La mirada fraterna de Jorge Semprún

Treinta años después de su publicación, «La escritura o la vida» de Jorge Semprún sigue interpelándonos: un testimonio del horror de un campo de concentración que rescata, en la mirada fraterna, la posibilidad de la dignidad humana.

Texto de 28/08/25

Treinta años después de su publicación, «La escritura o la vida» de Jorge Semprún sigue interpelándonos: un testimonio del horror de un campo de concentración que rescata, en la mirada fraterna, la posibilidad de la dignidad humana.

Jorge Semprún. La escritura o la vida. Barcelona, Tusquets, 1995.

Este País vuelve a colocar sobre la mesa La escritura o la vida, obra fundamental de Jorge Semprún y una de las piezas más conmovedoras de la literatura testimonial del siglo XX. En este libro, el autor enfrenta, con una honestidad implacable, la memoria de su paso por el campo de concentración de Buchenwald y la larga espera que impuso a la escritura de ese episodio.

Escritor, guionista y político español, Jorge Semprún (1923-2011) vivió en el exilio en Francia desde la Guerra Civil. Durante la Segunda Guerra Mundial participó en la resistencia francesa contra la ocupación nazi. Detenido en París por la Gestapo, fue enviado en 1943 al campo de concentración de Buchenwald, donde permaneció dieciséis meses. Tenía entonces apenas 21 años.

Antes de La escritura o la vida, Semprún había publicado novelas —como El largo viaje y La montaña blanca—, además de memorias políticas como Autobiografía de Federico Sánchez. Sin embargo, nunca se había sumergido por completo en la narración de lo vivido en Buchenwald. Escribir sobre el campo exigía regresar a un territorio donde la vida se había reducido a su mínima expresión, y cuya única defensa había sido, durante mucho tiempo, el silencio. De ahí el título del libro.

La mirada fraterna es una de las imágenes más luminosas que atraviesan La escritura o la vida. Se trata de un gesto silencioso de reconocimiento y solidaridad que unía a los prisioneros y que, para Semprún, representaba la esencia misma de la dignidad humana en medio del horror. No era solo un dato de lo real, sino una necesidad del alma: un continente por descubrir, por inventar. Una ficción cálida y, al mismo tiempo, imprescindible.

“Compartíamos eso, esa certeza, como un mendrugo de pan. Compartíamos esa muerte que crecía, ensombreciendo su mirada, como un mendrugo de pan: signo de fraternidad. Como se comparte la vida que a uno le queda. La muerte, un mendrugo de pan, una especie de fraternidad. Nos concernía a todos; era la sustancia de nuestras relaciones”.

Para Semprún, la fraternidad no era sentimentalismo vacío, sino una alianza moral que, en Buchenwald, podía marcar la diferencia entre vivir o morir. Esa fraternidad, desde luego, no borraba el dolor ni el sufrimiento, pero hacía posible conservar un mínimo de humanidad. La mirada fraterna le confirmaba que, a pesar de todo, seguía siendo humano.

Uno de los pasajes más hondos de La escritura o la vida es el que describe la mirada de Maurice Halbwachs, sociólogo francés con quien Semprún compartió cautiverio. Halbwachs, consciente de su destino, le transmitía con los ojos una certeza: que estaban allí por amor a la libertad, que esa fraternidad era más fuerte que el miedo.

“Todos nosotros, que íbamos a morir, habíamos escogido la fraternidad de esta muerte por amor a la libertad. Esto era lo que me enseñaba la mirada de Maurice Halbwachs, agonizando”.

¿Cómo narrar semejante experiencia de modo que fuese escuchada? Semprún se enfrentó a ese dilema sabiendo que no lo lograría sin algo de artificio: el necesario para transformar la memoria en arte. De ahí que la estructura del libro no sea lineal. Los recuerdos del campo se entretejen con reflexiones filosóficas, escenas posteriores a la guerra y reencuentros con antiguos compañeros. Ese vaivén refleja la naturaleza cíclica y persistente de la memoria traumática, como un caleidoscopio en el que las piezas se espejean unas a otras.

Jorge Semprún escribió un libro desgarrador que, al mismo tiempo, revela el fondo último de la compasión humana. No se limita a narrar el horror: abre la pregunta radical sobre lo que somos los seres humanos. “… busco la región crucial del alma donde el Mal absoluto se opone a la Fraternidad”, escribe André Malraux en el epígrafe que inaugura el libro y que condensa, en unas cuantas palabras, el proyecto de Semprún.

Treinta años después, La escritura o la vida sigue siendo un texto imprescindible. En un presente donde resurgen los discursos de odio, racismo y negacionismo, la mirada fraterna se convierte en una pregunta incómoda para nuestro tiempo: ¿seríamos capaces de sostener la solidaridad cuando todo invita a la deshumanización?

La obra de Semprún no es sólo un relato de supervivencia: es una meditación sobre la dignidad humana, el peso del recuerdo y el precio de la palabra. Esa mirada fraterna que atraviesa sus páginas funciona como recordatorio de que, incluso en los lugares más oscuros, es posible hallar un gesto de luz. Leer a Semprún es aceptar que la memoria duele, pero también comprender que callar sería traicionar a quienes nos sostuvieron con esa mirada cuando todo lo demás parecía perdido. EP

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