“Cantando una puede entender las cosas de la vida”, Zara Monrroy

La cantante y compositora Zara Monrroy cuenta sobre la motivaciones detrás de sus canciones, la conexión de ellas con la naturaleza, con su vida y con su comunidad.

Texto de y 21/01/21

La cantante y compositora Zara Monrroy cuenta sobre la motivaciones detrás de sus canciones, la conexión de ellas con la naturaleza, con su vida y con su comunidad.

Hace unos días, escuché un poema de Zara titulado “Hant” (o “Tierra”, en la lengua de los conquistadores). Cuando me siento desolada por observar la violencia que se les ha ejercido a tantos cuerpos y tantos seres a través de la historia, busco consuelo y cobijo en aquellas voces y palabras que, como las de Zara, van abriendo caminos para inventar nuevos sentires. El canto poético de esta artivista indígena-mexicana de Socaaix (Punta Chueca), Sonora –quien busca “conservar y transmitir la tradición lírica Cmiique Iitom, a través del canto y la representación ritual de sus antiguas tradiciones” – es para mí una potencia afectiva que rompe con las fronteras de lo establecido. Así, para quienes con sus sonidos escuchamos el corazón del mundo (de ese otro mundo olvidado), sus palabras no pueden describirse sino como sanación; ese que sólo puede encontrarse cuando nos expandimos hacia lo colectivo, cuando reconectamos con las voces de nuestro pasado y en la medida en la que nos dejamos afectar por lo “más-que-humano”.  En esta entrevista, las palabras de Zara Monrroy se entrecruzan con las de Luis Fernando Amaya. Él, como ella, exploran los sonidos de la naturaleza y de la memoria colectiva para recordarnos que no siempre se necesitan traducciones para entender y escuchar lo que es vital: que no es algo más que la lucha por la vida.

Andrea Sánchez Grobet

Luis Fernando Amaya (LFA): Cuando fui a Socaaix [Punta Chueca], un hombre del pueblo, que conocí en la playa, me contó que llevó a unos turistas a un lugar cercano y ahí encontró unos peces chiquitos de colores, que nunca había visto. Al estar viendo estos peces, le “surgió” una canción. Para él fue como si los peces se la enseñaran. Me la cantó. Me pareció muy poético y me impresionó que además era un reflejo muy fuerte de una conexión con la naturaleza y con ese entorno en particular. Usted, que habla mucho [en sus entrevistas y en su música] acerca del respeto y la conexión con la naturaleza, ¿me podría platicar cómo ha influido la perspectiva comca’ac en la manera en que se relaciona con la naturaleza y en cómo lo hace a través de la música?

Zara Monrroy (ZM): Allá en el pueblo nosotros hacemos canciones cuando estamos caminando, cuando estamos en el monte, cuando vemos un saguaro… es como si las cosas te hablaran, como si uno pudiera charlar con ellas. Eso te hace sentir por dentro pleno o plena. Ahí surge la inspiración o la interpretación de ese sentir para poder cantarlo.

Nuestra creencia siempre ha sido, como pueblo, que las canciones son estados de ánimo. Uno puede expresarse de esa manera para sentir algún alivio. Todo lo que podemos ver y contemplar tiene un sentido que es parte de la vida propia que se refleja hacia uno. Somos parte de ella y ella es parte de nosotros. Esto es lo que consideramos como la máxima expresión e inspiración para crear una canción, porque realmente los animales te dicen cosas, se comunican y expresan lo que están sintiendo, también con su actuar te dicen mucho: por ejemplo, en qué temporada estos peces van a tal parte. Hemos estado mucho tiempo en ese territorio y al parecer estamos en contacto con todo ser vivo que existe en ese ambiente. Por eso podemos conectar con ellos, con la naturaleza. En lo personal, ese sentir, esa experiencia de hacer música en lengua cmiique iitom y hablar de ese territorio tanto de lo bueno como de lo malo –problemáticas de rescate, preservación, cultura— ha sido una experiencia súper fuerte.

