aVerAves: cuando la mirada ciudadana es imprescindible para la conservación

La conservación de aves es posible gracias a nuestra observación y a cómo compartimos lo que miramos. aVerAves es uno de los proyectos que ha crecido y a invitado a otras personas a generar proyectos similares. Tamara Blazquez Haik nos cuenta cómo podemos mejorar y aprovechar este tipo de herramientas y plataformas.

Texto de 15/07/21

La conservación de aves es posible gracias a nuestra observación y a cómo compartimos lo que miramos. aVerAves es uno de los proyectos que ha crecido y a invitado a otras personas a generar proyectos similares. Tamara Blazquez Haik nos cuenta cómo podemos mejorar y aprovechar este tipo de herramientas y plataformas.

La ciencia ciudadana se define como el “Trabajo científico realizado voluntariamente por miembros del público en general, a menudo en colaboración con o bajo la dirección de científicos profesionales e instituciones científicas”, según el Oxford English Dictionary y la CONABIO.

AVerAves es un proyecto de ciencia ciudadana implementado en México por la CONABIO. Conocido como eBird en inglés e impulsado por el laboratorio de ornitología de la Universidad de Cornell en Estados Unidos, presentado al público en el 2002. Esta iniciativa de observación de aves se ha vuelto imprescindible para la conservación de las mismas, sobre todo en espacios urbanos, ya que invitar a la ciudadanía como agentes de estos monitoreos facilita la recolección de datos y el trabajo de conservación para los científicos.

Picochueco vientre canela (Diglossa baritula), observado en Ciudad de México, 2020. Tamara Blazquez Haik.

¿Cómo es que la ciudadanía puede ser parte de estas iniciativas? Muy fácil, solo se necesita salir a la calle, al parque, al campo, a un área natural protegida o cualquier sitio cerca de tu hogar y poner atención a las aves que veas durante un período de tiempo que puede ir desde una hora hasta días enteros. Los datos recopilados como nombre de la especie, dónde se vio, el comportamiento observado, etc., son introducidos en la aplicación de eBird en forma de listados por cada localidad visitada por el observador. Estos datos, después de ser revisados, son introducidos en la base de datos del programa AVerAves.

Estos datos suelen decirle mucho a los expertos sobre el estado de conservación de alguna o varias especies de aves como, por ejemplo, si es que han aumentado o disminuido algunas poblaciones, datos interesantes de especies migratorias, si quizá algunas especies comienzan a desplazarse de un hábitat a otro en busca de alimento, si han habido avistamientos de especies poco comunes en alguna localidad, o quizá sí un año se avistaron más machos que hembras de alguna especie o un sin fin de información que quizá por sí mismos, los expertos, no serían capaces de recolectar por falta de tiempo y por el simple hecho de que un grupo pequeño de personas no puede abarcar una ciudad o poblado entero, pero al juntar esfuerzos con la comunidad, se logran mejores resultados.

Chipe negrogris (Setophaga nigrescens), ave migratoria observada en CDMX, 2020. Tamara Blazquez Haik

Sin embargo, creo que el mayor éxito del programa aVerAves no es la enorme cantidad de datos recolectados, sino la cantidad de personas, de todas las edades y profesiones, que poco a poco se han ido sumando a esta iniciativa, haciendo cada vez más popular en México la noble actividad de observar aves.

Esto a su vez ha generado una mayor conciencia ambiental y empatía ya no solo hacia las aves observadas, sino también hacia otras especies y por supuesto ha resultado también en un mayor respeto por las áreas naturales de cada comunidad.

Tan solo en el 2010 se registraron 24,530 listados de más de 800 usuarios de la aplicación[1], y solo el día 13 de mayo de 2016, día en que eBird convocó al Big Day, un día dedicado al conteo y observación de aves a nivel mundial, se registraron más de 17 mil personas en 153 países diferentes. Además, eBird en conjunto con Naturalista, otra plataforma para la ciencia ciudadana donde podemos registrar tanto flora como fauna, indica que hasta la fecha son más de 40 mil mexicanos participando de esta gran manera de hacer ciencia y conservación en diferentes localidades de nuestro país.

Sin duda, es un escenario en el que todos ganamos, pero en especial las aves, ya que entre más se sepa y conozca sobre ellas, cómo van cambiando sus patrones de migración y desplazamiento, así como comportamientos debido al cambio climático u otros factores, podremos implementar mejores estrategias para conservarlas y protegerlas, así como a sus ecosistemas.

Cabe mencionar, que el éxito de aVerAves se debe en gran medida también a los colectivos de observación de aves que han surgido a lo largo del país a raíz de esta iniciativa, como el Programa de Aves Urbanas, conocido como “PAU”, dándole énfasis a la ciencia ciudadana en las urbes y que a su vez ha dado origen a más colectivos con este mismo objetivo.
Por ejemplo, en la Ciudad de México podemos mencionar varios grupos de estos entusiastas de las aves, como los UAMeros Pajareros, conformado por estudiantes de la Universidad Autónoma Metropolitana, o Aves FC, el grupo de observadores de aves de la Facultad de Ciencias de la UNAM, solo por nombrar algunos.

