Adquisición del saber y dignidad del ser humano

Una importante reflexión sobre cómo la dignidad humana orienta nuestra idea de educación, ciencia y autoconocimiento. Del valor moral compartido al saber que nos constituye.

Texto de 23/06/25

Una importante reflexión sobre cómo la dignidad humana orienta nuestra idea de educación, ciencia y autoconocimiento. Del valor moral compartido al saber que nos constituye.

Cada verano, en los Alpes italianos, se reúne una universidad alternativa con un objetivo radical: encontrar, entre los pliegues de la industria de los conceptos, un espacio para el pensamiento colectivo, lejos de los centros de poder económico, mediático y político. Se trata de la International Summer University, convocada por la asociación cultural Tonalestate, que congrega a personas de distintos países, disciplinas e incluso generaciones, en una experiencia comunitaria de reflexión, arte y libre pensamiento.

Este espacio nace de la necesidad de sostener la cultura como forma de resistencia frente a la reducción de lo humano al mercado, la eficiencia o la ideología. Como respuesta a un sistema que promueve el aislamiento y la homogeneidad, Tonalestate propone el encuentro, la conversación plural, la cultura de la atención, el cuidado y la belleza como caminos hacia un desarrollo colectivo. Su historia es un gesto político: construir comunidad desde la fragilidad —y, paradójicamente, desde la fortaleza— del pensamiento.

Traducir y publicar en Este País algunos textos surgidos en Tonalestate es más que un ejercicio de divulgación: es compartir, con el ámbito hispanohablante, una práctica cultural que busca trascender fronteras. Es también un canal de comunicación entre América Latina y Europa, donde se da un valioso intercambio intelectual y de sentido. Muchas de las preguntas que atraviesan a esta asociación nos interpelan también a nosotros: el sentido de la justicia, el arte, el diálogo interreligioso, el cuidado de la naturaleza, la vida comunitaria, la dignidad.


Para disertar sobre la adquisición del saber en relación con la dignidad humana es necesario, de entrada, aclarar qué entendemos por la noción de dignidad. Es, sin duda alguna, un valor que pertenece a la moral común. Comprende todas las normas que toda persona moralmente seria acepta reconocer. A continuación, repasaré las ideas de educación, instrucción y adquisición de saber. Finalmente, estableceré una conexión entre la dignidad del ser humano, la ciencia y el conocimiento, en particular de su ser profundo.

La dignidad del ser humano

En un primer momento, la acepción de “dignidad” remite a las nociones de puesto elevado, de grado eminente, de cargo distinguido o de oficio considerable.

La dignidad implica también una solemnidad y una gravedad noble que inspira consideración y exige respeto y deferencia. Va de la mano de la decencia y el decoro.

Pero hay otra idea de la dignidad. Son todos los conceptos de razón, de buena voluntad, de imperativo categórico, de autonomía y de emancipación que forman parte integral de la idea filosófica de dignidad. Esto no significa en absoluto que el ser humano pierda su dignidad en el momento en que no actúa por deber y cede a los impulsos inmediatos de su naturaleza sensible o, incluso, si se deja llevar por sus malas inclinaciones. La dignidad de la persona humana es intrínseca a su condición de ser humano. Puede ser que alguna vez nos comportemos de manera indigna, pero eso no significa que aceptemos que la dignidad de quien actúa de esa forma pueda ser afectada. La dignidad no debe ser enajenada, ni por uno mismo ni por los demás, puesto que es inherente al ser humano por el mismo hecho de ser humano. Y por ello, nunca reducimos el ser al acto. Los actos reprensibles y condenables serán sancionados según los términos previstos por la justicia, pero el condenado no puede ser pisoteado en su dignidad ni degradado en su ser. El acto se condena, pero el ser se preserva. 

En otro plano, sucede que el individuo que se deja llevar por sus emociones y vencer por sus inclinaciones no pierde su capacidad de sentir respeto por la ley moral. Puede acariciar bajos instintos y, aún así, obedecer al tribunal del foro interno. Esta capacidad —incluso si es sólo potencial— de acatar a su conciencia le permite a la persona seguir siendo parte del reino de los fines. De modo que, sin importar cuál haya sido su comportamiento, cuáles hayan sido sus crímenes, ni cuán reprochables sean estos, un castigo degradante nunca está justificado. Ésta es la idea que tenemos del progreso y la civilización.

