En el cuarto y último texto de la serie, Joseph Wager cierra el ciclo explorando la desaparición como gramática del duelo, memoria y resistencia.
En el cuarto y último texto de la serie, Joseph Wager cierra el ciclo explorando la desaparición como gramática del duelo, memoria y resistencia.
Texto de Joseph Wager 29/08/25
En el cuarto y último texto de la serie, Joseph Wager cierra el ciclo explorando la desaparición como gramática del duelo, memoria y resistencia.
A manera de cierre de esta serie sobre cómo hablamos de la desaparición, retomemos una provocación planteada en Vidas descontadas. Se preguntan los autores, en clave autorreflexiva, “¿cómo puede contener un libro un mundo desbordado, sinsentidioso?”.
Proponemos responder esta pregunta mediante un análisis de una instalación multimedia de la colombiana Sandra del Pilar Ubaté Monroy. En el marco de la desaparición, la violencia que aniquila mundos emerge el trabajo de Ubaté, artista y buscadora de Jhon Ricardo Ubaté Monroy, su hermano, desaparecido el 19 de mayo de 1995 en Cali, junto con Gloria Mireya Bogotá Barbosa. Defensor de los derechos humanos, Jhon Ricardo había entregado una denuncia pública en contra de la policía en Cali una semana antes de su desaparición. Desde entonces, la vida de Sandra Ubaté ha estado marcada por una incansable búsqueda de justicia, memoria y verdad que se ha extendido por casi tres décadas.
A-bordando la memoria se pudo ver en Bogotá en agosto y septiembre de 2023 para conmemorar el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas (30 de agosto). La exposición condensa mundos, temporalidades, dolores y el proceso de la búsqueda de Jhon Ricardo y Gloria. Al entrar en la exposición, la atención del espectador entra en estado frenético. Los ojos no saben cómo registrar los hilos y las fotografías que cuelgan de la pared, telas que reproducen graffiti exigiendo que aparezca Jhon Ricardo, un maniquí y un grueso libro encima de una mesa.
El libro parece ser el centro de la gravedad de la exposición. Quiera o no, el espectador se acerca al libro para hojearlo. La misma Ubaté lo denominaría un libro pendular: plasma el limbo que genera la desaparición. Es un libro textil cosido a mano. Cuentan una historia cada página de tela, cada puntada y cada hilo de este conmovedor compendio. Incorpora elementos como fotografías intervenidas, el árbol genealógico de la familia Ubaté Monroy y noticias de prensa, mostrando tanto el dolor personal (por ejemplo, el bordado de una mano mutilada que simboliza la ausencia o el “corazón roto” de su padre) como la lucha colectiva.

Difícilmente puede uno exagerar la importancia de las fotografías de los desaparecidos dentro de A-bordando la memoria, en particular, y en las luchas contra la desaparición, en general. Insisten las imágenes en las identidades individuales como un modo de resistencia al intento de imponer una masa sin rostro a las víctimas de la desaparición. No sorprende, entonces, que haya muchas fotografías en A-bordando la memoria, ni el hecho de que la fotografía de Jhon Ricardo sea un elemento central en la obra de Ubaté. Al bordar sobre las fotografías, la artista busca respuestas en los detalles como la mirada y la sonrisa, para recordarle al mundo que los desaparecidos “existieron, que fueron amados y que su ausencia deja un vacío inmenso”.
En el marco del conflicto armado interno colombiano, donde se sitúa la obra de Sandra Ubaté, la desaparición forzada ha sido sistemática, una tecnología de terror desplegada por varios actores armados (estatales y no estatales). Las cifras oficiales superan las 120 mil personas desaparecidas entre 1985 y 2016, con estimaciones que alcanzan los 210 mil. Tal como fue negociado en el acuerdo de paz, Luz Marina Monzón Cifuentes creó la unidad de búsqueda Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD; esta terminología, como podríamos decir del título de la ley mexicana del 2017, advierte acerca de una coyuntura de problemáticas que convergen y divergen de las que marcaron las desapariciones bajo las dictaduras latinoamericanas).
Luz Janeth Forero Martínez, la actual directora general de la UBPD, propone el arte como un vehículo para hacer de “la búsqueda… una apuesta nacional”, viendo en el arte algo que “dinamiza” el trabajo de búsqueda de la UBPD. Por esta razón, consideramos importante reflexionar sobre el arte y su relación con la búsqueda como exigencia social-humanitaria y como ejercicio jurídico. Esto es de especial relevancia para hablar del arte de Ubaté, ya que ella emprendió una batalla legal que la llevó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos donde se dio un fallo histórico en el que el Estado colombiano reconoció su responsabilidad en la desaparición de Jhon Ricardo y Gloria.
En vista de este camino legal, surge una pregunta hasta trillada: ¿Cuál es la utilidad del arte? La artista colombiana de renombre internacional Doris Salcedo propone lo siguiente: “El silenciamiento de las víctimas de la violencia política —la reducción de quienes han sufrido a la lamentación y el llanto— demuestra su peor consecuencia: su poder paralizante. La violencia política puede destruir nuestra capacidad de representar y narrar lo que nos ha sucedido. El arte importa porque articula y materializa las experiencias dolorosas en imágenes que son capaces de romper ese dominio”.
Las palabras de Salcedo resuenan con el trabajo de Ubaté. Su obra trasciende su experiencia personal para crear comunidad, sensibilizar a la sociedad y rechazar el poder paralizante de ese limbo que es la desaparición. Su inspiración en las arpilleras chilenas y el “craftivismo” demuestra cómo el arte puede politizarse y convertirse en una herramienta de resistencia. Al igual que los colectivos de buscadoras en México, su búsqueda individual se articula con la de otras mujeres, adoptando las luchas de otras familias. Abre diálogos con el bordado colectivo que se realiza en México; rompe el aislamiento de las víctimas y genera diálogos transnacionales, parte imprescindible del ethos de las afinidades forzadas ante la desaparición forzada.

