IMUMI: Un modelo de atención integral que fortalece a las mujeres migrantes

Miriam González escribe sobre el Instituto para las Mujeres en la Migración, A. C. (IMUMI), una organización que a lo largo de 15 años se ha dedicado a ofrecer apoyo a mujeres migrantes y a defender sus derechos.

Texto de 20/11/25

IMUMI

Miriam González escribe sobre el Instituto para las Mujeres en la Migración, A. C. (IMUMI), una organización que a lo largo de 15 años se ha dedicado a ofrecer apoyo a mujeres migrantes y a defender sus derechos.

Hace quince años, un grupo de mujeres decidió mirar hacia uno de los rostros menos visibles de la migración: el de las mujeres. Así nació el Instituto para las Mujeres en la Migración, A. C. (IMUMI), una organización que desde 2010 defiende y promueve los derechos de las mujeres migrantes y sus familias, acompañándolas en su tránsito, en su integración y en su búsqueda de dignidad y de una vida libre de violencia.

IMUMI se gestó entre historias de dolor, separación y esperanza. Desde el principio, se enfrentó a una realidad compleja: mujeres que llegaban a México huyendo de la violencia, madres separadas de sus hijas e hijos por las fronteras o familias que no podían acceder a servicios básicos por su estatus migratorio. El reto era enorme, pero la convicción de que la justicia no depende de un documento migratorio fue más fuerte. Así comenzó una historia de acompañamiento, aprendizaje colectivo y transformación social.

IMUMI fue abriendo caminos, superando barreras institucionales, discriminación y un marco legal que poco contemplaba la realidad de las migrantes. Uno de los primeros logros fue crear un modelo de atención integral que combinara apoyo jurídico, psicológico, educativo y de incidencia política, siempre con un enfoque de género y de derechos humanos. Lo que comenzó como una labor de asistencia se transformó rápidamente en una estrategia de acompañamiento: más que ayudar, se trataba de que las propias mujeres pudieran ejercer su voz y sus derechos.

Hoy, el impacto del IMUMI se mide tanto en cifras como en vidas transformadas. Más de 6,000 mujeres y familias han recibido representación legal en casos de asilo, reunificación familiar, visas humanitarias y custodia transnacional. Durante una década, el instituto trabajó junto a una coalición de organizaciones para evidenciar los efectos devastadores de la detención en la niñez. Su trabajo en incidencia dio frutos con la eliminación de la detención migratoria de niñas, niños, adolescentes y sus familias, beneficiando a más de un millón de personas desde 2021. Fue un cambio de política pública histórico.

Otro logro trascendente ha sido garantizar el reconocimiento y la doble nacionalidad para más de 600,000 niñas y niños nacidos en Estados Unidos que viven en México; hijas e hijos de madre o padre mexicanos —o ambos— que gracias a estas acciones han podido acceder a la educación y a servicios esenciales.

A lo largo de estos años, también se han librado batallas jurídicas contra la discriminación y el racismo institucional. Gracias a sus litigios estratégicos, se lograron sentencias que declararon inconstitucionales las revisiones migratorias por basarse en perfilamiento racial y la prohibición de venta de boletos de autobús a personas sin documentos migratorios. Estas decisiones judiciales enviaron un mensaje poderoso: la dignidad y la movilidad no deben depender del color de piel ni del país de origen.

El trabajo del IMUMI no se limita a los tribunales o las oficinas de atención. Desde sus inicios, la organización ha apostado por la investigación de campo y la generación de políticas públicas basadas en evidencia. Escuchar las historias de las mujeres, documentarlas y transformarlas en propuestas ha sido una de sus mayores fortalezas. De este modo, ha logrado incidir en México y Estados Unidos para mejorar los procesos de asilo, promover vías seguras de migración y garantizar la protección de la niñez y adolescencia no acompañada.

Detrás de cada caso hay rostros y voces que inspiran. “Aprendí que nada en la vida es imposible, y menos cuando se trata de tus hijos. Descubrí que tengo derechos y que voy a pelear por ellos”, recuerda una usuaria. “IMUMI combina un alto grado de especialización con un compromiso profundo. Ese nivel de conocimiento y constancia es lo que marca la diferencia”, asegura una funcionaria de gobierno. Y para las periodistas que las acompañan, IMUMI representa una fuente de información veraz, un puente hacia historias humanas que mueven las fronteras.

El equipo que sostiene esta labor es una muestra de diversidad y fuerza colectiva. Más de 25 mujeres —abogadas, psicólogas, internacionalistas y periodistas— conforman el corazón del IMUMI. La mayoría son jóvenes feministas latinas que aportan sus propias experiencias migratorias, identidades y miradas al trabajo cotidiano. Esta conexión personal con la causa modela la manera en que acompañan a otras mujeres, con empatía, compromiso y esperanza.

La red de colaboración también ha sido clave. IMUMI ha trabajado con más de 1000 pasantes y voluntarias de todo el mundo y con universidades estadounidenses que documentan la violencia y los impactos del cambio climático en la migración de las mujeres. Además, su labor cuenta con el respaldo de fundaciones y agencias internacionales como Ford Foundation, Fondation Chanel, OXFAM, UNICEF y ONU Mujeres. Esta comunidad aliada ha permitido que la organización mantenga su independencia, profesionalismo y alcance regional.

Los resultados son palpables: más de dos millones de mujeres y familias alcanzadas a través de campañas, asesorías, litigios y programas de incidencia. Más de 40 millones de pesos obtenidos en compensaciones para víctimas de violaciones a sus derechos humanos. Pero más allá de los números, el verdadero logro es haber construido un espacio de confianza donde las migrantes pueden saberse escuchadas, acompañadas y reconocidas como sujetas de derechos.

IMUMI ha demostrado que la justicia, la dignidad y la defensa de los derechos de las mujeres migrantes y sus familias son causas que nos implican a todas y todos. Sin embargo, los desafíos siguen siendo enormes: la crisis climática, las políticas migratorias restrictivas y la violencia de género siguen marcando la ruta de la migración. Es necesario un compromiso colectivo para transformar la realidad de las mujeres en movilidad. Como ciudadanía, podemos involucrarnos apoyando sus iniciativas, ya sea a través de donaciones y voluntariado, o difundiendo su trabajo en redes sociales. Además, podemos exigir políticas migratorias más inclusivas y respetuosas de los derechos humanos, y colaborar en la construcción de un entorno más justo y solidario para todas las migrantes.

Unirse a IMUMI es ser parte activa del cambio. Es el momento de pasar de la reflexión a la acción, porque acompañar a una mujer migrante es acompañar la historia de toda una comunidad. El futuro de las mujeres migrantes es también el nuestro. EP

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