Un montón de flores

Cuota de género es el blog de Abril Castillo en Este País y forma parte de los Blogs EP.

Texto de 11/10/21

Cuota de género es el blog de Abril Castillo en Este País y forma parte de los Blogs EP.

Mi cabello crece a prisa y yo aprendo despacio.

—Sor Juana Inés de la Cruz

En la ventana de cada casa en la que he vivido está mi geranio blanco, que solo supe que era blanco hasta tiempo después. Lo sabía el día que lo traje por primera vez. Luego olvidé el color de sus flores.

Perteneció a mi mamá y una vez que estuve en su casa, que ella siempre dice que también es mi casa, me vio iluminarme ante sus flores y me dijo: “Llévatelo, era una de las plantas que me quedé cuando murió tu abuela”. 

El geranio perdió todas sus flores, y pensé que había muerto. Pero Lilián, mi cuñada, me dijo que ninguna planta está muerta si sus ramas están firmes, si sus hojas siguen verdes: “Sigue echándole agua cada dos días o más”.

A muchas personas les gusta decir con qué frecuencia se debe regar cada planta, y solo algunas te confiesan que más bien debes aprender a conocerla bien.

Empecé a conocer a mi geranio. Si veía la tierra demasiado seca, le echaba tantita agua, poco a poco, sin parar, hasta que comenzaba a escuchar el suelo absorberla con suavidad.

Mi mamá me recomendó que le hablara. “Te puede escuchar”, me dijo. Y yo no estaba segura. 

Al cabo de un tiempo, me di cuenta de que con “hablar” no solo se refería a darle palabras a mi geranio. Con algunas otras acciones también me comunicaba con él. 

Así que cada mañana, me detenía a ver su tierra. 

Pensaba mis pensamientos al quitarle sus hojas secas. 

Cantaba una canción mientras lo regaba. 

Recordaba historias de mi infancia o el sueño de la noche anterior mientras instalaba un viejo juego de palillos de madera del suelo al cielo, tratando de mantener firmes sus ramas y sostener las hojas nuevas.

Un día lo encontré lleno de botones.

Otro día, reconocí un primer brote, rompiendo el sello de la hoja en flor.

Hoy, el geranio tenía un montón de flores.

¿Era mi abuela que venía a saludarme al fin?

¿O era mi madre, dulcemente entregándome un regalo a destiempo, invisible a los ojos hasta un año después? EP

“Nuestros cuerpos son como árboles bonsái”, Aldo Jarillo
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