
David Ordaz Bulos nos presenta Despojos racistas. Hacia un ecologismo anticolonial , libro de la escritora Josefa Sánchez donde se denuncian las prácticas extractivistas y colonialistas en América Latina ante el asedio del interés económico.
David Ordaz Bulos nos presenta Despojos racistas. Hacia un ecologismo anticolonial , libro de la escritora Josefa Sánchez donde se denuncian las prácticas extractivistas y colonialistas en América Latina ante el asedio del interés económico.
Texto de David Ordaz Bulos 13/02/26

David Ordaz Bulos nos presenta Despojos racistas. Hacia un ecologismo anticolonial , libro de la escritora Josefa Sánchez donde se denuncian las prácticas extractivistas y colonialistas en América Latina ante el asedio del interés económico.
Este texto fue escrito para la presentación del libro Despojos racistas. Hacia un ecologismo anticolonial de Josefa Sánchez Contreras, el 22 de enero del 2026 en la Universidad de las Américas Puebla.
En el libro Despojos racistas. Hacia un ecologismo anticolonial, Josefa Sánchez dice que los territorios indígenas son otros mundos posibles, sin dejar de asumir que estos territorios son hoy en día epicentros de la guerra. Con ello pienso de inmediato en el ex basurero de San Pedro Cholula, clausurado en 2024 por la Unión de Pueblos y Fraccionamientos, cuando se dieron cuenta de que los lixiviados —los escurrimientos líquidos de los desechos sólidos— estaban llegando a los mantos acuíferos donde el agua corre desde los volcanes. Ahora, alrededor de la enorme pirámide de basura que dejó ahí la fantasmal empresa Pro Faj Hidro Limpieza, la gente cultiva un bosque llamado Palestina. Esa otra pirámide tóxica es un símbolo de nuestros tiempos.
Pero además de la resistencia contra el ex basurero de Cholula, pienso en las comunidades nahuas agrupadas en los “Pueblos Unidos”, que en 2021 cerraron la empresa Bonafont, la cual despojaba de agua a más de 200 pozos en Cuautlancingo, Cholula, Xoxtla, Coronango y Juan C. Bonilla.((Hernández Alcántara, M. (1 de septiembre de 2024). Resaltan triunfos de los pueblos frente a Bonafont y el relleno de Cholula. La Jornada de Oriente. Recuperado de https://www.lajornadadeoriente.com.mx/puebla/resaltan-triunfos-de-los-pueblos-frente-a-bonafont-y-el-relleno-de-cholula/))
También pienso en la organización Cholultecas Unidos en Resistencia (CHUR), que desde hace décadas enfrenta el despojo de la tierra y el agua por parte de un violento cártel inmobiliario; ahí están los barrios de Tlaxcalancingo (sede de Cholollan Radio), Ometoxtla y Cacalotepec, en la encrucijada por sobrevivir a la urbanización voraz. En paralelo, la CHUR enfrentan el racismo institucional del ayuntamiento de San Andrés Cholula, que en varias ocasiones ha declarado que “en Cholula no existen pueblos indígenas” y, por lo tanto, no pueden reconocerse sus derechos como tales.
Ahí está también la resistencia del pueblo de Xoxtla contra el huachicoleo del agua por parte del Sistema Operador de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado de Puebla (Soapap), que extrae hasta diez veces más del volumen de agua que tiene autorizado para uso industrial y para llevársela a la ciudad de Puebla.1
Otro caso es el de los pobladores de San Mateo Ozolco en Calpan, que en diciembre del 2025 cerraron el monte en la zona del Izta-Popo para evitar la tala de árboles, tras los permisos que la Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente (Profepa) otorgó a una familia de terratenientes.
Las luchas asimétricas de los pueblos cholultecas son flujos de resistencia a lo largo y ancho de un territorio fragmentado que, como sabemos, durante la conquista fue el escenario de uno de los episodios más sangrientos antes de la caída de Tenochtitlán. Desde entonces, sus habitantes fueron obligados a vivir “en policía”, en la ciudad, para obedecer al clero y al rey en un orden social racista organizado a través de las castas.
Cholula es una ciudad testigo del continuum colonial y racista del que habla Josefa en el libro, un proceso cuyas jerarquías siguen vigentes hasta nuestros días. Esto hace eco de lo que señala Yasnaya Aguilar (2019) cuando habla de cómo “el proyecto integrador nacionalista de los siglos XIX y XX actualizó la opresión del orden colonial y renovó sus mecanismos y el envoltorio ideológico que lo sostiene”. Hoy, ese continuum llega hasta la gubernamentalidad neoliberal contemporánea.
En el primer capítulo del libro, “El racismo: una catástrofe en la historia”, Josefa alude a la primera ola genocida que, en el siglo XVI, borró al 90 % de la población nativa y produjo “territorios vacíos, susceptibles de apropiación a través de la racialización”. Esto me trae a la mente a los pueblos seminómadas llamados despectivamente “chichimecas”, que habitaron lo que hoy conocemos como el noroeste de México. Allí, los conquistadores españoles, decepcionados por no encontrar riquezas minerales, se dedicaron al comercio de cuerpos y, junto con los esclavistas portugueses, traficaron enormes grupos de personas para llevarlas al trabajo forzado en las Antillas, donde la población fue completamente exterminada. En menos de tres siglos, la civilización seminómada con más de diez mil años de antigüedad también fue exterminada.
