
Conversamos con el escritor argentino Eduardo Sacheri sobre novela más reciente, Demasiado lejos (Alfaguara, 2025).
Conversamos con el escritor argentino Eduardo Sacheri sobre novela más reciente, Demasiado lejos (Alfaguara, 2025).
Texto de Gina Velázquez 20/08/25

Conversamos con el escritor argentino Eduardo Sacheri sobre novela más reciente, Demasiado lejos (Alfaguara, 2025).
Eduardo Sacheri, escritor e historiador argentino nacido en Buenos Aires en 1967, ha consolidado una exitosa carrera literaria en la que explora con maestría las complejidades del alma humana a través de eventos clave de la historia de su país. Conocido por el gran público por su novela La pregunta de sus ojos, que fue adaptada al cine en la galardonada película El secreto de sus ojos, y ganador del Premio Alfaguara 2016 por La noche de la usina, Sacheri vuelve su mirada a un episodio crucial y sensible: la Guerra de Malvinas.
En Demasiado lejos (Alfaguara, 2025), se sumerge en la atmósfera de la Buenos Aires de 1982 para narrar el conflicto no desde el frente de batalla, sino desde la perspectiva de la sociedad civil, explorando las contradicciones, la manipulación mediática y el fervor patriótico que se vivió a miles de kilómetros de las islas.
En esta entrevista, Sacheri profundiza sobre el proceso creativo de Demasiado lejos, el delicado equilibrio entre la memoria personal y el rigor histórico, y la pertinencia de revisitar los silencios de un pasado que aún resuena en el presente.
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Gina Velázquez (GV): El suceso histórico que retratas en Demasiado lejos, la Guerra de Malvinas, ocurrió cuando eras apenas un adolescente. ¿De qué manera esa vivencia personal de la juventud influyó en la génesis de la novela y en la construcción de tus personajes?
Eduardo Sacheri (ES): En general siempre estuve muy atento a lo que pasaba a mi alrededor y creo que por eso estudié historia, más allá de después la carrera literaria. Lo que ocurre con la Guerra de Malvinas es que toda la sociedad argentina se involucró de una manera profundísima. Fueron meses en los que todo lo que vivías —tuvieras 14, 30 o 60 años—, en la escuela, en el barrio, en tu casa, leyendo los periódicos o viendo televisión, todo tenía que ver con lo que sucedía. Fue una experiencia muy intensa y muy fantasmagórica también, porque estábamos verdaderamente muy lejos de lo que realmente pasaba; pero que nuestra visión fuera tergiversada no significa que no fuera muy intensa.
Lo que me tocó hacer 40 años después fue completar; una cosa es la memoria y otra cosa es la historia. La memoria es una construcción subjetiva, sentimental, basada en tus emociones, en esas huellas emocionales que te quedan. La historia es otra cosa. Tuve que documentarme fuertemente para que mis personajes se independizaran de mi propia percepción y reaccionaran de modo distinto, porque de eso también se trata la literatura.
GV: El tema de las islas Malvinas sigue siendo un tema sensible en Argentina. ¿Qué te motivó a explorar este suceso histórico en particular a través de la ficción?
ES: La cuestión de las Malvinas como reclamo colectivo, como sentimiento compartido y rasgo identitario, es algo que está súper presente en la Argentina. Lo estaba antes de la guerra, siguió estándolo después y hoy, 40 años después, lo sigue estando. Encuentras menciones a las Malvinas, el contorno de las islas, pintadas callejeras, banderas de clubes de fútbol, calcomanías en los autos; es algo muy presente. No así la Guerra de Malvinas; está muy poco transitada en nuestros diálogos, en nuestras conversaciones y en nuestra ficción también. Mientras de la dictadura militar hay un sinnúmero de novelas, películas y obras de teatro, de la Guerra de Malvinas, no. Creo que tiene que ver con que es un tema muy incómodo. La actitud de la sociedad en relación a la guerra nos dejó mal parados, en un sitio de complicidad con la dictadura que después fue incómodo recordar. Esa incomodidad es la que a mí me llama a proponer esta ficción.
GV: Hay más silencio que indiferencia. ¿Hubo algún testimonio, evento o descubrimiento particular que actuara como el detonante para que decidieras explorar ese silencio?
ES: Ese silencio incómodo es el que a mí me motivó. Sobre todo cuando las personas en Argentina hablan de la Guerra, siempre dan de sí mismas una versión autoexculpatoria; es decir, «todos apoyaron al gobierno militar, yo no». Y no te dan los números, porque miras las imágenes documentales y ves la Plaza de Mayo, que es como si fuera el Zócalo, lleno de gente festejando. Ese tipo de hipocresías autoinfligidas, muy propias de los argentinos, es lo que a mí me incomoda. Por eso me gusta trabajar con esas incomodidades colectivas.
GV: Al escribir una novela con un trasfondo histórico tan definido, ¿cómo manejaste el equilibrio entre la rigurosidad de los hechos y la libertad creativa necesaria para la ficción?
