El coronavirus vs. Trump

Norteando es el blog de Patrick Corcoran en Este País y forma parte de los Blogs EP.

Texto de 09/03/20

Norteando es el blog de Patrick Corcoran en Este País y forma parte de los Blogs EP.

Tiempo de lectura: 3 minutos

La gestión de Donald Trump ha sido un fracaso moral desde un principio, pero gracias a las buenas condiciones económicas y la calidad de la burocracia gabacha, a veces vuelve fácil olvidarlo. Es decir, si uno no pone atención a las noticias y no es miembro de los grupos desafortunados que están sufriendo los efectos inmediatos de sus políticas, puede parecer que sus grotescas actuaciones existen en el vació.

El coronavirus está a punto de voltear esa extraña contradicción. El país se encuentra en el precipicio de una catástrofe y requiere una respuesta federal contundente. Como siempre, el puesto le está quedando grande a Trump, pero en este caso las consecuencias serán no simplemente penosas sino letales también.

No es sorpresa que Trump ha demostrado una ignorancia espeluznante sobre la situación, pese a que hay reportes detallados sobre las características del virus y los riesgos que conlleva desde hace meses. Por ejemplo, a finales de febrero, Trump dijo que había apenas 15 casos en todo Estados Unidos, y próximamente esa cifra iba a caer a cero. En ese momento, cualquiera que había leído un periódico sabía que ya había muchos casos más, y que el número total estaba a punto de disparar.

Otro problema fundamental es que Trump puso el manejo de este pandémico en manos de incompetentes. En lugar de un especialista en los pandémicos o sobre la salud pública, el presidente designó a su vicepresidente Mike Pence como el encargado especial de la respuesta del gobierno. El comentario más famoso de Pence, un funcionario de poca habilidad y reputación, sobre la salud fue una columna del año 2001, en que aseveró que los supuestos riesgos de fumar fueron exagerados. En lugar de informar al público, los jefes de los órganos de salud pública que Trump instaló se la pasan adulando a su jefe en términos francamente penosos. Los profesionales que han desmentido a Trump han sido censurados.

Detrás de todos sus tropiezos, el gran problema de la administración es que sigue viendo esto como un problema de corto plazo que se va a resolver solo. Una tras otra vez, Trump y los suyos han explicado el riesgo a través de la bolsa de acciones, como si un mercado bajista fuera la causa del malestar actual, y no un síntoma insignificante. Ha subordinado la suspensión de la vida pública en una gran parte en Seattle, una de las principales ciudades del país, a su pleito con el gobernado demócrata de aquel estado.

La manifestación principal de esta miopía es la tardanza con la cual el gobierno está habilitando las pruebas para detectar el coronavirus. Para el viernes, se habían llevado a cabo a penas 2 mil pruebas en todo el país, una cifra bárbaramente inadecuada semanas después de la llegada de la enfermedad a territorio gabacho. Corea del Sur, en contraste, ya tiene la capacidad de realizar 10 mil pruebas en un día y las ofrece hasta por ventanillas de autoservicio. Hace una semana, Pence prometió que 1,5 millones de pruebas estarían disponibles dentro de unos días, pero no ha cumplido. Debido a esta negligencia, no cabe duda que existe una gran cifra negra de casos no detectados mas allá que los casi 300 casos que se habían confirmado para el viernes a lo largo de Estados Unidos.

En tiempos normales, el gobierno estadounidense funciona adecuadamente en autopiloto. Trump ha desafiado esta máxima, pero la verdad es que para una gran parte de la ciudadanía, sus idioteces diarias no se han traducido a problemas reales. Sin embargo, en cada presidencia, suelen surgir unas cuantas crisis en que el papel de la Casa Blanca es fundamental. El país esta en medio de una de estas pruebas, y se está hundiendo ante las exigencias del momento. EP

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