El discurso del primer ministro de Canadá, Mark Carney, en el Foro Económico Mundial de Davos ha acaparado —con razón— la atención de numerosos análisis y comentarios a nivel internacional. En México conviene examinarlo con cuidado. Lo que propongo en este texto es un ejercicio de exégesis que ordene las ideas centrales del mensaje de Carney, las agrupe en grandes ejes temáticos y, a partir de ahí, se puedan derivar las lecciones, escenarios y opciones de política que se abren para nuestro país.
Se trata de una visión sugerente e inspiradora frente al panorama apocalíptico que dibuja el ignominioso discurso del presidente Donald Trump.
Diagnóstico: el fin del viejo orden internacional
Carney parte de un diagnóstico central: nos enfrentamos a un “momento crucial que atraviesan Canadá y el mundo”, desde luego, también es un punto de inflexión para México. No se trata —dice— “de una transición”, sino de una “ruptura del orden internacional basado en normas” e instituciones que surgieron de la posguerra.
En su discurso señala que las grandes potencias utilizaron “la integración económica como arma; los aranceles como palanca, la infraestructura financiera como coerción y las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar.” Este proceso de integración se convirtió en una “fuente de subordinación”. Advierte, además, una “tendencia de los países a aceptar las cosas, a adaptarse, a evitar problemas, a esperar que el cumplimiento compre seguridad”.
Carney subraya una idea fundamental: “la fuerza del sistema no proviene de su verdad,… sino de la voluntad de todos de actuar como si lo fuera”. De ahí su contundente advertencia: “la nostalgia no es estrategia”. Todo lo anterior se aplica plenamente a México.
Propuestas para reconstruir el mundo global
A partir de ese diagnóstico, Carney plantea un conjunto de propuestas orientadas a la reconstrucción del orden global desde una perspectiva distinta.
La primera es clara: “las potencias intermedias […] tienen la capacidad de construir un nuevo orden”. Para ello —señala— “estos países deben desarrollar una mayor autonomía estratégica en materia de energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro”. Esta autonomía estratégica requiere que las potencias medias actúen juntas, para “crear una tercera vía con impacto”.
En segundo lugar, Carney sostiene que “para ayudar a resolver problemas globales” es necesario adoptar una estrategia de “geometría variable”: “diferentes coaliciones para distintos temas, basadas en intereses y valores comunes.” Advierte que cuando se negocia de manera bilateral con una “potencia hegemónica”, se hace desde una posición de “debilidad”. “Esto no es soberanía” —afirma—. “Es ejercer la soberanía aceptando la subordinación”. En México, el concepto de soberanía se ha utilizado de manera tan contradictoria que ha terminado por vaciarse de contenido, perdiendo toda credibilidad.
Finalmente, Carney subraya lo más importante de su planteamiento: la autonomía estratégica exige “construir nuestra fuerza en casa”. De ahí que afirme que “la prioridad inmediata para todo gobierno” debería ser “construir una economía nacional sólida”, “la diversificación internacional” y la reducción “su vulnerabilidad a las represalias”.
Lecciones y acciones para México
Estos conceptos deberían inspirar un discurso de cambio que nos gustaría escuchar de nuestra presidenta: un verdadero punto de inflexión, aplicado a nuestras circunstancias. Lamentablemente, su autoimpuesto aislacionismo internacional le impidió presenciar en Davos este debate histórico. Como recordó Carney: “si no estás en la mesa, estás en el menú”. Ahí mismo afirmó que “el poder de los que tienen menos poder comienza con la honestidad” y con el deber de “adaptarnos a la nueva realidad”.
Nada más distante de nuestra situación actual, marcada por la negación de la realidad y por la preferencia de la mentira: que somos “uno de los países más democráticos”, “con mayor igualdad”, “con una economía que va muy bien” y “con un sistema de salud tan bueno como el de Dinamarca”.
México debe asumir el concepto de “autonomía estratégica”. Ello implica construir una economía fuerte, lo que exige, en lo interno, un cambio radical respecto de la estrategia seguida por la fracasada 4T, excesiva en retórica y carente de resultados. Es indispensable acelerar el crecimiento y salir del estancamiento económico; invertir en energía y en alimentos, porque —como señaló Carney— “Un país que no puede alimentarse, abastecerse ni defenderse tiene pocas opciones”.
Esto supone mayor inversión pública, mejor asignada, y la cancelación de ocurrencias que solo maximizan pérdidas; la reconstrucción de Pemex; la creación de un entorno favorable para la inversión privada; la sustitución de las “deformas” judiciales y electorales; y el restablecimiento de la senda democrática sustentada en la división de poderes y en un poder judicial autónomo. Todo aquello que da certeza jurídica. Implica también gastar en una auténtica política social —educación, salud, empleo— y no en dádivas destinadas a comprar votos. Ese viraje sí podría detonar un auge económico histórico.
En materia de política exterior, México debe construir alianzas con otras potencias medias y con países con los que comparte valores e intereses, como la Unión Europea; reconstruir la relación dañada con grandes países de América Latina y con España; y sostener una política exterior basada en valores, no en alianzas con dictadores que sacrifican a sus pueblos.
En este contexto, resulta urgente una alianza estratégica con Canadá, orientada a la construcción de una autonomía estratégica compartida y a la definición de posiciones comunes frente a Estados Unidos. Defender el T-MEC es indispensable, pero no suficiente: hay que ir más allá del libre comercio hacia la educación, la ciencia y la tecnología, la energía limpia y la seguridad compartida. Aprovechar la crisis del viejo orden —y también la crisis interna de la 4T— para adoptar una nueva estrategia con visión de futuro. Para ello, sería fundamental convocar a una reunión de alto nivel con el primer ministro Carney, mediante una visita de Estado a Canadá. EP
*N. del E.: Las citas se tomaron de la transcripción publicada en el sitio oficial del World Economic Forum.
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