Tecolote bajeño (Glaucidium brasilianum) avistado en pajareo con “PAU” Tuxpan, 2019. Tamara Blazquez Haik.

Vale la pena mencionar otro colectivo en México que no sólo ha logrado recabar grandes cantidades de información sobre aves, sino que ha inspirado a niños y jóvenes a unirse a esta iniciativa de ciencia y conservación. Me refiero al programa “Sal a Pajarear”, iniciado por Barbara Mckinnon e implementado en la península de Yucatán.

Sal a Pajarear es un proyecto que va de la mano con aVerAves y el PAU, y cuyo objetivo principal es acercar las aves a los niños y adolescentes de las diferentes comunidades que existen en la península y, por supuesto, a interesarse en la conservación y monitoreo de estas por medio de la observación, talleres, juegos y diferentes actividades comunitarias, incluido el ecoturismo.

En 2018 tuve la fortuna de ser invitada a la comunidad de Sotuta en Yucatán, donde el colectivo Zutut’Ha realizaba ya actividades de enseñanza y observación de aves con los niños para impactar positivamente en la conservación de las especies de la zona.

Aquí aprendí lo importante que eran estas iniciativas de ciencia ciudadana y sobre todo de educación ambiental, donde se involucra a los niños y a sus familias en la conservación de la biodiversidad para realmente lograr resultados tangibles en ello.

Salida a “pajarear” con los niños y jóvenes de Sotuta en Yucatán y el colectivo Zutut’Ha. Marzo 2018. Tamara
Blazquez Haik.

Los chicos de Zutut’Ha, de la mano del proyecto Sal a Pajarear (que provee a quienes se unan a la iniciativa de una bella guía de aves de la península donde también se incluyen ideas de actividades educativas y lúdicas para apoyar a los educadores) y apoyados también por la CONABIO y el PAU, han logrado desde 2017 sembrar esas semillas del cambio en los niños y jóvenes, proveyéndoles de actividades de aprendizaje y diversión sana basados en la observación de aves, así como también lo han hecho con los padres de familia y más miembros de la comunidad que se unieron a este valioso esfuerzo de conservación de las aves del monte Yucateco gracias a esta iniciativa de ciencia ciudadana.

Es importante mencionar también que el proyecto Sal a Pajarear ha empoderado a jóvenes y comunidades enteras en la península para desarrollar sus propias actividades de ecoturismo con base en la observación y conservación de las aves y así generar un ingreso sustentable para ellos, ya que la gran diversidad biológica en México nos permite observar hasta mil 96 especies distintas de aves

Como ya vimos, el ecoturismo, ético y responsable, es clave para empoderar comunidades enteras para ser parte de conservación y creo que es otro aspecto que aVerAves debe considerar e incluso “explotar” en futuras etapas del proyecto para seguir con los grandes logros.

La iniciativa también necesita ofrecer mayores oportunidades de participación a otros sectores de la ciudadanía. Por ejemplo, varios de los chicos que participan de los programas de Sal a Pajarear no tienen acceso a internet, por lo que registrar los avistamientos en eBird es imposible para ellos. En este caso, recibían ayuda de algún mentor y los registros solo podían hacerse al volver a alguna zona con acceso a WiFi, así que la accesibilidad a la iniciativa debe mejorarse, al igual que su difusión.

Creo firmemente que este tipo de iniciativas de conservación tan valiosas deben ser más ambiciosas y buscar ser implementadas en escuelas, desde primarias hasta preparatorias, ya que la ciencia ciudadana debe comenzar a ser parte de la formación de las personas en todas las etapas de la vida para lograr mayores y mejores resultados en la conservación de la biodiversidad.

Ocotero enmascarado (Peucedramus taeniatus) alimentándose de algún insecto. Tamara Blazquez Haik

También, el programa aVerAves debe fomentar y vincularse con otras actividades de conservación como reforestaciones y el restaurar nuestros jardines, camellones, banquetas, parques y demás áreas verdes con flora nativa y endémica que atraiga y ayude a las poblaciones de insectos a sobrevivir para que así, las poblaciones de aves, incluso en entornos urbanos, puedan también sobrevivir.

Sin duda la iniciativa aVerAves ha demostrado ser un gran caso de éxito para la conservación de la biodiversidad en México, pero lo más importante es que nos ha hecho notar que la conservación nos compete a todos sin importar la edad y formación profesional y que, además, esta debe ser un esfuerzo conjunto de científicos, conservacionistas, educadores y sociedad civil. EP


[1] Berlanga, H., V. Rodríguez y H. Gómez de Silva. 2012. aVerAves: la ciencia ciudadana para la conservación. CONABIO. Biodiversitas, 100:7

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