Así, el espíritu humano, en la lenta y larga maduración de la humanidad, ha pasado por etapas para afianzar la noción de dignidad de la persona humana. Por mi parte, veo cuatro fuentes principales: cada una surgida en un momento clave de la historia.

La Antigüedad clásica

En la tradición griega, muy pronto se comprendió que la esencia de un hombre es su capacidad de razonar y reflexionar libremente, un zoon logikon que se distingue de otros animales. 

A este respecto, en su tragedia Áyax —Áyax, el rey de Salamina— el gran dramaturgo Sófocles escribe: “No es la estatura, ni la fuerza lo que hace el poder y la dignidad del hombre, sino su sabiduría. El buey, por grande que sea, obedece al látigo ligero que le hace trazar su surco.” [Sófocles: Áyax (vv. 1250-1255)] 1

El monoteísmo

La fuente escrituraria del monoteísmo abrahámico judeo-islámico-cristiano es una etapa primordial en la doctrina del respeto de la dignidad humana. Ésta enseña que el hombre es ícono y vicario de Dios en la tierra. El hombre creado “a imagen y semejanza de Dios”. 

En la revelación coránica leemos:

¡Oh, hombre! ¿Qué te ha desviado de tu Señor, el Noble generoso? 
Que te creó y más tarde te modeló y te constituyó armoniosamente, [mientras que] bajo cualquier forma posible te hubiera podido configurar…
“Sura 82. La ruptura” (vv. 6-8) 2

El hombre es un ser deiforme, y esta es la mejor forma posible de ser para el hombre; en todo caso, es la forma más armoniosa que, ennoblecida por la dimensión pneumática, viene a “animar” la envoltura carnal. Esta envoltura es arcillosa, de condición baja. El hombre es receptor del aliento divino y receptáculo de la efusión de amor, bondad y misericordia. Es el único que posee alma y está dotado de razón. El Concilio Vaticano II, en particular Gaudium et spes, insiste en el carácter inalienable de la dignidad humana, argumentando sobre la unión espiritual y corporal de la persona en relación con el entorno y destacando su dimensión social y comunitaria.

Leemos en el Corán:

Ciertamente, Nosotros hemos honrado a los hijos de Adán. Los hemos transportado por tierra y por mar, les hemos otorgado cosas buenas como alimento, y los hemos preferido claramente por encima de muchas de Nuestras criaturas.
“Sura 17. La cabalgata nocturna” (v. 70) 3

Apoyándonos sobre todo en estas referencias escriturales queda bien establecida y afirmada con toda fuerza la dignidad de los seres humanos, aun cuando ésta participe del ámbito de lo indefinible. Debemos consolidar y respetar, en palabras escritas y reconocidas, la esencia viva de toda persona. Basta reconocer que la dignidad es idéntica para todos los seres humanos en el sentido de que todo ser humano, por ser humano —y solo eso—, sea “en todo lugar” reconocido como tal, tratado como tal y nunca reducido —ni en hecho ni en derecho— a una condición que no sea la del ser humano.

La Ilustración

La palabra dignitas se refiere tanto al respeto que merece una persona humana, como al respeto debido a uno mismo. Al actuar de manera indigna, perderíamos una manera de ser dignos. En este caso, habríamos perdido una dignidad, pero siempre mantendremos la dignidad. Esta ambigüedad de la noción de dignidad ha dado lugar a importantes debates filosóficos.

La “Alegoría de la Dignidad”, entrada XXXIX de la Iconología o ciencia de los emblemas publicada en 1643 por Cesare Ripa (1555-1622), muestra a una mujer con un gran fardo. Es una mujer ricamente adornada, pero a punto de sucumbir debido al peso que carga: una gran roca engastada con filones de oro y pedrería. 

