Los fuegos forestales se manejan con la cabeza fría

¿Cuáles son las condiciones climáticas que han propagado la cantidad de incendios forestales de los que hemos sido testigos? Diego Pérez Salicrup detalla por qué el fuego es más que algo que tengamos que suprimir y cómo forma parte del funcionamiento de ciertos ecosistemas. Es importante atender el manejo que conocen las comunidades rurales porque es parte de su patrimonio. Incluirlas e investigar es tarea fundamental para el manejo de este tipo de siniestros.

Texto de 15/09/21

¿Cuáles son las condiciones climáticas que han propagado la cantidad de incendios forestales de los que hemos sido testigos? Diego Pérez Salicrup detalla por qué el fuego es más que algo que tengamos que suprimir y cómo forma parte del funcionamiento de ciertos ecosistemas. Es importante atender el manejo que conocen las comunidades rurales porque es parte de su patrimonio. Incluirlas e investigar es tarea fundamental para el manejo de este tipo de siniestros.

Los incendios forestales son eventos que asociamos con afectaciones a la salud, daños materiales, degradación en los bosques, e incluso con pérdidas humanas. A esta lista se suma la reducción en la calidad del aire que se respira en las zonas urbanas a distancias que, en ocasiones, se encuentran a cientos de kilómetros con relación al punto de ocurrencia de un incendio. Ante estos efectos adversos, no debe sorprendernos que la ocurrencia de incendios genere alerta en las localidades cercanas a ecosistemas forestales e indignación y enojo de la sociedad en general. Pero la adrenalina no es una buena consejera al momento de generar estrategias que permitan atender y resolver este problema, sobre todo si tenemos interés en el largo plazo.  La mejor forma de hacerlo es sin presiones y con la cabeza fría, con capacidad de planeación, y transitando de un paradigma de supresión y combate, a uno de manejo integral del fuego forestal. En este artículo expondré qué son los fuegos en ecosistemas forestales, las tendencias de cambio en torno a la ocurrencia de incendios forestales en los últimos años, y concluiré identificando los pasos indispensables que tenemos que tomar en nuestro país para evitar que la ocurrencia de fuegos forestales se convierta en un problema inmanejable.

Los ecosistemas forestales y el fuego

La palabra forestal viene del latín “foris” (literalmente, “fuera”), y estrictamente hablando, se refiere a ecosistemas dónde predomina vegetación natural, que, aunque puede tener legados de actividades humanas, es principalmente producto de procesos ecológicos y evolutivos. Esto es relevante, porque el ámbito forestal no se reduce a bosques de coníferas, ni a ecosistemas dominados por árboles. Ecosistemas como los matorrales xerófilos, matorrales rosetófilos, pastizales naturales y tulares, también son parte de la diversidad de los ecosistemas forestales de México.

El fuego es la liberación de energía por medio de una reacción exotérmica. Para que haya fuego, se requiere oxígeno (disponible en toda nuestra atmósfera), una fuente de ignición o calor, y un combustible. La propagación y el comportamiento del fuego en una superficie forestal se verá afectada principalmente por el tiempo atmosférico, la disposición, cargas y distribución de combustibles (biomasa vegetal principalmente), y la topografía. Claramente, las cargas de combustibles y el tiempo atmosférico son las variables más dinámicas, y en el caso del tiempo atmosférico, es lo que más puede alterarse como consecuencia del cambio climático.

“Entre estos dos extremos, encontramos ecosistemas en donde hay suficiente humedad para generar biomasa combustible suficiente para la propagación de fuegos, y en donde, al menos en una época del año, los combustibles están lo suficientemente secos para arder.”.

Los ecosistemas de México difieren en cuanto a su inflamabilidad, es decir, la probabilidad de que experimenten fuegos. Ecosistemas muy secos, como los matorrales xerófilos, como en las zonas áridas de Tehuacán, Puebla, o del desierto sonorense, suelen desarrollar poca biomasa, lo que se traduce en pocas cargas de combustibles y, por tanto, los fuegos son eventos raros. En el otro extremo, ecosistemas muy húmedos, como los bosques tropicales sin una notoria temporada de sequía, como la selva lacandona o la zona de Los Tuxtlas en Veracruz, suelen albergar mucha biomasa, pero constantemente húmeda, por lo que no está disponible para la combustión. Entre estos dos extremos, encontramos ecosistemas en donde hay suficiente humedad para generar biomasa combustible suficiente para la propagación de fuegos, y en donde, al menos en una época del año, los combustibles están lo suficientemente secos para arder. Es el caso de muchos ecosistemas de nuestro país, y en ellos, el fuego es un proceso recurrente, aunque los tiempos de retorno de los fuegos puede variar de unos cuantos años a décadas. En ecosistemas que tienen igniciones con frecuencias de unos cuantos años, los incendios suelen ser de baja intensidad (baja liberación de energía) y baja severidad (pocos cambios en la biomasa y poca mortalidad vegetal). En sitios con frecuencias de ignición más largas, pueden darse fuegos de mayor intensidad y severidad debido a la acumulación temporal de combustibles.

