuál es el momento —ni antes ni después— de pedirle a un querido familiar su silla para confiarla a alguien más? ¿Cuándo es preciso soltar el poder y cuándo ejercerlo? Y, en todo caso, ¿cuál es la manera ética de hacerlo? ¿A quién y cuándo estamos llamados a dar mayor responsabilidad y a quién (y cuándo) se la debemos limitar en función del bien común?
Tales son algunas de las preguntas que, echando mano de la psicología, la historia, la economía conductual, el derecho, el management y la experiencia de cientos de empresas, el autor regala ordenada y gozosamente a nuestra reflexión. Su habilidad filosófica para enlazarlas deja en el lector el sabor inconfundible de una mente culta y bien ordenada; también, el retrogusto del virtuosismo. Es como ver las repeticiones de Messi o de Isaac del Toro.
Como todo texto vivo, respira. En un primer momento, inductivo, nos lleva del caso específico a la reflexión para luego exhalar deductivamente de la argumentación a la una nueva situación concreta, a un nuevo caso. Tal es su hermenéutica.
Estructuralmente, Cuidar lo común es un puente atirantado, como los de Calatrava, sostenido por la tensión dialéctica entre conceptos complementarios o contradictorios que dibujan y sugieren en lo alto paradojas fascinantes y síntesis improbables, formas que animan reflexiones esenciales, abren conversaciones y nuevas preguntas.
Las tensiones, recurrentes en el libro, cambio-permanencia, comunidad-individuo, fluidez-contención, reglamentación-confianza, estructura-flexibilidad, carisma-institución, intuición-racionalidad, libertad-disciplina o reinversión-beneficio se alojan en dicha estructura.
También son recurrentes conceptos que prometen aliviar tensiones, equilibrar opuestos o resolver dialécticamente contradicciones. Entre ellos desataca el imperdible arte de nombrar y palabras como ritual, legado, interés compuesto, familia generativa, convivencia, humildad y, especialmente, diálogo.
Todo este ejercicio, adivina el título, confluye en una sola intención y un solo ápice: el cuidado responsable y cariñoso de lo común. Este libro es un conjunto de fórmulas para no perder lo más por lo menos.
Dije que familia y empresa constituían dos de los tres ríos en que navega lo entrañable. El tercero es indudablemente la amistad. El autor no habla de ella. Hace en cambio del libro mismo un don en el que sus amigos reconocemos y celebramos vida y encuentro. Al mismo tiempo, el texto es un ámbito que se ofrece generosamente a todos como regalo, promesa y sacramento. EP