En realidad, los debates filosóficos se reducen a la recomendación expresa de que la persona humana jamás debería ser tratada como un medio. La persona humana siempre debe ser considerada un fin en sí misma. Desde este punto de vista, la dignidad es un valor absoluto, universal e inalienable que se aplica tanto a la persona como a su cuerpo. 

A este respecto, recuperamos la máxima del maestro de Königsberg, Immanuel Kant, en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres

Actúa de tal manera que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como un fin, nunca simplemente como un medio. 4

La fuente filosófica heredada de la Ilustración subraya una característica fundamental de la humanidad: la de ver en cada persona humana a un ser dotado de dignidad. Lo que hace o expresa debe ser, en principio, el resultado de un consentimiento libre e informado. De ello se desprenden dos importantes planteamientos éticos. El primero implica que la dignidad es el atributo común a toda vida humana y que la dignidad de un solo ser es consubstancial a la de toda la humanidad. El segundo hace hincapié en la autonomía de la voluntad como único elemento verdaderamente digno.

El Derecho y el constitucionalismo

Finalmente, las constituciones y declaraciones internacionales de los derechos humanos del siglo XX, proclamadas en respuesta a los horrores del nazismo, consagran el respeto a la dignidad humana. Hay 37 constituciones nacionales promulgadas desde 1945 que hacen referencia explícita a ella. 

Resulta esencial afirmar que la dignidad se encuentra en los fundamentos de los derechos humanos, y expresar claramente que el ser humano tiene, siempre, irreductiblemente, un valor inviolable y oponible, es decir, un valor que el otro siempre debe reconocer y respetar.

Quienquiera que esté en una situación de desamparo y, por lo tanto, en circunstancias en las que su dignidad se haya visto enajenada, tiene derecho a ser rescatado. Si no puede satisfacer sus necesidades vitales, tiene derecho a ser asistido y a recibir los medios indispensables para llevar una existencia conforme a su dignidad de ser humano.

La Declaración Universal de Derechos Humanos, adoptada el 10 de diciembre de 1948, reconoce en su preámbulo que todos los miembros de la familia humana poseen una “dignidad inherente” y dispone en su artículo primero que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Por supuesto, en el artículo tercero, se afirma el respeto absoluto de la integridad física y moral de la persona. De ello se desprende naturalmente la prohibición de la tortura, la proscripción de la mutilación y la prohibición de los tratos degradantes o inhumanos. 

Proclamar la igualdad en dignidad es considerar una relación de alteridad: la dignidad no es una relación de uno consigo mismo, sino una relación con el otro. Es una barrera, no contra la libre disposición de uno mismo, sino contra toda forma de deshumanización proveniente de otro. La dignidad no es una cualidad que se adquiere o se pierde, sino la esencia incondicional y permanente del ser humano: pensar de otro modo conduciría al cuestionamiento de la igual dignidad y de su intangibilidad.

Innegablemente, la igualdad de dignidad renueva los valores que fundamentan el humanismo moderno. De hecho, es sobre esta idea fundamental que se elaboran los pensamientos humanistas. Da lo mismo si el humanismo es antropocéntrico o teocéntrico, al ser humano atañe todo aquello que trata del ser humano. Y la única concepción que vale la pena es la que tiene un verdadero valor de civilización, la más indiscutiblemente humanista: la de igual dignidad. Ella debe arraigarse en toda lección y en toda mente. 

En Francia, la sentencia del Consejo de Estado del 27 de octubre de 1995, dictada en torno al asunto del “lanzamiento de enanos” de Morsang-sur-Orge, es famosa por haber incluido el concepto de “dignidad humana” como componente del orden público, basándose en todas sus referencias y también en conformidad con la Constitución.

La concepción que se hace de la Declaración Universal se basa en el rechazo categórico del desconocimiento y del desprecio de los derechos humanos que pueden conducir a actos de barbarie. El salvajismo cometido contra un humano, y contra cualquier ser vivo, revuelve la conciencia humana. Así pues, el mejor baluarte ético y jurídico es erigir como principio inderogable y no negociable la equivalencia entre persona humana y persona jurídica y, por consiguiente, la imposibilidad de privar a toda persona humana de personalidad jurídica. Porque esto se debe, recordémoslo, al ser humano por el hecho de que es humano.