La industrialización de Monterrey, epicentro del capitalismo mexicano, propia del régimen fósil del que habla Josefa, emergió en paralelo al exterminio de los últimos grupos que hasta entonces resistieron. Luego surgieron las cerveceras, que exaltaron los nombres de los emperadores Cuauhtémoc y Moctezuma en el marketing político para vender la idea de unidad nacional durante el Porfiriato.
Esto es la biopolítica de la que habló Michel Foucault, productora de ciertos grupos de población útiles para el mercado, como los obreros, y que se desplegó a partir del siglo XVII con la razón de Estado y el liberalismo en la Inglaterra de la Primera Revolución Industrial. Josefa atina en ver cómo esta revolución fue posible gracias al extractivismo colonial que se llevó el oro y la plata de lugares como Pachuca, Taxco, Guanajuato o Zacatecas.
Hoy, esos territorios —muchos de ellos convertidos en zonas de sacrificio— viven bajo el sometimiento a un nuevo régimen de colonización energética que Josefa enmarca como la “transición energética corporativa”, ofertada con la máscara de las energías limpias y responsabilidad social empresarial. En esta transición, los territorios vuelven a ser racializados y colonizados. Ahí están, por ejemplo, los llanos de Apan, entre Hidalgo y Tlaxcala, que en el siglo XIX pertenecieron a hacendados y latifundistas, y hoy están amenazados con la imposición de parques fotovoltáicos a cargo de empresas como Baywa, Kenergy o Dhamma Energy México.((Montoya, R. (13 de julio de 2025). Productores de maguey marchan en Pachuca contra la instalación de paneles solares. La Jornada. Recuperado de https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/07/13/estados/productores-de-maguey-marchan-en-pachuca-contra-obras-en-zonas-ejidales/))
La violencia es el hilo conductor del extractivismo, que en México se confunde con el crimen organizado. Un extractivismo que toma nuevos bríos con la emergencia de un nuevo orden mundial tripolar basado en la hegemonía de China, Rusia y Estados Unidos. En este nuevo orden, el derecho internacional parece cosa del pasado, con el fascismo en el norte global y el colonialismo en el sur.
Así lo vemos con el intervencionismo estadounidense renovado en Venezuela, que más que una acción para llevar democracia es una acción para controlar el petróleo. Pero también están las intenciones de invadir Groenlandia, los incendios en la Patagonia chilena y argentina, y la guerra civil en Minneapolis tras la muerte de Renee Nicole Macklin Good a manos de agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés). Pero, sin duda, el signo más evidente de la violencia de este nuevo orden mundial es el genocidio palestino, que no se detiene a pesar del “cese al fuego” declarado en octubre de 2025 y que hasta la fecha ha cobrado la vida de más de cuatrocientas personas, entre ellas cien infantes.((UNICEF España. (s. f.). Pese al alto el fuego en Gaza, los niños y niñas siguen muriendo. Recuperado de https://www.unicef.es/noticia/pese-al-alto-el-fuego-en-gaza-los-ninos-y-ninas-siguen-muriendo))
Los genocidios, como dice Josefa, tienen relación con los colapsos ambientales. De esto habla la escritora palestina Shourideh Molavi (2025), quien vincula el genocidio con el ecocidio y explica que, desde mediados del siglo XX, existe un proceso de dominación ecológica destinado a borrar la cultura y la economía autóctonas de aquel país. Ejemplo de ello es la demolición de la industria de cítricos en la zona de Jaffa y sus alrededores.
Los gazatíes se enfrentan ahora a la destrucción del sistema agroalimentario y a la grave contaminación del ecosistema causadas por la guerra. El estudio de la Comisión Europea A Multitemporal Snapshot of Greenhouse Gas Emissions from the Israel-Gaza Conflict señala que, en los primeros tres meses de guerra, la ofensiva israelí generó 281,000 toneladas métricas de dióxido de carbono. Esta huella de carbono equivale a las emisiones anuales de veinte países en condiciones climáticas vulnerables.((Lakhani, N. (9 de enero de 2024). Emissions from Israel’s war in Gaza have ‘immense’ effect on climate catastrophe. The Guardian. Recuperado de https://www.theguardian.com/world/2024/jan/09/emissions-gaza-israel-hamas-war-climate-change))
¿Es posible hacer algo frente a este panorama devastador de la esperanza? Quizás sí, acompañando a las luchas, rompiendo la neutralidad académica (entre la precariedad) y reconociendo que los despojos —del agua, del territorio, de la vida— son parte de un mismo régimen histórico que articula racismo, extractivismo y guerra. Desde Cholula hasta Gaza, lo que está en disputa no es sólo la tierra, sino la posibilidad misma de sostener mundos vivibles frente a un orden que normaliza el exterminio a diferentes escalas. Los ecosistemas no son neutros, sino son procesos históricos anclados al cuidado de lo común, a la sacralidad; algo parecido al Dios de la naturaleza del que hablaba Baruch Spinoza. EP
Aguilar, Y. E. (2021). “¿Ni triunfo ni derrota? La cooptación discursiva de la conquista de México,” en E. Fernández Vázquez (Coord.), La conquista en el presente (pp. xx-xx). La Cigarra, Gestión Cultural, S.A. de C.V.