
Conversamos con la escritora mexicana Sabina Orozco sobre su primera novela «Malas decisiones» (Tusquets, 2025).
Conversamos con la escritora mexicana Sabina Orozco sobre su primera novela «Malas decisiones» (Tusquets, 2025).
Texto de Sabina Orozco & Gina Velázquez 23/09/25

Conversamos con la escritora mexicana Sabina Orozco sobre su primera novela «Malas decisiones» (Tusquets, 2025).
El amor y el desamor son temas universales que a menudo nos confrontan con nuestras propias vulnerabilidades y decisiones. En la novela Malas decisiones (Tusquets, 2025), la autora Sabina Orozco explora estas complejidades a través de una narrativa contemporánea y directa. Con su prosa, que interroga las ideas preconcebidas sobre el enamoramiento, Orozco nos sumerge en la vida de una protagonista que, tras un encuentro casual, se ve envuelta en una historia marcada por la distancia y el miedo. La obra, que es el debut novelístico de la escritora oaxaqueña, galardonada con el Premio Nacional de Poesía Joven 2021, se presenta como un espejo en el que se reflejan las vicisitudes de las relaciones modernas.
A través de una estructura que evoca el formato de un diario y el uso de cartas, la autora nos permite adentrarnos en las reflexiones más íntimas de su personaje. La protagonista, una escritora que encuentra en el tarot una forma de entender el mundo, se enfrenta a sus propias “malas decisiones” y, en el proceso, busca respuestas en el pasado y en los secretos familiares. Malas decisiones es un relato de autoconocimiento y búsqueda, donde la literatura se convierte en una herramienta para sanar el corazón roto y desentrañar los enredos de la pasión y la pérdida.

Gina Velázquez (GV): Has transitado entre la narrativa y la poesía, y has ganado premios en ambos géneros. ¿Cómo ha sido tu experiencia navegando entre ambos géneros?
Sabina Orozco (SO): Mi formación ha sido muy heterogénea. Cuando estoy escribiendo cuento o novela, no suelo estar en un proyecto de poesía, porque creo que son niveles de atención y procesos muy distintos. Lo primero que empecé a escribir fue poesía, pero no fue lo primero que publiqué. Creo que en mi novela hay un cruce de géneros, o más bien una inclusión de distintos géneros. Lo que articula mi poesía y mi narrativa es el proceso documental. Los detonantes son preguntas que tienen que ver con lo documental, como ir a un archivo familiar o ajeno y a partir de ahí, empezar un proceso poético o narrativo. Aunque el producto final sea ficción, el proceso documental es lo que articula estos géneros tan diferentes.
GV: ¿Qué significó para ti dar este salto a la novela después de publicar cuentos? Y, ¿cómo nació la idea de Malas decisiones, que tiene un formato tan interesante, reflejando las relaciones contemporáneas a través de conversaciones fragmentadas, pero con problemas universales?
SO: Me gusta que uses la palabra “salto”, porque de alguna manera implica un esfuerzo físico. Con la distancia, entiendo que hubo circunstancias materiales y emocionales que me permitieron escribirla. En términos materiales, pude tener un proceso de escritura frecuente, escribiendo a diario. Afortunadamente, mis trabajos aseguraban que mis cuestiones vitales estarían en orden, y esa estabilidad me permitió la constancia que requiere una escritura de largo aliento.
En cuanto al deseo, el proyecto comenzó con un impulso documental y la toma de notas de una situación muy similar a la que le ocurre a la protagonista. Estaba bastante triste, pero, al mismo tiempo, me incentivaba la pregunta de cómo hilvanar esta historia de derrota amorosa desde la escritura. Esa necesidad de escribir, aunada a las circunstancias materiales favorables, le dio forma a la novela. No sé si en otro momento, con tan poco tiempo, hubiera elegido otro género.
GV: ¿Cómo trabajaste la tensión entre la autoficción y la ficción literaria? Me refiero a qué tanto revelaste de ti misma y de las personas implicadas para encontrar el equilibrio o mostrar solo lo que querías.
SO: Es una pregunta que me formulo con más cuidado ahora. Al momento de escribirla, no tomé muchas precauciones éticas, pero sí lo hice durante la edición. Lo que me importaba era desarrollar la historia independientemente de si los referentes reales pudieran incomodar a alguien. En la edición, me pregunté en qué medida un nombre o un lugar podía revelar información que coincidiera con alguien y fuera desagradable.