La educación

Pero una vez que todo esto está claramente establecido, tratemos de entender cómo se reconoce y se preserva la dignidad. ¿Cuál será el estado de conciencia de una persona que sabe y el de una persona que no sabe?

¿Cómo se puede actuar en plena conciencia con el entendimiento que permite medir la relación entre el sujeto que realiza el acto de saber y el objeto de pensamiento? ¿Y qué deberíamos hacer si no lo tenemos?  ¿Cómo se puede discernir entre lo que pertenece a la creencia y lo que está en el ámbito del conocimiento?

La dignidad del ser humano va de la mano con la adquisición de nueva información y la forma en que la retiene para poder reutilizarla más adelante. ¿Existe una relación entre la dignidad y todo lo que se relaciona con el ámbito de la psicología cognitiva?

Las respuestas a estas preguntas nos llevan a referirnos a la importancia de la educación, del conocimiento, de la adquisición de saberes y de la enseñanza en la vida de las personas, pueblos y naciones  

El aprendizaje y el desarrollo de las facultades intelectuales, morales y físicas —así como los medios de perpetuar los resultados de esta actividad de desarrollo— son importantes para que, en la relación con los demás y en  el vínculo con uno mismo, se tenga conciencia de la dignidad humana. La educación tiene como objetivo hacernos progresar, mejorar nuestras facultades cognitivas y empujarnos a pensar por nosotros mismos. Es, también, una socialización metódica para las generaciones más jóvenes. En estos casos, enseñar consiste en transmitir a la generación futura un corpus de conocimientos y valores de la vida social.

Tenemos ejemplos célebres de enseñanza y exhortación en la historia. En la tradición islámica, están los preceptos enseñados por Luqman, el Sabio, a su hijo en la Sura 31, que lleva su nombre, y se reflejan especialmente en los versículos 13 a 16:

Y cuando Luqman habló su hijo lo exhortó así: “Oh, hijo mío, no le des un socio a Dios, que la asociación es verdaderamente una injusticia enorme”.
Hemos mandado al hombre que haga el bien a su padre y a su madre; su madre lo cargó, sometida a pena tras pena: su destete ocurre a los dos años. “Tu agradecimiento se dirija hacia Mí y hacia tus padres. Hacía Mí se dirije el destino.
Y si ambos te obligan a asociarme a Mí con algo de lo que no tengas conocimiento, entonces no los obedezcas; mas quédate con ellos acá de manera conveniente. Y sigue el camino de quien se vuelve hacia Mí. Hacia Mí, después, está tu regreso, y entonces te informaré de lo que harás.”
“Oh hijo mío, aunque tenga el peso de un grano de mostaza, esté en el fondo de una roca o en los cielos o en la tierra, Dios lo hará venir. Dios es infinitamente Dulce y Perfectamente Conocedor.
O mi hijo haz la plegaria, ordena lo conveniente, prohíbe lo culpable y padece lo que te llega con paciencia. ¡Ésta es la resolución que hay que tomar en cualquier empresa!
Y no apartes tu rostro de los hombres, ni pisotees la tierra con arrogancia: porque Dios no ama al presuntuoso lleno de altanería.
Sé modesto en tu actuar y baja tu voz, pues la más odiada de las voces es el rebuznar de los burros”. 
“Sura 31. Luqman” (vv. 13-19) 5

En ese mismo tenor, en la literatura universal existe un pasaje de la obra Hamlet de William Shakespeare, cuando Polonio, el chambelán del rey, transmite algunos últimos preceptos de educación a su hijo Laertes, cuando éste decide marcharse a Francia.

