“Imperceptibles: vida y lucha de Marcelina Bautista Bautista” (Ediciones Ibero, 2023) es una novela biográfica que visibiliza la lucha por los derechos de las trabajadoras del hogar en México.
“Imperceptibles: vida y lucha de Marcelina Bautista Bautista” (Ediciones Ibero, 2023) es una novela biográfica que visibiliza la lucha por los derechos de las trabajadoras del hogar en México.
Texto de Paulina Guzmán 16/12/25
“Imperceptibles: vida y lucha de Marcelina Bautista Bautista” (Ediciones Ibero, 2023) es una novela biográfica que visibiliza la lucha por los derechos de las trabajadoras del hogar en México.
En 2023, Rodrigo Quintero publicó Imperceptibles: vida y lucha de Marcelina Bautista Bautista (Ediciones Ibero), una biografía de Marcelina Bautista Bautista, activista por los derechos de las trabajadoras del hogar. En el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, me reuní con Rodrigo y Marcelina para hablar sobre el libro.
Paulina Guzmán (PG): ¿Cómo fue tu primer acercamiento al trabajo doméstico y cómo conoces a Marcelina?
Rodrigo Quintero (RQ): Conocí a Marce por un artículo sobre su vida y lucha —y no lo leí en una revista científica, era de Sanborns—. Me llamó mucho la atención porque hablaba de una persona que logró ir a la Organización Internacional del Trabajo a pelear por los derechos de las personas trabajadoras del hogar en México y América Latina. Solo pude pensar: “Esto es impresionante, la necesito conocer”.
Ya tenía publicado un libro previo, La ruta del arcoíris en la Sultana (Fondo Editorial de Nuevo León, 2015), y había hecho junto con una amiga, Sueños Transfronterizos (Kindle 2019), entonces pensé en contactar a Marcelina para ver cómo trabajar de forma novedosa ese material.
En la revista venía el contacto de la organización; les escribí un correo, me contestaron, y quedé de verla en un café de la Cuauhtémoc —porque ellas tenían las oficinas en un edificio de sindicatos—. Le platiqué las intenciones que tenía y algo vio en mí que la hizo decir: me convence. De ahí comenzamos a trabajar.
PG: Desde la narrativa hegemónica hay una necesidad de hablar por las disidencias, en este caso a las trabajadoras del hogar. ¿Cómo fue el proceso de escribir un libro en primera persona, y con un tono tan personal, con la distancia suficiente para que Marcelina conservara su voz?
Marcelina Bautista (MB): Fue muy padre porque el seguimiento que Rodrigo estaba dando fue profundo, pero cauteloso. A veces olvidaba que estaba escribiendo mi historia y que —ya fuera en la Cámara de Senadores, o en la Cámara de Diputados, o alguna conferencia— todo lo que estaba haciendo iba a narrarse en un libro.
Cuando lo leo me da mucha risa porque hace que el libro, y mi historia, también sea divertida, no solo esa seriedad y compromiso. Eso es lo que me gustó de esta narrativa. Pero también me toca mucho el corazón cada vez que lo veo porque él toma mi vivencia y lo escribe como si fuera yo.
RQ: Era muy importante que apareciera y que lo hicieran en primera persona, pero fue complejo encontrar una forma de irme situando, cómo estar en el lugar de ella, porque todo lo tenía que imaginar. Hay una parte —la del avión— que tuve que reescribir porque dije, “lo estoy pensando con mi estatura”. Todo eso cambia: ¿cómo iría platicando? Seguro un señor no se acercaría a platicarme de la misma forma en la que se acerca con ella. Tenía que repensarlo una y otra vez… “A ver, si yo fuera ella, ¿cómo me enfrentaría?, ¿cómo estaría viendo esto?”. Yo no tenía la experiencia, entonces ¿cómo lo haría? Todos esos detalles de la narración se volvieron muy importantes y no lo sacas de la entrevista. Hubo mucho que imaginar.
