Nuestra carne

Con la marcha cansada arrastró sus pies sobre la terracería hasta la barda del zócalo. Eran las tres de la tarde y el pueblo estaba callado, como si de un purgatorio sin muertos se tratase. Así había sido la vida siempre en aquel lugar. Sepia. Atemporal. Eso que llamaban día no era otra cosa que […]

Texto de 01/10/16

Con la marcha cansada arrastró sus pies sobre la terracería hasta la barda del zócalo. Eran las tres de la tarde y el pueblo estaba callado, como si de un purgatorio sin muertos se tratase. Así había sido la vida siempre en aquel lugar. Sepia. Atemporal. Eso que llamaban día no era otra cosa que […]

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