…Vamos, toma mi bendición; y estos pocos preceptos cuida que en tu memoria queden grabados. No te muestres lenguaraz para tus pensamientos, ni pongas en actos un pensamiento desproporcionado. Sé natural, pero vulgar, de ningún modo. Los amigos que tengas, y puesta a prueba su adopción, aférralos a tu alma con anillas de acero [...]; cuídate de meterte en una riña, pero una vez metido, llévala de tal modo que sea tu oponente quien se cuide de ti. Presta a todos tu oído, pero a pocos tu voz; recibe las censuras de cualquiera, pero resérvate tu juicio [...]. Nunca pidas prestado ni prestes tú, que un préstamo casi siempre te lleva a perder el dinero y el amigo. Y el pedir mella el filo de tu buen gobierno. Y sobre todo esto: sé sincero contigo mismo, y de ello ha de seguirse, como la noche sigue al día, que no podrás entonces ser falso con ninguno.  [Acto I. Escena III. Traducción de Tomás Segovia]

Es el deber del padre y de la madre, en tanto que padres, educar a sus hijos y prepararlos para asumir sus responsabilidades en la vida dentro de una sociedad libre, o al menos entendida como tal, dada la sombría miseria de este mundo convulso: un mundo en ruptura, que experimenta fracturas y divisiones por doquier. 

Etimológicamente, “educar” significa “conducir fuera” o “guiar hacia fuera”; es ayudar a elevarse. Es de esta manera que su dignidad se preservará o, al menos, podrán tomar conciencia de este valor inestimable e inalienable.   

La educación y la adquisición de conocimientos son esenciales para promover el desarrollo de la personalidad del infante y de sus dotes y aptitudes mentales y físicas, en la medida de sus potencialidades. La enseñanza es importante para inculcar en el niño el respeto de los derechos de la persona humana y de las libertades fundamentales. Enseñar al niño a honrar a sus padres, a conocer su identidad, a amar a su lengua, a poner a prueba su cultura, a respetar los valores nacionales de su país y a preservar su entorno natural.

La educación es indispensable para hacer del infante una mujer o un hombre digno que no transige en que su dignidad se aliene, pero tampoco aliena la de los demás.

La importancia de la ciencia

Hemos visto en las páginas anteriores que la igualdad de la dignidad de la persona humana es una cualidad vinculada a la misma esencia de todo ser humano, lo que implica que es idéntica para todos. Es consustancial a la dignidad de toda la humanidad. Esta afirmación no permite reservas ni tergiversaciones. Por lo tanto, no se admite que haya discriminación ni jerarquías entre los seres humanos: desde el lactante hasta el anciano y desde la persona limitada por una discapacidad hasta la persona en plenitud de sus aptitudes físicas.

Sin embargo, hay diferencias entre los que saben y los que no saben. Los primeros se elevan en grados, se elevan a la dignidad de sabiduría. Por lo tanto, si, por extraordinaria razón, debiera haber un criterio discriminatorio entre las personas, éste sería el de la adquisición del saber, porque, una vez más, el que sabe no está en el mismo rango que el que aún no sabe. Y la responsabilidad del sabio es transmitir sus conocimientos y difundir sus conocimientos, en concordancia, por lo demás, con el aforismo profético que enuncia que la limosna del saber es su difusión. Así, a la igualdad de dignidad de los seres humanos por encima de su condición, existe esta especificidad debida al conocimiento. 

Tenemos esta interpelación en el Corán:

¿Son iguales los que saben y los que no? Sólo los inteligentes recuerdan.
“Sura 39. Los grupos” (v. 9) 6

Si bien, a priori tenemos la posibilidad de adquirir conocimiento, parece evidente que los sabios prevalecen sobre los otros que por pereza o por cualquier otra razón prefieren permanecer en las “tinieblas” de la ignorancia.

Esto se fundamenta en que:

Dios elevará en grados a aquellos de ustedes que hayan creído y a aquellos que hayan recibido el conocimiento. Dios es Perfectamente Conocedor de lo que haces.
“Sura 58. La discusión” (v. 11) 7

Pero también porque:

Entre Sus siervos adoradores, solo los sabios tienen un temor reverencial de Dios. 
“Sura 35. El creador” (v. 28) 8

Así, es natural que el creyente, en este caso musulmán, invoque a Dios con la plegaria enunciada en el versículo siguiente:

Y di: “¡Oh, mi Señor! Aumenta mi ciencia".
“Sura 20. Ta Ha” (v. 114) 9

En realidad, la adquisición de conocimientos y la investigación de la ciencia son objeto de muchos hadices que le dan la categoría de un deber. Esta obligación está presente en toda la enseñanza profética, pero también en una gran variedad de máximas, aforismos y palabras consagradas a este deber.