Cuando yo tenía ocho años, un tío me violó y eso empezó toda una pesadilla. Cuando era adolescente me violó otro tío y de esa violación tengo un hijo que ya es adolescente. Toda mi vida he luchado con eso, pero gracias a que mi padre fue músico y fotógrafo de la comunidad me ha ayudado a cambiar esa perspectiva. Me ha ayudado cantando; cantando una puede entender las cosas de la vida, los sentimientos que una carga y tratar de sanarlos. Es casi como si “hablara” de ello pero en canto, lo cual tiene más fuerza, porque pones todo tu sentimiento en la experiencia que viviste y a pesar de lo duro que es, lo exteriorizas para compartirlo y que los jóvenes de esa edad aprendan de esas experiencias. Lamentablemente no toda la gente es buena y en las comunidades a veces no se dice, no se habla de eso porque son “costumbres” que así se quedan. A mí me pasó y yo lo denuncié y tuvimos un largo pleito en la policía con las investigaciones y todo eso ha sido muy fuerte. A mí, lo que me ha ayudado a sanar y a devolver mis pensamientos a mi persona fue salir a hacer ese trabajo de seguir cantando. Fue algo que le dio mucho sentido a mi vida y siento que tengo que hacer más.

Ahora mismo estoy escribiendo un libro acerca de todo esto que sufrí. Lo estoy comenzando en español para terminarlo en lengua cmiique iitom. También me gustaría seguir trabajando en mi música para poder llegar a más personas, ya sea que hablen otras lenguas o que sean de otro Estado, de otro país, pero poder llegar a esos corazones a través de la palabra y la música que lleva consigo este territorio, que sale la voz de ahí. La gente la puede sentir a pesar de no estar traducida. Yo confío plenamente en que puede entender ese sentimiento. Las lenguas indígenas tienen mucho impacto por su sonido específico y porque vienen mucho del alma. Yo creo en eso, que todas lenguas indígenas provienen de ese sentir, como de una raíz que tiene un sentimiento que junto con la intención puede ser muy poderoso. Y por eso hago música.

LFA: Usted toca un tema que es uno de los más grandes cánceres de nuestro país que es la violencia de género. ¿Usted habla de estos temas cuando canta en lengua cmiique iitom? ¿Y cómo ha sido la recepción? ¿Ha movido ciertas cosas dentro de su comunidad?

ZM: En sí, las letras hablan mucho del territorio, de mi historia y de todo por lo que he pasado y he intentado cambiar. Hablan de puntos que pueden servir para alertar a los niños, para darles  información—un poco como en la televisión, como esos comerciales que dicen: “Lávate las manos seguido”. Muchas veces ellos ni saben qué es eso de lo que hablo, pero lo están asimilando de manera inconsciente. Todo eso yo lo manejo como una estrategia para hacer un cambio positivo en las personas, porque a mí esas experiencias me han hecho mucho mal; a veces tengo episodios de recuerdos bien brutales que no me dejan enfocarme en lo que estoy haciendo. Estos sentimientos muchas veces me sacan de mi camino pero sé que puedo lograrlo con enfoque y sanándome. A todos nos pasa que estamos sanando nuestros sentires y nuestro espíritu constantemente y estamos aprendiendo a perdonarnos.

En mi música, uso palabras nuevas en nuestra lengua y palabras antiguas al mismo tiempo que las fusiono con ritmos de nuevo nacimiento, de nueva raíz, ritmos diferentes a los tradicionales porque a los jóvenes les gustan ciertos géneros como rock, balada o pop. Es mucho lo que puedo decir: del territorio, del medio ambiente, de cómo reciclar, de cómo ayudar a las plantas de nuestro territorio, de cómo hacer tierra para huertos, para enviar más positividad al prójimo. Hasta ahora creo que ha funcionado; hago música que es como poesía, como si fuera fantasioso, pero en realidad hablo de cosas que sí han pasado.

