La divinidad no evita la carne, la asume: una reseña de Poéticas de la carne

Sarai Bautista Mulia reseña Poéticas de la carne, de Mayra Rivera, una obra que repiensa la carne como territorio político y relacional.

Texto de 25/03/26

Sarai Bautista Mulia reseña Poéticas de la carne, de Mayra Rivera, una obra que repiensa la carne como territorio político y relacional.

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“La carne carga recuerdos de pasiones teológicas”, con esta frase poderosa inicia Poéticas de la carne (Ediciones Ibero, 2025) de Mayra Rivera, en su edición en español. Lejos de ser un inicio decorativo, plantea el argumento central de su obra: la carne situada en el centro de una disputa histórica, espiritual y política. 

Desde los inicios del cristianismo hasta el pensamiento contemporáneo, la carne ha sido interpretada como sospechosa: asociada al pecado, a la muerte y a la abyección. En ese sentido, reconozco en Poéticas de la carne una intervención política urgente: el desprecio histórico de la carne no es un error teológico-filosófico menor, sino uno de los fundamentos simbólicos de jerarquías raciales y sexuales que siguen organizando nuestro mundo. Así, reivindicar la carne no es una apuesta romántica, sino una propuesta crítica con el potencial de transformar nuestra comprensión del mundo y de nuestro lugar en él.

La carne es inconmensurable: inacabada, opaca y excedente; por lo tanto, no puede ser explicada con una prosa rígida que se apoye en dualismos antagónicos. ¿Cómo narrar lo que nos constituye y al mismo tiempo nos desborda? Para responder, Mayra Rivera recurre a la poética como un medio para atender a eso que no se deja capturar completamente. Su escritura orgánica y no lineal, sus pliegues y retornos, encarnan esta postura que excede a la prosa. Su narración nos invita a mirar a la carne desde la fuerza poética del mundo que la crea, que la expresa como relación.

La obra cuestiona constantemente las posturas somáticas que rechazan la carne como esencial y, por tanto, la impregnan de esa aura pecaminosa e indeseable. La amplitud de interlocuciones teológicas, filosóficas y políticas a lo largo del libro, permite a la autora complejizar la constitución mutua de la carne y el cuerpo, y al mismo tiempo tensionar una pregunta insistente: ¿qué sucede cuando la carne se desprecia?

En ese tono, la autora entiende la carne como una materialidad dinámica donde lo orgánico, lo social y lo simbólico se afectan mutuamente. La carne conecta cuerpos con el medio ambiente y con otras carnes. Es un entramado vivo del cual depende nuestra supervivencia, nuestro florecimiento y también nuestra vulnerabilidad. No hay carne sin conexión.

El cuerpo, por su parte, nunca aparece como una entidad autónoma. Es, ante todo, vínculo, síntesis y apertura al mundo. Es la forma concreta histórica que adopta la condición relacional de la carne. En él operan los discursos sociales y el poder. Siguiendo a Maurice Merleau-Ponty, Mayra Rivera insiste en que el mundo forma a nuestra carne según cómo la sociedad perciba nuestros cuerpos.

Para la autora, el mundo no es únicamente un contexto, sino la condición de posibilidad de la carne y el cuerpo. La formación en ciencias químicas y en teología de Mayra Rivera me permite comprender mejor su insistencia en definir al mundo como el tejido material de nuestro entorno y de nuestros cuerpos, donde las fronteras entre carne humana y no humana son porosas y provisionales.

Me interesa insistir en que la carne no es inocente ni neutra. Es el terreno mismo donde se distribuyen diferencialmente la vida y la muerte; el lugar donde el peso de mitologías sociales, raciales y sexuales decide quién puede florecer y quién se condena a la precariedad. Todo ese entramado se encuentra atravesado por el poder. Siguiendo a Michel Foucault y a Judith Butler, la autora explica que las normas se hacen carne y los discursos sobre la racialización y el género, entre otros, afectan materialmente la corporalidad. 

En esta apuesta se inscribe una de las afirmaciones más contundentes del libro: la carne es el lugar donde los discursos dejan de ser abstracciones y se convierten en herida, en restricción, en posibilidad de plenitud o en su negación. Encuentro especialmente potente cómo la autora incorpora el pensamiento de Frantz Fanon —un revolucionario psiquiatra, filósofo y escritor franco-caribeño cuya obra es influyente en los campos de los estudios poscoloniales, la teoría crítica y el marxismo— para introducir una mirada crítica respecto al esquema histórico-racial que arrasa con la vida. Así, las grandes narrativas históricas, científicas, filosóficas y literarias operan como dispositivos que violentan y hacen añicos los cuerpos de las personas racializadas. 

La obra se propone desestabilizar la distinción entre los constructos sociales y la vitalidad carnal. Revela así una relación en constante devenir entre la carne y el mundo con sus estructuras de desigualdad intrínseca. Sin embargo, lejos de presentar la carne como condena, el libro busca reivindicarla volviendo a sus inicios teológicos: la encarnación.

Propongo aquí leer la encarnación como el punto de articulación entre el mundo, la carne y el cuerpo. Cuando Mayra Rivera retoma del Evangelio de Juan “La palabra se hizo carne”, e introduce un argumento central: la divinidad no evita la carne, la asume. La autora no mira a la encarnación sólo como un acontecimiento teológico, sino como una forma de comprender nuestro ser relacional. La encarnación refuerza la idea de que mi cuerpo está ligado al de las demás personas y ambos están insertos en la carne del mundo. En ese sentido, la autora invita a mirar la encarnación y a vivirla en relación, para crear comunidad. Así, puedo afirmar que la promesa política de la encarnación reside en las prácticas colectivas creativas que nos permitan darle forma a nuevas visiones de los cuerpos humanos y no humanos a través de narraciones, rituales y acciones que devengan en carne y permitan nuestro florecimiento. 

En un mundo donde la distribución de la vida y la muerte continúa marcada socialmente por jerarquías raciales y sexuales, esta obra no sólo es una reflexión teórica, sino una intervención urgente. Poéticas de la carne nos interpela a reconocer que la justicia no se define ni se logra en abstracciones conceptuales, sino en la materialidad vulnerable de los cuerpos y en la carne compartida del mundo. Leer a Mayra Rivera implica mirar al amor como una práctica encarnada que exige reconfigurar las formas en que habitamos, narramos y organizamos nuestra vida común. EP


Rivera, Mayra. Poéticas de la carne. Traducido por Leslie Pascoe Chalke y Carmen Violeta Avendaño Subercaseaux, Ediciones Ibero, 2025.

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