Podemos comenzar con este hadiz que nos anima a la adquisición de conocimiento. En efecto, el Profeta ha ordenado a la gente, y a fortiori a los musulmanes, que se hagan con la ciencia y los ha obligado a adquirirla:

Todos los hombres y las mujeres tienen la obligación de aprender.

Añadió:

Debes aprender el idioma hasta la tumba.

Es decir que la formación es una necesidad a lo largo de toda la vida. 

En este sentido, no podemos sino estar consternados y afligidos ante la grave violación de los talibanes, que niegan este derecho a las niñas afganas. Esta actitud que denota precisamente un oscurantismo trágico es condenable con fuerza y debemos hacer todo lo posible para que estas niñas y mujeres puedan acceder a la educación, a la cultura y al conocimiento.

Es una traición a la enseñanza profética que exhorta a las personas a aprender y conocer: 

Aquel que tome un camino que lo dirija hacia el aprendizaje de un saber, a ése Dios le facilitará el acceso al paraíso.

Añadiendo:

Dios y sus ángeles —así como los habitantes de los cielos y de la tierra e incluso la hormiga en su hormiguero y el pez en el fondo del mar— rezan por los que enseñan a las personas.

Y aún encontramos la preeminencia de los sabios sobre los devotos en el siguiente aforismo:

La primacía del sabio sobre el devoto es como la luna llena sobre el resto de las estrellas.

Por eso, Mahoma enseña que:

Un poco de ciencia vale más que un montón de culto.

Y luego insiste, señalando que:

Es mejor estudiar parte de la noche que rezar toda la noche.

Por otra parte, también es importante destacar este aforismo que prescribe:

Vayan y adquieran conocimiento, aunque tengan que ir a China.

De todo esto se deriva la idea de que se deben emprender los viajes más largos y peligrosos con tal de satisfacer la demanda de estudio y de ciencia, pero, sobre todo, que el conocimiento propio de Medina, aún en época del Profeta, no era autosuficiente.

En otro plano, el año pasado vimos, al hablar de la importancia de la donación, la idea de limosna recurrente. Resulta que en el mismo hadiz, existe el beneficio de la ciencia incluso después de la muerte: 

Cuando el hijo de Adán muere, su obra se detiene, menos en tres casos: una limosna recurrente, una ciencia útil de la que la gente se beneficie y un hijo virtuoso cuyas acciones piadosas se hagan en su nombre.

Entonces podremos entender que exista una oración como ésta:

¡Oh, Dios! Busco refugio ante Ti contra un corazón que no sienta bondad, una oración que no sea agradecida, un alma que no se reconozca y un conocimiento que no aproveche.. 

Encontraremos eco en aquella famosa cita de François Rabelais (1483-1553) que en su obra mayor, Pantagruel, aparecida en 1532, bien decía:

Pero como, según el sabio Salomón, la sabiduría no penetra en alma malévola, y ciencia sin conciencia no es sino ruina del alma, te conviene servir, amar y temer a Dios, y depositar en Él todos tus pensamientos y todas tus esperanzas, y, por fe formada en la caridad, permanecer apegado a él, de suerte que nunca te veas separado por el pecado. [Traducción de Gabriel Hormaechea.]

Quiero terminar mi charla con otras dos palabras proféticas. El primer hadiz convierte a los sabios en los herederos de los profetas:

Y ciertamente los sabios son los herederos de los profetas. Y los profetas no han dejado en herencia ni dinares ni dirhams, sino sólo ciencia, y quien la tome habrá tomado sin duda la parte completa.

Y el segundo nos dice: 

La tinta del sabio es mejor para Dios que la sangre del mártir.