Con la música de denuncia he sufrido un poco de rechazo porque mucha gente no quiere exteriorizar estos problemas. Tengo dos primas que se suicidaron: una se colgó a los quince años y la otra se tomó muchas pastillas. Por eso quiero decirles a las jóvenes que no están solas si es que pasaron por lo que yo pasé. Yo también intenté hacerme daño para desaparecer del mundo y para no sentir todo eso que sentía y que la gente me criticara de que yo era “la facilota” (pero yo estaba bien morrita, ¿cómo iba a andar pensando en eso?).

A los once años le dije a mi papá que me interesaban las mujeres y de ahí empecé a tener otra vida diferente; no viví como una niña-niña y sí me perdí de muchas cosas lo cual me ha causado complicaciones en mi vida adulta. Todo eso lo comparto a través de la poesía y la música. Toco temas como estar a favor de la madre naturaleza, la cultura indígena, la mujer indígena, la mujer de la ciudad, en contra del gobierno, en contra de mi propio gobierno de la comunidad, de las violaciones (que no se hablan), de mis intentos de matarme, de los cuales me arrepiento mucho. En ese entonces yo todavía no hacía música, pero sí me iba a pescar con mi papá y a través de eso he ido entendiendo lo que es la naturaleza. De mi papá aprendí mucho a pesar de que no estudié nada ni mucho menos música.

La música me ha ayudado a sanar a pesar de que mi niña interior no se ha sanado por completo porque ignoré y guardé cosas que no superé. Creo que, en parte, por esa razón no he podido establecerme en ningún lugar ni estar en casa ni estar en mi territorio; todo lo veo mal. Pero sé que la fuerza está en mí y que lo puedo superar.

Actualmente hay mucha gente que me conoce y que sabe de mí pero yo no sé quiénes son; sin embargo, ha sido una cosa muy buena porque me han aportado, me han apoyado al ir a mis conciertos, a los foros, a las conferencias. Una vez estuve en la UNAM, en un encuentro sobre discriminación, y aprendí que a veces podemos decir una palabra que discrimina a otra persona. Pienso: “Ah, yo también hago eso” o “me han hecho eso” y no sabía nada de esas cosas porque hay términos que no conozco en español.

LFA: ¿Cuál es la manera correcta de pronunciar su lengua? Sé que se escribe “cmiique iitom” pero no sé si se pronuncie como se escribe.

ZM: La lengua se llama “cmiique iittom” [pronunciado “muique ítom”]. Lo escrito es diferente a como se pronuncia. Por eso no se le entiende y mucha gente que la ha visto escrita se confunde al escucharlo y piensa que uno la está engañando. La lengua tiene otra “tonalidad” y es muy diferente como se escribe a como se habla, fonéticamente.

LFA: Mi primer contacto con la cultura comca’ac lo tuve al escuchar los cantos de mujeres. De hecho, cuando yo estuve en Socaaix conocí a dos cantantes, Betsabé y Jetzabel, seguramente las conoce.

ZM: Sí, cantan bien agudo y bien bonito.

LFA: Sí y cuando las conocí me enseñaron varios cantos y me llevaron a la Isla Tiburón. Entonces me platicaban acerca de los cantos, por ejemplo que algunos de ellos solamente se hacían en ciertas temporadas, a cierta hora o en ciertas situaciones en específico. Una de ellas me comentó que había cantos que en ese momento ella no podía cantar porque no estaban las condiciones dadas para que hacerlo. Recuerdo que me dijo algo así como: “Hay un canto que se canta en la mañana y ahorita no lo puedo cantar porque es de tarde”. En otra ocasión, platicando con un miembro de la comunidad [Socaaix] me comentó que hay cantos que son para que cierta gente los cante a otras personas, también en específico. Por ejemplo, cantos que son “de abuela a nieta” o “abuela a nieto” y que nada más son para cantarse de esa manera y, a pesar de algunas excepciones, nadie más los puede cantar. Entonces yo le quiero preguntar si yo entendí bien y si este tipo de características tan particulares de los cantos de los comca’ac están presentes en su música, en su vida.