“Un evento incontrolado de fuego es justamente a lo que nos referimos como un incendio.”.

La mayor parte de la superficie de nuestro país experimenta una temporada de sequía que se extiende de finales de octubre a mediados de mayo. Conforme avanzan los meses en esta temporada, aumenta el número de eventos incontrolados de fuego en ecosistemas forestales. Un evento incontrolado de fuego es justamente a lo que nos referimos como un incendio. Si la temporada de sequía se acentúa o se extiende, se pueden obtener años con mayor ocurrencia de incendios.

En los ecosistemas que experimentan fuegos de forma recurrente, las plantas y algunos animales presentan modificaciones anatómicas (adaptaciones) que les permiten sobrevivir a eventos de fuego, siempre que estos se den dentro de un margen de intensidad y severidad. Es conocimiento común que, en bosques de pino y encino como los que dominan en el sistema neovolcánico de México, los árboles tienen cortezas gruesas que actúan como aislantes permitiendo a los árboles sobrevivir eventos de fuego superficial. En los pastizales montanos, varias especies de pastos y hierbas puedes rebrotar vigorosamente después de que la parte aérea es quemada.  En los ecosistemas dónde el fuego no es un evento natural recurrente, las especies suelen no tener dicho tipo de adaptaciones, y eventos de fuego pueden resultar en mortalidades elevadas de la vegetación.

Cambio global y fuegos forestales

Como indica el reciente informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, las condiciones climáticas atípicas que hemos experimentado en los últimos años no se deben a patrones aleatorios, sino cada vez con más claridad, a las actividades humanas. Desafortunadamente, nos hemos habituado a que cada año se rompe un nuevo récord de temperaturas máximas, y en los últimos cinco años hemos leído en las noticias cómo sitios que tradicionalmente no experimentaban fuegos, ahora tienen incendios incontrolados. El promedio de temperatura anual global no ha detenido su tendencia al aumento, lo que contraintuitivamente, también afecta la probabilidad de experimentar temperaturas extremadamente frías durante el invierno. Una atmósfera en dónde hay más energía altera los patrones globales de circulación de aire, afectando las temperaturas locales y los patrones de precipitación. Y estos dos factores afectan dramáticamente el tiempo atmosférico, que como vimos arriba, es determinante en el comportamiento del fuego.

“Desafortunadamente, nos hemos habituado a que cada año se rompe un nuevo récord de temperaturas máximas, y en los últimos cinco años hemos leído en las noticias cómo sitios que tradicionalmente no experimentaban fuegos…”

Cuando aumentan las lluvias temporalmente en una zona árida, se detona un aumento en la densidad de pastos y hierbas, que al secarse se convierten en combustibles inflamables que pueden arder al año siguiente, afectando a un ecosistema donde el fuego es un evento extraordinariamente raro, por lo que la severidad sobre la vegetación es muy alta. Ecosistemas muy húmedos, como los bosques mesófilos de montaña, o los bosques tropicales húmedos, al experimentar un año particularmente seco, pueden presentar suficiente biomasa disponible para arder. Al no experimentar fuegos recurrentes de forma natural, la recuperación de la vegetación puede llevar décadas. Sitios que experimentaron incendios en estos ecosistemas en 1998 aún no han recuperado la cobertura arbórea. Y en ecosistemas en donde el fuego es recurrente, años particularmente secos o particularmente húmedos pueden alterar la superficie afectada por incendios más allá de los rangos que se tenían registrados de forma histórica, modificando dramáticamente sus dinámicas.

La mala noticia es que los impactos del cambio climático global no son siempre predecibles a nivel local, por lo que es difícil proyectar medidas de mitigación en diferentes ecosistemas. Y lo que es peor, el cambio global no se reduce al cambio climático.

“…la realidad es que los efectos más drásticos se dan en la expansión ilegal de cultivos legales, como el aguacate en Michoacán o el agave tequilero en Jalisco, por no hablar de la expansión de cultivos ilegales.”

