Taberna: ¡Hola! o la invención de los famosos

Fernando Clavijo escribe sobre la revista ¡Hola!, la cual ha jugado un papel importante no sólo en la difusión de la vida de la realeza y los famosos, sino también en la conformación de los deseos de aspiración social entre la clase media.

Texto de 21/11/25

Hola

Fernando Clavijo escribe sobre la revista ¡Hola!, la cual ha jugado un papel importante no sólo en la difusión de la vida de la realeza y los famosos, sino también en la conformación de los deseos de aspiración social entre la clase media.

El escenario debe ser el adecuado. Puede ser, por ejemplo, en el antecomedor —a veces llamado el breakfast— de la familia política o de un familiar lejano, preferiblemente si es un espacio un poco cursi. Puede ser también en la sala de espera de un consultorio cualquiera, siempre que no se trate de nada grave. Incluso en una tumbona de playa, de esas atendidas por meseros. Si hay tiempo de sobra y la suficiente confianza, es el momento de entregarse a uno de los placeres culposos más generalizados de la clase media: pasar caprichosamente las páginas de un ejemplar de la revista ¡Hola! para mirar las recetas, pero también la decoración de mansiones y castillos, esa belleza antigua y barroca; sentir el absurdo y, sin embargo, el verdadero paternalismo de la realeza; y sí, enterarse un poco de la moda y del chisme.

Aunque la descripción demográfica del lector objetivo sea “perfil adulto femenino de mediana edad, ingreso medio-alto”, esta revista llega a peluquerías y salas de espera de todo tipo, donde el público es mucho más amplio que lo que sugiere el target. A mí me da morbo mirarla de vez en cuando en un vuelo corto, en especial si puedo verla de reojo en manos de la pasajera de al lado. Igualmente sucede en la tumbona de playa, donde el encanto puede multiplicarse con algo igualmente culposo: un vaso de polietileno con piña colada o daiquirí. Ver el ¡Hola! como algo prohibido, que no compraría por mí mismo, sólo añade al placer.

Resulta cómico que una revista cause culpa, más aún cuando la intención, el sentimiento buscado por los promotores de esta publicación, sea lo contrario: la indolencia. ¿Qué otra impresión puede transmitir una revista brillosa, llena de mujeres y hombres elegantes, en yates y coches lujosos, pasando el verano en sus enormes casas de Mallorca y Marbella? Evasión, proyección, ejercicios involuntarios de una población que rechaza su propia realidad. Comparación, aspiración, precursores de la envidia y el comentario llamado “chisme”, otro acto inconsecuente que no hace sino sacar al lector de su coyuntura efectiva. Por ello, no debe sorprendernos que el nacimiento y auge de esta revista haya venido de un régimen autoritario como fue el franquismo.

Nacida en 1944, la revista ¡Hola! capitalizó el negocio creciente de la farándula real, copiando una moda importada del Reino Unido. Los periódicos ingleses conocidos como tabloides (The Sun, The Mirror, Daily Mail, etc.) alientan a su población a soñar, pues si Kate Middleton, que es casi una chica normal, pudo convertirse en princesa… ¿quién sabe? Con ello brinda escapismo, pero de pasada promueve el conservadurismo con temas amarillistas como la migración. Es también, por supuesto, una reafirmación descarada del poder del Estado, por si alguien lo duda. En España, ¡Hola! tuvo su auge durante la dictadura, y de hecho mostró al “generalísimo” en enero de 1965 (número 1063) cargando a sus nietos durante la Navidad en una portada titulada “Franco, abuelo feliz”, lo cual puede servir como recordatorio, a los hijos y nietos de refugiados españoles, de que lo que se ve en las páginas de esta revista no es algo que añorar, sino la razón precisa por la cual emigraron sus antepasados. Claro, no se discute con el éxito y más de 20 millones de lectores hacen de esta publicación una realidad ineludible, con un tiraje de casi 500 mil ejemplares.

La cabra tira para el monte y yo he de volver a la cocina y, por supuesto, a México. Es muy interesante que hasta 1975 no se publicaban recetas de cocina, pues el enfoque en la realeza y el protocolo aún no incluía a celebridades o gente que no fuese de la clase alta. Pero a partir de 1990 esto se relajó. Y, dado que el público objetivo de esta revista es el femenino, los consejos culinarios tienden a ser sencillos, de manera que le ahorren tiempo a la “señora”. Son, eso sí, elegantes, si no aspiracionales. En las revistas de este año, por ejemplo, he encontrado una ensalada de camarones y mango, un salmorejo cordobés y un sándwich caprese. Quizá más interesante: en la revista se han publicado las infalibles preparaciones de Karlos Arguiñano y Juan Marie Arzak. Vale la pena mencionar un clásico de este último cocinero: el pastel kabrarroka, que es un budín de pescado que tradicionalmente se hacía con merluza pero que, como su nombre lo indica, ahora utiliza cabracho, un pescado de roca de sabor mucho más intenso. Más adelante, Ferrán Adriá aportó preparaciones como el “ajo blanco”, una versión muy fina de una sopa fría, y el tuétano con caviar.

En nuestro país afortunadamente no hay realeza. Sin embargo, sí hay celebridades, políticos y ricos de todo origen que nos sumen en nuestro propio tipo de ridiculez. Para quien se interese por la familia de nuestros mandatarios, se puede disfrutar del especial sobre la esposa de Felipe Calderón, en “Margarita Zavala, la Primera Dama que supo ganarse el corazón de México”, publicado en noviembre del 2012. O la edición número 698 de octubre 2020, donde se narra la visita cultural por Europa de Beatriz Gutiérrez Müller, esposa de Andrés Manuel López Obrador, así como su entrevista con el Papa y Brigitte Macron. Más reciente y banalmente, en un número de febrero de este año salió, por ejemplo, un especial sobre la actriz Bárbara de Regil, quien dice: “Estoy superenamorada. Creo que nos ha ayudado a llegar a estos diez años que Fer es supercariñoso, yo soy muy detallista y juntos somos un superbuén equipo.” De hecho, Fer lo confirma: “Bárbara es una mujer superenfocada en lo que quiere y por eso lo consigue.” Súper. EP

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