El agua que somos

Sin agua, no hay vida. Esta frase parece trillada pero el agua es necesaria para la supervivencia de todos los seres vivos. No solamente bebemos agua para sobrevivir, sino que también hacemos uso de ella para diversas tareas y con ese uso viene el abuso. Luna Fuentes y Rosenzweig presentan una historia que desemboca en un panorama desalentador: a la preciosa agua, limitada, la estamos contaminando cada día más.

Texto de y 14/09/20

Sin agua, no hay vida. Esta frase parece trillada pero el agua es necesaria para la supervivencia de todos los seres vivos. No solamente bebemos agua para sobrevivir, sino que también hacemos uso de ella para diversas tareas y con ese uso viene el abuso. Luna Fuentes y Rosenzweig presentan una historia que desemboca en un panorama desalentador: a la preciosa agua, limitada, la estamos contaminando cada día más.

El agua cae abundante desde una vasija de cobre. Viene y va al cuerpo. Limpia y da calma. El agua nos acicala en rituales de aseo o llueve sobre los cultivos desde que el hombre tomó una semilla y comenzó a hacer nacer todo fruto en sitios cercanos a sus moradas. Podríamos decir que venimos de su útero.

Sin embargo, el agua pura, esa necesaria para beber, para enriquecer lo que comemos, para nutrir lo que somos, en alianza con otros seres vivos, se encuentra cada vez más contaminada. Y no es infinita, es limitada.

Para entender el agua que somos, el agua de la que dependemos como todos los demás seres vivos del planeta, es menester repasar el ciclo hidrológico, que por millones de años ha purificado y distribuido el agua dulce en la Tierra. Este ciclo es continuo y es difícil definir un principio. Pero para efectos prácticos consideremos que es en los mares y océanos —que contienen casi el 97% del agua en el planeta—, donde inicia el ciclo.

La energía solar también forma parte del mismo: evapora enormes cantidades de agua que se unen a la que se sublima directamente de la nieve y el hielo por el mismo efecto solar. Además, la evapotranspiración —que es agua transpirada por la vegetación—, genera cantidades adicionales de agua en forma de vapor. Todos estos aportes, en su conjunto, ascienden a la parte más fría de nuestra atmósfera, en donde se condensan como nubes. Las nubes son llevadas en una danza atmosférica por las corrientes a todos los rincones de la tierra y, en las condiciones apropiadas, se convierten en lluvia, granizo, nieve o niebla que descienden sobre la superficie del planeta. Mucha de esta precipitación regresa a los océanos, los polos o a las cimas como nieve permanente, y allí puede permanecer almacenada por milenios.

El agua que desciende sobre bosques, praderas, selvas y desiertos, es retenida e infiltrada por los suelos de ecosistemas bien conservados y sigue su camino hasta algún acuífero. Otra fracción de esta agua, la que no retienen las raíces de las plantas y los suelos, corre por gravedad en la cuenca hídrica correspondiente. Algunas cuencas son cerradas y reciben el agua de lluvia hasta dar nacimiento a lagos y médanos. Otras son abiertas, es decir, se dispersan, alimentando arroyos y ríos que confluyen como una gran vía al mar. Esto cierra una parte del ciclo hidrológico.

En unas cuantas palabras y una serie de gráficos tomados de Agua en México. Un prontuario para la correcta toma de decisiones, hemos simplificado un mecanismo vivo e infinitamente complejo que incluye procesos termodinámicos, químicos y estructurales enlazados indisolublemente con los seres vivos, vegetación, microorganismos y algunos carismáticos mamíferos. Destacan los grandes arquitectos de la hidrología: los castores, los bisontes y los perritos de las praderas, por mencionar tres de los más evidentes y reconocidos en el continente americano.

“Con el drástico descenso de esta especie, dañamos irreversiblemente el ciclo hidrológico en vastas extensiones. Así desaparecieron nichos ecológicos con efecto de borde, se empobrecieron ecosistemas y se afectó la diversidad biológica del continente.”

Imaginemos la construcción de numerosísimos diques de ramas y troncos que resultaban en médanos, remansos, paisajes rebosantes de vida: antes de la llegada de los europeos. Lo que hoy es el norte de México, Estados Unidos y Canadá, albergaba una población de 200,000 a 300,000 millones de castores que diligentemente construyeron humedales naturales en el 10% del territorio. Trístemente, con los pasos colonizantes, fue el comercio de pieles de castor americano entre Norteamérica y el resto del mundo —que prosperó de 1600 a 1840—, lo que redujo su población a menos de 10 millones de individuos. Con el drástico descenso de esta especie, dañamos irreversiblemente el ciclo hidrológico en vastas extensiones. Así desaparecieron nichos ecológicos con efecto de borde, se empobrecieron ecosistemas y se afectó la diversidad biológica del continente.

