El Pacto por la Primera Infancia: de la frustración a la esperanza

De una frustración compartida nació una coalición inédita de organizaciones que logró colocar a la primera infancia en el centro de la agenda pública.

Texto de 06/01/26

De una frustración compartida nació una coalición inédita de organizaciones que logró colocar a la primera infancia en el centro de la agenda pública.

La mayoría de las veces, las grandes causas surgen de grandes frustraciones. De una indignación incendiaria y de una pasión que raya en la terquedad. Nuestro caso no es diferente. El trabajo en campo siempre nos dejaba en deuda: queríamos llegar a más familias, ofrecer más servicios, procurar más recursos. Queríamos que cada niña y cada niño tuviera la oportunidad de desarrollarse de manera integral. No nos complacían las coberturas de cien, mil o diez mil. Queríamos llegar a millones. Queríamos que la primera infancia fuera la prioridad nacional.

Nada más lejos de la realidad. En México, millones de niñas y niños menores de seis años crecían —y aún crecen— en condiciones profundamente injustas, y nadie parece verlo como la emergencia que es. La primera infancia permanecía en lo privado, en aquello que se resuelve “en casa”, casi siempre sobre los hombros de las madres. Hace diez años, la primera infancia ni siquiera existía como concepto: no aparecía en planes de gobierno, campañas electorales ni discursos nacionales. Esta invisibilidad era una omisión insoportable para las organizaciones que trabajábamos en comunidades marginadas, donde la pobreza, el hambre, la violencia y la falta de servicios marcaban con tinta indeleble los signos de la adversidad en la vida de los más pequeños.

Transformar esta realidad requería cambios sistémicos que solo los gobiernos podían ejecutar, pero que jamás harían por voluntad propia. Para mover ese enorme aparato necesitábamos una fuerza que aún no teníamos: poder colectivo. Corría el año 2015. Había que construir una propuesta ambiciosa, pero factible. ¿Qué pasaría si uniéramos, bajo un mismo estandarte, a decenas de organizaciones? Una voz sólida, técnicamente solvente, serena pero potente, capaz de hablar de tú a tú con quienes toman decisiones.

Había que empezar en un estado donde Un Kilo de Ayuda, organización que acunó este proyecto, tuviera trayectoria y legitimidad ante organizaciones, población y actores políticos. Oaxaca cumplía con esos requisitos. José Ignacio Ávalos, fundador de la institución y reconocido por su activismo, había hecho de la entidad una de sus prioridades. El tiempo, además, era propicio: las elecciones para gobernador se celebrarían al año siguiente.

La idea ya estaba prefigurada: convocar a una coalición de organizaciones que buscara un compromiso político visible y concreto por parte de las candidaturas. Pero queríamos más: que gobierno, empresa, academia y sociedad se agruparan en torno a ese compromiso y lo cumplieran independientemente de quién ganara la elección. Queríamos un pacto. Un Pacto por la Primera Infancia.

Al hablar con decenas de organizaciones que trabajaban en nutrición, educación, salud y protección, descubrimos algo clave: todas se sentían luchando solas, pero confiaban en que, unidas, serían escuchadas. A partir de ahí configuramos la agenda: diez metas que integran los derechos de la primera infancia y cinco condiciones institucionales para guiar la política pública.

Cuando convocamos a la primera firma del pacto, no sabíamos si llegarían. ¿Naufragaría nuestro esfuerzo? ¿Moriría nuestro recién nacido colectivo? La noche previa no pudimos dormir. Habíamos hecho todo lo posible. Pero ese día llegaron las candidaturas, los medios y las organizaciones. La Firma fue un éxito. Confirmamos que, al unir fuerzas, podíamos mover algo mucho más grande. Así nació un movimiento que crecería a pasos agigantados y se volvería referente en la región.

Oaxaca nos dio el valor para intentarlo en un terreno aún más complejo: el Estado de México, en 2017. Empezamos desde cero: más organizaciones, más voces, más conversaciones. El resultado nos rebasó. Todas las candidaturas firmaron, los medios se interesaron y la primera infancia entró en la conversación pública. A finales de ese año dimos un paso todavía mayor: las elecciones presidenciales de 2018.

Lo que siguió no tuvo precedentes: un llamado nacional respaldado por más de 300 organizaciones. En esa campaña presidencial, la primera infancia apareció por primera vez en la conversación nacional. Firmaron cuatro de cinco candidaturas, pero los procesos iniciados en esos diálogos abonaron a cambios profundos en los años siguientes: la creación de la Comisión Nacional de Primera Infancia; la reforma al artículo 3º constitucional, que hizo obligatoria la educación inicial; y la apertura de la puerta a la primera política nacional de primera infancia, la Estrategia Nacional de Atención a la Primera Infancia (ENAPI).

Mientras esto ocurría a nivel federal, el movimiento crecía en los estados gracias al trabajo de las organizaciones. Hoy, 17 gobernadores han firmado el Pacto, y hemos acompañado procesos legislativos y de construcción de política pública que están cambiando la vida de niñas y niños.

En Yucatán se reformó la ley para hacer obligatoria la coordinación intersectorial en primera infancia; en Sonora se ampliaron las licencias de maternidad de 14 a 24 semanas; y en Nuevo León acompañamos la creación de una estrategia de educación inicial que hoy atiende a casi 20 mil niñas y niños. En la Ciudad de México, Desde la Cuna llega ya a 85 mil familias, mientras que en Oaxaca, Cuídame con Ternura ha formado a más de 3 mil personas en crianza, cuidado sensible y prevención de la violencia. En Campeche se implementó la Cartilla de Desarrollo Infantil —incluso en lengua maya—, y en Chiapas se eliminaron los cobros por registro extemporáneo, garantizando el derecho a la identidad para miles de niñas y niños.

El 22 de abril de 2024, la presidenta Claudia Sheinbaum firmó el Pacto por la Primera Infancia, acto que ratificó al incluir en su Plan Nacional de Desarrollo una República para la Niñez y al establecer al menos seis estrategias dirigidas específicamente a la primera infancia.

Casi una década después de aquella primera rueda de prensa en Oaxaca, reconozco que el Pacto es fruto de convicción, terquedad, esperanza y trabajo colectivo, y también de la generosidad de Dios. Hemos cruzado desiertos políticos, sorteado resistencias y rechazos, y sostenido la agenda aun cuando parecía perderse en la marea pública. Lo que hemos construido no es perfecto —faltan financiamiento, institucionalidad y políticas que lleguen plenamente al territorio—, pero tenemos algo esencial: una comunidad que no se rinde y que trabaja cada día para hacer de México el mejor lugar para nacer. EP

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