Cambié los nombres de las personas, los únicos que permanecieron fueron el mío y el de las mascotas, porque dramáticamente era necesario. La Sabina de la novela se parece a mí, pero no soy yo en muchos sentidos. La autoficción es un término con el que no me llevo bien, porque trata de encuadrar literaturas que no necesariamente encuentran placer en esa categorización. Me parece interesante para la investigación, pero a veces estorba para la escritura.
GV: Ahora hay una fuerte tendencia de autoficción, ¿crees que es una necesidad que refleja un cambio en la literatura?
SO: Creo que la literatura siempre ha tenido referentes, entre comillas, “reales”. Cuando la historia se narra desde el “yo”, ya hay un pacto con el lector de que pudo haber ocurrido. Esto despierta un voyeurismo literario. A mí me sigue interesando qué valor extra hay en una historia que probablemente ocurrió. Leer a autoras como Annie Ernaux o María Moreno, que escriben desde la primera persona, me hace entrar a esa “habitación secreta” de la vida privada.
En un inicio, narrar desde el “yo” era un acto retador, porque la historia que conocíamos era la del amo. Ahora, otras voces que no eran castigadas narraban. Yo creo que con mayor distancia, de siglos, podríamos hacer especulaciones sobre por qué la autoficción está proliferando desde hace muchos años.
GV: El tarot cumple una función importante en tu novela. ¿Por qué decidiste incorporarlo y qué significado tiene para ti?
SO: En la historia, era necesario para la caracterización de la protagonista. El tarot, como la literatura y la poesía, es un espacio simbólico donde ella se resguarda de la incertidumbre. Le ofrece una mínima certeza, aunque sea simbólica, de que puede intuir algo más agradable o tener conocimiento del futuro. Estos espacios de resguardo tienen que ver con la ambivalencia.
Leer un poema o acercarse al tarot no da una respuesta directa, pero nos hace preguntas y nos sitúa en nuestro lugar vital. Me gusta la poeta Olga Orozco, que leía el tarot, y su poesía articula esta necesidad de acercarnos a un vaticinio, a una pregunta que solo se nos va a formular a nosotros. Leer un poema o el tarot ofrece la posibilidad de hacerse preguntas que nos dirigen a un conocimiento de nuestro “yo” futuro.
GV: ¿Qué escritores o tradiciones literarias dialogaron contigo durante el proceso de escritura de la novela?
SO: El epígrafe es de Anaïs Nin, conocida por sus diarios, y ese tipo de soporte me ayudó a preguntarme cómo articular la historia a partir de registros en apariencia caóticos. Leer a autoras que escribían diarios me ayudó a darle una secuencia a bitácoras y conversaciones que apuntaran a un arco dramático.
A partir de la lectura de los diarios de Nin, empecé a buscar autoras latinoamericanas que escribieran no ficción, como María Moreno y su libro Blackout. Ese libro, que habla sobre el alcohol y su relación con la protagonista, su padre y la dictadura, fue fundamental. También El libro de Tamar de Tamara Kamenszain, que parte de una nota que su exmarido le deja y a partir de ahí elabora un ensayo narrativo. Y la autora chilena Lina Meruane, particularmente su novela Sangre en el ojo, me interesó por la forma en que a través de la enfermedad la relación se modifica. Todas estas lecturas me hicieron buscar autoras que escribieran bajo los mismos registros, pero a partir de una realidad más cercana a la mía.
GV: ¿Cómo ha sido la recepción de tu novela? ¿Qué comentarios has recibido? ¿Y qué planes tienes para tus próximos proyectos literarios?
SO: La novela tiene poco tiempo, pero estoy contenta porque ha tenido mayor distribución gracias a la editorial Tusquets. Sobre todo en redes sociales, la gente me ha dicho que ha empatizado mucho con el libro, y eso es satisfactorio porque para terminar un libro, debes mantener cierta correspondencia con el lector.En cuanto a otros proyectos, es una pregunta peligrosa. Tengo un par de libros de poesía y un libro de ensayos. También hay otra novela, pero los tiempos de la literatura son inciertos. EP