El bisonte americano fue otro hidrólogo manifiesto. Registros históricos nos entregan noticias de 60 millones de estos poderosos ungulados que, en simbiosis con las grandes praderas que decoran el continente de sur a norte, daban vida y regeneraban estos vastos ecosistemas, claves para el ciclo del agua, antes del año 1800. La conquista del oeste los redujo a menos de 35,000 individuos en estado silvestre, y actualmente, cercos de alambre e interminables muros fronterizos tendidos en cientos de miles de kilómetros, les impiden cumplir su papel como agentes hidrológicos.

Otro incidente igualmente dramático, es el caso de los perritos de las praderas, que con su red de madrigueras subterráneas favorecen la absorción de la lluvia, la consiguiente hidratación profunda del suelo y por tanto, la alimentación de acuíferos. Es difícil creer que hasta hace un par de décadas se les considerara una plaga y las universidades ofrecieran cursos y fórmulas prácticas para deshacerse de ellos. Así de devastadora puede ser la ignorancia.

La vida, y lo que entendemos como civilización humana, no hubiera sido posible sin esta y otras formas de infraestructura natural generada por seres vivos, de la que nos servimos sin saber; obras de ingenio natural imitadas ahora por el hombre, que desde antes de la llegada de nuestra especie, purifican, renuevan y distribuyen el agua, un servicio ambiental indispensable, gratuito, sin el que la vida del mundo sería imposible.

Ahora cerremos el encuadre para enfocarnos en nuestro país, México, donde el 40% del agua dulce, es decir, del agua que podría ser potable, proviene del subsuelo y el resto (60%) de los cuerpos de agua superficiales como el lago de Chapala y los ríos que corren a través de nuestra geografía, como el Nazas, el Grijalva o el Usumacinta.  Desafortunadamente, el 70% del componente superficial está contaminado y un 24%, registra un nivel tan alto de contaminantes, que no es posible darle un uso directo. Si estos parecieran datos alarmantes, sumemos otro: el agua contaminada produce más muertes en el mundo que ninguna otra causa, incluida la guerra.

El resto del agua dulce de nuestro país, es decir la proveniente del subsuelo —que también contaminamos con malas prácticas de disposición de aguas negras y procesos extractivos como minería a cielo abierto y explotación de petróleo y gas—, corre bajo nuestros pies, en largas venas y remansos subterráneos que incluso alimentan a los cenotes sagrados, esos espacios que en la península de Yucatán, nos conectan con la memoria histórica y también pre histórica de nuestro territorio.

De los 653 acuíferos identificados para México, 192 son sobreexplotados. Mucho tiene qué ver con prácticas de extracción y riego mal reguladas o deficientes. Y aquí, el sector agropecuario acapara el consumo:  más de tres cuartas partes del agua usada en todo el país. Urge hacer más eficientes los sistemas de riego y los modelos de producción agropecuaria.

Sí, nos enfrentamos a la falta de agua y también, a la ausencia de tratamiento de millones de metros cúbicos de aguas residuales, desechos industriales y arrastre de agroquímicos agrícolas que se infiltran en los acuíferos o van a dar a cauces de ríos, mares y océanos. ¿Podrá quien vive en una casa, arropado con luz y confort, que apenas sí lo desea, obtiene un cristalino vaso de agua, comprender el grado de emergencia que existe?

Vayamos a lo que en otro tiempo fue agua sagrada para los mayas, a la península de Yucatán, y al estado de Quintana Roo en particular, en donde por su gran afluencia turística, tienen problemáticas únicas con el manejo del agua del subsuelo. La creciente demanda de nuevos atractivos turísticos, ocasiona que ilegalmente se modifiquen o abran cenotes con explosivos y maquinaria pesada. Además del daño estructural que derrumba paredes kársticas y obstruye flujos interiores, estas alteraciones resultan en la salinización de los depósitos de agua dulce.

El sistema de cenotes y ríos subterráneos también es afectado por la inadecuada  disposición de aguas negras y la reinyección en el subsuelo de aguas contaminadas. A esto agreguemos la problemática de los más de 30 campos de golf que hay en Quintana Roo. Son divertimentos insostenibles, ya que para mantener en funcionamiento un solo campo de golf, se requieren de mil a 3 mil metros cúbicos de agua dulce al día, dependiendo de la insolación y precipitación por la zona geográfica en que se ubica, la extensión del mismo y la eficiencia y operación de sus instalaciones de riego, y de 3 a 5 toneladas de productos químicos al año. Este tipo de infraestructura turística-recreativa incrementa significativamente la demanda de agua y la contaminación por filtración en los acuíferos de fertilizantes, herbicidas y agua tratada para riego.

