En estas Líneas perdurables, Jaime Septién explora la vigencia del soneto “De la brevedad engañosa de la vida”, donde Luis de Góngora entreteje belleza barroca y advertencia sobre el paso inexorable del tiempo.
En estas Líneas perdurables, Jaime Septién explora la vigencia del soneto “De la brevedad engañosa de la vida”, donde Luis de Góngora entreteje belleza barroca y advertencia sobre el paso inexorable del tiempo.
Texto de Jaime Septién 19/09/25
En estas Líneas perdurables, Jaime Septién explora la vigencia del soneto “De la brevedad engañosa de la vida”, donde Luis de Góngora entreteje belleza barroca y advertencia sobre el paso inexorable del tiempo.
Hijo de hidalgos, alumno de jesuitas y estudiante poco dedicado en la Universidad de Salamanca. Ahí —como dictaba la norma— obtuvo el grado de bachiller en Derecho canónico. No llegó a recibirse, pero completó su formación eclesiástica en casa, en su Córdoba natal, después de comprender que la literatura y la espada no siempre se abrazan.
Don Luis de Góngora y Argote (1561-1627), queridísimo de la reina Isabel de Borbón y protegido por Felipe III y Felipe IV de España, encabezó un tipo de poesía barroca que, por su aspecto formal y la perfección rebuscada de sus romances, letrillas, sonetos, canciones y poemas largos, ha pasado a la posteridad como “estilo gongorino”. Considerado “culterano” hasta que la Generación del 27 (Lorca, Alberti, Guillén, Aleixandre) lo resucitó con motivo del tercer centenario de su muerte y lo volvió vanguardista.
Su palanca en la corte de Felipe III, “el Piadoso”, fue el conde-duque de Olivares, quien tuvo gran influencia sobre el poeta, sobre todo por su intención de dar lustre a la corona española que naufragaba en la pereza del monarca. El Siglo de Oro estaba en su apogeo. Felipe II descansaba en El Escorial: esa mole gris y cuadrada representaba el cenit del Imperio y anunciaba su lenta caída.
En un soneto dedicado a Córdoba —donde murió—, Góngora representa esa dualidad de altura y caída. ¿Caída por designio divino? De ninguna manera. Caen los imperios como siempre: por dejadez humana. Quedan las lágrimas y la melancolía.
¡Si entre aquellas rüinas 1 y despojos Que enriquece Genil 2 y Dauro 3 baña Tu memoria no fue alimento mío, Nunca merecerán mis ausentes ojos Ver tu muro, tus torres y tu río, Tu llano y sierra, oh patria, oh flor de España!
Con justa razón —después de que fuera redescubierto por los del 27— en la Biblioteca Virtual Cervantes se considera que la obra poética de Góngora “rompe moldes e inaugura un nuevo lenguaje cuya virtualidad, aún insuperable, sigue marcando rumbos en la poesía contemporánea”.
Aunque se señale que la Fábula de Polifemo y Galatea y Las Soledades son lo más importante del escueto corpus gongorino, lo cierto es que hay algunas líneas perdurables en sonetos como “De la brevedad engañosa de la vida”:
¿Confiésalo Cartago 4 y tú lo ignoras? Peligro corres, Licio 5 si porfías En seguir sombras y abrazar engaños. Mal te perdonarán a ti las horas; Las horas que limando están los días, Los días que royendo están los años. EP