Desaparición, una provocación metanarrativa | Vidas descontadas: La desaparición, ¿capa o palimpsesto?

En este tercer texto de la serie, Joseph Wager explora la desaparición como palimpsesto, revelando capas de memoria, violencia y resistencia.

Texto de 28/08/25

En este tercer texto de la serie, Joseph Wager explora la desaparición como palimpsesto, revelando capas de memoria, violencia y resistencia.

En Nightmare Remains, Ege Selin Islekel estudia el caso de Newala Qesaba, un vertedero en el este de Turquía que se había convertido en una fosa común. Se ha ido transformando para la construcción de condominios, un caso emblemático de “construir de nuevo” que implica la destrucción y reconstrucción de sitios de violencia para moldear la memoria colectiva. Evoca los horrores de Patio 29, un lote en el Cementerio General de Santiago, Chile, conocido por albergar tumbas anónimas de cientos de personas desaparecidas. Aquí, la dictadura militar implementó la “Operación Retiro de Televisores”, exhumando cuerpos para volver a desaparecerlos al arrojarlos al mar o zonas montañosas, convirtiendo el lugar en un “cementerio sin muertos”.

Vidas descontadas (La oveja roja, de próxima publicación en 2025) es un libro colectivo que indaga en estas capas de violencia. El ethos del proyecto se puede resumir como un intento de ser fiel a la circulación del término “desaparecido” en el mundo contemporáneo. Para este fin, acude a observaciones variadas sobre el proceso de acumulación de violencias en el paisaje y hace eco del análisis de Islekel: “Capas, capas, capas, aquí se acumulan los estratos de diferentes formas de modificación del territorio como en un basurero o una excavación arqueológica”. Más adelante, se lee “Capas, pues, de un palimpsesto desordenado, en donde se cruzan narrativas muy diversas”.

Para entender cómo divergen Vidas descontadas y Nightmare Remains y lo que está en juego con esta divergencia, vale la pena detenernos un momento en la distinción entre la capa y el palimpsesto. Hay trabajos que indagan en las capas de manera fascinante, con o sin un énfasis en la escritura. Sin embargo, el palimpsesto es, en su origen, algo textual; se refiere a la “vieja imagen del palimpsesto, en la que se ve, sobre el mismo pergamino, cómo un texto se su­perpone a otro al que no oculta del todo sino que lo deja ver por transparencia”. Hace énfasis en las manos que borran, agregan, reescriben, pero dejan las huellas de su intervención. Cada nueva forma de violencia intenta borrar a la anterior, aunque se percibe un rastro visible de la historia y las vidas que persisten bajo el nuevo texto de la injusticia.

Así, quisiera proponer que Vidas descontadas ve en los usos actuales de la categoría desaparición no una capa sino un palimpsesto de las violencias de las dictaduras. Para ello, me basaré en la relación entre la forma del libro y su planteamiento (provocador) de cómo entendemos la desaparición. 

Fruto del equipo ViDes, Vidas descontadas es un libro compuesto por antropólogos, cronistas, periodistas, sociólogos: David Casado-Neira, Gabriel Gatti, Elixabete Imaz, Ignacio Irazuzta, Carolina Kobelinsky, María Martínez, Mariana Norandi, Daniela Rea, Iñaki Rubio Mengual y Álvaro Villar. Las entradas (perdí la cuenta después llegar a 60) —a modo de diario, observaciones cotidianas, conversaciones, ilustraciones (maravillosas, hechas por Daniel Piqueras Fisk), fotografías de “cavidades urbanas” y referencias a mensajes de WhatsApp—, construyen una narrativa fragmentada y poderosa. La mayoría de estas entradas son cuasietnografías y llevan fecha y localización (por ejemplo, “Madrid el 15 de febrero de 2024”). Se juntan con imágenes que se van poblando las casi 300 páginas del libro: maletas, manos entrelazadas, viveros, el nuevo entierro de Paola Buenrostro, paraguas, hospitales.

Stricto sensu, son entradas, pero Vidas descontadas insiste en entenderlas como catas. Una cata es una forma de conocimiento o relato que se enfoca en trozos, fragmentos o “pedazos de realidad” de manera provisional. El acto de catar implica un seguimiento del rumor, de los murmullos, de lo que no encaja en las narrativas convencionales. Desafía los lenguajes heredados, dirían los autores, para intentar articular la maraña de alianzas y disputas que conforman la realidad contemporánea. 

A diferencia de las cartografías estables o los catálogos cerrados, catar exige un movimiento constante y un estado de alerta para organizar y relatar estos fragmentos (lo que podría llamarse, en el léxico del libro, el efecto guau) sin que la trama general anule la importancia de los detalles. La cata, por lo tanto, es una alternativa a la explicación totalizadora, centrada en la resonancia y el sentido de lo “sinsentidioso”. 

Un ejemplo es la cata sobre el puente de la Av. Gonzalitos, al lado de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Nuevo León, en Monterrey. “Hospital, espera, puente, gran avenida, vidas en tránsito y ciudad son algunos de los elementos que componen este paisaje de bordes y desbordes de refugios, un lugar de múltiples vínculos y de vidas expuestas a intemperies y esperas superpuestas”. El horror no se presenta de forma explícita, sino a través de la tensión entre el acto de ver y el de no ver. Conviven frases como la anterior con muchas cortantes, abruptas, con una sintaxis que no se ciñe a la estructura tradicional de sujeto, verbo y predicado.