ZM: Sí, eso ha sido mi vida cotidiana. El llevar conmigo la música ha sido una práctica, una costumbre para mí. Todo el tiempo estoy escribiendo. Por ejemplo, acabo de hacer una canción que se llama “Zaah Canoj” [pronunciada “Sha Canoj”]. “Zaah” es sol, “Canoj” es que ilumina, que alumbra o que se siente. Desperté en la mañana sintiéndome bien agobiada, temerosa, con bastante dolor, como si yo me fuera a morir en esos momentos, con incertidumbre. Entonces lo que hice fue tener un pequeño pacto con el sol, con su energía, como una especie de rezo pero en canto. Y dice esta canción [en lengua cmiique Iitom]: “Tú que puedes darme energía, así como le das energía a la Madre Tierra y haces nacer a la plantas y todo lo que conocemos en el planeta, ayúdame a mí para evitar enraizarme en las situaciones difíciles. Te pido a ti para que tu energía llegue hasta el hogar donde estoy y pueda traspasar las paredes que me rodean”. Yo le pedía y le pedía y le pedía. Y ya cuando dejé de cantar me sentía bien. Esa canción me ayudó a seguir siendo yo: una mujer de ese territorio, de esa cultura indígena, una mujer a la que le encanta la música y más la de su pueblo.

En realidad hay distintos tipos de cantos tradicionales. Me parece que algunos los separan en cuatro o seis categorías distintas. Uno de ellos son los cantos prohibidos, que los cantan hombres y mujeres-medicina. Estos no pueden ser cantados por cualquiera ni tampoco cualquiera puede cantarlos en un sitio que no es sagrado porque suceden cosas inexplicables. Hay cantos de alegría, de sanación, de empoderamiento; hay cantos de la mujer, cantos para danza, cantos que sólo se les pueden cantar a los niños o que solamente se pueden cantar en las fiestas tradicionales como la de año nuevo, por ejemplo.

LFA: Y los cantos prohibidos, ¿quién los puede cantar?

ZM: Los más abuelos. Una vez canté uno de ellos en un encuentro de ceremonias, con mucha gente y pues me sentí bien agotada porque no supe cómo manejar el canto. A pesar de que no entendía lo que significaba pero sí sentía de qué se trataba. Los abuelos me dijeron que podía cantar ese canto y lo hice pero, ¿adivina qué me pasó? Estuve muy desgastada durante tres o cuatro días después de eso. Esos cantos, cuando los canta una, en realidad lo que está haciendo es tratar de sanar a las personas; eso también le afecta a una ya que pasa a cargar con las cosas de la otra persona. Hay tantas cosas malas en el mundo que a todos nos han afectado y cuando una trata de sanar, una absorbe esa energía que ellos traen. Por eso es complicado cantar los cantos prohibidos. Si uno no sabe manejarlos, no los puede cantar.

En una fiesta de pubertad, cuando la niña se convierte en señorita, las madrinas cantan mucho los cantos para el primer rayo de sol en la mañana. Hay otros cantos para el atardecer, para el anochecer, otro para las estrellas, la luna, el sol, el viento. Hay para los animales marinos, para los terrestres, para las plantas. Cuando nosotros vamos y buscamos la planta sagrada de la salvia, por ejemplo, también cantamos a manera de permiso o en homenaje a las plantas en gratitud de que nos ayudan con su medicina. Hay un canto de plantas que me encanta que dice algo así como que el mundo gira y las plantas están renaciendo en ese lugar. Es como una especie de llamado a la energía; no sé bien cómo decirlo.

LFA: ¿Estos cantos son para ellos, como seres, o son cantos que se hacen para uno mismo? A lo que me refiero es, ¿para quién son estos cantos?