También contribuye a la transformación del archivo que delimita cómo se habla de la desaparición. Por ejemplo, los “escapularios de la memoria” que encontramos en A-bordando la memoria transforman objetos religiosos en símbolos de resistencia y homenaje: la imagen de un ser querido desaparecido se convierte en “santo laico”. Hay unos escapularios suspendidos en el aire y otros pegados a unas camisetas; los primeros están suspendidos, literal y metafóricamente, siguen desaparecidos, mientras los últimos han sido identificados. Esta práctica simbólica, de la lógica pendular, recalca la violencia de la desaparición forzada al negar los ritos funerarios.
Junto con los escapularios y el libro textil está una chamarra de mezclilla puesta sobre un maniquí. Es otro elemento distintivo en la instalación de Ubaté y encarna la compleja trama de la desaparición y la resistencia. Esta chamarra, que pertenece a Jhon Ricardo, reformula sentidos y temporalidades ante la permanente violencia de la desaparición; representa los anhelos y esperanzas de las personas que buscan. Ubaté misma llevó esta chamarra para festejar la inauguración de Gustavo Petro desde el exilio en Argentina. La prenda, en este contexto, hace presente la encrucijada del trauma personal y la esperanza colectiva en un país donde el tiempo y la identidad se fracturan por el crimen de la desaparición.

Al mismo tiempo, como las risas en Huecos de Chantal Flores y las fábulas en Nightmare Remains de Ege Selin Islekel, esta chamarra es indicio de la felicidad, de la celebración. Los afectos tanto como los trayectos geográficos y temporales de esta prenda amplían cómo podemos hablar de la desaparición. Por medio de un lenguaje de las telas, fotografías, prendas e intervenciones sobre recortes de prensa, A-bordando la memoria reafirma que la memoria y el arte socavan la imposición del olvido con el fin de construir un futuro más justo.
Como dice Ubaté en un documental presentado por la Asociación Otras Voces, “la historia real de un bordado se traza por detrás, porque en el atrás del bordado… están los hilos que atamos, los hilos que dejamos sueltos”. Ubaté sostiene que hay más de 200 testigos de la desaparición de Jhon Ricardo y Gloria, que mucha gente sabe del destino final de ambos. Al mismo tiempo, ella reconoce el miedo, el peligro de compartir esta información. Los hilos sueltos de la desaparición y el miedo en una sociedad que experimenta desapariciones se traducen en una provocación y una interpelación: el compromiso con la búsqueda nos compete a todos.

Hablar de la desaparición debe involucrar el reconocimiento de los miedos y los peligros de las sociedades que viven la realidad de la desaparición. Hablar de la desaparición en estos contextos es en sí mismo un llamado a la acción. Por su parte, el trabajo de Ubaté como arte, como lucha jurídica y como interpelación desarrolla una gramática del duelo que responde a la pregunta de cómo puede caber el mundo en un libro “desbordado, sinsentidoso”.
A-bordando la memoria es un grito que cierra esta serie y que resume la incansable búsqueda de verdad y justicia: “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!” En homenaje a la resonancia mundial de esa consigna, quisiera dar un último dato. La exposición de Ubaté se realizó en la Facultad de Artes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano en Bogotá, y fue justo allí donde nació su hermano Jhon Ricardo en 1970, antes de que el espacio se convirtiera en parte de la universidad. Este palimpsesto nos deja una inquietud: ¿qué genera más miedo, que no tenemos cómo hablar de la desaparición o que ya tenemos el lenguaje y, aun así, siguen desapareciendo tantas personas? EP