El virus que canta “caminito de la escuela, apurándose a llegar”

Boca de lobo es el blog de Aníbal Santiago y forma parte de los Blogs EP.

Texto de 11/08/21

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“Es muy mesurada al hablar”, he pensado sobre Claudia Sheinbaum. En este México que se gobierna frente al micrófono compulsivamente como si una gestión correcta fuera saturar la presencia de un político en medios, me gusta la sequedad, el rechazo malhumorado a la cámara de la jefa de gobierno. Ante el extremo opuesto, un presidente enfermo por que lo veamos y que para estar en los medios es capaz de usar su tiempo laboral poniéndonos videos de Rocío Durcal, Juan Gabriel, Benito Bodoque o Marco Antonio Muñoz —con él sonriente delante de la pantalla gigante con ganas de abandonar su atril y bailar tantito—, la funcionaria rehúye de la lente y, por tanto, dice menos barbaridades. O decía. Al final, todos caen.

La Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México se acercó a los menores para hacerles preguntas y… ¡eureka! “Hicieron una encuesta entre niños y niñas de la ciudad […] 95% quiere regresar a clases”, nos sorprendió contándonos Sheinbaum hace unos días para justificar que el próximo lunes 30 de agosto, cuando inicie el ciclo escolar 2021-2022, los padres nos levantemos temprano para que de la mano de nuestros hijos los dejemos uniformaditos en las escuelas, pensando “al fin, ya está todo normal”. Si uno se une a la ola de ingenuidad, añadirá a esa declaración: “95 de cada 100 de niños quiere volver a la escuela, y como somos una sociedad donde todo se consulta, que se haga el deseo de la mayoría.  A reabrir escuelas y ¡todos feliceees!”. El problema es que si la pregunta a los niños hubiese sido “¿Te gustaría comer una bolsita de papas fritas todos los días?”, la respuesta habría resultado afirmativa no en un 95%, sino en un 99.3%, y no por eso les suministraríamos de lunes a domingo una bolsa de papas. No había modo que los niños contestaran que quieren seguir en sus casas tomando clases en la tele o la computadora, como no habría modo que si nos preguntan “¿quieres que acabe la pandemia?”, contestemos “no”. 

…si la pregunta a los niños hubiese sido “¿Te gustaría comer una bolsita de papas fritas todos los días?”, la respuesta habría resultado afirmativa no en un 95%, sino en un 99.3%…

Si los adultos (de afortunada niñez y juventud libres) estamos con angustia por esta nueva vida que ya empieza a ser vieja, es imposible calcular lo que la infancia, de libertad inherente, siente en esta prisión hogareña. El presidente también está muy ansioso y eso es natural (“Los niños ya no pueden depender del Nintendo”, dijo). Lo que no es natural es que hoy estemos cumpliendo un mes y dos días de vacaciones, falten solo 19 días para el regreso que el mandatario jura será presencial, y no veamos cada día, con la misma persistencia que las mañaneras, una campaña profunda, tenaz, precisa, inteligente, para que maestros, personal educativo, padres, niñas y niños sepamos cómo será el regreso a clases. Si volver a las escuelas es impostergable, todos deberíamos estar adiestrándonos para que ese regreso riesgosísimo (que en julio pasado fue un fracaso, por cierto) se vuelva una maravilla en seguridad y protocolos. Si volver a las escuelas es impostergable, los planteles ya tendrían que estar abiertos para que sus trabajadores entrenen ese regreso vital, ensayen los protocolos (ajustando horarios alternados, distribuyendo salones, estableciendo reglas) para que el sistema educativo funcione como reloj suizo y un día podamos decir: “el regreso a clases fue un acierto” y no oigamos, como ocurrió en junio, “La Autoridad Educativa Federal informa a las comunidades escolares que se suspenden las actividades presenciales”.

Con esa monomanía que lo domina en tantas cosas (la palabra “fifí”, el béisbol, la comida mexicana, el odio a los “conservadores”), el presidente se la ha pasado repitiendo que México y Bangladesh son los únicos países que no han vuelto a clases y que eso no puede seguir así. Desde luego, nuestros deseos van hacia el mismo lado. El problema es que la cuenta regresiva es angustiosa, faltan poco más de dos semanas para el arranque del ciclo escolar, y en vez de estar sumergidos en una inteligente e impactante campaña para que la vuelta a las aulas sea un acierto histórico, la desidia perfila el retorno como una nueva bomba infecciosa. A la secretaria de Educación Delfina Gómez, y no a López-Gatell ni a López Obrador, tendríamos que estarla viendo todos los días instruyendo hasta el hartazgo al país para que el nuevo ciclo educativo sea histórico y exitosísimo. Si nada cambia, no hay que ser una luminaria para prever que la irresponsabilidad costará vidas. Hasta ahora, sin embargo, seguimos perdiendo tiempo vital viendo al presidente disfrutar videoclips de Rocío Durcal y Juan Gabriel.EP

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