ZM: Es como chiquear a esos seres. Es como decirle a un niño “ay, que lindo”, jugar con él porque queremos relacionarnos. Y esos cantos funcionan así con los animales o con todas las cosas que conocemos; es una muestra de respeto hacia ellos. Es como jugar con ellos con el canto pero, al mismo tiempo, estamos pidiéndoles permiso por todo lo que estamos agarrando de ellos: su energía, las hojas que tienen y sus raíces que pueden sanar. Es realmente cantarles a ellos. Aun así, estos cantos se pueden hacer en otro sitio y a otras personas porque queremos que el efecto de la planta o el animal se haga en la persona. Si queremos sanar a alguien, le cantamos el jugueteo del lobo marino o el del delfín que se caracteriza por ser muy alegre, muy territorial y protector. Todos esos elementos que tienen esos animalitos o esas plantas en sí, esa energía es la que queremos rescatar para dársela a la persona a la que le cantamos cuando esta está confundida o está perdida en su caminar, si ya no halla qué hacer, si perdió a un ser querido, lo que sea. Es como cuando se hace una limpia, hay un proceso y las mujeres y hombres-medicina trabajan mucho con esos temas.

LFA:  Y todos estos aspectos que usted menciona acerca de los cantos tradicionales comca’ac, ¿cómo han influido en su música? ¿Cómo han transformado la manera en que se relaciona con los animales, las plantas, el mar…? Creo que uno de los males más grandes que tenemos en muchas sociedades es que consideramos a los otros animales y a las plantas como “cosas” y no como seres y como iguales. Entonces, la gente no les habla, no les canta… Así que le quería preguntar si este tipo de relación de canto, de música, que es muy mutua, ha influido en la manera en que usted se relaciona con estos seres.

ZM: Ha sido tanta la conexión con ellos que, podré ser muy ignorante acerca de cómo cuidarlas, sé que cantándoles de esa manera yo les envío una energía, una parte mía a las plantas para que ellas también sanen. Es también así como las plantas me ayudan a mí a sanarme y a entender lo que está pasando.

Estas últimas semanas he tenido episodios malos en los que me regresan muchos sentimientos y recuerdos. Tenía ya años que no me pasaba, desde que era niña; era como un rechazo a todo lo que viví. Cuando me llegaba la tristeza yo siempre la ignoraba. Simplemente hacía otras cosas que me ayudaban a dejarla de lado. Así crecí; sufrí muchas cosas pero no las pude mentalizar ni vivirlas como tristeza o dolor. Actualmente me está pasando todo eso como en conjunto. Incluso la muerte de mi papá no la pude sufrir; no tuve un duelo. Y es que con él tuve una conexión bien diferente a la del resto de mi familia porque nuestra forma de comunicarnos era a través de la música y por esa razón es que yo conozco y me sensibilizo un poco más de todo esto que ahora comparto. Pero nunca me he dejado tener una gran tristeza y ahora se juntó todo y me explotó.

LFA: ¿Cuál ha sido el contraste entre vivir en Socaaix y en la Ciudad de México donde la relación de la gente con todo es tan diferente? Me interesa especialmente cómo tú notas que la gente se relaciona diferente con su ambiente.

ZM: La verdad sí hay mucho contraste. Será que desconocemos, rechazamos o ignoramos lo que está ahí. A mí me cuesta mucho trabajo entender porqué es así cuando todos sentimos y somos parte de esta conexión. En realidad es algo que no entiendo.

LFA: Usted es fundadora del Club de Ecología Azoj Canoj, ¿me podría platicar un poco acerca de este club, de lo que hacen, sus objetivos y de cómo fue fundarlo?

ZM: Se fundó el 10 de septiembre del 2010. Una prima y yo empezamos a cuestionarnos por qué no estábamos haciendo nada importante dentro de la comunidad y lo que hicimos fue lanzar una convocatoria, la cual fue para cualquier persona de cualquier edad y género pero al final se acabaron uniendo únicamente mujeres. Ya que teníamos a las voluntarias, fuimos a buscar apoyo y donaciones para comprar cositas para limpiar la playa y así.

Pusimos letreros de madera en las áreas de anidación de aves y de peces pero nos los quitaban la gente que iba en cuatrimotos y se chingaban toda esa zona. Pero nosotros cada vez que veíamos que los quitaban los volvíamos a poner o buscábamos otra manera de señalarlo, pero nunca acabamos. Y de hecho ya no están.

