Maptext: Crear visibilidad de las comunidades indígenas migrantes en EUA

Janet Martinez rememora un momento de su infancia dentro de la comunidad zoogochense en Los Ángeles. A partir de esto, refleja la importancia de crear visibilidad de las comunidades indígenas migrantes en EUA mediante datos y experiencias vividas.

Texto de 06/04/22

Janet Martinez rememora un momento de su infancia dentro de la comunidad zoogochense en Los Ángeles. A partir de esto, refleja la importancia de crear visibilidad de las comunidades indígenas migrantes en EUA mediante datos y experiencias vividas.

Versión original en inglés

“En lugar de un mapa sobre la muerte indígena, tenemos un mapa sobre la vida indígena”.

— Mariah Tso, cartógrafa Diné

La música de las bandas de viento se dispersaba en el aire nocturno: llenaba las calles de nuestro vecindario en el centro sur de Los Ángeles durante los últimos días del verano. El sonido de los sones de la Zota flotaba en el aire y de inmediato recordaba los veranos que pasé practicando el baile. La Zota se organizó cuando, en 1999, mi abuelo era presidente de la asociación local de La Unión Social Zoogochense. Cuando tenía 10 años, apenas podía entender el significado de los bailes y la organización necesaria para armarlos.

La Unión Social Zoogochense fue fundada en 1967 por los primeros migrantes de Zoogocho, que establecieron su nuevo hogar en Los Ángeles. Primero llegaron los hombres, luego las mujeres y, al final, los niños. Durante el verano de 1999, mi abuelo fue elegido para ser el presidente de la Unión Social. Cuando alguien es electo presidente, esa es la última vez que estará en la junta directiva de la comunidad. Me imagino que eso lo hace más especial: es la oportunidad de dejar una huella, de legar una historia que será contada una y otra vez cuando ya no estés con la gente que importa, tu comunidad.

Mi abuelo Everardo, apodado cariñosamente el Pato, es chistoso y no se anda con rodeos. Uno de sus dichos favoritos es “la verdá no peca pero incomoda”, que hasta la fecha encarna. Durante ese verano como presidente, decidió que él y su amigo Chucho realizarían la primera danza interpretada por niños de la comunidad de Zoogocho, incluyéndome, llamada la Zota, que nunca antes había sido bailada en Los Ángeles. Esto significaba que no había nadie que nos enseñara. La recreación de la Zota fue reconstruida en conjunto con pedazos y fragmentos de nuestros distintos maestros de baile: Chucho, Lino y Esperanza. Buscaron en su memoria de cuando la bailaban de niños en Zoogocho. Constantemente se preguntaban entre sí: “¿Cómo era ese paso?”. Esperanza bailaba mientras Chucho rebuscaba en su memoria. Si no había consenso, lo resolvían viendo viejos VHS de presentaciones anteriores, o buscaban el pedazo de baile que faltaba en videos de YouTube. Una vez que estaban de acuerdo, Lino chiflaba la música y ejecutaba los pasos: nosotros lo imitábamos usando nuestros huaraches con gruesos calcetines blancos, bajo el calor estival de Los Ángeles. El huarache se movía del talón a la punta, como una pirueta: punta, talón, punta, talón, luego los pies se movían hacia afuera en un solo movimiento. Repetimos este proceso una y otra vez durante meses todos los sábados y domingos. 

“…él y su amigo Chucho realizarían la primera danza interpretada por niños de la comunidad de Zoogocho, incluyéndome, llamada la Zota, que nunca antes había sido bailada en Los Ángeles”.

Para la comida, nuestras pancitas se llenaban de todo lo que los zoogochenses donaban de forma programada a través de la Unión. Había una lista de espera para donar muy larga: era la primera vez que los niños de la comunidad zoogochense iban a bailar. Unos lo hacían para cumplir promesas familiares a San Bartolomé, nuestro santo patrono; otros, para homenajearlo en su fiesta. Por eso la lista de espera para alimentar a las familias y los bailarines. Un sábado le tocó a Julia, que iba a traer mole, y capri suns y pizza para los niños. El domingo Eulogia hizo barbacoa y sándwiches, y llevó refrescos para los niños. Siempre llevaban dos tipos de comida: tradicional para los padres y chatarra para los niños danzantes. Si los niños se sentían atraídos por las comidas tradicionales, los padres elogiaban: “Ay, tu hijo come como en el pueblo”. Suspiraban con asombro, mientras un padre orgulloso miraba. Estas comidas sucedían gracias al compromiso de cada individuo con el bienestar colectivo de la comunidad. La Unión funcionó como la cuerda que unía a todos. Las personas se reunían después de haber trabajado turnos de cuarenta horas en el restaurante, instalaban y colocaban mesas y sillas, pasaban horas al teléfono coordinando quién traería la comida cada semana.

Cuando llegó el momento de contratar a la banda para el baile, Pato y Chucho fueron con sus cajas de cervezas, agua y refrescos a ver a la banda Yahuche, una banda de viento de un pueblo vecino, y le pidieron que tocara la Zota para los zoogochos. Lamberto, el líder, felizmente accedió a aprender la música que Pato y Chucho habían llevado de casa. Practicamos muchas veces con ellos: era especial. Cuando ensayábamos con la banda, mi abuela Eulogia cocinaba su famosa barbacoa. Por respeto a ellos y su solidaridad, ellos comían primero y constantemente tomaban agua, cervezas y refrescos. Era importante reconocer su solidaridad y unidad, esas que nacieron en la Sierra Norte de Oaxaca. Como Bene Xhons, ((zapotecos)) no sólo recreamos música, sino también los pasos de nuestros bailes; pero lo más importante fue que recreamos la comunidad. 

“Resistimos ante la etiqueta homogeneizante de “Latinx”, que no se presta a la diversidad de la experiencia indígena migrante en Los Ángeles, ni a nuestra diversidad lingüística”.

Comparto un destello de mi historia para ilustrar una experiencia vivida y compartida por muchos Bene Xhons en Los Ángeles. Entendí mi experiencia vivida, pero carecía de datos para articularla. ¿Cómo demostrar con datos y evidencia científica que como Bene Xhon existimos, cuando enfrentamos constantemente el genocidio estadístico en los censos y los datos oficiales generados por los estados nacionales? En respuesta a este dilema, como cofundadora y subdirectora ejecutiva de Comunidades Indígenas en Liderazgo (CIELO), comenzamos a recopilar datos de diversas comunidades indígenas en Los Ángeles. Con lo recopilado, fuimos capaces de crear el primer mapeo de comunidades indígenas en colaboración con Mariah Tso. Reunimos 2,500 puntos de datos únicos en la ciudad de Los Ángeles. Este es el primer mapa en su tipo: tiene la muestra más grande de comunidades indígenas migrantes. Resistimos ante la etiqueta homogeneizante de “Latinx”, que no se presta a la diversidad de la experiencia indígena migrante en los Ángeles, ni a nuestra diversidad lingüística. Hay muchas organizaciones como la Unión Social Zoogochense que recrean comunidad. Tan sólo en Los Ángeles hay aproximadamente 42 bandas de viento Bene Xhon, como la Yahuche liderada por Lamberto. A través de este mapa, estamos reafirmando nuestra existencia y resistencia; estamos creando visibilidad de las comunidades indígenas migrantes. Estamos mapeando la vida que tenemos y las tradiciones que llevamos tan lejos de casa. EP


* Traducido del inglés por Gina Velázquez


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