Además de la sobre explotación y la contaminación, el cambio climático, un fenómeno global que intensifica el estrés hídrico de México y el mundo, afecta y limita ya el acceso al agua. El ciclo hidrológico está íntimamente ligado al clima, en particular a la intensificación de lluvias y los periodos de sequía extrema. En este sentido, la sociedad debe participar exigiendo el cumplimiento de los acuerdos internacionales que México ha suscrito en materia de reducción de emisiones de gases de invernadero y una transición energética funcional, en el que las energías limpias juegan un papel clave. Las dos terceras partes del  país que corresponden a la zona norte y centro, donde reside la mayor parte de la población de la nación, están marcadas como áreas de gran estrés hídrico en el atlas de riesgo hídrico en la aplicación digital Aqueduct, del World Resources Institute. De no atenderlo, esto se traducirá  en un negro horizonte de escasez, lucha entre comunidades y sectores por el acceso al agua y por supuesto el continuo de la desaparición de la diversidad biológica del país.

Estudios recientes del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, alertan que, en latitudes medianas y subtropicales, como es el caso de México, y ante un escenario que mantiene la actual tasa de crecimiento poblacional y emisiones de gases de invernadero, se prevé a partir de 2060, una disminución importante de los niveles de precipitación pluvial (11-21%) y un aumento de las anomalías de temperatura (2.3 a 3.9 °C). Estos significativos cambios en los parámetros de temperatura y humedad, modificarán el frágil equilibrio de nuestros ecosistemas, ampliarán el rango de muchos organismos vectores de plagas e intensificarán inundaciones, deslaves e incendios.

“Si somos más específicos, cada perforación de fracking, requiere el uso de 10 mil a 15 mil metros cúbicos de agua que se contaminan con más de 750 químicos que se inyectan —buena parte de ellos para siempre— muy cerca de nuestras reservas de agua subterránea.”

La alteración del ciclo hidrológico se hace más intensa con la remoción de la cobertura vegetal, la desaparición de especies clave del ecosistema, el mal manejo de los suelos y la práctica de actividades destructivas, como la extracción de gas por fractura hidráulica, conocido como fracking. Está técnica, que ignora la fragilidad de nuestros acuíferos y su importancia estratégica como reservas de agua, pareciera salida de una obra apocalíptica. Es una amenaza directa e importante a nuestras reservas de agua subterránea. Este proceso inyecta químicos al subsuelo para quebrar o fracturar capas de rocas sedimentarias y extraer el gas, por decirlo de manera sencilla. Sin embargo, bajo ningún esquema puede ser considerada una alternativa “limpia” o “de transición” para resolver las demandas energéticas del país. Faltan a la verdad quienes se escudan en cuestiones económicas o de soberanía energética para justificar esta forma de extracción de energía del subsuelo. Sólo un 10% del agua usada en este proceso puede ser recuperada; el resto se integra a los llamados lodos que permanecen en el interior de la tierra, liberando un cocktail tóxico en nuestras reservas y fuentes de agua limpia. Si somos más específicos, cada perforación de fracking, requiere el uso de 10 mil a 15 mil metros cúbicos de agua que se contaminan con más de 750 químicos que se inyectan —buena parte de ellos para siempre— muy cerca de nuestras reservas de agua subterránea.

Se presentan también tensiones sociales resultantes del manejo en la asignación de caudales destinados a partir del Tratado sobre Distribución de las Aguas Internacionales firmado por México y Estados Unidos en 1944. Aquí se hace evidente la necesidad de la aplicación de acciones globales ante un hecho conectivo hidrológico natural: el agua no respeta fronteras políticas, suponerlo es ingenuo. Así. Estados Unidos acordó entregar a México 1,850 millones de metros cúbicos al año y México le regresa en entregas de ciclos medidos cada cinco años, un promedio mínimo anual de 432 millones de metros cúbicos. Sin embargo, como producto de los distintos factores que hemos mencionado, México tuvo un déficit de entrega de 220 millones de metros cúbicos en octubre de 2019, deuda que no se ha podido pagar debido a las tensiones entre agricultores y ganaderos de Chihuahua.