También pensaba, incluso, en este compromiso con la memoria histórica que luego falla. Marce, por ejemplo, tenía muy claras fechas, lugares; pero había otras que pasó en su niñez, adolescencia. Entonces, era sentarme y pensar cómo hubiera sido, a partir de los elementos que Marcelina me está dando, lo que me contó de su abuela, de su madre, de su padre. Y a partir de ahí formular la concepción de una niña que quiere educarse, quiere salir. Fue un trabajo bien interesante y no lo hubiera podido hacer sin su acompañamiento.
PG: ¿Cómo llegas al título, tomando en cuenta que percibir significa comprender o conocer algo; captar con los sentidos impresiones, imágenes o sensaciones externas?
RQ: Lo pensé muchísimo. De hecho, varias de las críticas que he recibido van encaminadas hacia eso, que pudo haber sido un título muchísimo más positivo o que reflejara más la lucha. Sin embargo, esta no es una novela rosa; se fundamenta en la lucha de la clase obrera, la clase trabajadora, que a la fecha son 2.5 millones de trabajadoras. ¡Nada más imagínate eso! ¿Cuánto trabajo falta? ¿Cuánto falta para seguir avanzando en este objetivo?
Claro que hay una historia que contar; claro que hay —como Alexandra Haas lo expresa en el prólogo—, una heroína de la historia. También hay una serie de elementos y de actores sociales que participan para cambiar radicalmente el sistema normativo y la realidad de México. Ahí está esa otra realidad que no podemos negar, que no concede derechos, que le gusta el statu quo, que no pasa de ahí. Ojalá algún día pueda cambiar el título. Mientras tanto, Imperceptibles refuerza mi preocupación.
PG: La violencia estructural se retrata desde el título. En este sentido, Marcelina, ¿qué implica la imperceptibilidad en torno a la negación de los derechos de trabajo doméstico?
MB: La invisibilidad en la que todas las trabajadoras estamos. Somos importantes, pero invisibles; estamos en el trabajo no reconocido, que solamente se ve cuando se hace. La persona solo es buena contigo cuando tú estás haciendo bien el trabajo y como le gusta, pero a veces no tanto porque no cubres el perfil que requiere.
En una casa se hace muy necesario —y se nos adjudica— una toma de decisiones muy importante: el cuidado de los hijos, de la comida o, simplemente, dónde y cómo se pone un cojín, cómo cambiar sábanas o alguna colcha. Son decisiones que uno tiene que tomar y a la empleadora le tiene que gustar y si no le gusta… Estamos —cada vez menos— en invisibilidad. A pesar de que es un trabajo que ha sido muy importante en la vida de una sociedad, es invisible.
PG: ¿Por qué deciden que se debe escribir una novela y no una crónica o un reportaje?
MB: Pienso que tiene que ver con esta parte educativa. Hay mucha reflexión y análisis sobre mi realidad y quiero que cambie la narrativa. Seguramente el libro no me habría gustado si Rodrigo hubiera contado lo mismo que escuchas en todos lados. Lo que él hace es encontrar dónde poner de forma literal lo que hemos vivido y dónde no. Y escucharnos a nosotras. Con este libro buscamos cambiar los nombres despectivos; llegar a los senadores, los diputados, las mujeres feministas porque es su responsabilidad cambiar la situación de miles de mujeres en México y también tienen la capacidad de transformar esa idea muy estructural que mucha gente tiene. Hoy es muy diferente platicar con gente que ha caminado con nosotras: se han educado, se refieren con nombre digno a las trabajadoras, conocen cuáles son esas leyes —que a lo mejor les cuesta mucho trabajo, pero saben que existen—.
RQ: Otra de las cosas que se pensó es que había muchos textos sobre el trabajo doméstico, del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, de Semilla, de Mary Goldsmith —una gran investigadora que tiene trabajos muy importantes sobre el trabajo doméstico—. En fin, por textos científicos no parábamos. El problema es que este es un país que fue educado por Televisa, hay una importancia en el novelar un acontecimiento para que la gente se acerque y lo conozca. Además, encontrar la forma en que la novela no reflejara el típico estereotipo que siempre se ha puesto en las telenovelas, sino que, al contrario, retratara una lucha de base y los acontecimientos que ocurrieron. Esta es una oportunidad para novelar vidas que realmente le hace falta a México conocer. No es la vida del narcotraficante, de la mujer que quiere subir socioeconómicamente. No. Es la vida de la organización comunitaria para constituirse como un grupo que lucha por derechos. Eso es impresionante.
