Cemefi, 36 años en colabor-acción

Ricardo Bucio escribe sobre el Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi), una asociación civil encargada de promover la participación ciudadana en la vida política, la filantropía y la responsabilidad empresarial.

Texto de 06/11/25

Cemefi

Ricardo Bucio escribe sobre el Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi), una asociación civil encargada de promover la participación ciudadana en la vida política, la filantropía y la responsabilidad empresarial.

Al inicio de la década de 1980, México se encontraba en una época de profunda crisis económica: el tipo de cambio provocó grandes devaluaciones, el poder adquisitivo de la población disminuyó drásticamente y el empleo informal creció. Era un complejo momento social y político. Ese contexto marcó un punto de inflexión hacia la transición democrática y, a pesar de las dificultades, hubo un despertar ciudadano, nuevas ideas políticas y culturales se expresaban, al igual que formas de organización social diferentes que daban cuenta de la diversidad del país. Se vivía un ambiente ávido de esperanza por un futuro diferente, aunque con mucha incertidumbre.

Había también una efervescencia ciudadana, resultado de la emergencia que generó el sismo que azotó al entonces Distrito Federal en 1985.  Al calor de un proceso de democratización creció la participación ciudadana. Fue un tiempo propicio para la creación de muchas organizaciones civiles, fundaciones, y asociaciones de distinto tipo en todo el país. El mundo también era otro, en parte por el empuje global de la ciudadanía; habían caído las dictaduras en América Central y varias en África, cayó el Muro de Berlín, se democratizó América del Sur…

En este contexto, en 1988, el empresario y filántropo mexicano Manuel Arango Arias fundó lo que hoy es el Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi); y desde el inicio, su historia se desarrolla en paralelo a la de la ciudadanía en México: se ha atestiguado la creación de la figura del Ombusdman en 1990, el impulso al movimiento ambientalista, el reconocimiento legal a las asociaciones religiosas en 1992, el inicio del proceso que reconocería el valor público de las organizaciones de la sociedad civil (OSC) en 1993, el conflicto por los derechos indígenas en el levantamiento zapatista en 1994, y la lucha por la igualdad de género en la Conferencia de Beijing en 1995.

El reconocimiento de un país diverso facilitó el desarrollo de otros procesos: la alternancia política del año 2000, la prohibición legal de la discriminación, la propuesta de México a la ONU de un tratado internacional por los derechos de las personas con discapacidad; el acceso a la transparencia y a la información pública, entre otros. Además, en 2004, se promulgó la Ley Federal de Fomento a las Actividades de las OSC, fruto de un proceso liderado por un colectivo plural y diverso (en el que participó Cemefi), que escuchó voces, agrupó propuestas y trabajó con gobiernos federales y con distintas legislaturas durante once años. Aunque largo, el camino les dio carta de ciudadanía a las OSC.

Había la sensación de que, abiertas las puertas para el diálogo entre la sociedad civil y el gobierno, continuaría creciendo esa dimensión de la normalidad democrática. Sin embargo, la normatividad para el fomento de las organizaciones de la sociedad civil quedó inconclusa, y su marco legal avanzó más en algunos estados de la república que en otros. La relativa paz social que prevalecía se fue perdiendo en muchas zonas del país con el inicio de la guerra contra los cárteles del crimen organizado. En contraste, la acción ciudadana por la seguridad creció, así como los centros de pensamiento para analizar políticas públicas.

Durante la administración posterior, la relación entre las OSC y el gobierno fue predominantemente de distanciamiento, especialmente a raíz de la crisis de derechos humanos que tuvo como mayor referente el caso Ayotzinapa, por el manejo inadecuado de temas de seguridad y los escándalos de corrupción. No obstante, siguieron algunos signos de cambio, como el marco legal por los derechos de la niñez y la adolescencia o la inclusión de la población afromexicana en la estadística nacional. Gracias a la Ley de Fomento, a través del Instituto Nacional de Desarrollo Social, se seguían canalizando recursos federales a financiar proyectos ciudadanos.

Pero el 14 de febrero de 2019, desde la oficina presidencial, se emitió la Circular No. 1, en la que se comunicaba la decisión de “…no transferir recursos del presupuesto a ninguna organización social, sindical, civil o del movimiento ciudadano, con el propósito de terminar en definitiva con la intermediación que ha originado la discrecionalidad, opacidad y corrupción”. Junto con el cierre de recursos, se acabó la interlocución, la escucha para la incidencia pública, y se promovió el desprestigio del sector.

Dos meses antes, Cemefi había cumplido 30 años de impulsar con fuerza la profesionalización de las organizaciones de la sociedad civil, el conocimiento y la investigación del sector. Había creado las primeras acreditaciones para las OSC y de responsabilidad social para empresas. Había coadyuvado en la creación de muchas fundaciones, e impulsado varias articulaciones del tercer sector a nivel regional e internacional. Ya no era solamente una institución, sino un gran entramado de OSC, empresas, fundaciones y universidades.

Un ciclo importante se había completado en Cemefi y había que pensar en el futuro. La defensa de las causas sociales implica la convicción sólida de que los cambios no les pertenecen a los gobiernos, ni a las empresas, ni a las instituciones. Cuando las personas comprenden y asumen su papel como constructores del cambio, nace la corresponsabilidad ciudadana, esencia de cualquier acción social con potencial transformador.

Tanto antes como ahora, el fortalecimiento de la sociedad civil organizada no se logra con una estrategia a implementar o una fórmula por descubrir. Se necesita una nueva narrativa, unificadora, adecuada a los tiempos de debilitamiento de las democracias, de las instituciones y de los temas centrales que fueron eje del surgimiento de la ciudadanía organizada de las décadas anteriores: la igualdad de género, los derechos humanos, el medio ambiente, la inclusión.

Hoy, el reto común es el cuidado de los bienes públicos. Hay que impulsar la corresponsabilidad, el diálogo intersectorial, la mirada global y la acción local; lograr la colaboración, la “colabor-acción”. Cemefi ha tenido el privilegio de mirar el camino de la acción ciudadana estas casi cuatro décadas y continúa trabajando con el ánimo que dio pie al surgimiento de tanta vitalidad organizada en México, de cara a los nuevos desafíos, en colabor-acción. EP

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