Sin embargo, el lenguaje utilizado, aunque puede parecer desorientador, termina siendo familiar y hasta acogedor en el transcurso de la lectura; ostenta un aire literario-académico (por ejemplo, de Bourdieu a Batlle, se lee un chiste muy académico-uruguayo del libro), te adentra en la vida cotidiana de los que catan, da vueltas y balbucea. En Vidas descontadas esta legibilidad funciona como una crítica a las mismas condiciones del saber leer. Su legibilidad es una provocación, una forma de interpelar a los lectores: ¡cuán difícil leer sobre el desespero frente al hospital, debajo del puente, y cuán fácil seguir la vida cotidiana! 

El estilo, pues, es fidedigno a maneras de redefinir o reclasificar la desaparición. Dicho de otro modo, lo que el texto logra con la cata es que nos sumerge en un mundo donde la desaparición impregna la vida cotidiana. Vidas descontadas parte de una manera particular de entender la desaparición. La cata, pues, es una respuesta mimética a la desaparición social, lo cual puede entenderse de la siguiente manera: el “número creciente de vidas no se está contabilizando requiere una nueva interpretación y, posiblemente, una comprensión más elástica de la definición y el alcance de la categoría de desaparición”. Se plantea que la circulación global del término “desaparecido” en contextos como un hospital en Monterrey, las calles de São Paulo, la “gente asfaltizada” de París o los dominicanos de ascendencia haitiana a quienes se les niega la ciudadanía, registra un fenómeno que merece estudio cuidadoso y no como “degradación” o “deformación” de la categoría jurídica “desaparición forzada”.

Sostiene este enfoque que la desaparición proporciona un vocabulario para la violencia contemporánea, como algo que le da refugio a otras cosas, una manera de posibilitar relaciones entre fenómenos cuyo vínculo no es aparente a primera vista. En otras palabras, ve en la desaparición un contenedor. “Vimos cómo pasaban de los universos locales de la denuncia de los familiares a los internacionales del derecho y cómo convertidos en móviles inmutables se paseaban por las autopistas de la moral humanitaria y se transformaban en nociones versátiles, de usos múltiples, letrados y no letrados, sabios y no, populares y desprolijos también. Propusimos una hipótesis de riesgo: que hoy en día desaparecido y desaparición nombran un fenómeno social total y global, el abandono por goteo, progresivo, sistémico, constante, de más y más formas de existencia, que se caen de nuestro sensorio, que se escapan de lo que sabemos ver, escuchar, y sentir, de nuestros cuentos, de nuestras cuentas, de nuestra atención”.

Debe celebrarse Vidas descontadas por la manera en que consideran a las personas buscadoras, a las comunidades marginalizadas, a quienes utilizan la etiqueta de desaparición, como teóricos, un compromiso riguroso con los no especialistas como teóricos (de los derechos humanos). La obra se mueve entre el “Sur Global” y el “Sur del Norte”, situando las desapariciones en diversos contextos, desde la violencia racializada contra los gambianos en Alemania y el desierto entre EUA y México a calles de Brasil, México, España

Me quedé pensando en la relación entre capa y palimpsesto cuando el libro abordó el ejemplo del siluetazo, que nació de las luchas contra la desaparición forzada en Argentina. Se ha convertido en un “kit estético-político” global. Una cata expresa sorpresa al ver este repertorio asociado a las personas que duermen en las calles de Montevideo; esto revela cómo la violencia contemporánea reescribe sobre las luchas históricas, sin llegar a anularlas por completo. El arte de la resistencia, en este sentido, no es solo una nueva capa de protesta, sino que trae a la superficie las memorias borradas por las nuevas maneras de entender la soberanía (que tocamos de manera explícita en la nota anterior sobre Nightmare Remains) en medio de la desaparición social.

Es en esta (re)configuración de las violencias donde el acto de catar no se limita a documentar, sino que crea un nuevo “mundo común” al desafiar la lógica de lo que “cuenta”, y de quién hace las cuentas. Si para el filósofo francés Jacques Rancière, el mundo común es una “distribución polémica de modos de ser y maneras de ocupar un espacio de posibilidades”, la obra de ViDes encarna este principio al poner en el centro las “vidas descontadas” para desafiar la relación entre lo que se ve y lo que se dice, entre lo que se hace y lo que se puede hacer.

Por ende, quisiera terminar con una breve reflexión sobre la decisión del equipo ViDes de fechar el prólogo el 11 de noviembre, algo que refuerza la idea de que el libro entiende a la desaparición como palimpsesto. Esta fecha, que marca el armisticio de la Primera Guerra Mundial, condensa la esperanza de un momento de paz, pero desde nuestro momento actual lo vemos como un momento de transición entre horrores. Es el período “entreguerras”, un tiempo de paz precaria donde las atrocidades pasadas no se resuelven, sino que fermentan, dando lugar a nuevas tragedias. En este contexto, la figura de la desaparición social emerge como la que le da forma a un mundo en cambio, un mundo que vio, ve y verá nacer nuevos regímenes y formas de violencia.

En un contexto de desaparición social, la cata es un acto de contar que une lo empírico y lo especulativo para cartografiar las llamadas vidas des– (“desamparadas, desprotegidas, desvinculadas, descuidadas, desterritorializadas… desaparecidas). El proyecto anhela entrelazar el lenguaje de las vidas “retazadas” de las familias tocadas por la desaparición (forzada) con las narrativas de las vidas des- en un trabajo especulativo de catar. Este trabajo especulativo es reflejo de y crea dinámicas de poder reales: con la repetición, se va sintiendo el peso (¿sello?) institucional de lo que podría aportar el mismo concepto de desaparición, forzada, social, cometida por particulares. La violencia contemporánea, entendida ampliamente, es el palimpsesto de las afinidades forzadas en la estela de la desaparición. EP

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