Racismo entre nosotros

En este texto, Isidro H. Cisneros reflexiona sobre las raíces del racismo, y sobre cómo este ha vuelto a ganar fuerza en los últimos años, incluso como política de Estado.

Texto de 16/07/25

racismo

En este texto, Isidro H. Cisneros reflexiona sobre las raíces del racismo, y sobre cómo este ha vuelto a ganar fuerza en los últimos años, incluso como política de Estado.

“He aprendido a respetar las ideas de los otros, 
a detenerme frente al secreto de cada conciencia,
a entender antes de discutir y a discutir antes de condenar.
Y porque estoy en vena de confesiones, hago una última,
quizá superflua: detesto a los fanáticos con toda mi alma”
Norberto Bobbio. 1
Metamorfosis de un concepto

El racismo es al mismo tiempo un comportamiento social y una ideología política que postulan el establecimiento de jerarquías al interior de las sociedades. Estas distinciones se llevan a cabo con base en los atributos naturales y físicos característicos de las personas, pero también de sus identidades, subjetividades y culturas. Actualmente, en lugar de disminuir, el racismo está aumentando y estableciéndose a través de constantes mutaciones como uno de los fenómenos más persistentes de nuestra vida cotidiana. Con el término racismo se hace referencia a un conjunto de teorías y comportamientos fundados en una doble suposición: de un lado, que las manifestaciones culturales y las acciones históricas de los individuos dependen de la raza y, del otro, que existe una raza superior a la que le corresponde la función de dominar sobre otras razas inferiores. El racismo proyecta una exageración y una postura cada vez más extrema. No solo es un problema de actitudes individuales, sino que representa un fenómeno social profundo que contribuye a perpetuar la desigualdad y la injusticia.

El racismo se ha transformado en una forma extrema de discriminación basada en el rechazo de las minorías. Cuando el racismo se hace evidente en la vida social, aparece una posición unilateral de la realidad, con imágenes propias magnificadas y despreciativas del otro. El racismo proyecta la esencia de la desigualdad humana. No es natural, ni universal, sino más bien una creación cultural. Es una forma de conducta social y un fenómeno totalmente histórico. Es, también, una herencia del desarrollo del pensamiento moderno y de la racionalidad que lo acompaña. 2 La palabra racismo puede ser aplicada a un número indefinido de situaciones, asumiendo una función vaga pero que se constituye en sinónimo de exclusión, rechazo, hostilidad, odio, miedo fóbico o desprecio. 3 Aunque reactiva algunas actitudes que son propias del etnocentrismo, no puede ser reducido a este último. El racismo es una invención de la cultura occidental que se ha configurado como un sistema de ideas y un conjunto de prácticas sociopolíticas que paulatinamente se han universalizado.

El racismo produce actitudes de rechazo contra la diferencia, lo que configura la heterofobia, una práctica social y estructural de desprecio o prejuicio hacia grupos y personas. Es una enfermedad moral que padecen las sociedades contemporáneas. Constituye un sentimiento de temor y odio hacia los otros, los distintos, los extraños, los forasteros, hacia quienes irrumpen desde el exterior en nuestro círculo de identificación. 4 La heterofobia representa la desconfianza, el miedo y odio contra los que no pertenecen a nuestro grupo. La imitación social que realizan los integrantes de una sociedad forma parte de su identidad colectiva e integra aquel nosotros que caracteriza a cualquier comunidad de individuos en relación con los otros, los diferentes. Es así como la imitación psicosocial representa un dispositivo contra el “disenso de la diferencia”, que puede manifestarse al interior de un grupo. Al mismo tiempo, proporciona certidumbre al resto de los integrantes de esa colectividad.

El racismo es un comportamiento social que se fundamenta en exigencias de naturaleza irracional, al tiempo que se basa en esquemas mentales acríticos y rígidos. 5 Muy frecuentemente conduce a la discriminación y segregación de individuos y grupos solo por su pertenencia a una determinada categoría social, religiosa o lingüística. El racismo se asocia indisolublemente a la exclusión y al rechazo de la alteridad. Radicada firmemente en nuestra vida política y social; la discriminación racial adopta nuevas modalidades, cambia de rostro y se hace más sofisticada de acuerdo con las circunstancias. Por ello, para promover el bien, debemos saber pensar en el mal.

Una historia intelectual

El racismo aparece originalmente como una formulación “naturalista” que se fundamenta en la exaltación de los caracteres biológicos de los distintos grupos humanos a partir de sus rasgos fisonómicos, el color de la piel, la estatura, la forma del cráneo, el RH positivo o negativo de la sangre, es decir, de las características físicas tomadas en consideración como si expresaran alguna cualidad espiritual o social de las personas. 6 Con el paso del tiempo, el racismo habría de desarrollarse como una concepción ya no solamente de tipo antropológico-físico, sino asumiendo nuevas connotaciones de tipo intelectual, moral y cultural. De esta manera han aparecido interpretaciones que pretenden explicar la vida social sobre la base de factores raciales. Frente a esto, debemos insistir categóricamente en que el concepto de raza es una construcción social y no biológica, a pesar de que se ha usado históricamente para clasificar, jerarquizar y justificar desigualdades que no tienen base científica. 7