PG: Camila Sosa Villada —una escritora argentina— opina que la literatura no existe para enseñarnos algo. ¿Crees que la literatura, específicamente este libro, nos enseña a comprender a las trabajadoras domésticas, que son constantemente pensadas, desde lo hegemónico, como “lo otro”?
RQ: La literatura es el diálogo que hay con uno mismo sobre lo que te hace reflexionar el autor o la autora. Apela a tus propios conocimientos e incluso a tus limitaciones. He tenido la mala fortuna de conocer personas que me han dicho: “Yo no lo quiero leer”. Hay una resistencia. Mientras que hay otras personas que han dicho que jamás lo habían visto así, ¡ni siquiera estaba dentro de su ámbito de conocimiento o consideraciones que el trabajo del hogar es un trabajo que debería de tener absolutamente todos los derechos! Creo que dependerá mucho de la persona lectora. Claro que mi deseo es cambiar la conciencia a una velocidad irrisoria.
MB: La literatura nos ayuda a cambiar el lenguaje; nos hace reflexionar, da esperanza, apunta hacia lo nos gustaría que sucediera. Me encantaría que se leyera el libro y que las personas tomaran conciencia sobre algo que se volvió costumbre. O que la misma trabajadora del hogar, que no le gusta un trabajo, se cambie a otro y entienda la mera libertad. Sin embargo, el trabajo en el hogar es tan informal, y lo hemos interiorizado, que hoy es difícil cambiar.
PG: ¿Cómo seleccionaste esa mirada para no repetir los valores hegemónicos y no caer en estereotipos?
RQ: Por un lado, escuchando a Marce. No nada más fueron las entrevistas, estuve acompañándola en diferentes procesos. Su forma de referirse, de educar para que conozcan sus derechos, fue una especie de lenguaje que, evidentemente, permeó en mí y que también iba anotando, le iba dando seguimiento.
Por otro lado, yo también contaba con el otro punto de vista, el de los patrones y, muchas veces, de las conversaciones que se dan detrás de la puerta. Esa forma de poder ir jugando con los diálogos, con los personajes —aunque son ficticios muchos de ellos, sobre todo cuando estamos hablando de los patrones—, me permitió retomar las experiencias de vida. Yo me nutría de lo que Marcelina me contaba y de lo que conocía. Así fui tejiendo esta narrativa.
PG: En la novela, se narran muchas casualidades en la vida de Marcelina que le dan esperanza y la transforman. ¿Cómo su encuentro los transformó?
MB: Cuando conocí a Rodrigo, me dijo que mi lucha tenía que conocerla otras personas. Siempre pensaba un poco en cómo escribir lo que hago —de repente, cuando viajaba, escribía cosas que igual se me perdían—. Y, entonces, cuando Rodrigo me dijo que mi historia y lucha eran muy importantes, lo pensé un ratito y llegué a la conclusión de que sí era importante escribirlo. No sabía hasta dónde llegaría.
RQ: Hasta la fecha me sigue transformando a todos niveles. Cuando comienzo con esto, con Marcelina empiezo a darme cuenta de esta tensión que hay entre el sistema económico actual en el que vivimos y las ventajas que se sacan de él por la explotación que existe hacia otras personas; en este sentido particular, hacia las mujeres trabajadoras del hogar. Esta cuestión ha moldeado no solo la forma en la que veo el mundo, sino también mis intereses. La importancia que hoy por hoy le doy a la cuestión del desarrollo, del trabajo digno, de la calidad de vida, ha sido moldeado por una inspiración directa de lo que descubrí con Marce y que, bueno, he llevado a la investigación también.
PG: Marcelina, en esta lucha compleja, incansable y persistente, ¿cuál es el desafío más grande al que te has enfrentado?
MB: La esperanza; tenerla y que el Estado sea incapaz de hacer algo. EP