Siete álbumes que, desde estéticas y propuestas diversas, reflejan los cambios culturales y sonoros de las primeras décadas del siglo XXI.
Siete álbumes que, desde estéticas y propuestas diversas, reflejan los cambios culturales y sonoros de las primeras décadas del siglo XXI.
Texto de Iván Ortega 22/12/25
Siete álbumes que, desde estéticas y propuestas diversas, reflejan los cambios culturales y sonoros de las primeras décadas del siglo XXI.
Los álbumes que integran esta lista son discos a través de los cuales me gusta pensar el siglo XXI. En conjunto, reflejan algunos de los caminos más sugerentes que ha tomado la música en los últimos veinticinco años, no como canon ni como balance definitivo, sino como huellas de una época.
La selección responde, inevitablemente, a mis gustos y prejuicios personales, y no debe leerse como una enumeración de “los mejores discos del siglo”, sino como un recorrido subjetivo por obras que ayudan a entender cómo han cambiado las formas de crear, escuchar y habitar la música en este periodo.
Pop negro es una fiesta de parejas inesperadas: Julio Iglesias se encuentra con Animal Collective; Miguel Bosé, con Radio Futura; Rosalía, con el sonido Motown. Este disco marca la primera gran cima creativa de El Guincho y, en su momento, fue reconocido por la revista Rockdelux como el mejor álbum español del año, aunque los medios internacionales parecieron no advertirlo.
Es posible que con el tiempo se convierta en un clásico semisecreto, a la manera de los dos primeros discos de Van Dyke Parks o de los álbumes de inspiración blakeana de David Axelrod.
Este disco fue grabado durante el encierro pandémico por el bajista Dezron Douglas y la arpista Brandee Younger, quienes tocaron juntos en sesiones semanales transmitidas en vivo por redes sociales. El álbum reúne versiones de canciones de procedencias diversas, que van de Pharoah Sanders a Kate Bush. En mi opinión, Force Majeure es uno de los trabajos más emblemáticos de International Anthem, disquera que está marcando con claridad algunos de los caminos que seguirá el jazz por venir.
Para su quinto disco, La Barranca construyó un sonido que mezcla a King Crimson con el rock urbano para capturar el apocalipsis cotidiano de la Ciudad de México: atardeceres neoliberales, templos de vidrio, apariciones de Hendrix, castigos divinos, edificios colapsados y ríos fantasma.
Memories of the Future, el primero de los dos álbumes colaborativos de Spaceape y Kode9, es —junto con los discos fundacionales de Burial— uno de los pilares de Hyperdub. En él, las visiones distópicas de la poesía de Linton Kwesi Johnson se encuentran con la ciencia ficción de Philip K. Dick y J. G. Ballard. Uno de los grandes aciertos de Alfonso Cuarón en Children of Men fue haber utilizado “Backward” como música de fondo en una escena de bar.
Existen diversas versiones, a veces contradictorias, sobre el proceso de grabación del segundo y último disco de esta banda canadiense. Lo que sí resulta innegable es que la voz de Patrick Flegel funciona como un vehículo preciso del ennui millennial. Con el paso del tiempo, Public Strain ha sido revalorado y su popularidad ha crecido, quizá impulsada por la consagración mediática de Cindy Lee, el proyecto que Flegel emprendió tras la disolución de Women.
El ensamble Wild Up inauguró su serie de discos dedicados a la obra del compositor minimalista Julius Eastman con una rendición que incorpora elementos jazzísticos a la pieza original, decisión que molestó a algunos puristas. Lejos de suavizar su radicalidad, Wild Up prolonga el trabajo disidente de Eastman con un enfoque lúdico y experimental. Hasta ahora, el grupo ha grabado cuatro álbumes dentro de esta serie.
Los tiempos adversos suelen reclamar filósofos pesimistas que obliguen a mirar la realidad sin disfraces, a aceptar que habitamos una distopía. London Zoo es un disco de dancehall furioso en el que Kevin Martin reunió a una multitud de MCs para hacer justamente eso. Sus doce piezas despliegan una brutalidad sónica meditativa y contienen algunos de los beats más pesados que existen. Dentro de la amplísima discografía de Martin —que incluye desde un soundtrack alternativo para Solaris hasta un tributo a Amy Winehouse en clave dark ambient — puede rastrearse un sucesor espiritual de este disco en Fire, publicado en 2021. EP