ES: Lo que a mí me funciona cuando mis novelas tienen un fondo histórico es que la Argentina de atrás trato de que sea lo más sólida posible en cuanto a los hechos históricos; pero trabajo con personajes anónimos, no con grandes líderes o personas reales. Uno podría escribir sobre la Guerra de Malvinas desde el general Galtieri, Margaret Thatcher o Ronald Reagan, pero ahí te verías obligado a respetar esas figuras históricas documentadas. Como yo invento personajes pequeñitos, ficticios —el mozo que le sirve el café, la mamá del soldado, los tipos que se reúnen en un café, la chica que trabaja en cancillería y toma apuntes—, eso me permite un margen de libertad que, sin faltar al rigor histórico, no lo está tergiversando tampoco.
GV: ¿Qué crees que aporta la literatura, con esta perspectiva desde lo cotidiano, a la comprensión de un evento histórico, en contraste con la historiografía oficial?
ES: Yo creo que la literatura aporta, complementa y enriquece, pero no reemplaza al trabajo historiográfico. Trabajar en historia científicamente tiene su método, su rigor y sus objetivos. La literatura, en cambio, tiene un nivel de libertad que te permite interrogarte desde un lugar más ameno y libre, y apropiarte de una realidad eventualmente ajena. Imagínate una lectora mexicana; no necesariamente sabe demasiado de la Argentina ni de la guerra de Malvinas, pero la libertad de la literatura le puede permitir apropiarse de esa historia y llenarla con perspectivas de su propia vida. Cuestiones como los discursos dominantes, cómo tramitas la violencia o qué idea de patria manejas, no hace falta ser argentino para vivirlas. En ese sentido, la literatura te da esas libertades.
GV: En el proceso de creación de los personajes de Demasiado Lejos, ¿te identificaste de manera particular con alguno de ellos o distribuiste tus propias vivencias entre varios?
ES: Por mi manera de trabajar, a mí me gusta más bien regarme como en pedacitos en diferentes personajes. Me siento más cómodo y menos expuesto. Porque una cosa es cuando uno escribe, que está a salvo en su intimidad, pero después los libros se publican y miles de personas se enteran. Si eres muy identificable con un personaje, me parece que quedas como desnudo frente a miles de personas. Entonces prefiero regarme, y eso me permite también ponerles a esos mismos personajes cosas que son diferentísimas a mí. Me parece que eso los vuelve más interesantes que yo, que soy mucho menos interesante como persona.
GV: Aunque la novela parte de un suceso muy específico de la historia argentina, aborda temas universales como el patriotismo, la desinformación o el impacto de la violencia en la sociedad. ¿Has recibido comentarios sobre cómo estos temas resuenan en lectores de otros países?
ES: Lo que me gusta comprobar cuando los libros se publican es lo múltiple de las reacciones. Yo siempre escribo desde mi aldea, es el mundo que conozco, pero me resulta interesante cómo todos nuestros mundos se parecen. No se parecen en la superficie, pero sí en la profundidad, porque los que nos parecemos somos los seres humanos. En apariencia somos muy distintos, pero necesitamos, deseamos y tememos un par de cosas, y eso nos aproxima. Lees una novela ambientada en la Guerra de Malvinas, pero le vas encontrando alguna resonancia con tu propia vida en México. Me parece que eso es lo mejor que tiene la literatura y el arte en general.
GV: Varias de tus novelas han sido adaptadas al cine con gran éxito. ¿De qué manera crees que esta experiencia con el lenguaje audiovisual ha influido, consciente o inconscientemente, en tu forma de escribir?
ES: No soy consciente. Que yo sepa, la cuestión de las adaptaciones cinematográficas no me influye al momento de escribir. Escribir una novela tiene para mí tal complejidad y tantos desafíos estrictamente literarios, que si encima quisiera pensar en cómo la adaptaríamos en el guion, sería demasiado. Realmente no pienso en películas. Sí sospecho que tengo una mirada bastante visual al momento de escribir, pero es una característica mía. Tiendo a imaginarme visualmente lo que luego escribo. Tal vez eso facilita que distintos directores se hayan interesado. Me parece que es más una rima involuntaria, pero provechosa.
GV: Para finalizar, ¿estás trabajando en algún proyecto nuevo o tienes planes de continuar explorando este periodo histórico?
ES: Enfrento mucha promoción, porque esta novela, Demasiado lejos, se complementa con otra que saldrá en Argentina y España en noviembre, y en México a principios del año próximo. Tiene que ver con los soldados. Originalmente mi plan era que en una misma novela estuvieran los dos escenarios, Buenos Aires y las Islas, pero me resultó inmanejable en un solo libro. Son dos libros que están como en espejo, porque los personajes están involucrados unos con otros. Esa novela ya está terminada, por eso sale en noviembre. Será un continuo de promoción, donde esté terminando con Demasiado lejos, estaré empezando con ¿Qué quedará de nosotros?, que es el nombre de la otra. EP