Aún persiste el uso del concepto de raza como categoría sociocultural. Por ello, resulta necesario reafirmar —con el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss— que las culturas son mucho más numerosas que las razas dado que las primeras se cuentan por millares y las segundas por unidades. De acuerdo con el también etnólogo, resulta necesario observar cómo la sociedad está estructurada y con base en qué está estructurada. 8 Considera que el ser humano surge con la cultura como un sistema de comunicación regido por el intercambio de palabras, criticando la supuesta existencia de una correlación entre raza, aptitudes intelectuales y disposiciones morales. Las diferencias entre culturas no implican jerarquías ni inferioridades, sino expresiones diversas de la humanidad.

El desarrollo teórico del racismo siguió una línea de reflexión que parte del siglo XVIII cuando se reconocía que, “a pesar de que todos los individuos descienden de Adán”, era posible distinguirlos en categorías dotadas de diferentes capacidades. Durante el siglo XIX, el racismo adquirió un estatuto teórico con el filósofo francés Joseph Arthur de Gobineau, quien en su Ensayo sobre la Desigualdad de las Razas Humanas (1855) se pregunta: “¿es posible afirmar que todas las personas poseen en igual grado el poder ilimitado de progresar en su desarrollo intelectual? Mi respuesta es, no”. 9 Sobre esta base otorga a las razas un orden jerárquico en una escala única que identifica “tres grandes razas”: negra, amarilla y blanca, las cuales se evalúan según los criterios de belleza, fuerza física y capacidades intelectuales. El resultado para Gobineau es que la raza blanca ocupa el nivel superior en cada uno de esos ámbitos. Este racismo establecía una “escala” biológica y psicológica considerada imprescindible entre los diferentes grupos humanos.

Posteriormente, el pensador británico-alemán Houston Stewart Chamberlain escribió Los Fundamentos del Siglo XX (1899), donde postula una “concepción aria del mundo” sustentada en la superioridad racial. Sostenía que la raza aria y los pueblos germánicos eran superiores a todas las demás razas justamente porque eran los creadores de cultura predominante y, por lo tanto, los únicos capaces de mantener la civilización europea: “la reunificada Alemania imperialista sólo podría afirmarse, dominar y salvar a la especie destruyendo a su opuesto identificado con el hebreo, considerado el origen de todos los males”. 10 La ideología racista encontró nuevos impulsos con la creencia de que del conflicto entre las razas dependía el destino de la humanidad. Resulta sintomático que importantes filósofos asumieran esta discriminación por razones físicas o raciales como algo absolutamente “natural”. Por ejemplo, Hegel sostenía, en su cátedra de la Universidad de Berlín, que el “negro” representa al “hombre natural en su total barbarie y desenfreno”. 11 Durante el siglo XX el nazismo retomará estas posiciones transformándolas en un programa político promovido por el Estado para la persecución y el genocidio programado. 12

A pesar de Auschwitz

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial se conoció del exterminio de hebreos y la persecución de gitanos, armenios, homosexuales y en general de todos aquellos que una raza autoconsiderada “superior” había señalado como “inferiores”. 13 El descrédito en que se sumergió el racismo hacía pensar en que no volvería a renacer y mucho menos con una connotación social y política de masas. 14 La comunidad internacional cultivó la idea de que la discriminación y el prejuicio habían sido derrotados definitivamente. Sin embargo, actualmente el racismo reaparece con nuevos rostros e identidades. Ahora, las teorías racistas ni siquiera consideran necesario postular la superioridad de una raza: basta con que reivindiquen la caprichosa biología antropológica como fundamento de las instituciones sociales y que supongan que la posesión de derechos civiles y políticos puede relacionarse con la dotación genética de los ciudadanos. 15

El racismo no es simplemente una ideología basada en diferencias biológicas, sino —como sostiene el filósofo francés Michel Foucault— una estrategia discursiva y práctica que permite al poder político gestionar la vida de la población: “la otra raza no es la que llegó de afuera, no es la que por determinado tiempo ha triunfado y dominado, sino aquella que en forma permanente, incesante, se infiltra en la comunidad, permitiendo el desarrollo de un racismo biológico-social”. 16 Por ello, es posible sostener que la ideología racista aparece como un fenómeno profundamente moderno y occidental.

Un elemento que permite distinguir entre la intolerancia social y la intolerancia cultural es que la primera representa solamente un rechazo al “otro”, mientras que la segunda plantea la persecución de esa diferencia. 17 La intolerancia cultural aparece como una versión contemporánea del uso de la violencia para la eliminación de las distinciones sociales.

