En estas Líneas perdurables, Jaime Septién escribe sobre la ilustre poesía de Juan Ramón Jiménez, ganador del premio nobel en 1956 y autor de la conocida obra Platero y yo.
En estas Líneas perdurables, Jaime Septién escribe sobre la ilustre poesía de Juan Ramón Jiménez, ganador del premio nobel en 1956 y autor de la conocida obra Platero y yo.
Texto de Jaime Septién 13/02/26
En estas Líneas perdurables, Jaime Septién escribe sobre la ilustre poesía de Juan Ramón Jiménez, ganador del premio nobel en 1956 y autor de la conocida obra Platero y yo.
Nació un 24 de diciembre de 1881 en Moguer (Huelva). Estudió con los jesuitas en el Puerto de Santa María (Cádiz). Se formó en la Universidad de Sevilla. Ahí comenzó a pintar, a escribir poesía. Después de viajar por Francia e Italia, en 1902 va a Madrid y entra en el Sanatorio del Retraído. Domingos poéticos. Frágil de salud. Vuelve a Moguer en 1905 y ahí encuentra a Platero, sus raíces populares. Paseos por el campo. Soledad. Vuelta a Madrid, luego se casa en Nueva York con Zenobia Camprubí.
Viaja por Estados Unidos como poeta recién casado. Al regresar a España, vive en Madrid. Se harta del ruido de las calles. Cambia de casa constantemente. Miles de papeles, poemas, cartas, marcaciones cortas integran su obra. Huye de España en plena Guerra Civil. Otra vez Estados Unidos, Cuba y finalmente Puerto Rico, donde muere el 2 de junio de 1958. Dos años antes la Academia Sueca le da el Nobel. J. R. J. es Juan Ramón Jiménez.
En el Tomo III de Historia de la Literatura Española, Ángel Balbuena Prat, tras desmenuzar las varias etapas por las que pasa la poesía de J. R. J., termina diciendo que el autor de Moguer es el creador de una nueva sensibilidad poética.
Improbable esfuerzo, inútil, describir en breve espacio el inmenso corpus de la poesía juanramoniana. Soledad sonora, quizá sea una sentencia digna de su producción y de su acento. Y la lucha sin cuartel por la expresión poética. Palabras que se escapan a la melancolía del atardecer, al rubor de una violeta, a la añoranza de una tarde en soledad mientras el pueblo está de feria.
En Efemérides queda dibujada la batalla esencial de J. R. J. (y de los poetas de todos los tiempos):
¡Inteligencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
… Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
La etapa del exilio va afinando la mirada. La palabra se vuelve de una desnudez en la que casi se puede ver, a través de ella, la espuma de las olas, la vida misma del poeta hasta reducirse, en su último libro, Animal de fondo, a lo indecible.
Un arte —dice Balbuena Prat— “difícil y sencillo, elemental y meta de una constante depuración este arte juanramoniano es, como él afirma, espontáneo, ‘creado sin esfuerzo’, y conseguido con los menos elementos posibles, sin anécdota ni reflejo de anécdota, poesía pura, por lo tanto”.
Al final de todo, lo que busca el poeta es lo que busca el hombre: la felicidad:
¡Mira la amapola
por el verdeazul!
Y la nube buena,
redonda de luz.
¡Mira el chopo alegre
en el verdeazul!
Y el mirlo feliz
con toda la luz.
¡Mira el alma nueva
entre el verdeazul!
¿Qué es el verdeazul? Un color y no una anécdota. Algo que sólo la poesía puedes revelar… como el alma del mar. EP