Aún en este dramático escenario, ahora ignorado por una pandemia resultante de nuestra irresponsable manipulación de especies y ecosistemas, la especie humana sigue en un proceso multiplicatorio, urbanizatorio y de consumo irreflexivo como tendencia generalizada, que presiona gravemente los recursos hídricos, ya de por sí escasos. Pero no todo son malas noticias. Hay iniciativas y acciones en la dirección correcta:

La Iniciativa Ciudadana del Agua ha sido consistente en formular un proyecto de Ley General de Agua que nos regresa, con sus doce principios básicos, a las raíces del bienestar social. Este proyecto de ley se analiza en estos días, a la par de otras propuestas, en los espacios legislativos de nuestra nación.

Por su parte, el Fondo de Comunicación y Educación Ambiental A.C. (FCEA) desarrolló, con el financiamiento brindado por donantes mexicanos e internacionales, un extraordinario portal Agua con más de 50,000 objetos de conocimiento y que recibe en promedio 10,000 visitas diarias. El FCEA opera además una aplicación llamada Nuestra Agua, que lleva al ciudadano a construir un mapa colectivo desde lo local, con información sobre agua de las cuencas del país. Esta aplicación permite además contrastar datos ya existentes e identificar faltantes de información sobre el agua en México. Así, sienta bases para conformar una comunidad virtual que se constituye como observatorio ciudadano del agua y facilita la discusión, análisis e intercambio de experiencias a nivel nacional.

En el marco del programa Cuencas y Ciudades, administrado por el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza A.C., con financiamiento de la Fundación Gonzalo Río Arronte IAP, la organización PROFAUNA A.C., en coordinación con el organismo operador de agua “Aguas de Saltillo”, ha desarrollado un modelo fascinante y exitoso de corresponsabilidad hídrica y ambiental. Son  los usuarios del agua en la ciudad de Saltillo, Coahuila, quienes donan a través del recibo de agua, para la conservación de La Sierra de Zapalinamé. Así se vincula la comunidad con la protección brindada por expertos. Este esfuerzo ha sido reconocido mundialmente por el IPMA Global Project Excellence Award 2019. Entre sus principales logros destaca el modelo de autosuficiencia financiera, en el que las aportaciones voluntarias de los usuarios urbanos confluyen con recursos filantrópicos y del gobierno del estado de manera regular. El buen manejo de esta cuenca hídrica ya da frutos, pues el monitoreo de los acuíferos en esta región, indica una clara tendencia a la recuperación de los mismos al medir el ascenso del espejo de agua.

A 50 kilómetros de la Ciudad de Saltillo, en Monterrey, Nuevo León otra organización de la sociedad civil contribuye con buen manejo a las cuencas hídricas circundantes y con la elaboración de un plan con visión de largo plazo que permita reducir el estrés hídrico que prevalece en la parte norte del país. Se trata del Fondo de Agua Metropolitano de Monterrey A.C. (FAMM), organización con amplia representación ciudadana que es parte de la familia de “Fondos de Agua Latinoamericanos” impulsados por el programa México de The Nature Conservancy. Entre los principales logros del FAMM está la elaboración del Plan Hídrico Nuevo León 2050, la reforestación y regeneración de espacios naturales en las cuencas que abastecen de agua a la ciudad y la mejora de la eficiencia energética del sistema de transporte de agua administrado por el organismo operador de agua local, lo anterior a través de una innovadora auditoría energética al sistema.   

Como vemos en estos ejemplos, el agua que somos, se expresa también con sensibilidad. Estos y otros casos son el testimonio de la real opción de habitar de otra manera el mundo. Como el agua, los cuestionamientos abren cauces, plantean preguntas necesarias, fuertemente y con la transparencia del argumento que puede ser escudriñado hasta el fondo, para entregarnos una diversidad de acciones que apremia implementar en forma global.

Bastaría cerrar los ojos para escuchar el río que rojo corre por nuestras venas. Todos los matices de la existencia humana —si es imposible salir de una reflexión antropocéntrica—: el económico, el político, el social, el cultural con sus numerosas herencias en tradiciones y prácticas, están enlazadas al agua y a la biodiversidad en la que se convierte. Está visto que es posible dar vuelta atrás desde el cuidado y la planeación. Hay vidas que son testimonios.

Niebla

Un poema de Claudia Luna Fuentes

Se dice que la niebla es una nube muy baja, que está conformada por diminutas gotas de agua que no terminan de caer. Se dice que la niebla para ser niebla, debe ser tan espesa que obstruya la visión; que al frente, sólo sea posible ver no más de un kilómetro. Todo esto es cierto, pero nosotros decimos que la Niebla es la voluntad del Agua, el Agua que camina de pie tras un velo. Nosotros decimos que la Niebla es Nuestra Señora y es sagrada. EP

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