La filósofa alemana Hannah Arendt consideraba que el pensamiento racial, con sus raíces afirmadas en el siglo XVIII, emergió simultáneamente en todos los países occidentales durante el siglo XIX. El racismo, sostenía, habría sido la poderosa ideología de las políticas imperialistas. 18 Otros autores consideran que el racismo representa un conjunto de doctrinas que, cuando se incorporan al espacio público, se convierten en una verdadera ideología. Tal es el caso del filósofo francés Pierre André Taguieff, quien sostiene que el racismo implica una inferioridad atribuida que establece una clasificación jerarquizante entre los grupos humanos. 19

Nuevos racismos

Los esquemas constitutivos del racismo se difundieron globalmente en el pasado con el imperialismo colonial, el sistema esclavista y los nacionalismos, y con las utopías eugenésicas dirigidas a “mejorar la raza humana”. Ahora son nuevamente invocados en los discursos de odio de Donald Trump, en la barbarie totalitaria y los genocidios que ocurren en Medio Oriente, en el avance de los fundamentalismos políticos como el del Estado Islámico, así como en las manifestaciones extremas de exclusión social representadas por las migraciones masivas hacia los países ricos.

Prejuicios colectivos, estereotipos y discursos racistas afectan a los diferentes países, y las personas consideran la discriminación y el racismo como factores de su vida cotidiana. En Europa y Estados Unidos, en Asia y América Latina, el debate político se encuentra cada vez más determinado por una histeria identitaria y por una obsesión sobre el origen étnico de los grupos. En muchos países los nuevos tribunos de la extrema derecha incitan cotidianamente al odio contra los migrantes, olvidando que prácticamente todas las naciones se basan en el mestizaje.

El rechazo a la diversidad, así como a los orígenes y tradiciones culturales o religiosas, combinado con la convicción de que existen grupos que “se roban el trabajo” de la población autóctona, alimenta una visión fantasiosa sobre el Estado nacional y su presunta homogeneidad originaria. 20 Esta combinación genera una tendencia para depurar del cuerpo social a los grupos indeseables.

La incertidumbre, la crisis y el caos que caracteriza a nuestras sociedades han producido diversas formas de exclusión, que a su vez se han convertido en contextos ideales para el desarrollo de actitudes de cancelación de las minorías. Cuando Hitler llegó al poder existía en Alemania una aceptación social de la superioridad racial sobre los judíos, lo que facilitó el desarrollo del nazismo sobre la base del prejuicio y el miedo para construir un Estado garante de la pureza racial. Ahora, en muchos países nuevamente el racismo comienza a convertirse en política de Estado.

Yo tengo un sueño

Martin Luther King pronunció en el verano de 1963 su célebre discurso I have a dream, para recordar al mundo la necesidad de un futuro en donde todas las personas, sin importar su origen, pudiesen convivir armoniosamente y como iguales. El suyo representa hasta el día de hoy uno de los llamados más poderosos y elocuentes sobre los peligros que implica el racismo.

Nuestras sociedades se caracterizan por la presencia de importantes grupos considerados como ciudadanos de segunda en virtud de un racismo multidimensional que los coloca en esa situación de inferioridad permanente. El racismo es una práctica que conduce a la violencia por la exclusión de individuos y grupos que integran determinadas categorías sociales. Presenciamos, además, nuevas formas de racismo sin que se hayan eliminado las antiguas. El sueño de Luther King continúa vigente. EP

  1. Norberto Bobbio, Italia Civile, Passigli, 1986.[]
  2. Geulen, Christian, Breve Historia del Racismo, Alianza, 2010.[]
  3. Castilla del Pino, Carlos, El Odio, Tusquets, 2002.[]
  4. Bobbio, Norberto, La Natura del Pregiudizio, Regione Piemonte, 1979.[]
  5. Cavalli-Sforza, Luigi, Razzismo e Noismo, Einaudi, 2013.[]
  6. Baker, Paul, Ciencia y Concepto de Raza, Fontanella, 1972.[]
  7. Jay, Stephen, Contro i Fondamenti Scientifici del Razzismo, Il Saggiatore, 1998.[]
  8. Claude Lévi-Strauss, Lo Sguardo da Lontano, Einaudi, 1984.[]
  9. Gobineau, Joseph Arthur de, Ensayo sobre la Desigualdad de las Razas Humanas, Apolo, 1937.[]
  10. Chamberlain, Houston Stewart, Concepción Aria del Mundo, Titania, 2008.[]
  11. Hegel, Georg Wilhem Friedrich, Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal, Tecnos, 2005.[]
  12. Hobsbawm, Eric, Historia del siglo XX, Crítica, 1996.[]
  13. Collotti, Enzo, Hitler e Il Nazismo, Giunti, 1996.[]
  14. Levi, Primo, L’Intolleranza Razziale, Assessorato alle Risorse Naturali e Culturali di Torino, 1997.[]
  15. Taguieff, Pierre-André, Il Razzismo, Raffaello Cortina, 1999.[]
  16. Foucault, Michel, Genealogía del Racismo, Caronte, 1998.[]
  17. Cisneros, Isidro H., Formas Modernas de la Intolerancia, Océano, 2015.[]
  18. Arendt, Hannah, Los Orígenes del Totalitarismo, Taurus, 1974.[]
  19. Taguieff, Pierre-André, La Forza del Pregiudizio, Il Mulino, 1994.[]
  20. Piketty, Thomas, Misurare il Razzismo, La Nave di Teseo, 2023.[]

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