El cambio global también incluye la acelerada transformación de ecosistemas forestales a ecosistemas agrícolas. Si bien se tiene la noción de que esto se relaciona con la expansión de parcelas dedicadas a la agricultura itinerante de bajo impacto, la realidad es que los efectos más drásticos se dan en la expansión ilegal de cultivos legales, como el aguacate en Michoacán o el agave tequilero en Jalisco, por no hablar de la expansión de cultivos ilegales. Y aquí habría que sumar el uso del fuego para justificar la expansión del uso de suelo urbano, común en la península de Yucatán, reflejado en la construcción de infraestructura comercial y hotelera. Este cambio de uso de suelo suele ir acompañado de igniciones intencionales, sin que el Estado tenga la capacidad de interferir.

Otra arista del cambio global es la concentración de la población en ciudades. Hoy en día, México es un país mayoritariamente urbano. Esto tiene una implicación importante sobre la generación de política pública en torno al fuego en ecosistemas forestales. Como hemos visto, la población de las ciudades percibe este proceso de forma muy negativa, demandando y ejerciendo presión para que el gobierno combata los incendios forestales como una respuesta urgente. Pero no demanda que haya una política de manejo integral del fuego, que utilice las igniciones prescritas u otras herramientas para asignarle al fuego el papel que desempeña a nivel ecosistémico. Tampoco se entiende en las ciudades que las poblaciones rurales utilizan al fuego como una herramienta de manejo de ecosistemas y que este conocimiento tradicional es parte de su patrimonio cultural.

El manejo integral del fuego

Los escenarios de cambio global nos obligan a manejar los ecosistemas bajo escenarios de enorme incertidumbre. La respuesta simplista de extirpar el fuego de los ecosistemas forestales para evitar los incendios ya fue probada durante el siglo XX en varios países. Y los resultados fueron dramáticamente contraproducentes. Buena parte de las crisis anuales en cuanto incendios forestales que se viven en la parte Oeste de Estados Unidos y Canadá es producto de dicha política.  Al eliminar los fuegos de forma exitosa durante décadas, se dio un cambio en la estructura forestal, aumentando los combustibles y aumentando así la intensidad y severidad de los incendios. El costo asociado al combate de fuegos bajo esa nueva realidad excede por mucho los montos que un país como el nuestro podría gastar en controlar incendios forestales.  Por ello, la solución no es aumentar el gasto en el combate a incendios, sino planificar adecuadamente el manejo del fuego, reconociendo que este proceso es incluso esencial en algunos ecosistemas.

“Al eliminar los fuegos de forma exitosa durante décadas, se dio un cambio en la estructura forestal, aumentando los combustibles y aumentando así la intensidad y severidad de los incendios.”.

En México, la política de supresión de incendios no fue implementada de forma exitosa, no por ausencia de voluntad gubernamental, sino gracias al empleo del fuego por parte de las comunidades rurales.  Por ello, una política de manejo integral del fuego debe de incorporar a las poblaciones que son dueñas o que gestionan los recursos forestales. Lejos de satanizar el uso del fuego por comunidades rurales, hay que aprender de él, y formalizar el conocimiento empírico que las comunidades rurales tienen en torno al fuego para poder diseminar este conocimiento en dónde sea necesario.

De la misma manera, es fundamental redoblar los esfuerzos de investigación en torno al fuego forestal y sus efectos. Los investigadores tenemos la capacidad y la formación para poder ofrecer datos útiles en la toma de decisiones en torno a un adecuado manejo del fuego. Desafortunadamente, los apoyos para el desarrollo de la ciencia en México nunca han llegado al 1% del Producto Interno Bruto, y en este sexenio ocurrió lo inimaginable, al haber un recorte en los apoyos a la ciencia. Ciertamente, no hay fondos explícitos para apoyar las investigaciones sobre el manejo del fuego en nuestro país.

“En México, la política de supresión de incendios no fue implementada de forma exitosa, no por ausencia de voluntad gubernamental, sino gracias al empleo del fuego por parte de las comunidades rurales.”.

Los eventos de fuego en ecosistemas forestales en México no van a desaparecer. Pero en nuestras manos está que estos eventos sean incendios catastróficos, o eventos naturales consistentes con las dinámicas de los ecosistemas. En nuestras manos también está que estos eventos deriven en beneficios para la sociedad en general, y no en daños. La respuesta es el manejo, y para manejar, hay que conocer los sistemas. Ello implica aprovechar el conocimiento empírico que tienen muchas comunidades rurales a través de un honesto diálogo de saberes, y generar investigaciones que den respuesta a los retos en torno al manejo del fuego. EP

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