De ahí nos saltamos a hacer actividades dentro de la comunidad como limpiar ciertas zonas y cada semana o cada mes nos juntábamos para platicar con los niños de primaria para hablar acerca de la importancia de manejar la basura, que no es tanto “basura” lo que se genera si se puede reciclar y obtener algo bueno de ahí. Aparte hablábamos de la importancia de tener el conocimiento para darle más vida a la naturaleza y a nosotros mismos porque vivimos en un lugar donde hay bastantes bebés que utilizan muchos pañales que los tiran en sus propias casas, arriba. Entonces también todo eso contamina el medio ambiente de nuestra comunidad. Aparte queman basura, el relleno sanitario está a flote. Y nosotras tratamos de empezar a cambiar todas esas cosas, a influir entre los jóvenes y trabajar con los adultos—porque a los que está más difícil llegar son los adultos. Los jóvenes como sea pueden recibir información y te preguntan cosas pero los adultos no. De hecho, nos empezaron a decir que nosotras hacíamos cosas malas y que nos juntábamos para drogarnos.

De ahí nos contactamos con una universidad de Bahía de Kino que se llama Prescott College, que alberga muchos estudiantes y doctores que estudian el medio ambiente, la ecología y la biodiversidad. Ellos nos ayudaban a monitorear aves, nos daban libros, miralejos, nos enseñaban cómo pesar a una tortuga marina y todas esas cosas. Te estoy hablando del 2010 en adelante y seguimos activas pero ya aquellas que se casaron y empezaron a tener hijos ya no les importa tanto el tema. Para mí debería ser al contrario: una vez que se es madre debes de cuidar más tu entorno, pero bueno… ese es otro tema y yo no sé cómo se sienten ellas al respecto. El caso es que ahora ya hay muy poquitas personas y no he podido levantar el Club de Ecología. Ahora pertenezco a la Asociación Sonorense de Ecología, en Hermosillo. Soy la principal del comité de la Nación Comca’ac y así puedo gestionar más apoyos en ese tema.

Tengo otro proyecto en el que estamos tratando de rescatar las artesanías más orgánicas de la comunidad. Igual, es parte del tema de la ecología, de cuidar del medio ambiente y no gastar tantas cosas de la raíz, por ejemplo. También se promueve no agarrar todo lo que está sino por temporadas poder sacar poquito, tratar de tener información acerca de qué tanto estamos agarrando para saber si estamos realmente haciendo mal al medio ambiente o si estamos aportando algo. Todo eso cae dentro de estos proyectos que estamos implementando con las artesanas; estamos empezando con quince personas.

LFA: Y todos estos conocimientos que hicieron que los comca’ac sobrevivieran en un territorio tan complejo, tan difícil, por miles de años, ese conocimiento tan importante y tan ecológico, ¿por qué ya no está tan presente en la comunidad, en general?

ZM: Porque la gente empezó a hacerse de material; se compran más cosas con dinero y pues, obviamente, ahora buscan más el tema del dinero que nuestro propio estado espiritual o emocional. Eso ha sido un poco enfermizo porque, en lo personal, nunca he sido materialista, siempre que he podido conseguir algo lo llevo a la comunidad. Nunca he pedido para mí. Por ejemplo, en esta ocasión estoy pidiendo máquinas para coser para las artesanas. También telas y todo lo que puedan ocupar para seguir haciendo artesanías y que su economía sea un poco más estable.

Como este período de la pandemia nos está afectando mucho, lo que hice fue pedir por medio de mi página

[de Facebook]

, y me habló una persona de CEDES (Comisión de Ecología y Desarrollo Sustentable del Estado de Sonora) y ellos me están apoyando mucho. También estamos haciendo huertos orgánicos familiares para que estas mujeres tengan para cultivar. Creo que esto es algo importante, tratar de cambiar todo el aspecto de la comunidad y cambiar la perspectiva de los adultos. Nunca es tarde para cambiar y regresar a lo nuestro que realmente fue amar y cuidar el territorio. Por eso tantos antepasados murieron por defenderlo y gracias a ellos nosotros existimos y seguimos existiendo y resistiendo a través de lo que hacemos: las artesanías, el cuidado al medio ambiente; todo esto es una resistencia como comunidad.