En conclusión, los cuatro versículos coránicos y la docena de máximas proféticas convocadas, atestiguan la importancia de la adquisición del conocimiento y del conocimiento para el ser humano —y es así que deberá honrar su condición de aprendiz durante toda su vida—. A través del estudio y la ciencia, el ser humano consciente ayudará a aliviar el sufrimiento de su prójimo en apuros. De este modo, es con conocimiento de causa que preservará su dignidad y no cruzará el umbral de la de los otros. EP

Traducción Este País

  1.  Traduzco la cita tal cual aparece en el original francés. Compárese con la versión de Alessa Alamillo, Gredos, 1981, p. 175: “No son los más seguros los hombres grandes y de anchas espaldas, sino que en todas partes vencen los que razonan prudentemente. A un buey de anchos costados con un pequeño látigo, sin embargo, se le conduce derecho en su camino.” [Nota del traductor] []
  2. Traduzco la cita tal cual aparece en el original francés. Compárese con la versión de Rafael Cansinos Assens, ARCA Ediciones, 2006, p. 461: “¡Ye el hombre! ¿Qué te alucinó [apartándote] de tu Señor el Sublime? / El cual te creó y te igualó y te proporcionó. / En la forma que quiso, te plasmó.” [N. T.] []
  3. El autor cita incorrectamente, se trata del v. 72 de la Sura 17. Compárese con la traducción citada, p. 203: “Y he aquí que honramos a Beni-Adam, y los cargamos en la tierra y el mar, y los proveímos de las cosas buenas, y los aventajamos sobre mucho de lo que creamos con ventaja.” [N. T.] []
  4. El autor cita la traducción al francés de Victor Delbos, Delagrave, 1969. Traduzco la cita tal cual aparece en el original francés. Compárese con la versión de José Mardomingo, Ariel, 1999, p. 189: “Obra de tal modo que uses la humanidad tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro siempre a la vez como fin, nunca meramente como medio”. [N. T.] []
  5. El autor cita incorrectamente, se trata de los vv. 12-18 de la Sura 31. Compárese con la traducción citada, p. 297: “Y diz que dijo Lokmán a su hijo, y él lo amonestaba: «¡Ye hijo mío! No asocies con Alá, en verdad, la asociación [es] una iniquidad grande.» / Y recomendamos al hombre sus padres; cargó con él su madre flaqueza sobre flaqueza, y su destete en dos años. «Agradéceme a Mí y a tus padres: a Mí [será] la vuelta. / Y si te forzaren a que asocies conmigo lo que no tienes de ello saber, no los obedezcas a los dos; y acompaña a los dos en el mundo, benévolo, y sigue el camino del que se vuelve a Mí; luego [será] a Mí vuestra vuelta, y os declararé lo que hubiereis hecho.» / «¡Ye hijo mío! Ciertamente, si hubiere un peso de grano de mostaza, y estuviere en la roca o en los cielos, o en la tierra, vendrá con él Alá. En verdad, Alá [es] clemente, sabedor. / ¡Ye hijo mío! ¡Levanta la azalá y manda la benevolencia y abstente de la falsía, y ten paciencia sobre lo que te suceda. En verdad, esto [es] de la entereza en los asuntos. / Y no tuerzas tu mejilla para las gentes, y no camines en la tierra arrogante. En verdad, Alá no ama a ningún jactancioso, engreído. / Y condúcete bien en tu marcha, y baja tu voz. En verdad, la más desagradable de las voces [es] la voz del asno.»” [N. T.] []
  6. El autor cita incorrectamente, se trata del v. 12 de la Sura 39. Compárese con la traducción citada, p. 336: “Di: «¿Por ventura serán iguales quienes saben y quienes no saben?» Ciertamente recordarán los dueños de la cordura.” [N. T.] []
  7. El autor cita incorrectamente, se trata del v. 12 de la Sura 58. Compárese con la traducción citada, p. 408: “levantará Alá a los que creen, de vosotros, y los que recibieron el saber, grados; y Alá de lo que hacéis [es] sabedor.” [N. T.] []
  8. El autor cita incorrectamente, se trata del v. 25 de la Sura 35. Compárese con la traducción citada, p. 316: “Ciertamente, temen a Alá de sus siervos, los sabios.” [N. T.] []
  9. El autor cita incorrectamente, se trata del v. 113 de la Sura 20. Compárese con la traducción citada, p. 225: “Di: «Mi Señor, acréceme saber.»” [N. T.] []

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