LFA: Admiro muchísimo lo que usted hace y sobre todo su fortaleza. Le quiero preguntar acerca de su posición como mujer en su comunidad. Para hacer todo esto se necesita una fortaleza gigantesca. Yo quisiera preguntarle, ¿cómo es ser mujer en su comunidad? ¿Y cómo es ser una mujer a la que le gustan las mujeres? ¿Esto es algo que se acepte dentro de su comunidad o se rechaza?

ZM: Ha sido bien duro y yo creo que por esa misma razón es que sufrí tanta experiencia mala. De la violación, por ejemplo… no sé cómo decirlo. Mi papá me protegió mucho con esos temas. Cuando yo le dije que me gustaban las niñas (a los once años, de hecho me gustaba una vecinita), me dijo: “Tú eres una niña especial, una personita especial. Y si quieres experimentar todo eso y sentirlo al cien por ciento, no temas en decirme todo lo que sientas alrededor de todo esto que está pasando y vemos en qué podemos ayudar.” De ahí mi papá me empezó a llevar a pescar y me enseñó muchas cosas. Soy la única persona que salió [del clóset] cien por ciento, de la que saben. Obviamente en el pueblo hay muchos hombres casados y mujeres que sienten lo mismo, pero con las críticas y como no es parte de nuestras tradiciones, pues le dicen a uno que “se va a ir al infierno”. Creen en esas cuestiones.

Esa libertad de expresión es la libertad de sentirnos seres humanos y de no tener miedo a decir las cosas, porque por eso una se enferma, porque luego no aceptamos algo que tenemos. Y sé que es complicado porque a mí me hicieron muchas cosas. Yo me vestía de niño y era como medio medio güerilla. Entonces, cuando iba a la playa a entregar pescado, mi papá no estaba y los pescadores (mis tíos y todos los señores que andaban ahí en la playa) me decían de cosas, hasta el grado de ponerme un apodo. Unos señores me decían —con todo respeto— “el macana, ahí viene el macana” porque no tenía algo que ellos tienen. Me decían frases muy ofensivas y crecí con esa mentalidad por todo lo malo que a mí me decían. Sé muy bien que yo no puedo hacerle lo mismo a otras personas que no son aceptadas, ya sea porque tienen un físico raro —porque también lo tengo [ríe]—, por sus preferencias sexuales, o porque son discriminadas por su color, porque son de una comunidad, porque hablan diferente o porque tengan otra lengua.

Son muchas cosas que sufrí, demasiada discriminación también por parte de mi propia familia. No de mis hermanas ni de mi hermano ni mis padres, aunque sé muy bien que mi mamá me rechazaba cuando recién se enteró de esas cosas. Cuando me pasó lo de las violaciones me decían: “No, tú eres la que anda ahí de guzga”, “tú eres la que estaba ofreciéndose”, “tú eres la puta”. Y yo decía: “¿Pero por qué me pasa eso cuando a mí me gustan las mujeres y menos pensaba en embarazarme ni en estar con un hombre y menos con un familiar?”

LFA: No, nunca es culpa de la víctima.

ZM: A mí me culpó toda la comunidad y por esa razón el señor sigue libre. Pero diría mi papá: “Hay un lugar allá arriba que hace que todo lo que en el mundo pasa y haces conscientemente, sin buscar el perdón ahora, esa divinidad baja y hace la venganza. Tú no debes de tomar ninguna venganza por tu propia mano. Tú eres ser humano como esa persona que hizo maldad y a lo mejor en algún momento, no en esta ocasión ni en la otra vida, pero igual y tuviste que hacer algo parecido. Queda solamente dejarlo fluir y que todo eso malo que te hicieron sea respondido por la divinidad, no por ti.” Ahí empecé a quitarme todos esos problemas de no perdonar, de sentirme tan mal y todo eso. Pero en esta ocasión ha sido como una especie de renacer de todos esos sentimientos y ha sido algo malo para mí.

LFA: Lo siento muchísimo. Sólo quiero decir que la admiro y que coincido con su padre en que usted es una persona especial. EP

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